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12 mayo 2017

LA EVOLUCIÓN DE LA UNIÓN EUROPEA: (PARTE 2) LOS INGRESOS IMPOSITIVOS


1.    Introducción

En esta segunda entrega de esta serie, nos dedicaremos a analizar la tendencia de los ingresos de la unión europea provenientes de los impuestos y contribuciones sociales. Lo que el Eurostat llama Main National Accounts Tax Agregateso Principales Cuentas Nacionales de Agregados de Impuestossi intentamos realizar una traducción aceptable. No hace falta que busquen por toda la web de la central estadística europea, ya que si pinchan aquí tendrán acceso directo a la misma tabla interactiva de donde yo he extraído los datos. Empecemos presentando la estructura que va a tomar este análisis y tras ello, comenzaremos a desgranar los datos antes expuestos. En primer lugar, haré una explicación del concepto de ingresos impositivos, además de mostrar la composición de los mismos de forma general. Una vez realizada dicha explicación, tomaré la variable agregada (total) de dicha tabla como referencia y la analizaremos, realizando las comparaciones pertinentes con el PIB, periodo a periodo desde el año 2000 hasta el año 2015, siguiendo las directrices expuestas en la introducción de esta serie. Tras el análisis de los distintos periodos por separado, expondré un resumen que aclarará las dudas acerca de su comportamiento si las hubiera. Para finalizar, realizaré una valoración personal de lo visto anteriormente para sacar algunas conclusiones relevantes.

1.1  Los Ingresos Impositivos

El Eurostat valora como impuestos impositivos todos aquellos ingresos públicos provenientes de impuestos y cotizaciones sociales tanto obligatorias como imputadas, utilizándose principalmente el dato agregado al que se le ha aplicado previamente la deducción de los importes en esta materia que no se espera recaudar. En este sentido, cabe distinguir las distintas tipologías a las que nos referimos cuando hablamos de esta magnitud, ya que en este sentido encontramos hasta 5 diferentes.
·         Impuestos sobre la producción e importaciones: Un ejemplo de este grupo podría ser el Impuesto sobre el Valor Añadido o IVA.
·         Impuestos sobre la Renta y la Riqueza: Este campo es muy amplio y como se podrá intuir, aquí se incluyen impuestos como el IRPF o el IBI.
·         Contribuciones Sociales: Hay que distinguir entre las obligatorias, lo que en España son las Cotizaciones a la Seguridad Social, y las imputadas, que son pagadas igualmente por el empresario, pero sin la exigencia del Estado. Dentro de estas últimas podrían estar los seguros sanitarios privados.
·         Impuestos sobre el Capital: Gravan toda aquella ganancia proveniente de una inversión financiera. Por ejemplo, las plusvalías por ventas de acciones están gravadas dentro de este apartado.
·         Transferencias estatales a distintos sectores económicos: En caso de que existan importes por impuestos o contribuciones sociales que no se puedan recaudar, pero exista una cuantía imponible, dicha cantidad será transferida por el Estado como compensación de esa pérdida de ingresos.
Una vez tenemos todas estas cantidades extraídas, podemos hacer la suma de todas ellas nosotros mismos o sacar dicho dato de la propia tabla.

2.    Análisis de periodos

Para realizar el análisis debemos disponer de varios datos o derivaciones de los mismos, los cuales son:
o   PIB a precios de mercado (En Millones de €): No la utilizaremos dicho dato de forma explícita, sino que lo dividiremos en los tres periodos que expusimos y calcularemos su tasa de crecimiento anual acumulativo (TCAA) para cada uno de ellos, con el objetivo de tener una idea muy aproximada de su tendencia real durante cada periodo.
o   Ingresos Impositivos (En Millones de €): Realizaremos el mismo cálculo que hemos hecho con el PIB para tener ambas tendencias y poder compararlas.
Teniendo dichos datos, es hora de analizar su evolución.

2.1 Periodo 2000 – 2007


Si prestamos atención al Gráfico 1, vemos que durante este periodo se mantuvo bastante parejo el crecimiento de los ingresos impositivos (II de ahora en adelante) al crecimiento del PIB en cada uno de los países, salvo excepciones como Chipre o Malta, donde los II crecieron a mayor velocidad que su PIB. En líneas generales, la diferencia media en el crecimiento de las dos magnitudes se situó en el 0,02% a favor de los II. Una diferencia mínima que deja ver la neutralidad de la Unión Europea en materia fiscal en lo que respecta a este periodo. España por su parte se encuentra en la duodécima posición en el ranking de crecimiento anual del PIB, con un 7,6% anual, mientras que sus II crecieron al 8,9%, lo que refleja un aumento del esfuerzo fiscal por encima de la realidad económica. Esta tendencia no sigue la mayoritaria en la UE, ya que un 53,6% (15 países) mantuvieron el crecimiento de sus II por debajo del PIB, es decir, al contrario que lo ocurrido en nuestro país. Destacar también la posición de Alemania en este periodo, ya que la primera potencia europea registro crecimiento anual del PIB del 2,5%, siendo el dato más bajo de la serie. Sin embargo, el dato más alto lo ostenta Rumanía con un 17,4% anual.

2.2 Periodo 2007 – 2010


Nada más echar una ojeada rápida al Gráfico 2, nos damos cuenta que algo ha cambiado. La crisis también provocó cambios en la estructura de estos países y, sobre todo, en las finanzas públicas de los mismos, ya que recordamos que estos ingresos son la parte principal de los ingresos públicos. Vemos que los ingresos impositivos no son tan parejos como antes a la TCAA del PIB, siendo la diferencia media entre ambas de un 1,24% a favor del PIB. En cuanto a este dato cabe señalar el cambio de tendencia general, ya que mientras que la media de crecimiento del PIB en este periodo fue del 0,58% anual (7,51% en el periodo 00-07), la media en cuanto a los II fue del -0,66% (7,54% en el periodo 00-07). Esto son solo datos generales ya que, si observamos algunos países señalando en primer lugar la TCAA del PIB y la de los II en segundo lugar, este es el resultado: Bulgaria (5,6% / -1,1%), Chipre (3,1% / -1%), Rumanía (0,4% / -2,9%), Irlanda (-5,4% / -9,1%), etc. Lo que observamos de forma general e incontestable es que la crisis provocó dos comportamientos obvios en situaciones de recesión: Una merma del crecimiento, llegando incluso a ser negativo en algunos casos, y una caída de los ingresos impositivos tras la caída del consumo y el aumento del desempleo. Si nos centramos en España, vemos una caída en el ranking antes mencionado pasando de la duodécima a la vigésima posición, con un crecimiento nulo anual (0,0%) del PIB, mientras que sus II caían estrepitosamente a una tasa del -4,7% anual. En este periodo, nuestro país sí que se encuentra en la media europea, ya que un 67,9% de la UE (19 países) mantuvieron una TCAA del PIB mayor que la de los II. Como dato primero y último cabe señalar a Eslovaquia (6,3% / 5%) y Letonia (-7,8% / -8,1%).

2.3 Periodo 2010 – 2015


Entrando ya en este último periodo vemos en el Gráfico 3 una mejora sustancial en cuanto a los datos que estamos analizando, ya que la recuperación de los ingresos es notable, mientras que el PIB vuelve a tasas características de periodos en expansión. En cuanto a la tendencia de ambas variables, cabe señalar que es mayor el crecimiento dado en los ingresos impositivos que en el producto interior bruto (3,68% de los primeros frente al 2,84% del segundo), lo que hace que la diferencia del 1,24% se haya reducido al 0,84%. Si señaláramos algunos casos donde hay más diferencia entre ambas magnitudes, siendo mayores los II que el PIB, podrían ser Bulgaria (3,4% / 5,8%), Eslovaquia (3,1% / 6%), Francia (1,8% / 3,5%) o Grecia (-4,9% / -2,1%). Este último caso es excepcional como vimos en la primera entrada de esta serie, ya que la crisis de deuda de Grecia comenzó en torno a 2010. Si hablamos de España, tenemos un crecimiento del PIB anual del -0,1% mientras que la tasa de los II ha sido del 1,4% anual, lo que quiere decir que ha habido un esfuerzo fiscal en materia de impuestos mucho mayor que lo que la economía real era capaz de asumir. Por lo que se puede deducir que los impuestos han sido un factor que ha podido reducir las expectativas de crecimiento de nuestro país. Esta tendencia se repite en el 85,7% de los estados de la Unión Europea (24). Para terminar, señalar que el TOP 1 lo ocupa Irlanda, con un crecimiento del 8,9% del PIB frente a un 5,6% anual de los II, mientras que el último puesto lo ocupa Grecia con los datos expuestos anteriormente.

Anexo: Periodo 2014 – 2015


 En este apartado vamos a comentar la tendencia de la UE dada la última tasa anual recabada en este periodo, que es la relativa a 2015 respecto de 2014 y que podemos ver en el Gráfico 4. Debido a que hacemos referencia a sólo un año, las variaciones son más volátiles entre países. A pesar de ello, hay varios datos muy esclarecedores de la tendencia general. En primer lugar, se mantiene la convergencia de las tasas de PIB a las de los II, siendo la diferencia media entre ambas de apenas un 0,04% a favor del PIB. Debido a este dato, el número de países que mantenían unas tasas de II mayores que las del PIB se han reducido, pasando a representar el 71,4% del total (20 países). Es preciso resaltar los datos de Irlanda, que sigue manteniendo el TOP 1 con un gran dato de crecimiento de PIB que explica las TCAA tan altas; y de Grecia, la cual presenta tasas de crecimiento negativo cada vez más reducidas. En cuanto a España, las TCAA de ambas magnitudes son muy parejas (3,7% para el PIB y 3,9% para los II) lo que es un dato positivo a la hora de compararlo con la tendencia inicial de este periodo.


3.    Resumen Final (2000 - 2015)  


Por tanto, se puede afirmar que la UE está aún dentro de un proceso de ajuste en cuanto a estas variables se refiere, ya que, pese a que bastantes países han conseguido estabilizar dichas tasas, muchos las mantienen altas, lo que indica que aún no han llegado a su techo y habrá que esperar a su reacción cuando esto ocurra. Querría apoyar dicha argumentación con un último gráfico (Gráfico 5), el cual viene acompañado de una tabla (Tabla 1).

En este sentido se pueden observar los cambios de tendencia experimentados por las economías europeas que hemos observado más detenidamente a lo largo de toda la publicación. Es muy importante distinguir que tras un periodo de saneamiento como el periodo 07-10, las economías en particular no ajustaron los ingresos impositivos a su economía, lo que pudo ralentizar la recuperación económica en este sentido. Resaltar que al hablar de recuperación económica me refiero en sentido estricto, ya que queda mucho por hacer en materia social. Como dato destacable, es preciso hacer referencia a la convergencia de las TCAA tras el periodo 07-10 a la TCAA media de todo el periodo, lo que nos hace preguntarnos si al llegar a dicho equilibrio, la Unión Europea en conjunto es lo suficientemente fuerte para aguantar esa situación o si por el contrario esta situación solo es temporal y hay diversas inestabilidades por reparar. En nuevas entradas analizaremos muchos más datos de otras materias con los que poder nutrir nuestra perspectiva del futuro de la UE, el cual para muchos es incierto dados estos datos.

Tabla 1: Resumen PIB - II (2000-2015)
2000-2007
2007-2010
2010-2015
2014-2015
2000-2015

15 (53,6%)
19 (67,9%)
4 (14,3%)
8 (28,6%)
12 (42,9%)
PIB>II (%)
13
9
24
20
16
PIB<II
7,51%
0,58%
2,84%
4,77%
4,49%
Media TCPIB
7,54%
-0,66%
3,68%
4,73%
4,51%
Media TC II.II
0,02%
1,24%
-0,84%
0,04%
-0,01%
Diferencia Media






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01 mayo 2017

EL DIVIDENDO ECONÓMICO DE LA INMIGRACIÓN


Seguramente el lector no se sorprenderá si digo que las migraciones se han convertido en un asunto crítico en los últimos años. La preocupación suscitada por la crisis de los refugiados sirios se ha sumado a la relacionada con la creciente población de inmigrantes en las economías avanzadas, cuyos líderes han situado los asuntos migratorios en un lugar prioritario dentro de sus agendas. Además, la retórica en torno a la inmigración ha adquirido un tono bastante negativo, marcado por afirmaciones acerca de su carácter desfavorable para los lugares de destino. Por ello, es más necesario que nunca un análisis del impacto de las migraciones en la economía, y en este, como en muchos otros casos, la teoría económica y la evidencia empírica pueden ayudarnos mucho.

A esta tarea han dedicado sus esfuerzos Florence Jaumotte, Ksenia Koloskova y Sweta C. Saxena en un reciente paper publicado por el Fondo Monetario Internacional. Como ellas señalan, aunque la mayor parte de la literatura ha incidido en los efectos de las migraciones sobre el mercado laboral y las finanzas públicas, en este trabajo apuntan hacia el impacto de la inmigración en el PIB per cápita (indicador del nivel de vida) de las economías receptoras a largo plazo.

En este sentido, la intuición nos dice que la inmigración puede afectar al PIB per cápita a través de dos canales. Primero, puede aumentar el ratio de la población en edad de trabajar sobre la población total, ya que los inmigrantes suelen encontrarse en edad de trabajar. En segundo lugar, puede influir sobre la productividad por trabajador. Así, los países prefieren atraer inmigrantes con altos niveles de cualificación, aunque los inmigrantes de cualificación media o baja también podrían contribuir al crecimiento de la productividad si sus habilidades fueran complementarias a las de los trabajadores nativos. En cualquier caso, la detección de un impacto positivo de la inmigración sobre el PIB per cápita a largo plazo constituiría un sólido argumento en favor de esta, especialmente en aquellos países donde el envejecimiento de la población se presenta como una de las mayores amenazas al sostenimiento de las finanzas públicas y al crecimiento económico.

Con este objetivo, las autoras recurren a una muestra de 18 países de la OCDE, de los que disponen de información sobre la población inmigrante mayor de 25 años por sexo, país de origen y nivel educativo, entre 1980 y 2010. En combinación con datos relativos a la contabilidad nacional (PIB per cápita real, productividad del trabajo, ratio empleo-población total...), educación, distribución de la renta y previsiones demográficas, estiman un modelo econométrico con el que describir la relación entre PIB per cápita e inmigración. En concreto, tratan de explicar el PIB per cápita de cada país de destino como función del porcentaje de inmigrantes sobre la población adulta total, el tamaño de esta población y una serie de variables tan diversas como la distribución de la población por nivel formativo, la apertura comercial del país o la participación de las TIC en el stock de capital. 

Sin embargo, tal aproximación plantea una dificultad: pensamos que la presencia de inmigrantes en un país puede explicar el PIB per cápita de este, pero, ¿y si ocurre también lo contrario? Al fin y al cabo, las personas que deciden emigrar prefieren marcharse a países ricos, donde es más probable que tengan más oportunidades. Pues bien, con tal de evitar los sesgos procedentes de esta relación bidireccional, en lugar de estimar el modelo con datos observados sobre el ratio inmigrantes-población total, se emplean las previsiones realizadas por un modelo auxiliar. En él, la presencia de inmigrantes en cada país de destino depende de factores de expulsión (motivos por los que las personas quieren emigrar, de tipo económico, político o social) propios de los países de origen y de los costes de las migraciones, determinados por la geografía y la cultura (por ejemplo, resulta más fácil emigrar hacia un país que comparte frontera con el tuyo, o donde se habla la misma lengua).

Siguiendo esta metodología, las autoras obtienen los siguientes resultados:
  • PIB per cápita: en todas las estimaciones realizadas salvo en una, la presencia de inmigrantes en la población del país de destino tiene un impacto positivo y estadísticamente significativo sobre el PIB per cápita de este. Se calcula que un aumento de un 1% en la participación de los inmigrantes en la población total da lugar a un incremento del 2% en el PIB per cápita a largo plazo.
  • Productividad y empleo: la inmigración tiene un impacto positivo y estadísticamente significativo en la productividad del trabajo del país de destino. Como sugiere la literatura, dicho efecto podría deberse a las ideas y la formación de la población inmigrante, cuyas habilidades complementarían a las de los nativos.
  • Nivel de formación de los inmigrantes: tanto los inmigrantes de baja como los de alta cualificación contribuyen a aumentar la productividad del país de destino en una cuantía similar. Ello podría deberse simplemente a una cuestión de heterogeneidad en la muestra de países, o a un exceso de cualificación de los inmigrantes, es decir, la participación de inmigrantes de alta cualificación en tareas que no requieren tanta formación. Al mismo tiempo, ninguno de los dos grupos tiene un impacto significativo sobre la tasa de empleo, aunque sí se aprecia un efecto positivo de la inmigración de baja cualificación en la participación de las mujeres nativas en el mercado laboral.
  • Distribución de la renta: la inmigración aumentaría la renta per cápita del 10% más rico y del 90% más pobre de la población, siendo mayores las ganancias para el decil más rico. Tanto los inmigrantes de baja como los de alta cualificación provocan este efecto, aunque este segundo colectivo parece contribuir al crecimiento de la desigualdad entre el grupo más rico y el más pobre. Por el contrario, el índice de Gini no se ve afectado de manera significativa.
A modo de conclusión, las autoras realizan una serie de recomendaciones. Por una parte sugieren fomentar la integración de los inmigrantes en el mercado laboral del país de destino a través de políticas activas de empleo enfocadas a las necesidades de este colectivo, así como implementar más facilidades para el reconocimiento de su formación, de modo que puedan ser empleados de una forma más adecuada y se evitan situaciones de exceso de cualificación en ciertas ocupaciones. Asimismo, apoyan las reformas de los mercados de bienes y servicios y todas aquellas medidas que reduzcan las barreras al emprendimiento. Fomentar la actualización de los conocimientos de los nativos o reducir la congestión en el uso de los servicios públicos (sanidad y educación) serían otras medidas que ayudarían a asimilar los cambios introducidos por la inmigración en los países de destino. Personalmente, creo que nos convendría tomar nota de estas medidas en vez de dejarnos llevar por acusaciones infundadas con el odio (y el miedo) como única base.

Puedes seguir a Manuel V. Montesinos en