COMPARTIENDO CONOCIMIENTOS

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22 marzo 2017

SER DE CENTRO NO ES SER AMBIGUO

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Ciudadanos parece haber olvidado que significa ser un partido de centro desde que entraron en el parlamento nacional. 

Este mes de marzo nos quedamos muchos españoles perplejos con las actuaciones que está realizando el partido de Albert Rivera, Ciudadanos, al abandonar sus promesas electorales y pasar en el debate político a la ambigüedad absoluta. Ser de centro no es ser ambiguo, sino aceptar que tanto a derecha como a izquierda hay propuestas válidas e incorrectas. Un partido de centro, como existe en el resto de Europa, se caracteriza por poder aceptar medidas sociales habituales de los socialdemócratas, así como la estructura económica más propia de los conservadores.


Ciudadanos en cambio, no aplica este criterio. Su única función estos días es abstenerse de la mayoría de votaciones, aunque fueran parte de su discurso votar a favor o en contra (liberalizar la Estiba, la Eutanasia, el Impuesto al Sol, etc). 

¿Qué pretende el partido naranja?
Ciudadanos ha abandonado la coherencia, si es que la tuvo alguna vez. El centro político sigue sin tener representante en el Congreso. Una oportunidad perdida para millones de españoles.

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19 marzo 2017

EL SISTEMA DE PARTIDOS ESPAÑOL EN EL PUNTO DE MIRA. CAPÍTULO 2: POLARIZACIÓN


La polarización sirve para calcular la distancia existente entre los polos de un sistema de partidos, es decir, aquellos partidos políticos más separados entre sí en sus posiciones ideológicas. Este indicador constituye, junto a la fragmentación, la clave para entender el carácter del sistema de partidos de un país y la clase de interacciones que se desarrollan en él. Estas interacciones pueden congregarse en dos grandes categorías:
  • Dinámicas centrípetas: en sistemas de partidos poco polarizados, las interacciones entre las formaciones políticas tienden hacia el centro del continuo ideológico. Bajo estas circunstancias, predomina la moderación. Los partidos políticos no pueden imponerse si adoptan posturas y medidas extremas o demasiado alejadas del centro.
  • Dinámicas centrífugas: en sistemas de partidos muy polarizados, las interacciones entre los partidos tienden hacia los extremos del espectro ideológico. En estos casos, el centro se debilita en la medida en que el apoyo electoral discurre hacia alguno de los polos del sistema, lo que provoca que los partidos adopten conductas extremas y propongan medidas más radicales.

Las dinámicas ideológicas de un sistema de partidos pueden cambiar a lo largo del tiempo, lo que está determinado por la competición electoral, pues los partidos buscan adaptarse en todo momento a las preferencias de los votantes y así conseguir un mayor número de votos. 

El valor que se suele tomar como referencia para su interpretación es 3. Un resultado superior a 3 refleja una polarización muy elevada; hasta 3 es una polarización moderada; y en torno a 1,5 una polarización baja.

En cuanto a los efectos que genera la polarización, existen argumentos contrapuestos. Por una parte, hay quienes piensan que un alto índice de polarización dificulta llegar a acuerdos entre los partidos, lo que genera inestabilidad y pone obstáculos a la gobernabilidad. Otros, por su parte, argumentan que cierto nivel de polarización es positivo, ya que refleja la existencia de variadas posiciones ideológicas integradas en el sistema de partidos. En todo caso, los matices vendrían dados por el número de formaciones políticas existentes y operativas. En un sistema bipartidista, la polarización es más peligrosa que en uno multipartidista, ya que el hecho de intentar llegar a acuerdos entre dos partidos antagónicos acaba generando situaciones en las que siempre hay un claro ganador y un claro perdedor. Mientras tanto, en sistemas multipartidistas polarizados hay más posibilidades de que algunos partidos encuentren puntos de consenso y así no se produzcan situaciones de un claro partido ganador y otro derrotado. En definitiva, en un sistema de partidos caracterizado por una alta fragmentación es importante que exista también una elevada polarización, pues ello facilitará la representación ciudadana y la gobernabilidad. 

Para calcular la polarización ideológica, utilizamos las ubicaciones ideológicas de los partidos, medidas habitualmente a través del espectro izquierda-derecha. Para obtener las ubicaciones ideológicas suelen utilizarse las opiniones de expertos, de los electores o bien de los propios miembros del Parlamento. En este caso, las ubicaciones ideológicas de los partidos se corresponden con las opiniones de los ciudadanos, extraídas del barómetro de Octubre de 2016 elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas. En una de las preguntas, los votantes debían ubicar, en una escala del 1 (izquierda) al 10 (derecha) a las formaciones políticas del sistema de partidos español. Los datos se muestran en la siguiente tabla:
Fuente: Centro de Investigaciones Sociológicas.
Bajo estas premisas procedemos a nuestro análisis del sistema de partidos español. Existen múltiples fórmulas para calcular la polarización. La utilizada en este caso es la referida a la polarización ideológica ponderada de los autores Taylor y Herman, en la que además de las ubicaciones ideológicas hay que tener en cuenta el número de escaños con los que cuentan los partidos parlamentarios y la proporción de escaños.
Fuente: Ruíz Rodríguez y Otero Felipe, Indicadores de partidos y sistemas de partidos.
Para calcularla, seguimos los siguientes pasos (los resultados se muestran en la tabla de abajo):
  1. Calculamos el promedio ideológico ponderado: multiplicamos la ubicación ideológica de cada partido por la proporción de escaños conseguida en cada caso, y a continuación sumamos los resultados para obtener el total (columna 5).
  2. Restamos el total anterior a las ubicaciones ideológicas de cada partido, y esa diferencia la elevamos al cuadrado (columna 6).
  3. Multiplicamos cada uno de los resultados anteriores por las proporciones de escaños y hacemos el sumatorio (columna 7).
Fuente: Centro de Investigaciones Sociológicas y elaboración propia.
Una vez obtenidos los datos, vemos a priori que el sistema de partidos español se caracterizaría por una elevada polarización. En consecuencia, estaríamos ante un escenario conflictivo en el que los partidos interactúan siguiendo una dinámica centrífuga. Sin embargo, esto debe matizarse, pues se debe tener en cuenta que las formaciones políticas que constituyen los polos ideológicos de nuestro sistema tienen una fuerza parlamentaria muy diferente. En este caso el partido del polo de la derecha sería el PP (con una ubicación ideológica del 8,35) y el polo de la izquierda En Marea (2,04 de ubicación ideológica). El primero, cuenta con 137 escaños, mientras que el segundo solo cuenta con 5; un dato que moderaría la polarización. 

Por otro lado, hay que recordar que nuestro sistema es multipartidista, con una fragmentación parlamentaria elevada del 0,77 (capítulo 1 de la serie). En un escenario así la alta polarización resulta beneficiosa pues, como hemos señalado anteriormente, facilita la representación de las preferencias ideológicas de los ciudadanos. Por otro lado, facilita la gobernabilidad, ya que en situaciones multipartidistas en las que necesariamente se abren las puertas a gobiernos de coaliciones y acuerdos (tal y como ocurre en el caso que nos ocupa), posibilita a los partidos encontrar puntos de consenso a la hora de formar un gobierno, aunque en la práctica esto haya sido más difícil y no haya resultado tan eficaz como propone la teoría.

En definitiva, podemos decir que el sistema de partidos español se caracteriza por una elevada polarización, aunque este dato no implica que se trate de un escenario demasiado conflictivo debido a la diferencia de fuerza que tienen los partidos que constituyen los polos ideológicos y a la elevada fragmentación parlamentaria que hace que nuestro sistema sea multipartidista.

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16 marzo 2017

¿El FIN DE LA SOCIALDEMOCRACIA EUROPEA?


Tras los resultados de las últimas elecciones generales de los Países Bajos, donde resultó ganador el actual Primer Ministro Mark Rutte y posiblemente forme gobierno con todas las fuerzas liberales junto a algún partido socialdemócrata o conservador, ocurrió un hecho destacable: Los partidos socialdemócratas holandeses tuvieron la mayor sangría de votos de su historia.

Con este hecho y la vista de lo sucedido en España y Grecia, donde los partidos socialdemócratas también han sufrido un duro golpe electoral, ha comenzado a abundar en las redes sociales y diversas tertulias televisivas la expresión: Crisis de la Socialdemocracia Europea. Pero... ¿existe dicha crisis?

Para saberlo lo mejor es analizar los resultados de los partidos socialdemócratas de algunos de los países de Europa. Observemos su tendencia:

1) PSOE (España)

2) PS (Portugal)

3) PS (Francia)

4) Labour party (Reino Unido)

5) Labour party (Irlanda)

6) SP (Suiza)

7) LSAP (Luxemburgo)

8) PS y SP·A (Bélgica)

9) SP y PvdA (Países Bajos)

10) SPD (Alemania)

11) SPÖ (Austria)

12) Socialdemokraterne (Dinamarca)

13) SAP (Suecia)

14) SDP (Finlandia)

15) AP (Noruega)

16) PASOK (Grecia)


Si nos fijamos la tendencia en estos 16 países ha sido a la baja, y en algunos casos se han dado, en las fechas cercanas a 2015 y 2016, bajadas de carácter explosivas que han prácticamente destrozado a dichos partidos políticos.

Con esta tendencia se puede argumentar que la socialdemocracia en los países de Europa del Oeste se encuentra en una Crisis.

Es de vital importancia para los partidos socialdemócratas analizar el motivo de su tendencia a perder votos en los últimos años. Las tendencias nos dan a entender que el desencadenante ha sido la Crisis del 2007/08 en la mayoría de los casos.

¿Habrán perdido el tacto con las personas de la calle?

¿Se habrá quedado la socialdemocracia sin espacio político?


¿Ha llegado la hora de un nuevo escenario disputado entre liberales,
conservadores y extremistas de derecha e izquierda?

El mayor beneficiario en los países dónde la socialdemocracia está decayendo han sido los movimientos populistas de derecha e izquierda.

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15 marzo 2017

¿QUÉ ES EL APALANCAMIENTO FINANCIERO?


El apalancamiento financiero (en inglés leverage) es la utilización de deuda en una inversión. Nos permite invertir más de lo que tenemos, de forma que podemos incrementar exponencialmente nuestras ganancias, pero también perder más de lo inicialmente invertido, por lo que es necesario un fuerte control del riesgo.

Por ejemplo, si queremos realizar una operación en bolsa por 100.000 USD. Las acciones aumentan de precio y las vendemos un mes más tarde por 150.000 USD. Imaginemos que de esos 100.000 iniciales nosotros hemos puesto 20.000 y el banco nos ha prestado a crédito 80.000, cobrando un interés mensual del 10%., por lo que tenemos que pagar un interés de 8.000 USD. Nuestra ganancia sería: 150.000 - 80.000 - 20.000 - 8.000 = 42.000 USD, habiendo invertido solo 20.000 USD de fondos propios. La rentabilidad es del 210%. 

Si, por el contrario, las acciones disminuyen su precio y las vendemos un mes más tarde por 70.000, nuestra pérdida sería: 70.000 - 80.000 - 20.000 - 8.000 = - 38.000 USD. Es decir, no solamente hemos perdido nuestros 20.000 iniciales, sino que tras devolver el crédito y pagar el interés nos hemos quedado con una deuda de 38.000 USD, hemos caído en la insolvencia. 

El apalancamiento se mide en un ratio entre capital propio y crédito. Por ejemplo, si tengo 1.000 EUR y quiero operar por un valor de 200.000 EUR, necesito un apalancamiento de 1:200. Por cada 1 EUR propio, me dan 200 de crédito. Si la inversión va mal, podemos disminuir nuestro ratio de apalancamiento antes de generar más pérdidas pagando parte de la deuda.

En conclusión, cierto nivel de apalancamiento es bueno porque nos permite acceder a inversiones fuera del alcance de nuestros fondos propios, ya que aumentamos nuestra exposición con fondos que nos han prestado (deuda), pero tenemos que evaluar con especial detalle qué riesgos queremos asumir y si la rentabilidad esperada cubre el coste de la deuda que vamos a contraer.

09 marzo 2017

APOYO AL 8 DE MARZO


Feminismo:


El día 8 de Marzo se celebra el día de la mujer trabajadora, y esto, más allá de ser una celebración, es un día de lucha, de reivindicación. Y pese a que las calles se llenan con manifestaciones, concentraciones y carteles de apoyo a las mujeres, también salen a la luz todas aquellas personas que parecen vivir en un mundo utópico donde las mujeres cobran el mismo salario que los hombres, y tienen las mismas facilidades para acceder a los puestos de trabajo. Un mundo donde las violaciones “no ocurren tan a menudo”, el miedo de las mujeres a salir solas por la noche, o a participar el festividades que incluyen grandes multitudes, es totalmente infundido y “no todos los hombres son así”.

Como me gustaría vivir en ese mundo. Pero por desgracia, el mundo real es injusto, y la lucha contra los privilegios de una clase dominante (y digo clase dominante, porque hay quienes cuando ven la palabra patriarcado dejan de leer, y automáticamente tachan de feminazi al autor del texto), continua siendo necesaria, aunque muchos se empeñen en decir lo contrario.


En este día, estas personas vuelven a abrir el estéril debate, sobre porqué debe existir un día de la mujer, pero no existe un día del hombre. No me detendré a enumerar los múltiples motivos por los este día es necesario, porque para aquellos que no vivan en este mundo utópico que estas personas defienden, es más que obvio. Simplemente diré que el día 19 de noviembre es el día internacional del hombre.


A estas personas también les encanta atacar la lucha feminista desde su punto más visible, su propio nombre: Feminismo. ¿Porqué si es un movimiento que busca la igualdad tiene que llamarse Feminismo, porqué no Igualitarismo? “El Feminismo es lo contrario al machismo” “Yo no me considero feminista, porque no odio a los hombres”. Y ya que esto quizás sea más complicado de entender para ellos, iré despacio. El Feminismo es un movimiento impulsado por las mujeres, para su liberación, mujeres, en femenino. Lucha contra la opresión, la opresión que realiza el hombre sobre ella a lo largo de la historia. Por lo que, que esta lucha no se llamase así, siendo esta un empoderamiento femenino, seria la negación de la propia historia. Del mismo modo, que no podría llamarse igualitarismo, ya que la igualdad, tan solo es una consecuencia de el empoderamiento femenino, de su visibilidad, su participación real en la sociedad, lo cual llevaría a la igualdad frente al hombre.


Cada 8 de Marzo este debate vuelve a las redes, a los medios, a las calles, y el problema no es que haya quienes vivan en ese mundo utópico, el problema es que nos estamos cansando. Nos estamos cansando de repetir siempre lo mismo, de tener que demostrar que las mujeres somos oprimidas en la sociedad, de que los colegios, los institutos, las universidades y los puestos de trabajos son machistas, que existe una estructura social dominada por el hombre, que por mucho los casos de violencia de genero en los que la victima es un hombre existan, las violaciones a hombres, y su tema favorito: la custodia de los niños tras un divorcio, o las “denuncias falsas”. Aún con que estos casos existan, o puedan existir, mayoritariamente en minoría. El Feminismo no es la causa de ellos, ni fomenta el odio hacia el hombre, el Feminismo se encarga de sus propias luchas, que no son pocas.


Y si con la palabra “Feminismo” se sienten atacados, ofendidos, y sienten la necesidad de crear términos como “Feminazi”, entonces es que lo estamos haciendo bien, estamos haciendo que vean peligrar sus privilegios, estamos haciendo que sientan temor a dejar de ser quienes nos controlan, a que nos sublevemos y lleguemos hasta donde ellos están.


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03 marzo 2017

¿TIENE LÍMITES LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN?


Hace unos días aparecieron por las calles de Madrid y Barcelona diversos autobuses de la organización ultra católica “HazteOír”, nacida en 2001 a raíz de su oposición al aborto. Pintado por todos los vehículos se puede leer muy claramente: “Los niños tienen pene, las niñas tienen vulva. Que no te engañen”. Supongo que mucha gente apoyará este mensaje, ya que “HazteOír” tiene seguidores y miembros que hacen que la organización gane alrededor de 2 millones de euros al año, con ayuda también de subvenciones públicas. Es su opinión, y la están compartiendo con el resto de la sociedad. Pero, ¿esto se puede consentir?

Habría que mirarlo desde el punto de vista de un niño que no vive a gusto con cómo ha nacido, no se siente a gusto con su identidad sexual y quiere cambiar. Si criamos a nuestros hijos diciéndoles que pueden ser cualquier cosa que se propongan: bombero, actor, veterinario, peluquero… Entonces, ¿por qué un niño no puede ser una niña si es así como se siente? 

Los niños son personas inocentes y puras, no saben todavía lo que es el machismo, la homofobia, el racismo… Y esta organización no es quien para hacerles ver lo que tienen o no tienen que pensar. ‘HazteOír’ no son quienes para transmitir la transfobia, no son quienes para hacer que la sociedad odie a los que son “diferentes” a ellos. No son quienes para decidir qué es lo correcto o lo incorrecto para las personas.

La libertad de expresión que está compartiendo el grupo “HazteOír”, está privando de libertad a los niños transexuales. ¿Dónde termina la libertad de expresión? No termina en ningún punto, cada cual tiene el mismo derecho a expresar su propia ideología. Ahora bien, cuando tu opinión hace daño a otras personas y las priva de su propia ideología, deja de ser opinión y pasa a ser opresión. No se puede consentir que alguien te diga lo que tienes que ser o lo que es bueno para ti. 

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01 marzo 2017

ESPAÑA Y EL IPC


Hace una semana salió el último dato del Índice de Precios al Consumo (IPC), un indicador que nos permite conocer la evolución de los precios en nuestra economía, elaborado y publicado por el Instituto Nacional de Estadística. Este dato está expresado en números índice, como bien dice su nombre. Eso quiere decir que es un valor el cual está expresado en términos de otro, el cual definimos como "base". Este dato "base" adopta mediante un cálculo fácil el valor 100. A partir de ahí, el resto de datos se calculan en función de su valor expresado en términos del dato base (100). Como ejemplo para que sea más fácil (Tabla 1): Imaginemos que tenemos las notas medias del curso de una clase de 10 alumnos de un instituto y queremos mostrarlas en forma de índice. Para ello, seleccionamos un valor, el cual deberá ser representativo de ese grupo de datos. Por ejemplo, nuestro dato base podría ser la nota media total de dicha clase, por lo que procedemos a calcularla (una simple media aritmética). Una vez hecho eso, convertimos ese dato base en índice, lo cual se hace dividiendo ese dato por sí mismo y multiplicando por 100. Como es obvio, el resultado va a ser 100, pero ese mismo cálculo lo hacemos con los demás valores (dividimos entre el dato base y lo multiplicamos por 100) para que nos muestre los índices de los demás. Al hacerlo, ya hemos construido nuestro índice. Quizá el ejemplo no es muy útil pero el cálculo era muy simple y fácil de entender. El sentido de los números índice radica en que muchas veces tenemos datos muy grandes, la medida en valores nominales es complicada, o sencillamente queremos comprobar su significado original, es decir, el valor de los datos en términos de otro más importante o central. Un índice se podría entender de la siguiente manera en otro ejemplo: Si tenemos una tabla de números índice y uno de ellos vale 50, quiere decir que ese dato vale la mitad que nuestra base. Si dicho índice correspondiera a una empresa y fueran los salarios de sus trabajadores los representados en esa tabla, quiere decir que uno cobra la mitad que el salario colocado como base, el cual podría ser el salario medio pagado por dicha empresa.


Además, los números índice pueden aplicarse en el terreno temporal, el cual es en el que se expresa el IPC. En concreto este índice nos da una especie de precio genérico ponderado por muchos productos, los cuales conforman la cesta de productos representativos de la demanda de bienes y servicios de España cada mes. Cuando hablamos de series de números índice temporales, lo que nos interesa es la evolución entre dos o más periodos de esa variable. Para poder evaluar los precios, se nos presenta un problema antes nombrado, y es la dificultad para poder medirlos en valores nominales (en euros, por ejemplo), ya que son muchos productos los que conforman ese IPC, por lo que no sería representativo escoger un precio medio. Por ello, se utilizan los números índice y ahora que sabemos cómo se calculan y lo que miden, nos vamos a centrar en el IPC para conocer su significado. Los bienes y servicios utilizados en la construcción del IPC son siempre los mismos, a menos que se cambie la metodología, lo cual debe ser previamente informado. Por ejemplo, este año el INE ha cambiado la metodología del IPC al cambiar el año base. Desde este primer dato de enero de 2017, se utiliza el año 2016 como nuevo año base del índice. Cuando se consigue toda la información necesaria, cuyo proceso de obtención podéis ver aquí, se pasa al cálculo del número índice de dicho periodo. Ahora que sabemos un poco más de nuestro IPC, pasemos a ver los datos.


Este gráfico de barras nos muestra la evolución en números índice del IPC desde 2003 hasta 2017, tomando el dato de enero como dato anual mientras no tengamos más de este año para ir elaborando el promedio. Como podemos observar, los precios (hablamos de ellos en términos generales, a pesar de que hay diversos sectores que son motores principales del descenso o aumento del nivel general) tuvieron un aumento continuado entre los años 2002 y 2012. Cuando se produce esta situación típica de economías en expansión, donde los precios suben periodo tras periodo, la llamamos inflación o periodo con tendencia inflacionista. Este aumento se produce igualmente en los primeros años de crisis, donde aún muchos vivían en un mundo paralelo. Cuando una burbuja explota, no cambia drásticamente el panorama económico en términos de precios, sino que poco a poco la inflación (como ahora veremos) se va reduciendo (desinflación), llegando a un periodo en el que la falta de demanda por la crisis puede llegar a hacer que los precios no solo no suban o se mantengan, sino que bajen. Ese proceso es conocido como deflación o periodo con tendencia deflacionista, y es lo contrario a la inflación. Esto no quiere decir que la inflación aparezca exclusivamente en periodos de expansión, ya que la historia y la actualidad nos demuestra que, a pesar de no haber un periodo de creciente demanda de consumo, los precios pueden subir. Este fenómeno daría para muchas líneas, pero me centraré en la actualidad para explicarlo brevemente. En el Gráfico 2 muestro la variación de precios anual para observar la inflación aparecida entre 2003 y 2012, tras la cual hay un periodo deflacionista, el cual se ha visto cortado de raíz por este nuevo dato de enero, que pasaré a explicar ahora.



El cambio radical de este último dato de enero es visible a los ojos de cualquiera, pero lo realmente importante siempre está en los detalles. Si observamos los datos (Gráfico 1), vemos que el índice alcanzado es un 101,5, el cual significa un aumento del 3% respecto del dato de enero del 2016, y una caída del 0,5% respecto de diciembre de 2016, lo que es una caída muy pequeña en comparación con lo que estamos acostumbrados a ver (la caída de diciembre a enero era la más alta de todo el año desde 2013) ya que tuvo una caída media del 1,3% entre 2010 y 2016. Estos comportamientos tan inusuales en el IPC no son una coincidencia, ni una señal de inflación permanente, lo cual es un objetivo del BCE desde hace mucho tiempo. Siempre se ha defendido que un crecimiento económico podía estar acompañado de inflación si esta se encontraba en torno al 2%. Esa inflación sería controlada debido a que los precios subirían al tiempo que lo hace la economía, por lo que sería sostenible. En cambio, este 3% no habla de esa inflación surgida del crecimiento económico, sino más bien de causas que, según el Instituto Nacional de Estadística, surgen de eventos puntuales o exteriores, y que no hablan de nuestro crecimiento económico. Si nos fijamos en la nota de prensa del INE publicada en relación a los nuevos datos del IPC, a la cual podéis acceder en este enlace, vemos que las causas de tan repentino e inesperado aumento de los precios se deben a dos principales factores:
  • Vivienda: Esta subida es, según el INE, "debida en su mayor parte a la subida de los precios de la electricidad, frente a la bajada que experimentaron en 2016". Hay que recalcar que la variación total en este concepto es del 7,4%.
  • Transporte: En este caso este aumento es provocado, y aprovecho para volver a citar al INE, "casi en su totalidad por el incremento de los precios de los carburantes este mes, frente a la bajada en enero de 2016". De nuevo, cambio de tendencia que en este caso es del 7,6% en este concepto.

Y esto no acaba aquí ya que, como pueden ver en el Gráfico 3, otras partidas también han aumentado. El aumento de los precios de la alimentación, provocado principalmente por las hortalizas y el pescado y la ola de frío que devastó buena parte de la producción y produjo un exceso de demanda en sus respectivos mercados. Los aumentos en los precios del alcohol y el tabaco fueron provocados, como casi siempre, por un aumento de los impuestos llevado a cabo por el gobierno antes de terminar el año. En definitiva, son aumentos cuyo motor principal no se basan en el crecimiento económico, ni mucho menos en el aumento de la demanda. A pesar de ello, no quiero decir que no haya habido aumentos procedentes del aumento de esa demanda comprensibles debido a su naturaleza. Más abajo, en la Tabla 2, les adjunto los datos de los subíndices de los que está compuesto el IPC General, junto con la subclase o tipo de bien al lado suyo, cuyo precio ha aumentado más dentro de la misma, incluyendo los citados previamente. Además, aquí pueden consultar el resto de datos por si están interesados en verlos.


  
TABLA 2: T.V Anual de Subíndices y Subclases Dominantes (Enero 2017)
Subíndice
T.V
Subclase
T.V
Alimentación
1,0%
Legumbres y Hortalizas
17,9%
Alcohol y Tabaco
1,7%
Vino de Uva
1,0%
Ropa
0,9%
Limpieza de Artículos de Vestir
1,0%
Vivienda
7,4%
Electricidad
26,2%
Menaje
-0,2%
Otros Artículos No Duraderos para el Hogar
0,8%
Medicina
0,7%
Productos Farmacéuticos
1,2%
Transporte
7,6%
Combustibles Líquidos
25,4%
Comunicaciones
2,6%
Otros Servicios Postales
2,0%
Ocio y Cultura
0,9%
Cámaras
3,3%
Enseñanza
1,0%
Enseñanza Infantil
1,1%
Hostelería y Restauración
1,2%
Comedores
0,4%
Otros Bienes y Servicios
1,4%
Otros Seguros
5,3%
Fuente: Instituto Nacional de Estadística

Como valoración personal, considero que nuestra economía sigue manteniéndose en un estado neutro en el que ni hay demanda suficiente para generar inflación ni estamos en el fondo del agujero para que los precios bajen. Más bien diría que estamos en una especie de estancamiento, donde los precios se han estabilizado. Esta afirmación se sustenta viendo dos tendencias de variables muy importantes dentro del crecimiento económico (Gráfico 4): La primera, la tasa de variación anual de nuestros ocupados, la cual podemos ver en la EPA, elaborada por el INE. En ella vemos signos de desaceleración en la creación de empleo. También es posible observar dicha tendencia en la Contabilidad Nacional elaborada también por el INE, donde nuestro PIB ha perdido el impulso que suelen tener las economías en expansión. Observando todo lo mencionado anteriormente, el aumento de precios no se corresponde con un mayor crecimiento económico. Es más, si comparamos dichas variables (Gráfico 5), el resultado es inaudito: Al tiempo que España empieza a presentar signos de crecimiento, los precios continúan su senda hacia las tasas negativas y comienza la deflación; y ahora que el crecimiento económico parece tocar techo en valores relativos, es cuando suben los precios. 




En mi opinión, este no es el crecimiento que nos prometieron. La economía española parece estar esperando algún impulso externo que nos devuelva donde estábamos. La mayor pena de todas es que ese punto queda cada vez más lejos en la memoria de algunos, y si queremos volver a él (esta vez de forma real y sin chapuzas), debemos hacer cambios estructurales y ser mucho más competitivos de cara a la Unión Europea. Apostar por otras políticas que incentiven el empleo y vuelvan a impulsar nuestra demanda, revertir nuestra dependencia energética y cortar el grifo de la fuga de cerebros pueden ser las principales alternativas que se le presentan a España en los próximos años.



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