PEDRO SÁNCHEZ Y SU BIG MOMEMTUM - Canal Hablamos

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01 noviembre 2016

PEDRO SÁNCHEZ Y SU BIG MOMEMTUM


La segunda votación para la investidura de Pedro Sánchez resultó fallida, igual que la primera e igual que las elecciones para su partido, 90 escaños que significaban el peor resultado de la historia del PSOE –como bien le recuerdan a menudo desde Pablo Iglesias hasta Mariano Rajoy–. El líder de los socialistas cuando fue consciente de que “Rajoy le decía no al Rey” (frase periodística y utilizada por los partidos políticos) sabía que este era su momento, su “Big Momemtum” (término usado en el ámbito deportivo o electoral que hace referencia al momento clave en el que un impulso es difícil de frenar o detener).

El, hasta ahora, líder de los socialistas había conseguido “salir vivo” de unas elecciones que todos intuíamos que iba a perder –así lo indicaban todas las encuestas y así fue–. Consiguió superar el Comité Federal de su Partido, pese a las críticas y a las férreas directrices marcadas: nada de partidos independentistas. Fue capaz de mover una pieza en el tablero postelectoral y llegar a un acuerdo con Ciudadanos; sí,  con la derecha, con las nuevas generaciones del Partido Popular y demás descalificaciones, motes y chascarrillos con las que el señor Sánchez animó la campaña electoral. También consiguió el aval de la mitad de la militancia que depositó su voto, en la consulta realizada por su partido, para el pacto –de gobierno, de investidura o como ustedes quieran llamarlo– con Ciudadanos. Consulta, por otro lado, no vinculante y con una pregunta ambigua.

Como he expuesto, Pedro Sánchez ha sabido sortear todos los obstáculos, o por lo menos ha sabido levantarse sin mucho ruido tras haber chocado con ellos. Al líder socialista solo le quedaba la última batalla, a corto plazo, aunque supiera que, presumiblemente, iba a perderla; la sesión de Investidura. Esta ha sido la única derrota cuantitativa y en la que todo el mundo ha estado de acuerdo, 219 noes es mayor que 131 síes y sin embargo, es la que menos le ha afectado o, como dicen algunos, con la que ha salido fortalecido. Puede resultar una paradoja que, habiendo perdido de momento la posibilidad de gobernar, pueda interpretarse como una victoria. La explicación pasa porque esta derrota le ha servido para tomar de nuevo el mando y decirle a su partido y a sus electores que aún sigue siendo útil en la política y que si alguien de dentro quiere sustituirle, aún no ha llegado su momento.

Estas semanas muchos analistas, juristas y expertos políticos han debatido sobre si era necesario o no contar con una mayoría segura para ir a la sesión de investidura, yo considero que no. El resultado de las elecciones dejó un panorama abierto a la vez que incierto, del que Felipe VI era consciente. Como ha sucedido hasta ahora, el Rey llamaba al partido más votado para intentar formar gobierno pero como ha ocurrido por primera vez en democracia, Rajoy se ha negado. Los motivos son claros y hasta convincentes, no tiene sentido que se presente  a una votación cuando sabe de antemano que los demás partidos votarán en contra. A pesar de este argumento considero que Rajoy cometió una irresponsabilidad y debiera haberse presentado. Durante la campaña electoral dejó claro, y abroncaba a quien dijera lo contrario, que el partido mayoritario debía de gobernar, posición que comparto, pero después hemos constatado que ser el partido preferido por los ciudadanos no fue suficiente aliciente para que Rajoy cumpliera con esa responsabilidad.

Algunos, no contentos con que Rajoy hubiera declinado la oferta, acusaron a Sánchez de haber aceptado la petición. ¿Hubiera sido mejor que el Partido Socialista y sucesivamente otros partidos también hubieran dicho no y nadie hubiera negociado nada?, creo que no. Tampoco debemos de olvidar de que fue el Rey, consciente de la situación en la que estaban las negociaciones políticas, el que ofreció a Sánchez la posibilidad de gobernar y no al revés. Por tanto, no veo irresponsabilidad alguna en haber aceptado.

Rajoy, por tanto, desaprovechó una ocasión inmejorable para llegar un acuerdo con Ciudadanos, como el que ha llegado este partido con los socialistas, poder acusar a Sánchez de torpedear el gobierno y de no sumarse al hipotético acuerdo firmado y acallar o silenciar los que piden que ceda el testigo en su partido, que aunque no hagan mucho ruido existen.

Volviendo a la figura de Pedro Sánchez, considero que ha conseguido más de lo que alguno nos imaginábamos y en su batalla interna ha logrado que el Congreso de su partido se mantenga en el mes de mayo. Los críticos, dentro y fuera de su partido, consideran que el sustituto de Rubalcaba quiere ser presidente a toda costa, razones no les faltan, para no acabar sin la presidencia como este antecesor.  Pero a pesar de las críticas, hay que felicitarle por haber llegado a donde ha llegado. Situación inestable que puede venirse abajo si no consigue llegar a la Moncloa, algo francamente difícil, o seguir superando su particular carrera de obstáculos. Otra solución hubiera pasado por dimitir debido a sus malos resultados – motivo por el cual expulsó a Tomás Gómez tan solo con encuestas o su afirmación de que perder las elecciones sería un fracaso– pero, ¿quién quiere perderse esta fiesta?









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