LA CULTURA ES PATRIMONIO DE TODOS - Canal Hablamos

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11 mayo 2016

LA CULTURA ES PATRIMONIO DE TODOS


Debo admitir la existencia de mucha literatura sobre este tema. Pero ya no me contengo, porque este dos mil dieciséis ha vuelto a pasar. El lunes 9 de mayo se subscribía el pacto entre Podemos e Izquierda Unida.

Semanas antes, el grupo de intelectuales, artistas y personas destacadas de la cultura habían firmado un documento abogando por tal pacto. Los titulares nos decían que el mundo intelectual pedía un pacto de izquierdas para rescatarla.

Buenos días.

La cultura no es patrimonio de la izquierda, en primer lugar, porque la izquierda como tal ya no existe. La transversalidad actual de la cultura, de los derechos sociales o del Estado del Bienestar no pertenece a ninguna ideología, por tanto, desaparece esa superioridad moral de la gauche, atribuyéndoles solo tal adjetivo para sus políticas económicas.

Por otro lado, les voy a contar una historia, deliciosa.

Toni Cantó ha escrito y dirigido una obra bella, crítica, divertida y esperanzadora. Una clase magistral de comunicación política, una oda a la vida de los fontaneros del poder, una instantánea de los medios de comunicación, la verdad sobre las aspiraciones personales.

“El Debate” habla sobre cómo se negocia, en plena campaña, la contienda televisiva que decidirá unas elecciones. Una actriz (Marta Flich) y dos actores (Pepe Ocio y Philip Rogers) -que en la vida real votan a quién les de la gana– recrean la pasada de frenada del bipartidismo para los tiempos de hoy en día. De fondo, un guión dinámico, duro y tremendamente cargado (de cosas, de palabras, de realidad). En la forma, una puesta en escena complejamente sencilla que nos lleva directamente al plató de televisión. Teatralmente, me levanté encantado para aplaudir tal trabajo.

Como sabéis, para mi el teatro es poner voz a las sociedad, otra forma de hacer política, generando conciencia a través del arte. Y esta obra lo consigue. Sin duda alguna, no os la podéis perder, pero corred hasta los Teatros del Canal, porque estará hasta el día 22.

Yo estuve ayer día diez de mayo, aprovechando la tradición del coloquio de los martes. Pregunté sin miramientos qué técnicas habían usado los artistas para recrear tal perspectiva; felicité al director por regalarme algo que necesitaba y a Albert Rivera y su equipo les pedí, por favor, que no fueran así.

Pero me quedé con ganas de más. Me quedé con ganas de repetir que la cultura no era patrimonio de la izquierda.

Sabemos que el director, precisamente diputado, peca de no ser de izquierdas. Y ayer, día lluvioso en Madrid, un presidenciable, probablemente futuro Presidente en algún tiempo indeterminado, sonreía, reía y negaba ante las tablas. Acompañado por su gabinete, pero por alguna persona más que también peca de no ser de izquierdas.


Admitiendo que estoy un poco ciego, atisbé a una Secretaria de la Mesa del Congreso (Patricia Reyes), a una diputada nacional y referente cultural (Marta Rivera) o a un Secretario de Comunicación y Diputado en el Parlament (Fernando de Páramo).

También estaba Goyo Jiménez, que no se su ideología, pero me da igual, porque la cultura es patrimonio de todos.

Un periodista llamado Pedro J. Ramírez, una diputada de la Asamblea de Madrid y portavoz de Cultura (Esther Ruiz) o la ex-diputada popular Cayetana Álvarez de Toledo, también.

El teatro es del público que lo sustenta, lo ama, lo eleva o lo hunde. El teatro es del director, que arriesga, propone, nos lleva a un viaje mágico. El teatro es de los actores, que viven para que otros vivamos. El teatro es de todas esas almas invisibles que hacen visibles a otros. El teatro, la cultura, es de todos, no excluye ideologías ni perspectivas políticas.

Por último, les voy a contar la historia.

La historia de siempre, la de la superioridad de unos frente a otros.

Antonio Garrigues Walker, otro que peca, es el gran jurista español del siglo XX. Escribe, dirige, actúa teatro aficionado desde hace 50 años. Luis María Ansón, tan conservador él y tan defensor del teatro alternativo. Creo que son representativos.

Sucede que la superioridad moral lo único que genera es una frontera entre ideologías, entre actores y futuros públicos. Crea bandos, disputas, guettos culturales.

La cultura es patrimonio de todos y la ideologia es un patrimonio personal. Como decía Luis Aragonés, no mezclemos churros con merinas.

Autor:
Pablo López Reclusa

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