¿PARA ESTO? - Canal Hablamos

NUEVO

08 julio 2016

¿PARA ESTO?


Durante la noche electoral, el primer ministro de Administraciones Públicas de Zapatero compartió un mensaje revelador en Twitter:
Desde que Jordi Sevilla publicó ese tuit, no ha pasado nada. Doce días van ya desde la consumación del fracaso político de la XI Legislatura sin que nada haya cambiado. Menos mal que España necesitaba un Gobierno de inmediato, como decía ese señor al que usted se refiere. Mariano Rajoy, que es obvio —y preocupante— que no tiene ni idea de cómo se forma un Gobierno, ha decidido convertirse en la Reina de Inglaterra y ha abierto una ronda de contactos en su despacho de Moncloa con todos los partidos. Me puedo imaginar la cara de Joan Tardà y Gabriel Rufián cuando les llegara la llamada de Protocolo para que acudieran a palacio. «Pero éste qué quiere ahora», pensarían los promotores de una secesión, cuando les llama un sujeto que se supone que pretende formar un Gobierno en el país del que se quieren ir. Nadie entiende nada, y menos mal que al señor Presidente no se le ha ocurrido llamar a Bildu. Rajoy debería estar sentado con Albert Rivera, para empezar, en lugar de escurrir el bulto hasta el límite de lo imposible, pero en lugar de eso la semana que viene ya tiene hora con el líder de Podemos, que supongo que debe tener muchas papeletas de ir a apoyar su investidura. El problema de Rajoy es que tiene arrestos para reírse de todos los españoles, pero no para ponerse a negociar en serio.

Mientras tanto, Pedro Sánchez protagoniza el mayor ejercicio de escapismo político que se ha visto desde que Rajoy decidió girar en redondo frente a un grupo de periodistas cuando la prima de riesgo se desbocaba. El líder del PSOE ha debido de darse cuenta de que la táctica Mariana de esperar a ver si los problemas se van por sí solos a Rajoy le funciona, y a esta hora del viernes por no aparecer no ha aparecido ni para recoger ni su credencial de diputado.  Mientras tanto en Ferraz se miran alarmados unos a otros: los barones hacen la guerra por su cuenta, el abuelo cebolleta para variar dice lo que le apetece, Antonio Hernando también se apunta al Club de la Perogrullada diciendo que «no es no y va a seguir siendo no», y, en fin, Miquel Iceta ha decidido que aquí hay poco tomate y que vamos a meter un referéndum a la canadiense en la salsa postelectoral. Precisamente ahora que Puigdemont lleva una temporada callado, por la cuenta que le trae, viene el PSC a animar el patio. Lo raro es que Sánchez se haya ido a Mojácar y no a la isla Bouvet. El punto más aislado del planeta y que es de soberanía noruega, claro. Ellos sí que saben, llevo meses diciéndolo.

Si al PSOE las urnas les han dejado en una situación difícil —las ha habido peores—, Ciudadanos no tiene mucho que pensarse. Hace unas semanas Albert Rivera dijo una frase bastante lapidaria, por clara: «el que quiera un Gobierno de Rajoy que vote a Rajoy, no a mi». No sé qué parte no hemos entendido todavía: hasta el día de las elecciones la postura de Ciudadanos fue meridianamente clara. ¿Qué pasa? Pues que Mariano Rajoy ganó medio millón de votos y catorce escaños mientras todos los demás perdían. Ante eso uno tiene dos opciones, y eso ya está hablado. Como acaba de decir Javier Nart, eurodiputado de Ciudadanos y una de las mentes más lúcidas de la política española desde mucho antes de entrar en el partido, «con estos bueyes deberemos arar».

La cuestión es que los votos de Ciudadanos, por suerte o por desgracia, son irrelevantes al lado de los del PSOE. Si los socialistas se abstienen, Rivera no es necesario para que haya Gobierno; todos los demás partidos de la Cámara pueden votar en contra, la investidura saldría adelante sólo con los votos a favor del PP (sí 137, abstención 85, en contra 129). Y si los socialistas no se abstienen y votan en contra, es irrelevante lo que haga Ciudadanos pues los ‘noes’ del resto de la Cámara sumarán como mínimo 175 escaños, es decir, el límite para impedir cualquier investidura.

El problema es que hemos llegado hasta aquí —meses de bloqueo, sin Presupuestos, sin Gobierno, sin relaciones internacionales, repitiendo elecciones— para que ahora Pablo Iglesias tenga el coraje de decir que «oigan, si Pedro Sánchez se apunta, hay números». ¡¿Hay números?! A mi no me salen. Salvo, por supuesto, que se sumen a PSOE y Podemos ERC, Convergencia y PNV, o bien se sume Ciudadanos. La pregunta es, claro, la inicial. Entonces, todo esto ¿para qué?

Porque recordemos que Pedro Sánchez se sometió a un voto  de investidura en el que Pablo Iglesias tuvo la última palabra. Si en febrero no valía, ¿ahora sí? ¿Ahora podemos empezar a marear la perdiz para flirtear con todos cuando la abstención, la mera abstención de una parte de los Diputados de Podemos pudo investir Presidente a Sánchez? Con un millón y medio de votos más Pablo Iglesias se atrevió a proclamarse Vicepresidente del Gobierno. ¿Ahora, con (como dice él) una hostia de proporciones bíblicas, sí hay posibilidad de acuerdo? Menos mal que Pablo Iglesias va a ser, como mucho, el segundo portavoz de la Oposición.

Y así estamos, doce días después de las elecciones. Parece todo una broma macabra. Y no sabemos todavía cuánto tiempo van a tardar todos ellos en darse cuenta de que las opciones son exclusivamente dos y la decisión es exclusiva del Partido Socialista. O se abstienen para que gobierne Rajoy, o vamos a terceras elecciones; la decisión no es fácil pero es una y única, y cuanto antes la tomemos, antes empezaremos una Legislatura de una buena vez. Lo demás es atrezzo, es matiz, es circunstancial. Los escenógrafos han sido los españoles. Que por supuesto, saben lo que votan.

Autor:
Jaime Fernández-Paíno Sopeña
Web y Twitter

No hay comentarios:

Publicar un comentario

-->