CONTRAECONOMÍA: LA ALTERNATIVA A LA ACCIÓN POLÍTICA - Canal Hablamos

NUEVO

30 agosto 2016

CONTRAECONOMÍA: LA ALTERNATIVA A LA ACCIÓN POLÍTICA

"Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es el más sagrado de los derechos y el más indispensable de los deberes." Pronunciaba estas palabras el Marqués de La Fayette hace poco más de doscientos años, quedando inmortalizadas eternamente en nuestra historia así como en el Artículo 35 de la Declaración de Derechos del Hombre firmada en 1793, otorgándole a la rebelión el estatus de obligación y atribución inalienable como método más que legítimo para combatir la tiranía, ya sea política o económica.


La historia ha dejado constancia de que la sumisión al Estado a través de sistemas que falsamente se autodenominan democráticos (cítese el sufragio universal o el parlamentarismo) con el fin de alcanzar un término medio que fije un acuerdo entre dos partes, una que establezca que la libertad es un derecho inalienable e intrínseco del ser humano y otra que trate de ponerle cercos a la misma, únicamente favorece a la segunda, degradando así el término "democracia". Esto se debe a dos razones: la primera es que toda limitación de esta capacidad, por pequeña que sea, favorece a sus censores. De tal modo que, por poner un ejemplo, si el parlamento de Corea del Sur votara mayoritariamente elevar la presión fiscal del país, a pesar del alto grado de liberalización de este, se estaría perjudicando a la libertad económica existente y por tanto favoreciendo a los detractores de su ampliación. La segunda razón es que el darwinismo económico, basado en la prevalencia de los sistemas económicos más eficientes, no funciona en democracia debido a la subjetividad a la que es sometido el elector. El ciudadano medio, al no poseer conocimientos detallados sobre economía e historia, únicamente condiciona su voto atendiendo a  su actual estatus social y no al de generaciones anteriores, haciendo imposible una comparación objetiva entre estas dos situaciones y corrompiendo así la base de la democracia: la soberanía popular.

Ante la carencia de una alta representación parlamentaria que nos permita modificar a nuestro gusto leyes que consideramos coactivas (en ocasiones, internacionales) y la imposibilidad moral de utilizar la violencia física como forma de subvertir el sistema debido al principio de no-agresión en el que creemos los libertarios y a que no se cumple una reciprocidad por parte del Estado español, ¿de qué armas efectivas dispone el liberalismo en este caso? La respuesta es clara: la concienciación social a través de la contraeconomía.

Actualmente en España contamos con un 25% de economía sumergida, cifra que no deja de aumentar año tras año. Esto, a ojos de la mayoría unánime de nuestros gobernantes, es un dato pésimo; sin embargo, yo me niego a calificarlo de la misma manera. Un 25% de economía sumergida no significa un 25% del robo al fisco. Significa que una cuarta parte de los movimientos de capital en nuestro país están perpetrados por individuos que no aceptan someterse al yugo del Estado e ilegitiman de forma activa su capacidad de coacción. Que la cifra mantenga su tendencia alcista cada año mientras crece al mismo ritmo la representación socialdemócrata en el Congreso de los Diputados y la presión fiscal que ejerce el Estado significa que nominalmente España es un paraíso socialista, mientras que en la práctica el pueblo demanda una inmensa libertad económica. Es decir, que predicamos una mayor redistribución del dinero de los demás pero queremos el nuestro para nosotros. Recordemos que el fraude fiscal no está al alcance de todo ciudadano y no todos están dispuestos a arriesgarse a las posibles consecuencias legales que implica este; así que, si redujeramos los mecanismos de Hacienda para capturar evasores fiscales, ¿hasta dónde creen ustedes que se elevaría este número? Posiblemente nos encontraríamos con una elevada demanda de reducción de la presión fiscal.

Cometemos el error de considerar la corrupción como algo negativo. En defensa de esta debo decir que en algunos casos está plenamente justificada e incluso tiene carácter de obligación moral. Como dice el profesor Bastos, los nazis aceptaban sobornos a cambio de dejar escapar a familias judías. ¿Que preferiría usted: un nazi corrupto o un nazi honesto? ¿Y acaso no tiene el individuo el derecho de desposeer al Estado del capital que le ha sido arrebatado anteriormente y de forma injusta mediante métodos coactivos? ¿No tienen el obrero y el empresario ese derecho? Un contraargumento que se suele ofrecer ante esta pregunta es que lo realmente injusto es que unos puedan evadir impuestos y otros no. Nosotros, los liberales, estamos a favor de rebajárselos tanto a pobres como a ricos. Personalmente, creo que la economía sumergida es en muchos casos el mejor indicador de la democracia existente en un país. Cuanto más alta sea, menor democracia habrá pero también se reflejarán más ganas de cambiar el sistema. Propongo dos posibles soluciones para acabar con el problema: concienciar a la población de que el fraude fiscal es ético y lo único que busca es que el individuo recupere sus pertenencias con el fin de que esta cifra se eleve hasta sus máximos y así conseguir doblegar a la clase política o, en su defecto, aprobar leyes liberalizadoras. Por desgracia, he de decir que no confío en la segunda como método realmente efectivo.

Si de verdad queremos ganar la batalla ideológica y aspirar a una libertad plena, no podemos permitirnos actuar con la corrección política que se nos exige ni utilizar los métodos convencionales. Debemos actuar de forma radical, exigiendo nuestros derechos, y esto implica dejar de descalificar la contraeconomía y empezar a aceptarla y difundirla. Los derechos innatos del ser humano son inalienables y por tanto toda insubordinación contra un ente administrativo que trate de coartarlos está plenamente justificada. Tu ne cede malis, sed contra audentior ito.

Autor:
Gonzalo Pisabarro

No hay comentarios:

Publicar un comentario

-->