GRANDES ECONOMISTAS. CAPÍTULO 2: LA ANTIGUA GRECIA - Canal Hablamos

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06 agosto 2016

GRANDES ECONOMISTAS. CAPÍTULO 2: LA ANTIGUA GRECIA

Rafael Sanzio: La escuela de Atenas (1510-1511).
Como explicaba en la entrada anterior, sería un error comenzar el repaso de la historia del pensamiento económico por Adam Smith. Aunque la ciencia económica naciera con su trabajo, algunos de los conceptos que hoy asociamos a ella fueron concebidos mucho antes. No olvidemos que una parte muy importante de nuestros modelos de pensamiento, el marco en el que surgen y circulan nuestras ideas, las formas de lenguaje en que nos expresamos o las reglas que las gobiernan proceden de la Antigüedad. Centrándonos en el caso de la Economía, fue Jenofonte (431-354 a.C.) el primero que recurrió a esta palabra al tratar de instruir sobre la dirección eficiente y el liderazgo. Efectivamente, las preocupaciones económicas en la Grecia clásica se dirigían especialmente al arte de la administración. No obstante, componentes de la economía moderna como la eficiencia en la asignación de recursos, el cálculo hedonístico, el valor subjetivo o la utilidad marginal tienen su origen en el pensamiento griego. 

Fijémonos por ejemplo en la obra de Platón (427-347 a.C.). Para empezar, él sostenía que las necesidades constituyen la base de toda organización social. Al encontrar más dificultades que otros seres vivos para ser autosuficientes, los humanos creamos organizaciones sociales, sistemas de cooperación que nos permiten satisfacer nuestras necesidades. Unas necesidades que, por cierto, Platón creía infinitas, pues estas surgen continuamente a medida que van apareciendo nuevos bienes.

Platón (427-347 a.C.).
Así, él situaba el origen de la ciudad o la polis a la especialización y la división del trabajo. La especialización crea una koinonía (comunión), una dependencia mutua entre las personas que las impulsa a realizar intercambios. En estos, las dos partes ganan y se crea riqueza. En cuanto a la división del trabajo, se asocia al ideal de justicia: si cada individuo está capacitado para efectuar una tarea determinada, lo justo es que cada cual ocupe su lugar en la sociedad atendiendo a este criterio.

Sin embargo, Platón no llegó a construir una teoría del intercambio como tal. Más bien, él se interesaba por cómo deben distribuirse los bienes. En este sentido, atribuye al mercado el acto de la distribución, siendo el dinero un símbolo para el intercambio, una institución natural que permite ahorrar tiempo con respecto a una situación de trueque. Pero no considera que el mercado sea capaz de autorregularse. Este requiere el control administrativo a través de instrumentos como la moneda autorizada (moneda local que solo puede ser empleada dentro de la polis a la que pertenece).

También otorga un papel clave a la costumbre y la tradición, que ayudan a mantener las cuotas distributivas en la sociedad de acuerdo con principios matemáticos estrictos. Le interesa esta idea dada su noción de Estado óptimo, que se corresponde con una situación rígida y estática, siendo regresivo cualquier cambio. Dicho esto, podemos entender por qué Platón censuraba el beneficio, el interés y el comercio. Se trata de amenazas al statu quo, elementos de movilidad social capaces de alterar el orden que debe mantenerse dentro del Estado.

Aristóteles (384-322 a.C.).
Mientras tanto, su discípulo Aristóteles (384-322 a.C.) realizó notables aportaciones a campos como la medición de la utilidad, la determinación del valor o la toma de decisiones públicas, aunque conviene empezar el repaso del contenido económico de su obra por la distinción entre intercambio aislado e intercambio en el mercado. El primero es el que llevan a cabo dos partes que intercambian bienes de acuerdo con sus propias preferencias subjetivas, sin preocuparse por otras alternativas que pudiera haber en el mercado. Por el contrario, en el otro tipo de intercambio los individuos toman decisiones en el mercado, dando como resultado un precio conocido por todos (precio de mercado).

Estas primeras ideas sobre el intercambio dan pie a la discusión aristotélica acerca de la naturaleza del comercio. En este apartado, Aristóteles coincidía con su maestro Platón al ver el intercambio como un proceso bilateral en el que las partes aumentan su bienestar. A ello añade las premisas en las que debe basarse el comercio:
  • El comercio solo aparece cuando las dos partes hayan obtenido excedentes en su producción de bienes.
  • Los individuos que comercian deben valorar de manera distinta el excedente intercambiado.
  • Estos individuos deben reconocer la ventaja mutua potencial derivada del intercambio.
  • Si existe una disputa en el intercambio aislado respecto a cómo deben repartirse los beneficios, una autoridad administrativa se encargará de establecer la distribución más adecuada.
Otro de los puntos más importantes de su obra económica es su teoría del valor, donde diferencia entre valor de uso y valor de cambio. Para su explicación plantea la paradoja del agua y los diamantes: los diamantes tiene un valor de uso inferior al del agua (menos funciones o aplicaciones) y, sin embargo, un valor de cambio mayor (son más caros).

Asimismo, destaca su opinión sobre la naturaleza del gobierno. A diferencia de su maestro, Aristóteles no aceptaba el estado platónico. En lugar de apoyar un estado impuesto por una autoridad, se mostraba a favor de una especie de economía mixta que consintiera un mayor juego de los incentivos económicos. Además cree en la justicia distributiva (distribución y reparto de los bienes del común) al tratar el reparto del gasto público. Según él, dos personas de diferente estatus social no deben recibir el mismo beneficio del gasto público. Es una opinión coherente con su propuesta de una sociedad aristocrática en la que el estatus social de cada persona depende de factores como el mérito, la riqueza, la ideología o la excelencia. Tampoco estaba de acuerdo con Platón en el debate sobre la propiedad privada. Aristóteles defendía esta institución, pues creía que promueve la eficiencia económica, la paz social y el desarrollo de carácter moral.

Para terminar, merece la pena revisar las ideas de Aristóteles en materia de teoría monetaria. Justificaba el uso del dinero en la existencia de una sociedad no consumista que trata de satisfacer sus necesidades con el intercambio de bienes y servicios. De este modo, el dinero tiene tres funciones: medio de cambio, unidad de cuenta y depósito de valor. De estas tres, la fundamental es servir como medio de cambio. Aparte de esto, defendía que el dinero tiene valor intrínseco, pues su valor depende de su peso y calidad. Por otro lado, Aristóteles condena, al igual que la tradición judeocristiana, el préstamo con intereses, en su caso por no ser natural. Para él, el dinero es estéril (el dinero no pare dinero), lo que implica que no puede crear riqueza por sí solo.

Continuará...

Bibliografía

  • Clases de Historia del Pensamiento Económico del Prof. Dr. Fernando Méndez Ibisate (Universidad Complutense de Madrid).
  • Ekelund, R.B. y Hébert, R.F. (1992): Historia de la teoría económica y de su método, McGraw-Hill, Madrid.
  • Perdices de Blas, L. (2003): Historia del Pensamiento Económico, Síntesis, Madrid.

Autor:
Manuel V. Montesinos

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