ESTADO, NACIÓN E INDIVIDUO - Canal Hablamos

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05 septiembre 2016

ESTADO, NACIÓN E INDIVIDUO

¿Quién debería decidir sobre la nacionalidad de la población de un territorio? Las posibles respuestas a esta pregunta se han convertido en un tema sumamente controvertido dentro de las fronteras de nuestro país en los últimos años. Están muy presentes los diversos movimientos nacionalistas en las comunidades autónomas, cuyo respaldo social no ha dejado de aumentar año tras año. Tanto el Estado español como la Generalitat, principal motor canalizador de las corrientes soberanistas, se quieren atribuir la competencia de legislar sobre la lengua, la cultura e incluso el sentimiento de pertenencia a la nación española y/o catalana. Sin embargo, ¿deberían tener capacidad los estados para tomar tales decisiones?


Es necesario diferenciar entre los conceptos 'Estado' y 'nación'. Debido a intereses puramente estatistas, no es muy común que exista una diferenciación clara entre ambos por parte de la sociedad. Procedamos a definirlos. El Estado es el ente administrativo encargado de regular las relaciones comerciales y/o personales de la población que convive dentro de sus fronteras, utilizando como método para preservar la estabilidad la amenaza del uso de la fuerza, así como el monopolio de la violencia. La nación, sin embargo, no es conformada por límites territoriales. Dado que su base reside en la cultura, la lengua y las costumbres de una sociedad, es un concepto puramente abstracto e individualista que no puede ser sometido ni absorbido por la burocracia estatal. Así es posible encontrarse con varias naciones dentro de un mismo Estado y con varios estados que formen parte de una misma nación.

Basándose en los llamados "derechos históricos" de Cataluña, gran parte de la ciudadanía de la región reclama independencia y autogobierno con el fin de "preservar su cultura y lengua". La vía elegida para lograr dicho objetivo, como no podía ser de otra forma, es la democracia. Es decir, la legitimación y aceptación de las ideas de una mayoría que obliga a someter a una minoría, a través de la coacción, a un sistema en el que no ha aceptado participar. Esta situación, por supuesto, puede ser extrapolable al inmovilismo del Estado central, que fundamenta su postura en "los deseos del pueblo español". No existe tal concepto, así como tampoco existe el "pueblo catalán". Existen los individuos que conforman las naciones y Estados, cada uno con intereses y preferencias muy diferentes entre sí; por lo tanto, agrupar a todos bajo un mismo sentimiento nacional es incorrecto en cualquier situación.

¿Se imagina que el Estado le dijera a qué equipo de fútbol tiene que apoyar usted? O mejor todavía: que le obligara a apoyar a un equipo y en caso de que usted no estuviera de acuerdo, que le sugiriera amablemente abandonar su propiedad, comprada con su propio dinero, y el territorio en poder del Estado, como algunos nacionalistas (de ambos bandos) pretenden hacer. ¿Por qué seguimos pensando que el estatismo es la solución? Este únicamente incrementa el nacionalismo (no confundir con patriotismo) dado que no es capaz de reconocer los derechos nacionales de cada individuo al imponerse ciertos rasgos culturales a seguir. Un hipotético Estado catalán no se diferenciaría mucho del actual Estado español. Seguiría oprimiendo a una parte importante de su población al no asegurar el derecho de secesión de la parte discordante. Por tanto, el Estado de Cataluña (al igual que el actual Estado español), para asegurar la libertad de cada individuo que lo conforma y que desee no seguir participando en las decisiones colectivas de la democracia (tanto en sus obligaciones como privilegios), debería contemplar el derecho a la secesión estatal hasta la mínima unidad de la nación. Esta no es otra que el individuo. Solo así se garantizará la plena libertad.

Autor:
Gonzalo Pisabarro

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