THOMAS HOBBES, LEVIATÁN - Canal Hablamos

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27 diciembre 2016

THOMAS HOBBES, LEVIATÁN


Se considera a Thomas Hobbes el teórico por excelencia del absolutismo político. Etiquetado dentro del materialismo, también es próximo al mecanicismo, contractualismo e iusnaturalismo. Lleva los presupuestos de Descartes a la teoría política, y prefirió las explicaciones causa-efecto a las teleológicas (atendiendo a los fines) de los aristotélicos y la escolástica.

Hobbes escribe esta influyente obra en 1651, defendiendo que los seres humanos son naturalmente egoístas e indignos de confianza moral y política, y por ello es necesario un poder superior que evite un estado de guerra permanente, ya que cada individuo solo busca su propia conservación y máximo beneficio: “homo homini lupus”, el hombre es un lobo para el hombre. 

Trabaja sus reflexiones a partir de la guerra civil inglesa, donde confirma sus postulados. Para evitar el estado de guerra, renunciamos a nuestro estado natural y cedemos parte de nuestra libertad al Estado: esta es la base del contractualismo, una corriente fundamental a su vez para el estudio del constitucionalismo y de la que también son referentes Locke o Rousseau. 
Tuvo importantes enfrentamientos con la Universidad de Oxford y la Iglesia anglicana, que quemó sus libros en 1666, acusándole además por ello del Gran Incendio de Londres; y vivió una época de conflicto entre monarquía absoluta (legitimada de forma divina) y parlamentarismo (poder compartido por rey y pueblo). Enalteció la monarquía en el momento más álgido de la república (Cromwell no fue sustituido hasta 1653 y la restauración de Carlos II no ocurrió hasta 1660), y desafió las bases de la teoría política. Sin embargo, él mantuvo una postura intermedia en este punto, ya que afirmaba la soberanía del rey pero no su legitimación divina.

A continuación sintetizamos los cuatro apartados de esta obra:

Parte I - Del hombre
Afirma que el conocimiento humano proviene de la experiencia sensible, a partir de la cual formamos ideas y predicciones, un proceso en el cual es fundamental la palabra, aunque pueda producir imprecisiones. No hay bien o mal absolutos, son conceptos subjetivos; pero Hobbes nos da una serie de definiciones, como honorable o esperanza. Concluye que el hombre está en búsqueda permanente de poder, dominado por la pasión. El Estado no pretende establecer el bien y el mal, sino facilitar la convivencia ante los conflictos causados por la competición, la desconfianza y la fama.

Parte II - Del Estado
Desarrolla su propuesta de contrato social y cómo las pasiones naturales se oponen a las leyes morales. Al existir una cesión voluntaria de poder, los individuos podían rebelarse contra el soberano, pero el Hobbes deja poco margen al libre albedrío y a la libertad individual, ya que renuncia a la separación de poderes y está a favor de las restricciones a la libertad de expresión. Admite tres tipos de Estado: la monarquía, aristocracia y democracia. No considera que la tiranía y la oligarquía sean formas de gobierno, sino el peyorativo de quienes no están satisfechos con la mayoría o aristocracia. Prefiere la monarquía, el sistema que mejor asegura la paz y la seguridad, y une los intereses públicos y privados, que en última instancia son los mismos. Además, la monarquía es un sistema estable que siempre provee del siguiente gobernante.

Parte III - Del Estado cristiano
Aquí Hobbes aboga por la total sumisión de la Iglesia al soberano, pues la supremacía sobrenatural produce el caos, ya que nunca podemos tener certeza de la revelación divina a otra persona. Para creer que Dios ha hablado a una persona necesita contrastar el mensaje con las sagradas escrituras y el suceso de un milagro, y reflexiona sobre las sectas y la autoridad de las escrituras. El poder religioso debe estar siempre subordinado al civil, ya que el mensaje divino no se puede verificar.

Parte IV - Del reino de la oscuridad
Hace una severa crítica a la Iglesia, a la cual acusa de estar llena de contradicciones e ignorancia. Para nuestro filósofo existen cuatro causas para esta “oscuridad” o ignorancia: una mala interpretación de las Escrituras (enseñar que el reino de Dios está en la Iglesia, disminuyendo el poder civil); la demonología de los poetas (critica prácticas supersticiosas y sobrenaturales del cristianismo); mezcla de reliquias, escrituras y filosofía griega (los ignorantes huyen del aprendizaje de la verdad por culpa de las doctrinas de la Iglesia); y la intervención y modificación de las tradiciones y la historia (la Iglesia y su jerarquía son los grandes beneficiados). 

Además de estos cuatro apartados, la obra incluye las leyes de naturaleza, unos preceptos de convivencia en sociedad, entre los que se incluyen el pacifismo, gratitud, misericordia, modestia o equidad. A pesar de su escepticismo ante la democracia, pensaba que un representante político prevendría el abuso y crueldad de la monarquía y los incipientes poderes económicos, creía en la asociación política y en el principio de igualdad, a excepción del rey, que debía tener poder absoluto por el bien del pueblo. De hecho, Leviatán lleva el nombre de un monstruo marino bíblico de gran fuerza, igual que el Estado totalitario.

Este tratado fue un escrito muy polémico, ya que desafió la relación ciencia-religión y las limitaciones del poder político, y coincidió cronológicamente con muchas defensas de la república. Por todo ello es una obra de obligado conocimiento para todos los interesados en la teoría política. Otros autores en la misma línea de pensamiento de Hobbes son Maquiavelo, Grocio, Bodino y Althusius.

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