EL SISTEMA DE PARTIDOS ESPAÑOL EN EL PUNTO DE MIRA. CAPÍTULO 1: FRAGMENTACIÓN - Canal Hablamos

NUEVO

25 febrero 2017

EL SISTEMA DE PARTIDOS ESPAÑOL EN EL PUNTO DE MIRA. CAPÍTULO 1: FRAGMENTACIÓN

La fragmentación es un indicador que refleja el número de partidos políticos que operan en un sistema de partidos, bien en la arena electoral, o bien en la arena parlamentaria. Una elevada fragmentación es señal de multipartidismo, es decir, de la presencia de un gran número de partidos políticos operando y compitiendo en el sistema. Por el contrario, una baja fragmentación indica competencia entre pocos partidos políticos, de tal manera que nos encontraríamos ante situaciones de bipartidismo, o de partido único en el caso de regímenes no democráticos donde no existe competencia interpartidista.

Existe una gran variedad de índices para calcular la fragmentación, de los cuales señalamos dos por ser los más conocidos: 
  • Índice de fragmentación de Rae: en el caso de la fragmentación electoral mide la probabilidad de que eligiendo a dos votantes al azar estos se decanten por partidos distintos; y en el caso de la fragmentación parlamentaria mide la probabilidad de que escogiendo a dos diputados al azar estos sean de partidos políticos diferentes. Este índice, al calcular una probabilidad, varía de 0 a 1. Valores cercanos a 1 reflejan una alta fragmentación y valores cercanos a 0 representan una situación de baja competencia interpartidista. El valor de 0,5 indicaría un bipartidismo perfecto. Si ambas fragmentaciones, electoral y parlamentaria, son similares, decimos que el sistema electoral es proporcional.

Fuente: Ruíz Rodríguez, L.M., Otero Felipe, P., Indicadores de partidos y sistemas de partidos.
  • Número efectivo de partidos de Laakso y Taagepera: indica el número de agrupaciones que obtienen una proporción importante de votos o escaños. Del número resultante, la parte entera se interpreta como el del número de partidos “relevantes”, y la parte decimal como la relevancia que puedan tener otros partidos políticos.
Fuente: Ruíz Rodríguez, L.M., Otero Felipe, P., Indicadores de partidos y sistemas de partidos.
Pero la utilidad o significación de la fragmentación no reside exclusivamente en permitir hacernos una idea del alto o bajo número de agrupaciones políticas que operan en un sistema de partidos, sino también por los efectos que genera sobre diversos aspectos de dicho sistema. Tres son las cuestiones principales a las que afecta: la generación de consensos, la estabilidad y la representación. 
  • Efectos sobre la generación de consensos: una elevada fragmentación obstaculiza la formación de gobiernos fuertes y sólidos, pues la existencia de una gran variedad de partidos que operan y compiten en un sistema dificulta a una sola agrupación hacerse con la mayoría suficiente para gobernar en solitario, de tal manera que estas situaciones abren necesariamente la puerta a los gobiernos de coalición.
  • Efectos sobre la estabilidad: iría relacionado con el punto anterior. Al existir un gran número de agrupaciones políticas que compiten entre sí, y por tanto haber dificultades para construir gobiernos fuertes liderados por un solo partido, la estabilidad del sistema de partidos es débil. Ello implica la dificultad para poner en marcha políticas públicas, tener que entablar acuerdos constantemente con cada una de las agrupaciones que operen en el sistema y, además, la posibilidad de que haya elecciones anticipadas.
  • Efectos sobre la representación: una de las consecuencias más positivas que la fragmentación tiene sobre el sistema es la representación de todas – o la mayoría- de demandas ideológicas presentes en la sociedad. Al haber una gran variedad de partidos, los ciudadanos tienen la posibilidad de identificarse con unos u otros dependiendo de sus ideales e intereses. Por el contrario, una baja fragmentación (sobre todo en sociedades muy heterogéneas) implica que los ciudadanos puedan sentirse no representados y ello les conduzca a la desafección hacia el sistema. 
A partir de estas premisas, procedemos a hacer un pequeño análisis de la situación actual del sistema de partidos español. Calcularemos la fragmentación electoral y parlamentaria aplicando en primer lugar el índice de fragmentación de Rae. Para ello necesitamos conocer los datos relativos al porcentaje de votos y número de escaños obtenido por cada partido en las últimas elecciones nacionales al congreso (junio de 2016). Dichos resultados se muestran en la siguiente tabla:

Fuente: elaboración propia a partir de datos de www.infoelectoral.mir.es
  • Fragmentación electoral: en este caso solo se tendrá en cuenta el porcentaje de votos. El primer paso en el cálculo de la fragmentación electoral es convertir dicho porcentaje de votos para cada partido en tantos por uno. Seguidamente elevamos al cuadrado cada uno de esos valores y hacemos su sumatorio. Finalmente restamos a uno la suma anterior. El resultado obtenido es la fragmentación electoral.
  • Fragmentación parlamentaria: en este caso centraremos nuestra atención en el número de escaños conseguido por cada agrupación política. El primer paso en su resolución es obtener las proporciones de escaños (dividimos el número de escaños de cada partido entre el total de escaños de la cámara, en este caso 350). Seguidamente elevamos al cuadrado esas proporciones y hacemos el sumatorio. Finalmente restamos a 1 la suma anteriormente realizada.

En segundo lugar calcularemos el número efectivo de partidos electorales y parlamentarios según la fórmula de Laakso y Taagepera, para lo cual partimos de los datos de fragmentación obtenidos anteriormente aplicando la fórmula de Rae.
  • Número efectivo de partidos electorales (NEPe): restamos a 1 la fragmentación electoral y posteriormente dividimos 1 entre la cantidad obtenida. El resultado es el número efectivo de partidos electorales:
  • Número efectivo de partidos parlamentarios (NEPp): restamos a 1 la fragmentación parlamentaria y dividimos 1 entre ese resultado. La cantidad obtenida es el número efectivo de partidos parlamentarios:

Una vez obtenidos los datos podemos afirmar que el sistema de partidos español es multipartidista, ya que tanto la fragmentación electoral (0,80) como la parlamentaria (0,77) son elevadas, lo que se traduce en la existencia de un alto número de partidos que compiten en la arena electoral y que operan en el Parlamento. Esto termina por confirmarse si atendemos al dato del número efectivo de partidos: 5 agrupaciones son las que tienen una mayor relevancia en el ámbito de las elecciones; mientras, en el Parlamento son 4 los partidos sobre los que recae mayoritariamente esa importancia, siendo acompañados de varias formaciones pequeñas (0,34 restante) con un poder inferior al de los principales partidos. En efecto, son 12 partidos los que consiguieron una representación en el Parlamento en los últimos comicios, pero de ellos son PP, PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos los que acumulan el 88,85% de los escaños, en tanto que el resto de formaciones solo acumulan el 11,14%.

Por otro lado, se debe señalar que la diferencia entre las fragmentaciones electoral y parlamentaria, así como entre el número efectivo de partidos electorales y parlamentario no es muy elevada, lo que nos conduce a asegurar que el sistema electoral español es bastante proporcional, es decir, el número de diputados asignado a cada formación se encuentra en proporción al porcentaje de votos conseguido. El pequeño desfase que existe se debe a las distorsiones que la propia ley electoral introduce en el proceso de transformación de votos a escaños, como es por ejemplo la sobrerrepresentación que puedan tener algunas circunscripciones en detrimento de otras.

Por último, una vez interpretados los datos, no nos queda más que dar cuenta de los efectos que este grado de fragmentación genera sobre el sistema de partidos español. Como hemos comentado anteriormente, la fragmentación tiene una connotación positiva: facilita la representación al haber una amplia gama de partidos que defienden ideas distintas y con los que cada ciudadano puede identificarse según sus intereses.

En segundo lugar recordamos que la fragmentación también repercute sobre el consenso político y la estabilidad del sistema. En efecto, en los últimos meses hemos podido comprobar cómo la alta competencia entre los partidos ha obstaculizado al PP, en este caso, a la hora de obtener el apoyo de la mayoría suficiente para gobernar en solitario, habiendo tenido que negociar con otros la investidura de su líder, Mariano Rajoy, como jefe de gobierno, y que en el presente tenga que seguir firmando acuerdos con la oposición para poder desempeñar sus funciones; algo que, para muchos, es un aspecto positivo, pues de esta manera hay un mayor control al gobierno y pueden evitarse, al menos en teoría, los abusos de poder.

Por otro lado, es evidente la repercusión que todo ello ha tenido sobre la estabilidad del sistema. En la última década nuestro sistema de partidos nacional ha evolucionado desde un bipartidismo imperfecto (dos eran los partidos más relevantes, PP y PSOE, acompañados de otras formaciones más pequeñas) a un multipartidismo moderado al surgir otras agrupaciones alternativas que poco a poco han ido tomando fuerza hasta hacer sombra a los partidos tradicionales. Ello ha supuesto un cambio absoluto en la forma habitual de operar en el sistema (PP y PSOE eran capaces de conseguir una mayoría suficiente para gobernar cómodamente en solitario), y consecuentemente la estabilidad se ha visto alterada. Estos fenómenos han quedado más que demostrados por los 314 días de ausencia de gobierno en nuestros país y la necesidad de haber tenido que repetir comicios al no ser capaces los principales partidos de llegar a un acuerdo sólido que permitiese la gobernabilidad, aferrándose, por el contrario, a la esperanza de obtener unos resultados mejores en unas segundas elecciones.

Sigue a Esther Montesinos en:



No hay comentarios:

Publicar un comentario

-->