GRANDES ECONOMISTAS. CAPÍTULO 5: CANTILLON - Canal Hablamos

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08 agosto 2017

GRANDES ECONOMISTAS. CAPÍTULO 5: CANTILLON


Continuamos con la serie Grandes economistas. Para leer los capítulos anteriores, pincha en los enlaces siguientes:
Al lector le parecerá extraño, pero no todos los expertos en historia del pensamiento económico están de acuerdo en que Adam Smith sea el padre de la ciencia económica moderna. Para William Stanley Jevons, uno de los economistas más notables del siglo XIX, el Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general de Cantillon constituye "la cuna de la economía política". Una obra incompleta, pero muy influyente en autores posteriores y que forma parte del misterio que rodea la vida del protagonista de esta entrada.

Richard Cantillon (1697?-1734) era un hombre de negocios y un banquero afortunado. Aunque nació en Irlanda, vivió la parte más importante de su vida en Francia, donde hizo fortuna trabajando en la corte de Luis XV. Por aquel entonces, Francia era un país en decadencia, envidioso de Gran Bretaña y su incipiente Revolución Industrial. El asunto político de mayor relevancia era el deplorable estado de la Hacienda francesa, muy castigada por el gasto militar. Desde la muerte de Luis XIV en 1715 y hasta la mayoría de edad de su bisnieto en 1722, Francia estuvo bajo la regencia de Felipe de Orleans (1701-1723). Durante esta etapa se requrieron los servicios de John Law (1671-1729), mercantilista escocés al que se le encargó sanear las cuentas del reino.



Luis XV (1710-1774)
Bajo la dirección de Law se tomaron medidas como la creación del Banco Real y la emisión de papel moneda con el territorio de la Luisiana francesa como respaldo, dinero con el que se financió la empresa comercial de la Compañía de las Indias. Al percatarse de que dicha operación había inflado el valor de las acciones de la Compañía, Cantillon tomó posiciones en corto. De este modo, tomó prestadas acciones y las vendió con tal de hundir su precio para luego comprarlas y obtener la diferencia entre el precio de venta y el precio de compra como beneficio. Este episodio, que perjudicó a multitud de inversores de la Compañía, le enemistó con John Law, que le perseguiría desde entonces. El 14 de mayo de 1734 Cantillon murió asesinado por uno de sus cocineros, que incendió su casa de Londres para encubrir el crimen y escapar con los objetos más valiosos.

Pasando a comentar la obra de Cantillon, esta nos permitiría situarlo en el grupo de los economistas preclásicos junto a autores como David Hume (1711-1776), aunque Cantillon aún presentaba ciertos rasgos mercantilistas. En el primer libro del Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general, Cantillon estudia las relaciones entre la riqueza y la población. Comienza situando el origen de la riqueza en la tierra y el trabajo, y se aleja del mercantilismo para definirla: "la riqueza no es otra cosa que los alimentos, las comodidades y cosas agradables de la vida".


Esta preocupación por los nexos entre riqueza y población le lleva a describir la formación de sociedades, pueblos y ciudades. Explica que el asentamiento más primitivo es el de los colonos, a partir del cual los pueblos crecen y evolucionan, convirtiéndose primero en burgos y después en ciudades, aunque los dos se caracterizan por tener mercados, evitando pérdidas de tiempo y acelerando la formación de precios y el cierre de acuerdos. Por otra parte, Cantillon tiene una visión premalthusiana de la población, pues cree que esta puede ampliarse bajo los límites marcados por los medios de subsistencia.


En cuanto al concepto de sociedad, este autor establece una división en tres clases: propietarios de la tierra, granjeros o colonos (empresarios) que explotan la tierra, y artesanos. Concede el papel más importante a la segunda clase, la de los empresarios-agricultores, siendo uno de los primeros autores que diferencia entre el propietario de la tierra y el empresario. El empresario es el colono, encargado de cultivar la tierra, conocedor de sus costes de producción, no de sus ingresos, que son inciertos. De esta figura depende la generación de rentas y la circulación de bienes entre las clases sociales. En este sentido, Cantillon recomienda un reparto de la producción del país entre las tres clases: 1/2 para los empresarios-agricultores, 1/3 para los propietarios y 1/6 para los artesanos.




Seguidamente, Cantillon aborda en el Ensayo su teoría del valor, donde otorga el protagonismo a solo dos factores productivos, la tierra y el trabajo, aunque reduce uno al otro: el trabajo es igual  al doble de la superficie necesaria para alimentar a un trabajador. De ambos factores dependen la producción (la producción aumenta cuando se incrementa la cantidad de trabajo sobre la tierra o cuando mejora la calidad de estos factores) y el valor intrínseco de los bienes (el valor intrínseco de un bien está determinado por la cantidad de tierra y trabajo empleada en su producción), que distingue del precio, determinado a corto plazo por la oferta y la demanda y que fluctúa en torno al valor intrínseco.


El primer libro del Ensayo se cierra con un apartado dedicado al mercado de trabajo. Cantillon intuye el fenómeno de la rigidez de los salarios al asegurar que estos dependen de la cultura y las tradiciones dentro de cada oficio. Así, frente a un exceso de oferta de trabajo en un sector, la población cambia de oficio o emigra, ya que los salarios no van a variar. Dicho de otro modo, el mercado de trabajo se ajustaría vía cantidad (empleo), no vía precio (salario).


En el segundo tomo del Ensayo, Cantillon desarrolla su teoría monetaria, definiendo el dinero como una institución natural que tiene su origen en las necesidades comerciales de las personas, unas necesidades que llevan a que el dinero se materialice en oro y plata, ya que ambos metales tienen un valor alto, se transportan con facilidad y son moldeables y durables. Al igual que el resto de bienes, el valor de la moneda o valor intrínseco se deriva de sus costes de producción. Por el contrario, el valor de mercado o de corto plazo depende de la oferta y la demanda, aunque lo ideal sería que ambos valores fuesen iguales.


Asimismo, Cantillon se encuentra entre los autores para los cuales la demanda de dinero es función de la velocidad de circulación de este y de la frecuencia de las transacciones. Incluso llegó a calcular que la economía necesita disponer exactamente de una novena parte de su producto en forma de dinero.


Además de exponer su concepto de dinero, Cantillon escribe sobre las consecuencias de un aumento de la masa monetaria sobre los distintos sectores de la economía a través de lo que se conoce como el "efecto Cantillon". Según este, los cambios en la oferta monetaria, antes de afectar al nivel general de precios, provocan variaciones en los precios relativos. La forma en que se producen dichos cambios en la oferta monetaria y la elasticidad renta de la oferta y la demanda para las diferentes mercancías son elementos que influyen en este proceso.




Pongamos un ejemplo: imaginemos que se descubren minas de oro en un país. El primer beneficiado por dicho descubrimiento será el empresario que está explotando esas minas. Los siguientes serán sus empleados que, como aquel, podrán aumentar su consumo de bienes y servicios. A su vez, los suministradores de la compañía encargada de la explotación venderán más productos y obtendrán más beneficios. Algo parecido ocurrirá con el resto de agentes económicos mientras pasa el dinero de un sector a otro. De esta forma, un aumento de la masa monetaria afecta primero a los precios relativos, alterando las decisiones de oferentes y demandantes, e influye después en el nivel de precios. Nótese que el incremento del nivel de precios tras el crecimiento de la oferta monetaria no es inmediato, ni proporcional, ni tiene efectos reales.


Las variaciones de la masa monetaria podrían ser causadas por:



  • Desequilibrios en la balanza comercial.
  • Retrasos en las transacciones al pasar el dinero por las manos de varios empresarios y retener estos el dinero por un tiempo.
  • Trueques, que reducen el dinero en circulación.
  • Innovaciones en el campo de los activos y los instrumentos financieros que reduzcan las necesidades de efectivo.
  • Prácticas de ahorro o atesoramiento.
En relación con este proceso, también resulta interesante la visión del tipo de interés que tiene este autor. Cantillon desliga el tipo de interés de la cantidad de dinero para ponerlo en función de la oferta y la demanda de fondos prestables, y en concreto el tipo de interés de equilibrio estaría determinado por el tipo de beneficio. Por el efecto Cantillon, un aumento de liquidez en la economía implicaría un crecimiento de la actividad real a corto plazo y, para algunos sectores, también a largo plazo. Si ese dinero adicional llegase a manos de los empresarios, la oferta de fondos prestables aumentaría, causando una caída del tipo de interés a medida que crece la demanda de fondos prestables. En cambio, si el dinero hubiese llegado a manos de los terratenientes, estos lo habrían gastado, lo que habría reducido la demanda de fondos prestables.

Cantillon continúa tratando las cuestiones monetarias en el tercer libro del Ensayo, detallando el mecanismo de flujo de especie, en el que se basarían los reequilibrios de la balanza de pagos mediante los flujos monetarios asociados. Relaciona así la oferta monetaria, el nivel general de precios y la balanza de pagos, anticipando el análisis que realizaría más tarde David Hume. Aunque Cantillon, al igual que los mercantilistas, considera deseable la entrada de metales preciosos en el país, reconoce que ello impulsaría los precios e impediría el avance de la industrialización.

Por último, cabe resaltar que el Ensayo no solo resulta interesante por las aportaciones de su autor al pensamiento económico, sino también por su forma de argumentación, un precedente de la modelización económica: el razonamiento abstracto a partir de supuestos simples para el estudio de las consecuencias sobre la actividad económica de cierto fenónomeno, medida política o regulación.


Bibliografía

  • Clases de Historia del Pensamiento Económico de Fernando Méndez Ibisate (Universidad Complutense de Madrid).
  • Perdices de Blas, L. (editor) (2003): Historia del Pensamiento Económico, Síntesis, Madrid.
Puedes seguir a Manuel Vicente Montesinos en

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