SITUACIÓN DE MEDIO ORIENTE. CLAVES PARA ENTENDER EL CONFLICTO ÁRABE-ISRAELÍ (III): RECONOCIMIENTOS: ISRAEL ¿QUÉ RELACIONES MANTIENE CON ESPAÑA? - Canal Hablamos

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28 septiembre 2017

SITUACIÓN DE MEDIO ORIENTE. CLAVES PARA ENTENDER EL CONFLICTO ÁRABE-ISRAELÍ (III): RECONOCIMIENTOS: ISRAEL ¿QUÉ RELACIONES MANTIENE CON ESPAÑA?


¿Cómo fue el reconocimiento de Israel?
Después de que el líder sionista Ben Gurion proclamara en 1948 la creación del Estado independiente de Israel, países como Estados Unidos, Irán, Guatemala, Islandia, Nicaragua, Rumanía, Uruguay, La Unión Soviética, Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia, Irlanda y Sudáfrica reconocieron, de “facto” o de “iure”, al Estado de Israel. Tiempo más tarde, después de que el Consejo de Seguridad de la ONU rechazara en varias ocasiones la solicitud de ingreso de Israel como miembro de las Naciones Unidas, en 1949 esta solicitud sería aprobada y el Consejo de Seguridad promulgaría la resolución 273, en la que se admitía a Israel como miembro de la ONU, considerándolo como un Estado amante de la paz que acepta las obligaciones consignadas en la Carta de las Naciones Unidas”. A partir de ese momento, el Estado israelí establecería relaciones diplomáticas con casi todos los países de Europa occidental, América del Norte y del Sur y África. Entre los países de Europa occidental que no reconocieron a Israel, destacaba el caso de España. 

¿A qué se debe que España no reconociera a Israel?
Existen varias razones que lo explican:

En 1945, pese a sus intentos de aproximación a los países aliados en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, la actitud de España durante el conflicto (aunque neutral, se produjeron contactos entre Franco y los dos grandes dictadores del Eje, Mussolini y Hitler) hizo que, finalizado el conflicto, las potencias vencedoras (EEUU, Reino Unido y la URSS) publicaran un comunicado en el que expresaban su rechazo al régimen español y su ingreso en la Asamblea de Naciones Unidas. En 1946, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó una resolución que condenaba a España y la excluía de dicha Organización. Para la ONU, el régimen del General Franco era fascista y se había establecido gracias a la ayuda de la Alemania nazi de Hitler y de la Italia fascista de Mussolini.

A partir de entonces, la política exterior española buscó por todos los medios salir de la situación marginal a la que quedó sometida. La obsesión de Madrid era, por un lado, la derogación de la resolución por parte de la ONU, cosa que alcanzó en 1950, y por otro, una votación favorable para el ingreso definitivo, como miembro de derecho pleno, que no llegó hasta 1955. Para tales fines, la diplomacia española encontró apoyo en dos regiones: América Latina y el Mundo Árabe. 

Pero por otro lado, Franco buscaba además intensificar el trato con la comunidad judía escudado en el pasado común histórico y cultural con las comunidades sefardíes. Se estima que en la Segunda Guerra Mundial, el Gobierno español había protegido clandestinamente a más de 30.000 judíos europeos. Con todo, la intensificación de los contactos con los países árabes y la crítica situación entre palestinos y judíos desde 1947, hizo que la política española fluctuara de un bando a otro.

En 1949, durante la III Asamblea General de Naciones Unidas, se presentó un proyecto de resolución para la cuestión española en el que se pedían la derogación de las sanciones diplomáticas impuestas a España en 1946. Israel, recientemente incorporado como Estado miembro, expresó ante la Asamblea su posición al respecto: El representante israelí, Abba Eban, votó en contra del levantamiento del boicot diplomático a España dado su asociación con la alianza del Eje durante la Guerra, olvidando  la protección prestada por los españoles a sus refugiados judíos durante el holocausto o juzgándola insuficiente. Ello constituyó la ruptura definitiva de relaciones entre los dos Estados hasta 1986 y el alineamiento definitivo de Franco con los árabes. De ahí que España no reconociera a Israel llegado el momento.


Abba Eban

¿Cómo se normalizaron las relaciones entre España e Israel?
En 1955 España fue admitida definitivamente en las Naciones Unidas. Esta vez, Israel votó a favor del ingreso, pero la nueva posición del Gobierno de Tel Aviv llegó tarde; Madrid había forjado unas magníficas relaciones con el mundo árabe y había perdido interés por Israel. La transición hubiera sido el momento de revisar esa situación, pero los primeros gobiernos temían la reacción de los países árabes, lo que fue dilatando el asunto. De esta manera, no sería hasta tres décadas más tarde cuando se normalizaran las relaciones entre ambos Estados.

Dicho acontecimiento se produjo durante el gobierno socialista de Felipe González. En su primera legislatura, los objetivos generales del PSOE se centraron en la consolidación de la democracia y la modernización sociopolítica de España. Para cumplirlo, era necesaria la inserción plena del país en el bloque de Estados democráticos de Occidente, proceso conocido como «la normalización de las relaciones» que se materializó en el ingreso en la Comunidad Europea y la permanencia en la OTAN.

Aunque desde 1972 el Partido Socialista aseguraba que era necesario el establecimiento de dos Estados, uno palestino y otro israelí, como camino para alcanzar la paz en la región, Felipe González afirmó, en octubre de 1981, que no estaba dispuesto a hablar del reconocimiento de Israel mientras este no retornara a los límites establecidos antes de la guerra de 1967. No obstante, el proceso de normalización de relaciones, cambió el discurso de apoyo a la causa árabe, particularmente a la cuestión palestina, por uno más moderado. Aunque el Gobierno defendiera a la OLP como representante del pueblo palestino y votara a favor de los árabes en las Conferencias de la ONU, debía acercarse al Estado de Israel. González tuvo que matizar ante el Congreso que el establecimiento de relaciones con el Estado hebreo no sería inmediato y que dependía de tres condiciones: la atención prioritaria a los intereses nacionales, el rechazo a todo tipo de apresuramiento político en las gestiones y la contribución que dicho reconocimiento tenía en el proceso de paz de Oriente Próximo.

En junio de 1983, el Presidente del Gobierno afirmó que el establecimiento de relaciones no era un simple asunto político, sino una cuestión histórica. Poco a poco, esta «cuestión histórica» que unía a España con el pueblo judío, fue haciendo contrapeso a la «tradicional amistad hispano-árabe» defendida por la dictadura y los Gobiernos de la Transición.

Otros factores externos apoyaron también el discurso y aceleraron la marcha de las conversaciones. Por un lado, la presión de los demás países de la CEE, con los que Israel gozaba de excelentes relaciones, y por otro, la acción del lobby pro israelí, fundamentalmente el norteamericano, que encontró eco en la opinión pública española. 

En enero de 1986, se anunció que el Gobierno establecería relaciones diplomáticas plenas con el Estado de Israel. Felipe González envió una carta a los embajadores de países árabes acreditados en Madrid para adelantarse a su reacción, asegurándoles que el reconocimiento de Israel entraba dentro del plan de universalización trazado por España desde el inicio de la Transición. La carta finalizaba expresando el convencimiento de que al tener relaciones con ambas partes, el país se encontraría en unas condiciones más ventajosas para desempeñar un papel mediador en el conflicto de Oriente Próximo. Sin embargo, la respuesta de la Liga Árabe fue otra: decidieron coordinar una contestación común en la que aseguraban suprimir el trato preferencial que, según ellos, otorgaban a España en los intercambios comerciales. No obstante, la reacción negativa de la Liga no fue duradera, y España demostró rápidamente que los seguía apoyando de manera incondicional en el foro europeo.

¿Cuándo se produjo oficialmente el reconocimiento?
El 17 de enero de 1986 fue la fecha elegida para que las delegaciones de los dos Estados se reunieron en La Haya con el fin de firmar los acuerdos protocolarios por los que se establecieron las relaciones diplomáticas plenas entre ambos Estados.

De esta manera, se emitió en primer lugar un comunicado conjunto hispano-israelí en el que se anuncia la decisión de ambos países de normalizar sus relaciones, procediendo, consecuentemente, a la apertura de Embajadas en Tel Aviv y Madrid y el nombramiento de los respectivos embajadores, respetando el principio de universalidad de relaciones entre Estados –en clara alusión al Derecho Internacional Público-, y teniendo presentes los antiguos vínculos que históricamente han unido al pueblo español con el pueblo judío, los cuales se remontan hasta la Edad Media, cuando los judíos llamados “sefardíes” formaban en España una comunidad próspera en lo económico e influyente en lo político y tuvieron que sufrir el edicto de los Reyes Católicos que ordenaba su expulsión del territorio, originando una diáspora que les llevaría a instalarse en diversos países de Europa, el Mediterráneo Oriental y el Norte de África.

Asimismo se hace mención en el comunicado a la presentación de una Declaración, por parte de España, sobre su postura en relación con la situación en el Próximo Oriente y la búsqueda de la Paz en la región.


Felipe González y el primer ministro israelí, Shimon Peres 
(Enero de 1986)

¿Qué consecuencias tuvo este proceso?
El establecimiento de relaciones diplomáticas plenas con Israel suscitó una reacción general favorable entre todas las formaciones políticas españolas. La Ejecutiva Federal del PSOE hizo pública una nota en la que afirmaba que este hecho suponía un avance importante en la normalización de la política exterior española. El líder de Alianza Popular, Manuel Fraga Iribarne, señaló que su partido fue el primero en proponer la necesidad de que existieran relaciones diplomáticas con Israel y expresó su satisfacción por los hechos acontecidos, aunque los juzgó como tardíos. Para Óscar Alzaga, presidente del Partido Demócrata Popular, la decisión del Gobierno de establecer relaciones diplomáticas a nivel de embajadores con el Estado de Israel fue una decisión que su partido respaldaba plenamente, aunque lo consideraran tardío. El único partido contrario a tales hechos fue el Partido Comunista, cuyo secretario general, Gerardo Iglesias, criticó el establecimiento de relaciones diplomáticas con Israel acordado por el Gobierno, mientras los hebreos no cambiaran su acción política. Manifestaban su defensa del derecho del pueblo israelí a tener su propio Estado independiente, pero rechazaban totalmente su política de exterminio del pueblo palestino.

Por su parte, el primer ministro de Israel, Simhon Peres, expresó su sincera satisfacción por tales acontecimientos. Para el ministro de asuntos exteriores, Isaac Shamir, se trataba de un paso muy importante que ayudaría a fortalecer la posición israelí en toda la escena internacional. Para los judíos sefarditas, que constituyen la mayoría de la población israelí y que se sienten profundamente vinculados a la tradición cultural española, el no reconocimiento suponía una frustración espiritual, un sentimiento no correspondido, por lo que estos hechos significaron la superación de una anomalía y la expresión de la esperanza de un rápido incremento del comercio mutuo y de la cooperación cultural y científica. 

Desde entonces, el éxito de los equilibrios diplomáticos en las relaciones tanto con el mundo árabe como Israel hicieron de España un agente internacional crucial como mediador en los acercamientos entre Israel y Palestina, un hecho que quedó acreditado cuando Madrid fue elegido como sede de la Conferencia de Paz sobre Oriente Próximo, fijada entre el 30 de octubre y el 3 de noviembre de 1991. 

Madrid fue el mayor impulso a los socialistas en materia de diplomacia internacional y, como fruto de la Conferencia, el Presidente español fue invitado por primera vez de manera oficial a Israel, el 2 de diciembre de ese año. La visita constituía una señal clara del final del distanciamiento y, sumada a la visita de los Reyes, en noviembre de 1993, fue el colofón a los años de acercamiento al Estado hebreo.


Conferencia de Paz sobre Oriente Próximo 
(Madrid, 1991)

¿Cómo son las relaciones hispano-israelíes actualmente?
Tras treinta y un años de relaciones salpicadas de incidentes de mayor o menor entidad, en conjunto se puede decir que estas han resultado beneficiosas para los dos países. Pasamos de no tener nada, a contar con una relación económica intensa, una cooperación a nivel de investigación excelente, una gran colaboración de los servicios de inteligencia para luchar contra el terrorismo y  un buen entramado de relaciones personales entre los gobernantes de los dos países. A este respecto, España ha dado pasos importantes para mejorar y mantener las relaciones con Israel, como la concesión en 1990 del Premio Príncipe de Asturias de la Concordia a las Comunidades Sefardíes, la creación en 2006 del Centro Sefarad (institución española que además de fomentar un mayor conocimiento de la cultura judía, impulsa el desarrollo de los vínculos de amistad y de cooperación entre la sociedad española y la sociedad israelí) o la aprobación en 2015 de un Proyecto de Ley que concede la nacionalidad española a los sefardíes descendientes de los judíos expulsados de España en el siglo XV.

En cualquier caso, los israelíes siempre han mirado con ciertas reservas a España, por su permanente política comprensiva hacia los palestinos, algo que mantuvieron tanto los Gobiernos socialistas como los del PP, posiblemente porque, como algunos analistas apuntan, la defensa española de la causa palestina era en realidad una manera de contentar a los países árabes, donde España obtenía réditos comerciales.

Quizás esa actitud y la permanente denuncia por parte española de la construcción de asentamientos judíos en suelo palestino, hayan influido en el mantenimiento de las reservas de Israel hacia España, con algunos momentos de especial tensión. Entre los más recientes, se encuentran la causa abierta en 2009 en la Audiencia Nacional contra el ex ministro de Defensa Benjamin Ben-Elieze y otros seis responsables militares israelíes por un ataque sobre Gaza (según la Ley Orgánica del Poder Judicial, España pueda investigar cargos por genocidio, terrorismo y delitos contra las personas cometidos en conflictos armados, bien se sucedan en su territorio o fuera de él), que finalmente fue archivada; el apoyo del Gobierno de Rajoy, en 2012, a la admisión de Palestina en Naciones Unidas como «Estado observador no miembro», aunque nuestro país todavía no ha llegado a reconocer el Estado palestino; o la muerte del casco azul español Francisco Javier Soria alcanzado, hace casi dos años, por un obús israelí en el sur del Líbano.

Por estos motivos, pese a que España e Israel han mantenido vivas sus relaciones, y sus intercambios económicos, culturales y científicos han continuado creciendo, la relación política entre ambos, sin embargo, no ha sido especialmente estrecha, y de ello puede dar cuenta el hecho de que desde hace más de 19 años ningún primer ministro israelí haya viajado a España. El último en hacerlo, en marzo de 1998 fue Benjamin Netanyahu, en su primera época al frente del gobierno israelí. Intentos posteriores de viajar a España no llegaron a concretarse por distintos motivos. También hace tiempo que un jefe de Gobierno español no se desplaza a Israel. Tanto González, como Aznar y Zapatero lo hicieron, y sólo Mariano Rajoy no ha llegado a visitar ese país.

A ello debe unirse el hecho de que el 23 de diciembre de 2016 se aprobó la Resolución 2334 de las Naciones Unidas, que exige a Israel el cese de su política de asentamientos en territorios palestinos, incluido Jerusalén oriental, e insiste en que la solución al conflicto de Oriente Medio pasa por la creación de un Estado palestino que conviva junto a Israel. Según la resolución, los asentamientos «constituyen una flagrante violación de la ley internacional y un gran obstáculo para conseguir una solución de dos estados, así como una paz justa, duradera y completa». Este hecho ha supuesto que, desde entonces, Israel haya congelado sus relaciones diplomáticas con varios países, entre los que se encuentra España, la cual presidió las sesiones del Consejo de Seguridad durante el periodo en que se aprobó esta Resolución.

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