50 COSAS QUE HAY QUE SABER SOBRE ECONOMÍA - Canal Hablamos

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09 diciembre 2017

50 COSAS QUE HAY QUE SABER SOBRE ECONOMÍA




Edmund Conway nos ofrece cincuenta nociones imprescindibles para entender la economía, como ciencia, y su útil aplicación en la vida cotidiana. La primera parte trata de sentar las bases de la economía y se centra en la empresa y el consumidor. El editor de economía del canal británico Sky News muestra cómo los oferentes son los que fijan la oferta y los demandantes la demanda; siendo los incentivos una de sus variables. El supuesto perfecto es alcanzar el punto de equilibrio donde ambos histriones estén de acuerdo para realizar un intercambio económico.

La obra recoge términos como la mano invisible, acuñado por el economista  Adam Smith. El régimen maltusiano, los detractores de este y la aplicación actual del polifacético T.H Malthus. El concepto de la elección (coste de oportunidad). La importancia de la división del trabajo que conlleva la especialización y que, junto con la libertad de comercio, dan como resultado una ventaja comparativa con beneficios tanto para el comprador como para el vendedor.

El autor de la obra, formado en la Universidad de Harvard, también muestra los sistemas económicos dominantes y los relaciona con sus ciclos y sus principales elementos: capitalismo con el mercado de valores, comunismo y Keynesianismo con un Estado propenso a endeudarse para estimular la economía. Esta última política enlaza con el monetarismo que es el caldo de cultivo para las visiones encontradas entre dos de los economistas más influyentes de la historia, Maynard Keynes –partidario de la inversión del Estado para la búsqueda de empleo– y Milton Friedman –defensor de la no intervención gubernamental–. En su faceta didáctica, recuerda a la Escuela Austriaca, defensora del individualismo, y la curva de Laffer, para medir la relación entre los ingresos fiscales y los tipos impositivos.

La argumentación en 50 cosas que hay que saber sobre economía pasa por la concepción de que el precio se da en función de la valoración de las personas siguiendo un referente. Con la revolución marginalista nos explica la esencia de la actividad empresarial –vender un producto por un precio superior al que ha sido comprado– y la de la actividad del trabajador –solo hace algo si vale la pena–. 

Conway, antiguo responsable de economía del diario Daily Telegraph, no olvida los indicadores macroeconómicos y la importancia de los mismos en la  generación de confianza: como un nivel bajo de deuda, un PIB elevado, un mercado de bonos favorables o un valor fuerte de la moneda respecto a terceros países. La economía de un Estado-nación no es independiente de todas las demás; por ello, todos los cambios económicos internacionales que se produzcan entre países son registrados y reflejados en la balanza de pagos.

¿Qué papel juegan los bancos en la economía? Estas entidades obtienen beneficios en función de la inversión del dinero de los ahorradores y están sujetos a las directrices de los Bancos centrales; organismos que, entre otras funciones, marcan los tipos de interés. Estos instrumentos de la política monetaria guardan una relación indirecta con la inflación, y una correlación negativa con el desempleo (el aumento de los tipos de interés genera menos inflación y menos desempleo). El opuesto a la inflación es la deflación, la cual también puede paralizar la economía.

El concepto de crisis y los elementos desencadenantes como la burbuja inmobiliaria, el aumento de la deuda, la falta de crédito o la caída de las inversiones son elementos de actualidad que también están presentes. Al igual que la brecha entre ricos y pobres (uno de los elementos desestabilizadores de una nación, según el autor) y un tema tan importante como la propiedad privada y el precio de la vivienda. Todas las dinámicas económicas están inmersas en la llamada era de la globalización (con sus pros y contras) y, de nuevo, es necesario la ayuda conjunta de las naciones en determinadas cuestiones. Pero como recuerda Conway, en los acuerdos de Bretton Woods fueron fijados un sistema de tipos fijos basado en el dólar estadounidense y se abrió la puerta al fantasma de la especulación. Explica también las tres principales revoluciones tecnológicas y deja espacio para una futura.

Por último, relata los estudios económicos alternativos con la llamada economía del desarrollo, con sus trampas, o la del comportamiento, basada en las acciones irracionales. La economía y el medioambiente están condenados a entenderse a pesar de que exista una dependencia del petróleo y una externalidad (elemento que nadie posee pero que afecta a todos)  a la que miramos para otro lado, la contaminación. Así mismo, la búsqueda del equilibrio, como si de un juego de rol se tratara, mediante la teoría de los juegos. La teoría de Levitt aplicada a la economía y la finalidad última de esta ciencia, la felicidad. El libro finaliza proponiéndonos los retos que debemos abordar en este siglo XXI y una pequeña autocrítica a la falta de visión de los economistas.


ANÁLISIS CRÍTICO

Alfred Marshall definió la economía como “Un estudio de las acciones del hombre en las actividades ordinarias de la vida” y es precisamente el objetivo de este libro. Todos los días, aunque no seamos conscientes de ello, realizamos numerosas transacciones económicas. Esto nos demuestra que nosotros también somos parte de esa economía y nuestros comportamientos y tendencias influyen en la misma; e incluso, la pueden conducir a una actividad honesta o delictiva.

El libro sigue una estructura de texto periodístico basado en la síntesis de los contenidos: el resalto de conceptos básicos, la incorporación de cronología y el uso de citas. Todos estos elementos ayudan a una lectura ágil y comprensible, sin perder la contundencia de los conocimientos que a la vez permiten una docencia al lector. A estos elementos didácticos se pueden hacer acreedores otras disciplinas como la periodística. Durante la lectura viene a la mente la arbitrariedad y equívocos, en los términos, que algunos medios de comunicación emplean en los apartados de temas económicos. Aunque si bien es verdad, los lectores desaprensivos pueden ver en este libro pautas para creerse agoreros del futuro.

Conway también optimiza los conocimientos configurando una síntesis que nos permite partir desde lo básico, como el concepto de la mano invisible, y desembocar en los últimos estudios y formas diferentes de ver esta ciencia. La metodología usada en los capítulos nos plantea una reflexión de identidad: Dónde estamos y a dónde vamos. Las posibles respuestas a esta reflexión nos ayudan a tomar decisiones en nuestra microeconomía o a los gobernantes en la macroeconomía.

Me ha convencido la importancia de eliminar clichés que ciertas estructuras de la sociedad quieren vendernos como elementos negativos y demonizar a quienes no los acepten. Significativos son los ejemplos de globalización, capitalismo, deuda o inflación; remitiéndonos a una neutralidad de ideas.

Por otra parte, el libro alerta de que existen términos estructuralmente antagónicos que son usados, en ocasiones de forma maledicente, en mítines o eslóganes. Un ejemplo electoralista es la expresión de pleno empleo cuando, en la realidad, un pleno empleo es prácticamente imposible de lograr. Otro atributo que presenta la obra es la acotación clara y concisa de las funciones de los principales agentes y organismos económicos. No obstante, observo una escasa crítica a personas e instituciones que no se han ajustado conforme a las normas. También es digno de destacar la personalización de los ejemplos–como el caso de David Beckham– dándoles actualidad e identidad.  

Libros de esta naturaleza pueden caer en el error de una excesiva teorización. Sin embargo, no es este el caso, pues en casi todos sus apartados expresa, como si de una moraleja se tratase, la importancia de generar confianza en los individuos y que estos a su vez lo eleven a las instituciones y a las decisiones que estas tienen que tomar. Como afirmaba el economista David Taguas: “La confianza es la base de la economía”. Esta confianza, basada en acercar posturas antagónicas, posibilita aportar un elemento más a la frase de José Luís San Pedro “Mi economía no es tu econotuya”, la econonuestra.





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