CLAQUETA Y ACCIÓN: STAR WARS. EPISODIO VIII. LOS ÚLTIMOS JEDI - Canal Hablamos

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24 diciembre 2017

CLAQUETA Y ACCIÓN: STAR WARS. EPISODIO VIII. LOS ÚLTIMOS JEDI


Lo recuerdo como si fuera ayer. El 18 de diciembre de 2015 los fans de Star Wars colmábamos las salas de cine de todo el mundo con motivo del estreno del séptimo episodio de la saga. Ansiosos por reencontrarnos con los héroes de la trilogía original y conocer a los protagonistas de esta nueva etapa, veíamos en El despertar de la Fuerza una oportunidad perfecta para perdonar los pecados cometidos por George Lucas en la realización de las tan denostadas precuelas. Y si bien es cierto que confiábamos en la dirección del reputado J.J. Abrams, temíamos que la factoría Disney sacrificara la esencia de la franquicia con tal de atraer a las generaciones más jóvenes y rentabilizar la compra de Lucasfilm a golpe de merchandising.

La película que yo vi aquella noche confirmaba tanto mis esperanzas como mis temores, aunque solo parcialmente en este segundo caso. A pesar de la falta de creatividad que apreciaba en ciertos aspectos y su tono de cine familiar, no solo estaba satisfecho con el Episodio VII, sino que tenía ganas de más. Habiendo sido seducido por el carisma de Rey (Daisy Ridley) y el misterio alrededor de Kylo Ren (Adam Driver), quedaban por delante dos largos años hasta el lanzamiento del próximo capítulo, en el que Luke Skywalker (Mark Hamill) estaba llamado a desempeñar un papel clave.

Luke Skywalker (Mark Hamill).
Veinticuatro meses después, con el solvente spin-off de Rogue One de por medio para matar el hambre, volví a sentarme en una butaca para ver Los últimos Jedi. Y desgraciadamente, cuando busco la palabra más adecuada para describir las sensaciones que me deja el filme de Rian Johnson, solo encuentro "decepción". No, no estoy de acuerdo en que esta sea la mejor entrega de la saga, como aseguran algunos [ALERTA SPOILER], pero tampoco creo que sea una película terriblemente mala, por reproducir de una manera elegante lo que comentó un amigo sobre ella. Ante todo, el Episodio VIII me resultó decepcionante. Sin entrar en detalles de la trama (no me atreveré yo a destriparles la película), les explicaré por qué.


La principal causa de mi descontento es el lugar que parece haber ocupado esta película en el conjunto de la saga. El hecho de que se trate de la segunda parte de esta nueva trilogía no debería haberla convertido en la película de transición que ha terminado siendo. Es triste decir esto, pero la impresión que me dejan sus dos horas y media de metraje es la de un capítulo irrelevante dentro de la serie, un "episodio de relleno" del que se puede prescindir sin dejar entender la parte fundamental de la historia que empezaron a contarnos en El despertar de la Fuerza. Con la excepción de Kylo Ren, que se come toda la película (su interacción con Rey resulta muy interesante), y de Luke Skywalker, los personajes avanzan muy poco o nada, y las preguntas más importantes sobre la identidad de algunos de ellos quedan sin contestar. Y si no fuera suficiente con ello, encontramos líneas argumentales cuya única función es alargar la duración de la cinta sin necesidad.

Kylo Ren (Adam Driver).
Por otro lado, como comentaba al principio, si la influencia de Disney en El despertar de la Fuerza ya empezaba a molestar con un tono más familiar que las anteriores entregas de la saga, en esta se ha continuado avanzando por el mismo camino. Aunque sea un modelo con éxito, en Disney deben entender que una película de Star Wars no debe parecerse a una de Marvel Studios, porque Star Wars ya tiene un estilo propio y muy bien definido. El toque de humor adolescente que impregna los momentos más relajados de la historia no le sientan bien a la cinta. Especialmente intolerable es el comportamiento del General Hux (Domhnall Gleeson) de la Primera Orden, villano que es imposible tomarse en serio y que Darth Vader habría estrangulado a los cinco minutos de conocerlo. Sus ataques de histeria, junto con la arrogancia tan difícil de digerir del Líder Supremo Snoke (Andy Serkis) son para llorar ante cualquier intento de comparación con Grand Moff Tarkin (Peter Cushing) y el Emperador Palpatine (Ian McDiarmid). Tampoco se salvan de la quema sus adversarios, los miembros de la Resistencia, demasiado viscerales y autosuficientes en demasiadas ocasiones, como ocurre con Poe Dameron (Oscar Isaac). 

Poe Dameron (Oscar Isaac) y su droide BB-8.
Si a todo ello le sumamos cierta falta de coherencia del guión consigo mismo y con el universo Star Wars, y alguna escena imperdonable, lo que nos queda es una película de promesas incumplidas: prometió no caer en los errores del Episodio VII y los ha repetido con más intensidad; prometió ser una pieza clave en el puzzle de esta nueva trilogía y se ha quedado muy lejos de ello. Eso sí, a nivel técnico hablamos de un largometraje impecable, manteniendo a Star Wars a la vanguardia en términos de efectos especiales, mientras que la labor de John Williams como responsable de la banda sonora sigue siendo intachable.



En cualquier caso, vayan al cine y juzguen ustedes por sí mismos. Al fin y al cabo, esta no es más que la humilde opinión de uno de los cientos de millones de fans que la franquicia tiene repartidos por todo el mundo, y precisamente esto, la controversia, la disparidad de opiniones, el debate generado por cada película, constituyen uno de los rasgos distintivos de esta saga, manteniéndola viva pese al paso del tiempo.

Que la Fuerza les acompañe.

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