MIL MILLONES DE MEJILLONES - Canal Hablamos

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08 enero 2018

MIL MILLONES DE MEJILLONES


Fernando Trias de Bes nos sitúa en junio de 2010 en el barrio madrileño de Vallecas. Como si de un diario se tratara, narra la historia de un camarero en paro al que le ofrecen trabajo en un crucero de lujo. Este acepta aunque para ello tenga que dejar a su mujer, aparentemente embarazada.

Cuando embarca descubre que en ese barco va a tener lugar la boda entre el exprimer ministro italiano Silvio Berlusconi y la modelo Noemí Letizia. Al enlace están invitados los presidentes y primeros ministros más importantes del mundo. En el momento de la celebración, el barco choca contra una roca y naufraga. Los mandatarios y trabajadores de la embarcación se dirigieren a las barcas de salvamento y el bote del protagonista, dirigido por el expresidente español José María Aznar, llega a una isla desierta.

A lo largo de la estancia en un archipiélago desconocido irán apareciendo, en una cueva, personajes que han marcado la historia política y económica del mundo occidental. El primer espíritu es Adam Smith –economista y filósofo precursor de la economía clásica– y les aconseja la división del trabajo. Con el paso de los días se van dando cuenta que necesitan organizarse del mismo modo que un Estado y para ello fundan partidos políticos.

Posteriormente aparece Karl Marx –filósofo, economista y pensador comunista– con el propósito de establecer un salario a los trabajadores mediante trueque aunque este sistema no termina de funcionar. La solución pasa por crear una moneda pese a que la aparición de Friedrich Engels–filósofo y revolucionario alemán– acarree discrepancias. Las diferentes posturas confluyeron en unas elecciones ganadas por el Cavaliere,  quien crea una  moneda, el mejillón. Esta idea genera un serio problema, el robo de mejillones. Para solucionarlo, el banquero Emilio Botín crea el Banco San Molusco y la política Esperanza Aguirre contrata los servicios de un detective. Con el objetivo de buscar otras islas, nombran ministro de Exteriores al cantante estadounidense Michael Jackson, quien finalmente es el exvicepresidente de la Generalidad de Cataluña​​​ Josep-Lluís Carod-Rovira.


Los isleños deciden montar negocios y el mayor de los hermanos Botín les presta el dinero para ese fin, pero cuentan con el recelo de los políticos. Su aliado es la aparición de Flavio Briatore, exdirector deportivo del equipo Renault; personaje que consigue generar desconfianza y provoca que los depositantes se apresuren a retirar su dinero. Por falta de liquidez, solo los primeros lo consiguen.

Alan Greenspan –expresidente de la Reserva Federal estadounidense– consigue tranquilizarles y crea un Banco Central, Reserva Bivalva, dirigido por Jean-Claude Trichet, expresidente del Banco Central Europeo. Debido a las constantes incertidumbres sube y baja los tipos de interés de forma descontrolada, hasta tal forma que decide dejarlos en un 0%. Los peculiares ciudadanos deciden guardar su dinero en Banco de Botín a un interés fijo.

María Teresa Fernández de la Vega –exvicepresidenta socialista– encuentra en el fondo del mar una reserva de monedas moluscas. Los habitantes pensaban que sus problemas financieros habían desparecido, pero estaban equivocados;  se agravaron por las continuas subidas de precio. Llegó un punto en el que tuvieron que cambiar a otra moneda, el Nuevo Mejillón –por recomendación de Milton Friedman –economista estadounidense defensor del librecambismo–.



El ministro de Exteriores regresa de su viaje y avisa a sus compañeros de la existencia de más indígenas. El fisiócrata François Quesnay persuade a los insulanos para que no comercien con ellos, aunque con poco éxito. Surge también el problema de la inmigración –explicado por el erudito demógrafo Thomas R. Malthus–.

Ante la aparición del exótico camaleón, todos los ciudadanos quieren tener uno, y  para ello se endeudan. El economista británico John Maynard Keynes propone el endeudamiento del Estado, que genera un déficit galopante. El rey del rock encuentra una isla con ciudadanos chinos y tras pactar el cambio de divisas comienza la exportación y la compra de deuda, hasta que finaliza la liquidez. La solución del expresidente Aznar es recalificar terrenos; en definitiva, crear una burbuja inmobiliaria. Sus problemas y quebraderos financieros terminan con un rescate y el regreso a sus países. El protagonista vuelve a su hogar y descubre que el embarazo de su mujer era psicológico.


ANÁLISIS CRÍTICO

La grandeza de esta obra es ser única en la forma de explicar las bases en las que se sustenta un Estado. A pesar de mi rechazo a los tópicos, el lema de “Una imagen vale más que mil palabras” puede definir esta obra por la abundancia de bocetos. Otros libros explican la ciencia económica desde una perspectiva meramente teórica y aunque incluyan casos prácticos, pueden resultar pesados incluso para los amantes de la economía.

La pedagogía ha demostrado que cuando un estudiante entiende lo que estudia no lo olvida. Fernando Trias de Bes ha aplicado esta máxima en su obra y lo ha conseguido. Cualquier lector recordará siempre la moneda molusca, el nombre y las andanzas de los personajes de la obra, sin necesidad de un gran ejercicio de memoria y qué mejor manera de hacerlo que mediante un cuaderno de bitácora. El escritor también acierta en este peculiar formato.

No nos engañemos, Mil millones de mejillones no es un cómic o un mero pasatiempo; es una obra económica de la que podemos sacar algunas enseñanzas. Todos los libros de texto comienzan con la diferenciación de microeconomía y macroeconomía pero ninguno consigue explicar de forma tan clara las dos partes de esta ciencia y su constante interrelación.

Si ojeamos el libro puede parecer demasiado fácil, pueril e incluso obvio pero a medida que las situaciones se van complicando también lo hace la economía financiera. ¿De qué sirve que un profesor de economía sepa todas las doctrinas y autores si no sabe cómo transmitirlas?, de nada. O ¿de qué sirve que un estudiante o un profesional de una empresa tenga todos los conocimientos si no sabe cómo aplicarlos?, de nada tampoco. Por ello, este libro puede dar luz a las anteriores preguntas.

Mil millones de mejillones no tendría sentido si no contara con una minuciosa caricaturización de los principales mandatarios e ídolos. Por lo tanto, se da una armonía entre las personas y personajes (papel que representan en su profesión). Esta simbiosis permite extraer la conclusión genérica de que los políticos de esta época no entienden mucho de números sino de palabras, muchas de ellas vacías; en la terminología del filósofo argentino, Ernesto Laclau, significantes vacíos.



De forma individualizada, el autor destaca las peculiaridades de los personajes públicos o por lo que son más conocidos. No obstante, siempre lo hace con un escrupuloso respeto hacia las personas que intervienen potenciando una autocrítica y dejando que el lector ponga los adjetivos. Este punto es el que da un humor a este libro y hace que sea aún más dinámico y entendible.

Otro dardo del autor es la santificación de los economistas, por parte de los personajes, dotándoles de una farisaica omnipotencia incluso cuando las decisiones de unos se encontraban contrapuestas con las de los otros. El protagonista no tiene nombre, porque podemos ser cualquiera de nosotros en la vida real recibiendo un constante bombardeo ideológico y observando como los todólogos –cortesía de P. Bourdieu– algunos economistas, están más centrados en cuestiones partidistas que en hacer un análisis exhaustivo de los problemas. Unido con lo anterior, también observo el concepto cortoplacista a la hora de la toma de decisiones lo que agravó los problemas de los isleños; e incluso los creó, como el sobreendeudamiento sin importar sus consecuencias.

Tales situaciones hacen reflexionar sobre la idea de que en economía las decisiones deben tomarse primero conociendo el problema, después siguiendo una hoja de ruta y por último buscando una solución a medio-largo plazo. Cuando no se hace de tal modo, en la realidad, no hay un rescate físico –como en el libro– para volver a un punto inicial, sino que hay un rescate financiero –o línea de crédito para los puristas– cuyas consecuencias son más que duras.

Probablemente, el objetivo último que persigue Trías de Bes, economista y ensayista, es aumentar las nociones de economía y que al mismo tiempo resulte interesante. Los dos cumplidos. No obstante, me queda la duda de qué va antes: si un libro económico con dosis de humor, o un reír para no llorar, por  las actuaciones de algunos de los personajes reflejados en este libro.

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