“ALTA SEDUCCIÓN”: AMOR ES ETERNA JUVENTUD - Canal Hablamos

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24 febrero 2018

“ALTA SEDUCCIÓN”: AMOR ES ETERNA JUVENTUD



Arturo Fernández vuelve a los escenarios. Da igual cuando leas esta frase porque su vida, a los 89 años, sigue siendo el teatro. En esta ocasión nos presenta una comedia romántica, Alta Seducción, donde ´el Richard Gere español´ quiere conquistarnos con ternura y mucho humor.

El texto de María Manuela Reina tiene cabida en el género de la alta comedia contemporánea. Esta pieza teatral pretende eliminar las distancias entre la literatura y la vida real, presentando los problemas de los personajes para que el público pueda verse identificado. Además de divertir, la alta comedia (y por tanto esta obra) intenta impregnar sus textos de un tono satírico y psicológico con detalles realistas.

La obra que acoge el Teatro Amaya no es nueva. Manuela Reina la escribió hace dos décadas y a punto estuvo de convertirse en película. Si a alguien de ustedes les dijera que relacionaran el título de esta representación con un artista, a muchos os vendría a la mente el actor y galán Arturo Fernández. En Alta Seducción descubrimos la vida de dos personajes: Gabriel, un político del grupo Mixto con poca, o ninguna, ética profesional cuyo verdadero oficio es el servicio público, pero no a la ciudadanía sino a las damas. Gertrudis es una joven de compañía, cercana a la élite política, que sueña con publicar su primera novela. Sus cambios de humor y de opinión serán claves en el transcurso de la obra. Trudis, así la llaman sus amigos, está esperando a un hombre, que puede estar más cerca de lo que espera.



La temática de la obra tampoco es innovadora. Si repasamos la sinopsis nos puede recordar a la película Pretty Woman, donde un guapo ejecutivo termina enamorándose de una joven prostituta. Si elevamos esta idea a la alta esfera social y la teñimos de rasgos españoles tenemos la comedia Alta Seducción. A pesar de la sencillez en el tema, los primeros 20 minutos parecen ser el doble, lo que dificulta entender el relato de los personajes. A medida que las escenas avanzan, el público tendrá más claro la estructura de la obra, aunque el final sorprenderá.

Esta comedia está dirigida por el propio Arturo Fernández, por lo que observamos su sello propio en muchas de sus frases. La esencia del guion concuerda con los atributos del actor asturiano –cuidadoso, meticuloso, elegante y pulcro–  y con su particular humor. Para él la edad nunca ha sido un problema, aunque sí para Gabi, el personaje al que da vida. Esta, probablemente, sea la única diferencia entre el actor y el protagonista de la obra. Pese a ser uno de los genios de la comedia española, en esta representación también descubrimos la facilidad y solvencia para desenvolverse en las escenas dramáticas.

Arturo Fernández domina el escenario a su antojo y deleita al público con recreaciones de conversaciones de otros personajes, que no aparecen, y que no solo arranca la sonrisa sino la carcajada del espectador. El juego de los apartes (palabras que dice un personaje fingiendo hablar consigo mismo y dando por supuesto que nadie le oye) y los diálogos internos engrandecen la obra. Todas estas virtudes también se vuelven en su contra a lo largo de la función. Existen excesivos soliloquios y de larga duración que pueden cansar al público; así como alguna derivada de la historia innecesaria. Si tuviera que quedarme con algo de este actor en Alta Seducción, aparte de su humor, sería con su gestualidad, que refuerza las palabras del personaje y acrecienta la risa del espectador.



El peso de la obra recae sobre el cautivador Arturo Fernández, pero sin la presencia de su acompañante únicamente sería una obra, sin relato, homenaje a su persona. Carmen del Valle irradia pasión, elegancia y arte escénico. La actriz interpreta a la perfección los cambios constantes de registro con una voz dulce a la vez que sonora. Del Valle, premio Max de Artes Escénicas, representa a Trudi, una mujer caótica, insegura y viviendo una vida que no desea. Lo único que espera este personaje es que alguien le quiera y le haga reír. No es la primera vez que ambos comparten escenario –ya lo hicieron en una comedia anterior, La montaña rusa– y se nota en su complicidad en el escenario. Los dos actores, y los personajes a los que representan, exudan elegancia y galantería. En la obra es palpable el choque de mentalidades de los protagonistas, principalmente por la edad, que también produce situaciones cómicas.

La escenografía es otra de las virtudes de la obra. El decorado (una barra de bar privada y un lujoso apartamento) ordenado y minucioso concuerda a la perfección con el texto. Desde mi óptica, es uno de los mejores fondos de escena de las comedias actualmente en cartelera. La música es otro de los elementos usados en la obra. Las melodías escogidas son adecuadas, aunque hubiera sido un acierto un mayor número de canciones; de ser así, amenizarían los monólogos y darían mayor agilidad a la función. 

Esta obra es algo más que una pareja buscando el amor. En Alta Seducción hay una crítica implícita a la vida política y a sus malas artes. Además, hará reflexionar al espectador sobre el paso del tiempo e inoculará la idea de que la juventud y la belleza, al contrario que la madurez, expiran con los años. Lo que no desaparece con la edad es el ingenio y la vitalidad de Arturo Fernández.


En Alta Seducción, como en la vida real, la risa y el amor no entienden de edad


Autor: María Manuela Reina
Director: Arturo Fernández
Reparto: Arturo Fernández y Carmen del Valle
Lugar: Teatro Amaya (Paseo del General Martínez Campos, 9, 28010 Madrid)

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