FIDEL CASTRO: UNA BIOGRAFÍA POLÍTICA -SEBASTIAN BALFOUR - Canal Hablamos

NUEVO

19 febrero 2018

FIDEL CASTRO: UNA BIOGRAFÍA POLÍTICA -SEBASTIAN BALFOUR





Por sus investigaciones sobre la historia contemporánea de España, Sebastian Balfour se ha convertido en uno de los historiadores e hispanistas británicos más destacados de este siglo. Las consecuencias del colapso del Imperio español en 1898, la guerra colonial marroquí de 1909 a 1927, los movimientos de protesta durante la dictadura franquista, y la transición democrática española han sido los temas clave de sus obras. A estos se une su interés por las estructuras y elementos de la política española, destacando la organización de nuestro Estado, la normativa de derecho española, los movimientos de protesta política en la España contemporánea, la historia de Barcelona y, sobre todo, la cuestión de nación e identidad, dentro de la cual se ha preocupado especialmente por el estudio del nacionalismo y el movimiento independentista catalanes. Esta amplitud de temas refleja la tendencia de este autor por seguir la evolución de la historia española, así como tratar de comprender los grandes asuntos políticos que ocupan la actualidad mediática. Separada de esta línea se encuentran sus obras centradas en la trayectoria política de Fidel Castro, la Revolución y la política contemporánea cubanas, destacando especialmente las relaciones entre Cuba y “el coloso del norte”, Estados Unidos.

En este sentido, la obra reseñada (Fidel Castro: una biografía política) se encuadra dentro de esta temática. Se trata de una de las biografías más completas que existen sobre el dirigente cubano, pues, hasta ahora, prácticamente la totalidad de obras sobre Castro tendían a centrarse en su persona, y ello lo hacían de una forma hagiográfica o demonológica. Balfour se distancia de esta tradición para presentar una obra totalmente descriptiva y con el foco puesto no solo en la personalidad del dirigente, sino también en los procesos de toma de decisiones e inspiraciones ideológicas y políticas que han marcado desde un principio las acciones de Castro hasta su renuncia y abandono del gobierno cubano, al mismo tiempo que detalla de manera ejemplar la historia de Cuba desde los tiempos coloniales hasta la actualidad. La obra se estructura en diez capítulos que narran de manera cronológica la historia cubana y la posición que ocupa Castro en cada una de sus etapas. El primero de ellos tiene un carácter más general y comprende un breve repaso de la evolución y rasgos político-geográficos de Cuba desde la independencia colonial en 1898 hasta la década de 1930. El resto de capítulos abordan ya la trayectoria de Fidel Castro, el proceso de la Revolución cubana y el desarrollo de todo el régimen castrista, temas que se tratan sobre un trasfondo en el que se detallan las claves de las estructuras políticas internas cubanas, los obstáculos a los que ha debido enfrentarse el régimen y la posición del país en las relaciones internacionales, en lo que destaca especialmente el trato con Estados Unidos y la Unión Soviética.

Bajo estas premisas, el interés del primer capítulo recae, fundamentalmente, además de la evolución histórica cubana, sobre las bases políticas e influencias teóricas que servirían más tarde de referencia para el grupo de revolucionarios liderado por Castro. Dentro de estas referencias sobresale la figura de José Martí, del Partido Revolucionario Cubano, en el que Castro descubrió una clara guía de acción. Martí encarnaba un valor nacionalista y un rechazo a la expansión estadounidense que luego se harían notar en el periodo protagonizado por los rebeldes castristas. Además, creía fuertemente en la justicia social y en el papel de la nación como verdadera fuente del progreso, algo por lo que Castro también abogaba. Asimismo, destacaron como puntos de referencia los movimientos estudiantiles de los años 20, que luchaban contra la corrupción del sistema político cubano y el imperialismo estadounidense (después de la independencia en 1898, Estados Unidos se reservó el derecho a intervenir sobre la isla con la Enmienda Platt de 1901, evitando la intervención de cualquier otra potencia y favoreciendo las crecientes inversiones estadounidenses en la isla). Por último, la generación de Castro se vio influido más directa y profundamente por la Revolución de 1933, que logró derrocar la dictadura de Gerardo Machado, impuesta en Cuba desde 1925 y fundamentada sobre la base de una extensa red clientelar y la violenta represión de toda la oposición, propiciando el auge de cada vez más grupos terroristas. Todo este legado histórico de corrientes radicales constituiría la inspiración fundamental de las estrategias de Castro en su ascenso al poder.

El segundo capítulo dibuja los orígenes de Castro y la situación política de la isla durante su etapa de formación estudiantil en la que él centró todas sus críticas, dominada primero por el ex sargento Fulgencio Batista desde 1933 y posteriormente por el dirigente del partido de los Auténticos, Ramón Grau San Martín, desde 1940, que si bien en un primer momento se opuso a la dictadura de Batista y prometió construir un nuevo gobierno, una vez llegado al poder tras una ajustada victoria en las elecciones, inauguró un nuevo periodo de corruptelas aún mayores que las del gobierno de Batista. En este contexto, Castro inició sus andaduras en la vida política con su ingreso en el Partido del Pueblo Cubano o, como se hacían llamar sus propios miembros, el Partido Ortodoxo, dentro del cual Castro fundó la facción Acción Radical Ortodoxa, abogando por una vía revolucionaria de acceso al poder. El interés en este punto recae sobre el hecho de que Castro, en sus inicios, no era un defensor de las ideas marxistas-leninistas como lo sería más tarde, sino que se definía más bien como nacionalista radical en pos de la justicia social y en contra de los métodos constitucionales para conseguir el cambio político y social. Su acogida a los principios comunistas vendría más tarde forzada por las difíciles circunstancias en las que se encontraba Cuba y la necesidad de la protección y ayuda económica de la Unión Soviética, además de la convicción de que el comunismo sería el único modelo posible de crecimiento económico y del descubrimiento de este como el único movimiento internacional con el que se podrían identificar.

En el tercer capítulo se retrata todo el proceso de la Revolución castrista desde la organización del grupo rebelde y la oposición a la nueva dictadura de Fulgencio Batista (iniciada con un golpe de Estado en 1952) hasta la caída de esta misma dictadura y el éxito de la Revolución, narrando los episodios de tan relevancia histórica como el fracasado asalto al cuartel de Moncada, el desembarco de Cuba o la huelga del 9 de abril de 1958 protagonizada por el movimiento obrero, todos organizados e impulsados por el llamado Movimiento 26 de Julio: la organización de rebeldes liderada por Castro y en la que destacaron, entre otros, figuras como Frank País, Che Guevara o Raúl Castro, hermano de Fidel.

El cuarto capítulo retrata los inicios del régimen castrista, detallando los grandes obstáculos a los que Castro y su élite central tuvieron que enfrentarse, entre los que sobresale la necesidad de desmantelar el viejo orden cubano y la continuada presión ejercida por Estados Unidos, con el que Cuba había mantenido siempre una relación de desconfianza e incomprensión mutua. Ante estos elementos, Castro actuó inicialmente con cautela, pero no tardó en virar hacia el radicalismo, aunando todo el poder en su persona, censurando la oposición, permitiendo la entrada en el gobierno de milicias armadas, suspendiendo las elecciones, expropiando las grandes plantaciones azucareras de propiedad estadounidenses en virtud de la nueva ley de Reforma Agraria y nacionalizando grandes empresas también de titularidad extranjera; todo ello sobre la base de un sistema político y económico centralizado. El recrudecimiento de las relaciones cubano-estadounidenses como consecuencia de estas acciones dio lugar a la emigración de un gran número de ciudadanos cubanos hacia Estados Unidos que en 1961 protagonizarían el episodio de Playa Girón, más conocido como el episodio de Bahía Cochinos, encaminado a invadir Cuba y formar un nuevo gobierno con apoyo norteamericano. Pero las tropas cubanas bajo el enérgico mando de Castro fueron más eficaces y consiguieron la victoria en esta fracasada operación. Este suceso tuvo como una de sus principales consecuencias la creación del Partido Comunista a raíz de la fusión de todos los grupos que se habían opuesto en el pasado a la dictadura de Batista, incluyendo el Movimiento del 26 de Julio. Asimismo, en esta etapa, Castro establece relaciones con la Unión Soviética, algo que daría lugar a la Crisis de los misiles en 1962, iniciada a partir de la instalación de misiles soviéticos en territorio cubano, seguida de la reacción estadounidense y terminada en una confrontación entre Estados Unidos y la URSS dentro del marco de la lógica de la Guerra Fría.

Tras ello, el quinto capítulo narra los esfuerzos de la cúpula dirigente cubana por modernizar la economía y sociedad y de ese modo lograr las condiciones necesarias para el establecimiento de una sociedad comunista, pero alejada de la ortodoxia soviética, de la que renegaban y a la que criticaban ferozmente. Para ello impulsaron una serie de reformas industriales que, sin embargo, no obtuvieron los resultados deseados, cayendo en una profunda crisis que pondría de manifiesto las divisiones dentro del Estado y el lado más radical del régimen, con la persecución y ejecución de los disidentes de la línea política de Castro, entre los que se incluían los comunistas prosoviéticos y un gran número de intelectuales. Finalmente, sería la propia situación económica la que presionaría a tener que acogerse a las políticas y dependencia soviética, dejando atrás un periodo marcado por las duras críticas a Moscú.

El sexto capítulo describe la reorientación de la política castrista dirigida a la superación de la crisis económica de la etapa anterior. En este sentido, se inicia la “sovietización” de Cuba, que suponía una imitación de las instituciones de la Unión Soviética y una integración en sus estructuras y organismos económicos, dando pie a una mayor liberalización del régimen. En concordancia con ello, se ejecutaron cambios en el partido, sindicatos y la reorganización del propio gobierno, que ahora se caracterizaría por una mayor delegación, abandonando la centralización en la persona de Castro que había dominado hasta ahora. Esta serie de reformas tuvieron como resultado, tal y como se refleja en el capítulo siete, el fin del aislamiento internacional de Cuba y su elevación hasta una de las potencias más importantes e influyentes del panorama mundial, destacando las relaciones multilaterales establecidas con otros países en aras de alcanzar la independencia exterior y consolidación del régimen interno por medios diplomáticos.

Pero en los años 80, como narra el capítulo ocho, Castro da un giro y vuelve a centrar el foco de atención en política interior para intentar resolver las contradicciones internas de la Revolución y acabar, en palabras de Castro, con la corrupción, corporativismo y egoísmo que acusaba ahora a la sociedad cubana. Para ello pondría en marcha el llamado “proceso de rectificación de errores y tendencias negativas”, y estuvo motivado por el deterioro económico en el que volvió a caer el país en esos años debido a las duras condiciones climatológicas, la baja productividad, la inadecuada planificación y el endurecimiento del embargo económico estadounidense, si bien estos hechos entraban en contradicción con los datos que evidenciaban el progreso social tan considerable que experimentaron, con importantes cambios en educación, sanidad y el sector agrario. Con la campaña de Rectificación se redujo el gasto público, se dio prioridad a las exportaciones sobre las importaciones y se establecieron medidas para ahorrar recursos, al tiempo que se motivó a la población a aumentar la productividad, reducir el consumo y al ejercicio del trabajo voluntario. Se trataba de acabar con la crisis económica sin sacrificar los principios de la Revolución que la liberalización de la etapa anterior había puesto en peligro. Este plan se asemejaba a la Perestroika y la Glasnost impulsada en las mismas fechas por Gorbachov en la Unión Soviética, aunque con la diferencia de que, mientras estas dieron paso a un cúmulo de amenazas para la ya frágil estabilidad soviética, el plan de rectificación fue un proceso completamente controlado y limitado. No obstante, la nueva línea de actuación de la URSS tuvo importantes consecuencias para Cuba, pues permitió reforzar las relaciones entre ambos países, consiguiendo con ello que, cuando tuvo lugar la última etapa de la distensión en la Guerra Fría entre Moscú y Washington, mejoraran también de algún modo las relaciones cubano-estadounidenses, aunque ello sería algo más bien ficticio, pues Cuba seguiría siendo el blanco de la hostilidad norteamericana durante mucho más tiempo.

El capítulo nueve describe las consecuencias que tiene para Cuba la caída del comunismo en la Europa del Este y de la propia Unión Soviética en los años 90. Este hecho supuso un duro golpe para Cuba, puesto que hasta ahora había conseguido mantenerse a flota gracias a su ayuda económica. Los nuevos gobiernos formados en estos países rompieron los lazos con Cuba, propiciando que la economía cubana cayera en picado. Ello forzó el inicio de un “periodo especial en tiempo de paz” en la isla, durante el cual se aplicaron una serie de medidas restrictivas de emergencia en aras de frenar los impactos de la crisis, si bien estas medidas contribuyeron a un grave deterioro de las condiciones de vida de la población cubana, además de implicar una pérdida de legitimidad del Estado. Bajo estas condiciones, Castro se vio forzado a tener que aplicar una serie de reformas monetarias que supusieron una capitalización del régimen: eliminación de la subvención estatal de un gran número de bienes y servicios, la aplicación de impuestos progresivos y la puesta en circulación del dólar americano, aunque ello no impidió que Castro siguiera defendiendo férreamente el socialismo y criticando duramente el capitalismo. Paralelamente a ello, las relaciones con Estados Unidos siguieron siendo hostiles y se endureció el embargo económico. De hecho, la Administración Clinton promulgó la Ley para la Libertad y Solidaridad Democrática Cubanas en 1996, que contemplaba la sanción contra todos los países, instituciones y empresas de fuera de Estados Unidos que concedieran préstamos a Cuba o comerciaran con ella. Además, se establecía que el embargo solo se levantaría cuando se estableciera un gobierno de transición en Cuba. Castro respondió a ello alentando el patriotismo y rechazando cualquier posibilidad de reforma. En este sentido, ordenó el comienzo de investigaciones y ejecuciones dentro del régimen de todos aquellos que fueran partidarios de la reforma democrática de Cuba, eliminando cualquier posibilidad de crítica y oposición interna.

Por último, el capítulo diez explica los grandes cambios económicos y políticos experimentados en Cuba como resultado de la nueva configuración geopolítica internacional a partir de los años 2000 una vez finalizada la Guerra Fría. Gracias a ello, Cuba pudo establecer relaciones con un amplio número de países, entre los que destacó la Venezuela de Hugo Chávez -que actuó como una nueva Unión Soviética para el país de Castro, estableciendo lazos comerciales en los que intercambiaban petróleo a cambio de capital humano- y China, que concedió créditos, subvenciones, préstamos e inversiones al régimen cubano. Estas nuevas relaciones, beneficiadas por una atenuación del embargo norteamericano mediante la ley de Reforma de Sanciones Comerciales y Aumento de las Exportaciones del año 2000, propiciaron un crecimiento sustancial y el abandono de las medidas del Periodo especial, regresando a la centralización antimercado y al aumento del control sobre la economía y nacionalización de esta. Como consecuencia de la alteración de las políticas internas, aparecieron movimientos de oposición y pro derechos humanos exigiendo la reforma democrática, a los que Castro respondió con un aumento de la represión.

La dirección de Cuba por el líder del Movimiento del 26 de Julio se interrumpió en 2006, como consecuencia de una enfermedad que le llevó a traspasar sus responsabilidades políticas a su hermano, Raúl Castro. Si bien en un principio Fidel seguía presente en la vida política de Cuba, en 2008 anunció que se retiraba definitivamente del gobierno y abandonaba todos sus cargos, dejando tras de sí un legado de tal naturaleza que haría que, incluso después de su muerte, la influencia de su persona siguiera latente en la sociedad y vida cubanas.

En resolución, esta obra de Balfour ofrece una completa riqueza informativa sobre uno de los temas clave de las relaciones internacionales de la historia contemporánea. Con un impecable estilo, el autor describe cada etapa de la historia cubana y de la trayectoria de Castro sin ser tendencioso o arbitrario. Así, nos dibuja la vida de un hombre reservado, idealista y destacado por sus dotes de líder, oratoria y conexión con el pueblo a través de un discurso populista cargado de una retórica de indudable atractivo para el público. Está claro que la historia de Cuba no puede entenderse sin tener en cuenta el papel tan significativo que desempeñó Fidel Castro en ella y que su legado seguirá desempeñando, algo que le convierte en una figura insustituible. Y en este sentido, este libro brinda esa perspectiva que hace falta para comprender las estructuras internas de Cuba y la posición jugada por esta en el marco político y económico internacional.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

-->