“LAVAR, MARCAR Y ENTERRAR”: PARTICIPA EN ESTE DIVERTIDO SECUESTRO - Canal Hablamos

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26 febrero 2018

“LAVAR, MARCAR Y ENTERRAR”: PARTICIPA EN ESTE DIVERTIDO SECUESTRO



Cada cierto tiempo acudimos a la peluquería para cambiar nuestro look. Pero seamos sinceros, cuando salimos del establecimiento no solemos estar conformes con el resultado. Si quieren un peinado innovador, trasgresor y alejado de todo convencionalismo, visiten la sala Lola Membrives del Teatro Lara. Pidan cita con antelación.

El texto propuesto por Juanma Pina en Lavar, marcar y enterrar me apasiona por su originalidad. Este tipo de comedia contemporánea es difícil de encuadrar en un único subgénero teatral, aunque los rasgos del teatro del absurdo son evidentes. En la representación, observamos transformaciones repentinas de los personajes –nada más empezar la función una voz en off afirma “Nada es lo que parece”– una intensificación progresiva de la situación inicial y un énfasis rítmico para crear una sensación de final. La comedia parte de una base  costumbrista (con rasgos de "de carácter" y "de intriga") y posee retazos realistas (conseguir el efecto dramático sin perder la sensación de naturalidad).

La productora de la obra define L.M.E (Lavar, marcar y enterrar) como “Una comedia de balas, calaveras y pelucas” donde cada palabra tiene su explicación en la representación teatral. Juanma Pina nos invita a conocer “Cortacabeza”, una particular peluquería situada en el barrio madrileño de Malasaña. La orgullosa dueña, Gabriela, y su peculiar empleado, Fernando, serán víctimas de un curioso secuestro a manos de frustrados aspirantes a Policía Nacional (Lucas y Verónica). Estos ladrones de poca monta creen tener un plan infalible para hacerse con el botín, aunque no saben que será la propia peluquería, y su maldición, la que les termine secuestrando a ellos. Entre lavado y peinado los protagonistas experimentarán sucesos extraños y desvelarán historias ocultas que parecían haber enterrado.



Estamos acostumbrados, cada cierto tiempo, a ver en el cine una comedia de estas características: un secuestro que termina siendo de todo, menos secuestro y una sucesión de escenas cómicas donde el espectador va conociendo la vida de los personajes. Sin embargo, no es común observar una historia de estas características sobre los escenarios. La productora Montgomery es experta en mezclar el mundo de la peluquería y el teatro (en años anteriores presentó obras como No hay mejor defensa que un buen tinte o Rulos, ambas pertenecientes a la “Trilogía capilar sobre el secuestro”).

La estructura básica de cualquier narración es introducción, nudo y desenlace. En L.M.E observo una cierta desproporción de los conceptos anteriores, a pesar de que en el teatro de lo absurdo estas categorías no tienen una validez plena. Al empezar la representación, una voz en off nos advierte de que en los próximos minutos vamos a ser víctimas de un secuestro. Hubiera sido más interesante que el público, únicamente con los datos del programa de mano, fuera descubriendo su papel en la obra.

El grueso de la función está cargado de cambios repentinos en la trama y de diálogos con mucho humor pero que, en ocasiones, dejan detalles sin pulir. El uso por parte del director de la analepsis o Flashback (alteración de la secuencia cronológica de la historia, conectando momentos distintos y trasladando la acción al pasado) es muy acertado; dota al relato de mentalidades distintas y desahoga la trama principal (dos raptores de pacotilla entran en una peligrosa peluquería). El final va a acorde con el teatro de lo absurdo, directo y brusco. Además, los actores escenifican con un baile lo que en una película correspondería a los créditos.



Un elemento muy positivo de esta obra es que –a diferencia de todas las demás– no empieza en el interior del teatro. En la fila para entrar a la sala Lola Membrives, los personajes –ataviados con pelucas y uniformes de peluqueros– reciben a los espectadores. Este pequeño detalle puede parecer intrascendente, pero le doy gran importancia porque el público va al teatro a vivir sensaciones y esta es una de las mejores formas de experimentarlas desde el inicio. De igual forma sucede con la ruptura de la cuarta pared, con la participación activa del público y con la conversación, en forma de improvisación, de una de las actrices.

Los actores en conjunto interpretan sus textos con convicción y saben transmitir las características de los diferentes personajes a los que dan vida. Todos ellos también dominan la comunicación no verbal. A lo largo de los 75 minutos deleitan al público con una gestualidad muy trabajada –en el momento de recitar su texto y cuando no son ellos los interpelados– y miran a los ojos del espectador, lo que provoca una sensación de individualidad con complicidad.   

El público conocía, y aplaudía, la faceta imitadora de Olga Hueso y en esta obra también descubrirá la solvencia en escenas dramáticas. La actriz da vida a Gabriela, dueña de la peluquería con un pasado tan oscuro y profundo como su sótano. Hueso, que lleva el peso de la obra, también aporta templanza y serenidad. Mario Alberto Díez es un rostro conocido de las series españoles y precisamente su personaje Fernando es un adicto a las mismas. Me ha sorprendido la facilidad con la que este actor hacer reír al espectador dando vida a un personaje paranoico con problemas gástricos y ataques de sincerad. El joven, pero curtido actor Juan Caballero representa a uno de los secuestradores que parece llevar las riendas del plan, pero que a medida que la obra avanza irá descubriendo su verdadera idiosincrasia. Caballero aporta a Lucas una candidez, al principio oculta. Por último, la periodista y actriz Rebeca Plaza aporta la contundencia e inteligencia a su personaje Verónica, que será quién dirija este particular secuestro



La escenografía en Lavar, marcar y enterrar hace que realmente el espectador sea un cliente más de la peluquería. Los juegos de luces y sonidos ayudan a la dinamización de la obra. La música y melodías empleadas también son oportunas y están bien seleccionadas. Otro detalle positivo de esta obra está en la indumentaria psicodélica de los actores. A pesar de ser un vestuario simple, las manchas en las camisetas de los secuestradores o el crucifico de Fernando, indican un cuidado minucioso en los pequeños detalles.

¿Solo vamos a la peluquería a arreglar nuestro pelo? Negativo. Entre peinado y peinado contamos nuestra vida, como las discusiones de pareja o planes futuros. Esto mismo es lo que hacen los personajes en la función, lo que dota a la obra de un trasfondo psicológico y humano sin hacer perder la sonrisa al espectador.


En Lavar, marcar y enterrar serás cómplice de un secuestro mientras ríes, y todo sin despeinarte un pelo.


Autor y director: Juanma Pina
Reparto: Olga Hueso, Mario Alberto Díez, Juan Caballero y Rebeca Plaza
Lugar: Teatro Lara (Calle Corredera Baja de San Pablo, 15, 28004 Madrid)
Contacto: https://www.teatrolara.com/programacion/lavar-marcar-y-enterrar/

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