“EL AVARO”: LA MALDAD DE LA AVARICIA - Canal Hablamos

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17 marzo 2018

“EL AVARO”: LA MALDAD DE LA AVARICIA



Una de las frases por antonomasia del arte escénico es “La magia del teatro”. Esta esencia, como muchas otras, es complicada de describir, lo mejor es experimentarlo personalmente. Nada más entrar en el Teatro Karpas sentí esa sensación; inducida, seguramente, por las láminas colgadas de representaciones como La Celestina, Eloísa está debajo de un almendro o La Casa de Bernarda Alba. Obras cumbre de la literatura clásica pensadas para su representación. De igual forma ocurre con la obra que nos ocupa, El Avaro.

Manuel Carcedo, director de Karpas, es al teatro clásico lo que Kafka a la narrativa filosófica. En los últimos años también ha creado obras dirigidas al público infantil. En esta ocasión adapta El Avaro, una de las obras más representativas de Jean-Baptiste Poquelin, conocido por su pseudónimo, Molière. El escritor francés escribió esta obra, representada por primera vez en septiembre de 1668, dando a conocer al enigmático Harpagón. A pesar de los siglos que han transcurrido desde su estreno, la avaricia sigue estando presente en la sociedad actual y continúa truncando la vida de muchas personas.

Podemos situar El Avaro en el género de la comedia, y más concretamente en los subgéneros de comedia de costumbres y comedia de carácter. El primero describe con sátira y sagacidad la vida cotidiana de una época y clase social concreta. El segundo subgénero dramático cómico se centra en el rasgo exagerado de un personaje, que provoca hilaridad en el espectador. Estas características forman parte de la idea original de Molière, pero Manuel Carcedo –sin perder fidelidad al texto original– introduce aportaciones de la comedia del arte italiana (conjuga elementos del teatro renacentista italiano, con adornos carnavalescos, floridos ropajes e importancia de la mímica) y una puesta en escena en formas de viñetas, propias de los cómics.


El tema central de esta obra, conocido por todos, es la avaricia exagerada encarnada en el personaje de Harpagón (Rubén Casteiva). Su vida gira en torno al dinero, dejando en un segundo plano los sentimientos de sus dos hijos Elisa (Alexia Lorrio) y Cleanto (Alberto Romo). El deseo del viejo avaro es contraer matrimonio con una joven doncella, Mariana (Belén Orihuela). Harpagón cree contar con la complicidad de su criado Valerio (Jorge Peña Miranda) pero los deseos de este personaje están encaminados a casarse con su hija También aparecen en escena Frosina (Maite Vallecillo), que hace las veces de celestina, Flecha (Raúl Peñalba), criado de Harpagón y el comisario (Rubén Labio).

La dirección de la obra también corre a cargo de Carcedo y la califico como excelente. Situarse al frente de la adaptación de una obra de Molière requiere, además de profesionalidad, de un gran ingenio. El texto está dotado de palabras y expresiones propias del castellano medieval y de abundantes y sonoros adjetivos. Las escenas conjuntas, con textos corales, son atrayentes y provocadoras y todos los actores hacen propios los personajes a los que dan vida. El elenco en su conjunto domina la figura del aparte (palabras que dice un personaje fingiendo hablar consigo mismo y dando por supuesto que nadie le oye), la imitación de voces y la pantomima. Esta última acompañada de un despliegue de movimientos faciales y corporales. El reparto también hace alarde se sonoras risas y largos suspiros. Por otra parte, sería interesante, a la vez que cómico, que los actores recalcaran el acento francés de los protagonistas.

El personaje central de la obra, Harpagón, es interpretado con maestría por Rubén Casteiva. Este joven actor, experto en obras clásicas, sostiene durante los 90 minutos de la función la postura y la voz, en ocasiones disonante, de una persona senil. Casteiva sabe transmitir el carácter hosco y huraño de un avaro, que provoca la carcajada del público. Además, rompe la llamada cuarta pared y conversa sin miramientos con el público. En torno a él los demás personajes van mostrando sus rasgos característicos. Los actores y hermanos en la obra (Alexia Lorrioy Alberto Romo) muestran una complicidad especial sobre las tablas y sus actuaciones parecen estar representadas por verdaderos afrancesados del siglo XVIII. Lorrio es capaz de mantener a lo largo de la función la voz aguda de su personaje, de igual forma que Romo el carácter sentimental y afligido del suyo.


La segunda pareja de hermanos es interpretada por Jorge Peña Miranda y Belén Orihuela. El primero representa, con soltura, a un criado intendente adulador y meloso. Cualquier actor con un personaje de estas características corre el peligro de cansar al público con sus excesivas zalamerías, aunque en esta ocasión Peña Miranda no cae en tal error. Los momentos más graciosos de este personaje son cuando juega con las palabras que contienen las letras “b” y “v”. Por su parte, Belén Orihuela, conocida por sus personajes de Brígida, en Don Juan Tenorio y de una de las hijas de Bernarda Alba, interpreta a la pretendiente de Harpagón aunque sus ojos están puestos en su hijo. Orihuela sabe proyectar la ridícula inocencia de Mariana y sus problemas de pronunciación, que hacen reír a los asistentes. Maite Vallecillo se pone en la piel de Frosina, una mujer astuta y perspicaz encargada de concertar las citas de los amantes. Probablemente si Vallecillo no emitiera voz, únicamente con sus gestos, lograría que el espectador siguiera casi a la perfección su papel en la obra.

Uno de los actores que más me ha sorprendido es Raúl Peñalba, que da vida a Flecha, un sirviente pluriempleado con gran ingenio y picaresca. Aparentemente, este papel es secundario pero su actuación proporciona agilidad y frescura a la obra. Además, es el encargado de introducir otra de las esencias de este tipo obras, los líos y malos entendidos que precipitan el final. Por último, en orden de aparición, Ruben Labio da vida al comisario, juez en la disputa del final de la obra, que repite sin cesar una divertida muletilla.

Antes de comenzar la función, una música cortesana de corte medieval nos traslada a la Francia dieciochesca de la obra. El hilo musical está presente en la función y ejerce de acompañante a las palabras de los actores provocando, en función del momento, un ambiente tenso o distendido. La magia del teatro, a la que antes hacía referencia, también es poder disfrutar de una representación a escasos metros de los actores o que el programa de mano esté impreso en una tarjeta postal. No hay duda de que todos estos aspectos dan verosimilitud al emblema de esta sala: “Por los valores tradicionales del teatro”.


En El Avaro podrás disfrutar de esta adaptación y reflexionar sobre uno de los males que aqueja a la sociedad actual


Dirección y adaptación: Manuel Carcedo Sama
Reparto: Rubén Casteiva, Alberto Romo, Belén Orihuela, Jorge Peña Miranda, Alexia Lorrio, Maite Vallecillo, Raúl Peñalba y Rubén Labio.
Lugar: Teatro Karpas (Calle de Santa Isabel, 19, 28012 Madrid)

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