“LA CASA DEL LAGO”: MEMORIA Y MENTIRA GUARDAN RELACIÓN - Canal Hablamos

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28 marzo 2018

“LA CASA DEL LAGO”: MEMORIA Y MENTIRA GUARDAN RELACIÓN



La memoria nos juega malas pasadas y la mentira puede ser un refugio, cuando no un arma, para esconder aquello que no queremos que sea desvelado. Esta combinación es una de las esencias de esta obra que pueden ver en el Teatro Fernán Gómez.

Podemos situar La casa del lago dentro de la categoría de thriller, pues narra acontecimientos dramáticos marcados por un clima de expectación y suspense y finaliza con un desenlace inesperado. Si buceamos dentro de este género, encontramos el thriller psicológico, donde el enfrentamiento mental entre los personajes juega un papel central. Estas características están aderezadas con toques detectivescos y recrean una partida de ajedrez, donde cada movimiento marca la pauta del siguiente y puede definir el jaque final.


El dramaturgo Aidan Fennessy nos invita a conocer desde nuestros asientos, como si de una sala con cristales unilaterales se tratara, a Óscar Almeida (Óscar Fran Calvo). Este abogado criminalista se despierta en una habitación de hospital sin recordar cómo ha llegado hasta allí. Para intentar encajar las piezas de su puzle, le acompaña una psicóloga, Alicia (Verónica Ronda). Un trágico accidente, en el que Óscar se ha visto involucrado, será el tema de conversación entre ambos. Pero cuentan con un inconveniente: el abogado ha olvidado todo lo sucedido, no recuerda nada a corto plazo, y cada cierto tiempo su mente se resetea. A medida que avanzan los días crecerán las dudas sobre qué es, o no, certero y cuál es toda la verdad de lo sucedido.

La historia que nos propone uno de los directores australianos más afamados, Aidan Fennessy, me atrapó ya solo con leer la pequeña sinopsis recogida en el programa de mano. Este sentimiento fue en aumento mientras contemplaba la representación. La antonimia verdad-mentira es un tema socorrido en la cartelera actual, pero ninguna obra lo aborda desde el carácter psicológico e introspectivo, como sí ocurre en esta ocasión. Fennessy trata con inteligencia al espectador e introduce en el relato aproximaciones a la lógica filosófica clásica, como con la paradoja resumida en la frase “Yo siempre miento”, y a la lingüística aplicada. No obstante, el dramaturgo sabe rebajar la complejidad intrínseca del texto y convertirlo en un relato entendible, a la vez que atrayente. Los amantes de las novelas policiacas gozarán con las menciones, algunas implícitas, al maestro del relato corto, Edgar Allan Poe.

Otro de los aciertos de Fennessy, del trabajo conjunto de la traducción de Fran Calvo y de la dirección de Fernando Soto, es la medición exacta de los tempos de la representación. En 90 minutos todos estos profesionales son capaces de proyectar una historia, con sentido, y, a la vez, hacer reflexionar al espectador sobre los límites de la memoria, la permeabilidad del ser humano y las verdades intoxicadas.


El autor y director Fernando Soto dirige esta representación de manera magnífica y ayuda a que los dos actores saquen todo su talento y lo pongan a disposición del público. La actuación de Óscar Fran Calvo y Verónica Ronda es soberbia. Ambos otorgan un ritmo cinematográfico a las escenas y demuestran su dominio sobre el proscenio, marcado por la escasez de movimientos al encontrarse en una pequeña sala. Hubiera sido un acierto que los artistas explotaran aún más los movimientos faciales, en formas de miradas, y alargaran los silencios en algunas de sus frases.

Fran Calvo da vida a Óscar Almeida, un abogado criminalista con una vida resuelta y metódica, pero a raíz de un accidente su memoria a corto plazo se ve alterada. Su papel entraña una dificultad mayúscula aunque este actor lo haga fácil. Con las preguntas y respuestas y la reconstrucción de sus últimos recuerdos engaña continuamente al espectador. Antes de empezar la función, este actor ya está escenificando su papel, tumbado en una cama, con pequeños movimientos peristálticos. Calvo, que ya había trabajado bajo la dirección de Fernando Soto en Constelaciones, interpreta con maestría y exactitud las dos caras de su personaje: por un lado, el carácter crispado y agresivo y sus conductas maniaco-depresivas y por otro, los lapsus mentales y pérdidas transitorias de consciencia. 

Verónica Ronda se mete en el papel de Alicia, una psicóloga que tiene como única función establecer el perfil psicológico de Óscar. Esta actriz, cada vez más condecorada, interpreta con soltura y acierto la figura de autoridad y sabe mantener un tono serio y frio que otorga fuerza y contundencia a la representación. Por otra parte, agradezco las muestras de compasión de su personaje por las reacciones de Óscar que nos deja entrever su lado más humano, aunque sin perder en ningún momento su profesionalidad.


La escenografía e iluminación atmosférica son otra de las virtudes de esta obra. Javier Ruíz de Alegría es capaz de que el espectador llegue a sentir cierta claustrofobia por la penumbra de la sala y el uso medido de la voz en off. Este tono intimista solo es alterado por la luz artificial de la habitación que me recordó al de una sala de interrogatorio donde el espectador hace las veces de observador indiscreto, como si de una película de Hitchcock se tratara.

En La casa del lago descubrirás una historia donde la memoria y la mentira, o la ausencia de ambas, son sus protagonistas


Autor: Aidan Fennessy
Dirección: Fernando Soto
Reparto: Verónica Ronda y Fran Calvo
Escenografía e iluminación: Javier Ruiz de Alegría
Funciones: hasta el 1 de abril
Lugar: Teatro Fernán Gómez (Plaza de Colón, 4, 28001 Madrid)
Contacto: https://www.teatrofernangomez.es/actividades/la-casa-del-lago

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