“LA COMEDIA DE LAS MENTIRAS”: DISFRUTE DE AMOR Y MENTIRAS - Canal Hablamos

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20 marzo 2018

“LA COMEDIA DE LAS MENTIRAS”: DISFRUTE DE AMOR Y MENTIRAS




Reconózcanlo, ustedes también mienten. Seguro que solo son pequeñas mentirijillas para poder salir airosos de embrollos inesperados o para ayudar a un amigo. Créanme si les digo que deben ir a ver esta obra, en el Teatro La Latina, para pasar una tarde muy divertida.

Pep Antón Gómez y Sergi Pompermayer, expertos en dirección de obras teatrales, se ponen al frente de esta representación y su trabajo conjunto es magnífico. La comedia de las mentiras encaja en la clasificación de comedia de enredos, puesto que su argumento cuenta con tres de las esencias fundamentales: complicado, ingenioso y con final inesperado. Además, la trama también está aderezada con líos amorosos. En definitiva, una comedia fresca al más puro estilo sit comedy.

Los autores de esta obra nos invitan a viajar a la cuna de la civilización occidental, Atenas, y a conocer a una particular familia. Cántara (Maria Barranco), solterona despechada en busca de amor, es la dueña de la casa ante la ausencia de su hermano. Cántara tendrá que lidiar con sus sobrinos malcriados Hipólita (Angy Fernández) y Leónidas (Raul Jiménez). La relación entre los dos hermanos es delicada aunque tienen más en común que  los genes que comparten. Ambos están enamorados, Hipólita de Tíndaro (José Troncoso) y Leónidas de Gimnasia (Marta Guerras). Sus parejas no complacen a su estricto padre y su ingenio para poner excusas es igual de pobre. Esta singular familia cuenta con la complicidad de su esclavo Calidoro (Pepón Nieto), centro de todos los enredos. Además, un misterioso e imponente general macedonio Degollus (Paco Tous) afirma haber comprado a Gimnasia y su presencia en la casa complicará, aún más, las relaciones entre los personajes.


La obra en un primer vistazo puede recordarnos a otras de las muchas comedias de enredos que existen, pero los detalles de sus creadores, algunos sutiles, marcan la diferencia. El texto, a pesar de estar inspirado en escritos de Plauto, huye de las historias clásicas de los dioses griegos y sus enviados a la tierra, que conocemos por hartazgo. Las referencias a autores antiguos son limitadas; lo interesante es ir extrayendo los paralelismos entre los protagonistas e ilustres personajes griegos. La introducción de la prosa poética es oportuna y bien entrizada en el guion. La trama va complicándose a pasos agigantados pero es perfectamente digerible por el espectador.

Los autores calibran en su justa medida dos de las formas clásicas para que el público conozca a la que será su familia en las dos horas que dura la función. Por un lado, uno de los personajes hace de narrador omnisciente y presenta las singularidades de los protagonistas. Una vez expuestas, solo queda que los asistentes descubran los lazos que les unen. Otro detalle esencial es el acierto con los nombres griegos de los personajes, que termina de situarlos en un momento indeterminado de Atenas.

Pepón Nieto se viste de Calidoro, mayordomo y confidente de la familia donde trabaja. Este personaje es el que mejor hace honor al título de la obra aunque antepone los intereses del clan familiar a los suyos. Puedo decir sin temor a equivocarme que sin Nieto esta función no tendría sentido, aparte de ser el nexo común de los personajes, su actuación es magnífica. El actor marbellí, que ya se había subido a las tablas en cuatro ocasiones, aporta bonhomía y candidez a la obra y ofrece ingeniosos juegos de palabras, que arrancan la carcajada del público. Si necesitara un mayordomo, Calidoro sería mi prototipo.


Maria Barranco es Cántara, una mujer que ha sufrido en el amor. Su marido Filemón se fue a “comprar higos” y nunca más volvió. Ante la ausencia de su hermano, trata de controlar a sus sobrinos, con poco éxito. Esta actriz es un rostro conocido del cine español, en papeles como Mujeres al borde de un ataque de nervios o Las brujas de Zugarramurdi. En esta ocasión, la artista malagueña aporta fuerza y contundencia al relato, a la vez que mucha risa, por sus intentos de contener el deseo sexual de su personaje. El último actor en entrar a escena es Paco Tous, que se viste del general Macedonio Degollus. La primera aparición de este personaje me recordó a su papel en la serie de Tejero y a la aparatosa y violenta entrada en el Congreso de los Diputados. Esta es la pose que intenta aparentar a lo largo de la obra, aunque descubramos que detrás de sus medallas hay un hombre entrañable y lleno de afecto. Estos dos últimos adjetivos también son implícitos en su persona. Da igual en el registro artístico en el que se mueva el actor, que siempre desprende talento y ternura.

El tono inocente y fresco de la obra es aportado por la pareja de hermanos Raúl Jiménez y Angy Fernández. Cualquier persona mínimamente avezada en las series españolas conoce los infinitos papeles de Jiménez. En esta obra, es uno de los actores que más me ha sorprendido porque siempre ha destacado en papeles dramáticos y su actuación en esta comedia es buena. Su personaje es el de Leónidas, un joven apuesto y bastante simple que somatiza todos los problemas. Por su parte, Angy Fernández da vida a Hipólita, una muchacha de carácter fuerte, por decirlo suavemente, que cuenta con un amplio repertorio de insultos y sueños imposibles. Su padre quiere casarle con un señor cercano a la senectud, pero ella desea obtener su bendición para poder casarse con Tíndaro. La versatilidad de Fernández es alucinante. Podemos verla como presentadora de programas, como cantante o como, en esta ocasión, actriz de teatro. En la obra, la artista mallorquina tiene un texto muy rápido y provoca que en ciertos momentos titubee al declamarlo, aunque salga airosa de ello. Ambos hermanos urden el mismo plan disparatado para poder escaparse con sus parejas.

Los pretendientes de la obra están representados por José Troncoso y Marta Guerras. El primero da vida a Tíndaro, un joven ingenuo natural de Mileto que espera localizar a su progenitor. En su búsqueda encuentra al amor de su vida, Hipólita, y no dudará en complacer sus lujosos planes de futuro. Troncoso es otro de los actores que más me ha impresionado. Al principio de la función parece estar encorsetado en su traje pero a medida que pasan los minutos brilla sobre el escenario. Por su parte, la actriz representa con acierto a Gimnasia, una joven flautista deseada por los hombres que ansía montar un prostíbulo en Olympia. El personaje de Marta Guerras simula cierta tosquedad e ignorancia pero sus momentos de lucidez son geniales a la par que divertidos. Guerras ha demostrado su telegenia en series españoles aunque su trayectoria en el mundo del teatro es abultada con buenas representaciones, como ocurre en esta función.  


Otro de los atributos positivos de la obra es que los actores compaginan los diálogos entre ellos con los que se dirigen al público. En alguna ocasión, los artistas rompen el proscenio y utilizan las escaleras centrales y laterales del Teatro la Latina, lo que otorga cercanía para con el espectador. En esta comedia el público también verá 26 escenas diferentes y cargadas de ritmo. Los protagonistas son los encargados de mover el mobiliario del decorado con una coreografía simple pero vistosa. Reconozco que tengo devoción por la introducción de momentos musicales en las representaciones teatrales y esta obra los contiene en instantes estratégicamente seleccionados. En conclusión, una comedia divertida con alegatos a favor de la mentira y, por supuesto, de la risa.


En La comedia de las mentiras descubrirás que la suma de mentiras puede llegar a convertirse en verdad. Lo que es seguro serán sus risas



Dirección: Pep Anton Gómez
Autores: Pep Anton Gómez y Sergi Pompermayer
Reparto: Pepón Nieto, María Barranco, José Troncoso, Paco Tous, Raúl Jimenez, Angy Fernández y Marta Guerras
Funciones: Hasta el 6 de mayo
Lugar: Teatro La Latina (Plaza de la Cebada, 2, 28005 Madrid)


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