“LULÚ”: SENSUALIDAD Y PERFECCIÓN HECHAS OBRA - Canal Hablamos

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08 marzo 2018

“LULÚ”: SENSUALIDAD Y PERFECCIÓN HECHAS OBRA


Depende de quién cuente un relato, la historia puede ser de una forma, o incluso de su contraria. En la obra que nos ocupa pueden quedarse con la versión que deseen. La realidad es que estamos ante una de las mejores obras en cartelera y solo tienen que visitar el Teatro Bellas Artes para comprobarlo.

Cuando dos maestros de las artes escénicas, como Paco Bezerra y Luis Luque, unen sus fuerzas, el resultado solo puede ser positivo y en este caso lo tildo de sobresaliente. Bezerra escribe esta obra con sus rasgos característicos, un lenguaje poético, una estructura innovadora y una nueva forma de abordar los temas actuales (en esta ocasión el mito de la mujer fatal). Por su parte, Luis Luque hace lo que mejor sabe, dirigir. Luque plasma todo lo que cualquier espectador desea ver en una obra: intriga, fantasía y suspense. Este tándem consigue que Lulú sea una suma de dos artes: la literatura y el teatro. Si abordamos esta obra desde el quinto arte, la literatura, estamos ante un relato fantástico y cuasi fabuloso (un ser en forma de mujer transforma la vida de los personajes con acciones cercanas a lo imaginario). Si lo hacemos desde el teatro (entendido como la suma de manifestaciones artísticas y culturales) podemos observar rasgos melodramáticos (énfasis en un relato sentimental con la ayuda de música instrumental) y crueles (entendido como aquel subgénero que busca marcar al espectador mediante acciones impactantes e inesperadas). Optemos por la mirada que optemos, Bezerra y Luque extraen lo mejor de cada disciplina y convierten a esta obra en un éxito artístico.  

El autor nos invita a conocer la vida de Amancio y de sus dos hijos. Amancio (Armando del Río) es un viudo al frente de una plantación de manzanos. Su mujer falleció por la mordedura de una serpiente, y desde ese instante su vida es desventurada y monótona. Sus dos hijos, Calisto (César Mateo) y  Abelardo (David Castillo), abroncan a su padre por no superar aquel suceso trágico y dedicar su vida en dar caza a aquella serpiente asesina. Una noche, Amancio ve a una extraña mujer semidesnuda en medio del bosque, Lulú (María Adánez). Su presencia cambiará las vidas de esta familia y la suya propia. Lo que en un principio era el paraíso, terminará convirtiéndose en un infierno, para todos. El padre de familia y sus vástagos pedirán ayuda a Julián (Chema León), un ex-sacerdote que dará su visión de la historia y les ayudará a consumar el desenlace.




La actuación del elenco es soberbia. Sus frases van dando sentido a la obra,  dotan al relato de onirismo y misticismo y hacen creíbles giros inesperados en el libreto y hechos metafísicos. En el terreno interpretativo los cinco actores están a la altura del guion. La gestualidad y los movimientos en el escenario son acompasados, suaves y coreográficos. Los actores masculinos miran a la actriz con la misma inocencia que lo hace el público, como si realmente no la hubieran visto antes. Esta narración dramatizada podría convertirse en un musical y cosechar aún más éxitos.

El actor Armando del Río da vida a Amancio, un hombre desesperado por la muerte de su esposa a causa de la mordedura de un reptil. En una de sus frases resume su rutinaria, dolorosa y triste vida: “La serpiente, la serpiente y nada más que la serpiente”. Este actor tiene en su haber un sinfín de seriales, obras teatrales y cinematográficas. En esta ocasión, lleva el peso de la obra y ejerce el papel de narrador en la primera parte de la función. Del Río sabe transmitir los sentimientos trágicos de su personaje, incluso en los momentos de gozo no consigue levantar su ceño para sonreír. Sostener durante 65 minutos a un personaje mohíno y melancólico es muy complicado aunque este actor lo haga fácil.

César Mateo y David Castillo interpretan a los hijos de Amancio. Los dos hermanos critican con dureza la actitud de su padre de no pasar página ante lo sucedido. Calisto y Abelardo están dispuestos a dejar sus posesiones más queridas (una moto y una escopeta) para que Lulú no les abandone. Ambos actores son rostros conocidos de las series españolas, pero sin lugar a dudas me quedo con este trabajo, donde demuestran madurez escénica y solvencia en el género dramático. Sus frases corales o el reparto de roles en el escenario son algunas de las virtudes en esta representación.



La protagonista femenina de la obra es María Adánez, que encarna a Lulú. Como indica el programa de mano, este nombre es el resultado de la suma de muchos otros– Eva, Pandora, Lilith o Salome–, pero todas estas féminas tienen como denominador común representar el mito de “la maldad femenina” y ser a su vez, adorables por su físico y temidas por sus actos.  Al principio de la representación, los personajes masculinos presentan a esta mujer como exótica e inocente y develan únicamente su lado erótico. A medida que avanza la obra, los tres personajes hacen ver al espectador como esta adorable joven va tomando rasgos rebeldes, malvados y malignos. Frente a este relato, Lulú ejerce su contra relato, que aporta una visión bien distinta de la historia. María Adánez ya había protagonizado dos obras anteriores a las órdenes de Paco Bezerra, pero esta representación es especial y supera su papel dramático en Salomé. Esta actriz se despoja de su lado más cómico y brinda a los asistentes una actuación fabulosa, recogiendo el testigo de del Río como narrador. Con su papel aporta sensualidad, espiritualidad y erotismo no solo a su personaje, sino a la obra en su conjunto.

Por último, en orden de aparición, Chema León da vida a Julián, un religioso retirado con amplios conocimientos bíblicos y mitológicos. León, que ha intervenido en múltiples seriales, consigue dotar a su personaje de una actitud impertérrita. Si nos basamos en la clasificación que realiza el formalista ruso Vladímir Propp sobre los cuentos, este personaje encaja en la categoría del “Auxiliar” (el que ayuda al héroe en su recorrido, en esta ocasión es la persona que conduce al padre de familiar a ejecutar el final de la historia).



Me resulta sorprendente cómo los espectadores pueden formar parte de la familia protagonista, tan solo con una mesa central y un decorado sencillo. En esta obra el único eje central son los actores y no ornamentos superfluos (que sí serían necesarios si nos refiriéramos a un musical). La ambientación intimista es otra de las esencias de esta obra. El humo del cigarro de uno de los personajes se suma con el del humo artificial, con olor incluido. La música de fondo en determinados momentos del espectáculo acompaña las frases de los actores y aporta dramatismo, misticismo y un carácter onírico. Además recrea a la perfección sonidos característicos como el del viento o el del fuego.


Existen pocas representaciones en cartelera que hagan reflexionar sobre el papel de la mujer en la literatura y los arquetipos en fábulas y relatos mitológicos. La función podría haber continuado durante 60 minutos más y no hubiera cansado. Esta obra realza la importancia de las dos caras de una historia, ya no solo en el relato de la propia función sino en nuestra vida real.

Lulú, según como se mire, es fortaleza, sensualidad o maldad. Lo que no hay duda es de lo fabuloso, asombroso y prodigioso de esta obra.


Autor: Paco Becerra
Dirección: Luis Luque
Reparto: Armando del Río, César Mateo, David Castillo, María Adánez y Chema León
Funciones: hasta el 25 de marzo
Lugar: Teatro Bellas Artes (Calle del Marqués de Casa Riera, 2, 28014 Madrid)


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