“1984”: UN MUNDO IMAGINARIO DE TERROR Y REALISMO - Canal Hablamos

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01 abril 2018

“1984”: UN MUNDO IMAGINARIO DE TERROR Y REALISMO



Uno de los dones más sagrados del ser humano es la libertad, en sus múltiples manifestaciones. La ausencia de alguna de ellas despojaría al individuo de su identidad y lo convertiría en un ser inerte, sin vida. En el mundo actual la presencia de dictaduras es menor pero sí existen ideologías cercanas al pensamiento autoritario, en definitiva el pensamiento único, y comportamientos que pueden hacernos recordar la sociedad orwelliana. Si quieren ser testigos de la vida sin libertad, sin humanidad y sin expresión propia deben visitar el Teatro Galileo.

La obra que nos ocupa, escrita por el periodista británico George Orwell, es un clásico de la literatura universal y desde mi óptica, la mejor novela de ciencia ficción. Podemos tomar prestada la categoría literaria de ficción distópica y trasladarla al mundo del teatro. En ella describe a una sociedad dominada por un ente supremo, el Hermano Mayor, donde reina la pobreza, el estado policial, el culto a la personalidad y la ausencia de libertades. Estos son los ingredientes de una función apocalíptica, aderezada con escenas de tortura, y única en la cartelera actual, pues no existe otra representación en español del texto de Orwell.


Los directores de esta adaptación nos invitan a viajar al último cuarto del siglo XX y contemplar un mundo dominado por el control del Partido y tutelado por el Hermano Mayor. Entre los ciudadanos destaca Winston Smith (Alberto Berzal) un empleado del Ministerio de la Verdad obligado a reescribir la historia. Un día, mientras almuerza con sus camaradas Syme y Parsons (José Luis Santar) conoce a una joven trabajadora del Departamento de Novela, Julia (Cristina Arranz). Desde ese instante, comienzan una historia de amor clandestino y una lucha incansable por derrocar el sistema en el que viven. En su camino conocerán a O´Brien (Luis Rallo), un miembro del Partido Interior, con oscuras intenciones, que decidirá el final de los protagonistas.

Javier Sánchez-Collado y Carlos Martínez-Abarca, especialistas curtidos en el teatro, son los responsables de esta adaptación sobresaliente. Solo la osadía de llevar a los escenarios esta obra culmen es ya digno de encomio.  Quien haya leído la novela apreciará que prácticamente están representadas todas las escenas recogidas en el libro. Esta fidelidad al texto original puede jugar en su contra por una excesiva duración que propicia que al final de la representación, momento cénit, el espectador muestre síntomas de cansancio. Una de las complejidades de la adaptación son las escenas de violencia y sufrimiento extremo que son resueltas de forma rotunda y categórica.

Nada más pisar la sala del Teatro Galileo observamos que los actores ya están representado su papel con movimientos autómatas como si estuvieran dirigidos por una máquina. Considero un acierto que el protagonista de la obra describa los personajes y sus rasgos más característicos aunque el comienzo se haga un poco lento. Quienes acudan a ver esta representación disfrutarán, además de las enseñanzas de los textos, de la actuación colosal de estos actores, a los que no puedo poner ninguna pega. No solo interpretan a los personajes sino absorben sus rasgos alienados, sus pensamientos frenopáticos y les dan vida de forma literal durante 120 minutos. Todo el reparto protagoniza una escena magistral –llena de sobresalto, gritos y desconcierto– que realmente me infundió el terror que transmitían.  


El centro de atención, y de los aplausos, del público está depositado en Alberto Berzal, que hace de Winston Smith, un hombre reflexivo y metódico que trabaja falseando las noticias en el Ministerio de la Verdad y dedica sus horas libres a escribir sus reflexiones en un diario. Berzal, rostro conocido de las series televisivas, deleita a los presentes con una actuación estelar cargada de realismo. Este actor, que ha participado en más de una quincena de obras teatrales, muestra su desconcierto y sufrimiento físico y mental casi de forma real por las torturas a las que se ve sometido. En algunos momentos me costaba mantener fija la mirada por su expresión trágica de dolor que se visibilizaba con sudor y síntomas de agotamiento. El espectador, gracias al buen hacer de Berzal, también puede apreciar la inteligencia, astucia y fuerza mental que Smith esconde tras sus gafas de pasta. Además, intercala de forma sobresaliente, con gestualidad incluida, las frases a los demás personajes con sus soliloquios dirigidos al público.

Cristina Arranz encarna a Julia, activista de la Liga Juvenil Antisex, una mujer  con apariencia puritana de cara al partido pero con deseos rebeldes y alocados. Arranz, quien ya triunfó en El coleccionista, sabe transmitir este sentimiento de autonomía y desenfreno. Desde mi óptica, sus mejores momentos coinciden, por un lado, con los deseos de libertad y liberación de su personaje y, por otro, con la aceptación de la derrota cuando es detenida; en ambos, deja sacar todo su talento interpretativo.

Si representar un solo papel no es tarea fácil, interpretar a siete personajes es un desafío mayúsculo. El actor José Luís Santar supera dicho reto con nota porque en algunos momentos parecen ser personas distintas las que están sobre las tablas. Santar, que ha participado en míticos seriales televisivos, otorga a cada personaje un rasgo y voz distintivos, desde el carácter silencioso de Martin, el erudito de Smile o el locuaz de Charrington hasta la docilidad de Parson. El carácter servil de este último personaje consigue dibujar alguna sonrisa en el púbico y rebajar, así, el clima de tensión de la representación.


Luis Rayo interpreta a O´Brien, un misterioso agente que afirma trabajar en el Partido Interior y es el responsable de precipitar el final de la obra. Rayo aunque ha intervenido en alguna película es un actor de teatro y sabe transmitir la frialdad y maldad de su personaje, ayudado por su voz cálida, embaucadora e imponente. En el desenlace de la obra es cuando mejor podemos apreciar sus dotes artísticas, como por ejemplo mientras recita los tres lemas del partido o interroga, con malas artes, a Winston Smith.

La escenografía con rasgos futuristas es pragmática y sirve para recrear todas las escenas que se narran en la obra; no obstante, hubiera deseado una apuesta en escena más arriesgada e imponente. Una esencia de esta representación son las pantallas situadas en el escenario de corbata que sirven como medio de comunicación y de transmisión de los mensajes de odio del Gran Hermano y como mecanismo de vigilancia hacia los protagonistas. Además podemos ver actuar a otros actores mientras recrean escenas menores. Hubiera sido un acierto que todos los monitores también fueran empleados para proyectar palabras de la neolengua (idioma del régimen). No obstante, los recursos escénicos empleados conviven con tecnología audiovisual a través de herramientas innecesarias en nuestra sociedad. Javier Ruíz de Alegría, un fijo en la iluminación de obras teatrales, juega de forma maestra con los contrastes de luces y ayuda a que el espectador pueda sentir el terror de una sala de tortura.


En 1984 descubrirás un mundo imaginario carente de libertades y dominado por la esclavitud, la guerra y la ignorancia


Autor: George Orwell
Versión: Javier Sánchez-Collado y Carlos Martínez-Abarca
Reparto: Alberto Berzal, Luis Rallo, José Luis Santar y Cristina Arranz
Funciones: Hasta el 15 de abril
Lugar: Teatro Galileo (Calle de Galileo, 39, 28015 Madrid)

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