“AGUACATES”: LA MEJOR RECETA PARA LOS PROBLEMAS VITALES - Canal Hablamos

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26 mayo 2018

“AGUACATES”: LA MEJOR RECETA PARA LOS PROBLEMAS VITALES



El aguacate es un alimento muy sano y completo al ser fruta y verdura al mismo tiempo. Es casi tan bueno como esta obra que lleva su nombre. Si desean conocer a cuatro excéntricos personajes, sus peculiares relaciones y descubrir el porqué de este título visiten el Teatro Príncipe Gran Vía.

Tirso Calero, autor de la obra, nos conduce hasta un apartamento de verano situado en una exótica isla. Allí convivirán Mariano (Jesús Cabrero), político con aspiraciones a presidente del Gobierno en lo profesional y divorciado en lo personal, su hija Silvia (Lucía Ramos) de 18 años con ganas de experimentarlo todo en la vida y locamente enamorada de Toni (Juanjo Artero), aventurero profesional y el mejor amigo de su padre, y Rabo, un joven hippy habitante de la isla.


Esta breve sinopsis nos indica que estamos ante una comedia de enredos –con tintes amorosos, y cercano al subgénero vodevil– al contener tres de sus principales características: argumento complicado, ingenioso y con final inesperado. Calero, dramaturgo, guionista y director, nos ofrece una comedia ágil, ligera y muy divertida donde todos los elementos maridan de forma sensacional, dando una idea de conjunto. Uno de sus objetivos es que el espectador pueda verse identificado con los personajes de esta obra, y es muy posible que así ocurra.

Desde mi óptica, el argumento central es algo simple, aunque los giros constantes de guion –a cada cual más surrealista– otorgan a la obra un dinamismo cómico. No obstante, podrían introducirse más gags cómicos con referencias concretas a la actualidad política y social. La duración de la obra, más 90 minutos, es perfecta y encaja a la perfección con los tempos de la representación. Otro aspecto positivo de Aguacates es el comienzo y final potentes, este último emula a los títulos de créditos de una película.

La dificultad en la dirección de este tipo de obras estriba en saber calibrar el género cómico, próximo a la pantomima, con diálogos más o menos coherentes para proyectar una sensación de realismo. Este equilibrio es conseguido por José Saiz. El productor y director valenciano, quien ha dirigido más de una veintena de trabajos y ha participado como actor en otros tantos, también consigue transmitir el contraste variopinto de las personalidades de los protagonistas (desde posiciones conservadores hasta cercanas al anarquismo) siempre con mucho humor.


Jesús Cabrero interpreta a Marcelino, un político conservador cuyo sueño es convertirse en presidente del Gobierno. En lo profesional asciende como la espuma, aunque en lo personal presenta bastantes problemas. Tiene que lidiar con su exmujer, la cual produce urticaria contagiosa con solo nombrarla, y con una hija recién llegada a la mayoría de edad. Como pueden apreciar es un personaje muy completo con distintos roles, interpretados a la perfección por Cabrero. A este actor madrileño, rostro conocido de series televisivas, solemos situarlo en géneros muy alejados de la comedia. Por tanto, su actuación sorprende positivamente y tanto padres como hijos se verán identificados por su sobreprotección, sus métodos para oler la mentira y su intento incansable por parecer moderno. Todo ello aderezado con humor y mucha guasa, como sus aparatosas técnicas de relajación.

Toni, personaje interpretado por Juanjo Artero, guarda alguna similitud con el actor porque ambos son personas todoterrenos. En Aguacates, Toni es un explorador profesional al haber viajado por medio mundo. De sus aventuras conserva sus anécdotas –las cuales no duda en soltarlas aunque la situación no proceda– su pasión enfermiza por las mujeres y sus ganas de exprimir la vida. Artero, actor multipremiado con más de 20 obras a sus espaldas, ha hecho prácticamente de todo en el mundo del teatro y la televisión. En esta ocasión, con voz entrecortada y ronca, borda las caras de asombro y descomposición y no escatima en gestualidad facial y corporal. En algunos momentos de su actuación, la vestimenta militar, sus movimientos torpes y su espíritu aventurero, me recordaron al famoso muñeco madelman.  

La actriz Lucía Ramos se viste de Silvia, una joven de 18 años con las hormonas revolucionadas y encaprichada por el mejor amigo de su padre. Ramos vuelve a sus orígenes más alocados como profesional y deleita  a los espectadores con una actuación exuberante. Me gustó especialmente su mirada infantil y los rápidos cambios de registro, de joven explosiva a chica modosa e inocente.


Por último, en orden de aparición, Ricardo Saiz interpreta a Rabo, un joven educado en una comuna y con pasión por el bongó, cuya filosofía de vida se resume en el lema hippy: paz y amor. Saiz, actor con amplia formación y experiencia escénica, se aleja del tono dramático de trabajos anteriores y ofrece una actuación muy divertida. Sus entradas y salidas a escena y su tono de voz imbuido por sustancias alucinógenas, aportan un revulsivo esencial en esta obra.

La escenografía, a cargo de Luís Crespo, es perfecta. Por un lado, aprovecha todos los recovecos del escenario oval y por otro, recrea a la perfección el interior de un apartamento de verano y el ambiente externo propio de una isla paradisiaca. Este último es completado por una iluminación sensacional, con contrastes de luces incluidos. Mención especial, también, para el diseño de vestuario, por Fidel David, por una buena caracterización que termina de introducir al espectador en la obra.

En Aguacates disfrutarás de una historia plagada de líos y muchas risas que te dejará con un buen sabor de boca

Autor: Tirso Calero
Director: Jose Saiz Martín
Reparto: Juanjo Artero, Jesús Cabrero, Lucía Ramos, Ricardo Saiz
Lugar: Teatro Príncipe Gran Vía (Calle de las Tres Cruces, 8, 28013 Madrid)




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