“LA CANTANTE CALVA”: UNA HISTORIA DE VERDADERAS FALSEDADES - Canal Hablamos

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25 mayo 2018

“LA CANTANTE CALVA”: UNA HISTORIA DE VERDADERAS FALSEDADES



Nos miramos pero no nos vemos. Nos oímos pero no nos escuchamos. Convivimos con más personas pero no llegamos a conocerlas. Las conversaciones diarias están plagadas de clichés y frases manidas que conducen a la incomunicación o, como mucho, a una comunicación superficial y si no prestamos una mínima atención repetimos como autómatas. Si desean conocer a seis extravagantes personajes, sus formas de vida y sus peculiares inquietudes visiten el Teatro La Latina.

Eugène Ionesco estrenó esta construcción teatral en 1950 y rápidamente lo catapultó a la fama. El dramaturgo francés relata, a través de seis personajes, que parecen sacados del juego de mesa del Cluedo, situaciones extraídas de un manual para aprender inglés (como todo libro de texto está formado por palabras y frases con sentido propio pero con escasa relación de conjunto). Los protagonistas son el matrimonio formado por el señor (Joaquín Climent) y la señora Smith (Adriana Ozores), una pareja de ingleses, con dos hijos y una sirvienta detectivesca, Mary (Helena Lanza. Una noche, los señores Martin (Fernando Tejero y Carmen Ruíz) visitan a sus amigos los Smith para disfrutar, así, de una velada. Si la comunicación entre estos personajes no gozaba de mucho sentido, un capitán de los bomberos (Javier Pereira) termina por dilapidar todo intento de entendimiento.


Como pueden apreciar, el argumento de esta obra dista mucho de otros donde todo está perfectamente medido y calculado y el espectador puede tener una idea de cómo transcurrirá la historia. Por ello, La Cantante Calva es una obra para disfrutar del todo, más que para entender la suma de sus partes. La sinopsis y el apellido del escritor, Ionesco, nos indican que estamos ante el teatro del absurdo. De hecho, esta obra está considerada como una obra culmen dentro de este subgénero teatral. Invito a los asistentes a que intenten extraer de esta representación las principales características de esta modalidad teatral marcada por diálogos y frases repetitivas –empleados como hilo musical–, una trama con escasa continuidad y unos personajes incomprendidos con una concepción particular de la vida. Si no habían asistido antes a una obra de teatro del absurdo disfrutarán de lo ilógico, extravagante e irracional y si son amantes de este tipo de construcciones, también apreciarán las formas características de expresión dramática. 

La función del director es siempre esencial en cualquier construcción teatral pero más aún en una obra del absurdo. En ocasiones los espectadores creen que en este tipo de montajes, al estar caracterizados por lo ilógico, todo vale sobre el escenario, incluida la improvisación, pero de ningún modo es así. El director artístico debe ceñirse al texto y proyectar, eso sí, las situaciones y el humor irracional y absurdo del libreto. El prolífico director Luis Luque se pone al frente de esta obra y su trabajo es encomiable. En el programa de mano ya nos advierte de algunas peculiaridades de la obra y de su principal objetivo: poner de relieve la incorrecta comunicación como fuente de los problemas entre las personas. Dicho objetivo se cumple con diálogos y deducciones absurdas, con juegos de palabras, sonoras rimas y con disputas dialécticas entre los protagonistas. Otra de las dificultades de esta representación, resuelta con acierto, es calibrar el carácter dramático, y cuasi existencial, con el satírico-cómico.

Luque, creador de la magnífica obra Lulú, dirige de forma sensacional al elenco y dispone de forma perfecta a los tres actores y actrices sobre el escenario. Las entradas estelares de los protagonistas y sus movimientos medidos sobre las tablas son algunas de las esencias de esta representación. Esto último puede pasar factura al elenco, pues en algunos instantes el encorsetamiento excesivo no permite que actores y actrices puedan sacar todo el talento interpretativo. Antes de comenzar la función, propiamente dicha, el reparto ya está representando sus respectivos papeles y repitiendo de forma autómata palabras en inglés.


La señora Smith es interpretada por Adriana Ozores. Esta archiconocida y galardonada actriz televisiva y teatral representa a una mujer orgullosa de su apellido y acostumbrada a hablar aunque nadie la escuche. Ozores recita largos soliloquios de forma brillante y no escatima en gestualidad facial y corporal. Joaquín Climent se viste de señor Smith e interpreta a un hombre rutinario de buena posición económica. Las discusiones vacías con su mujer, sus pronunciadas muecas y las grotescas coreografías coinciden con sus mejores momentos en escena.

El matrimonio formado por el señor y la señora Martin es interpretado por Fernando Tejero y Carmen Ruíz. La única unión entre ambos es el no recordarse el uno al otro pese a vivir juntos. Tejero es un rostro conocido de exitosas series televisas y en este papel mantiene su porte elegante y pulcro. Ruíz, conocidísima actriz de teatro cine y televisión, representa a una mujer aburrida y trastornada, a partes iguales. De su actuación destacaría las miradas punzantes y sus movimientos milimétricos propios de una persona abducida. Los dos momentos conjuntos de estos actores son magníficos: en el primero –en forma de parlamento– tratan de reconocerse y el segundo coincide con el final de la obra. En este último, el espectador apreciará el carácter cíclico de la representación.

Helena Lanza es Mary, la sirvienta de los Smith. Su espectacular entrada a escena es uno de los revulsivos de la representación. Este lunático personaje es el único que rompe la cuarta pared e interactúa de forma directa con el público. Como buena señora de la casa es conocedora de la vida de los señores y de sus amistades, por tanto ayuda al espectador a seguir la función pese a que su admiración por Sherlock Holmes lo complique todo aún más. Lanza, protagonista de más de una decena de montajes teatrales, protagoniza uno de los papeles más complicados, pues se aleja del perfil alienado de sus compañeros mostrando sus pasiones más primitivas y, todo ello, con movimientos vivos y especialmente explosivos. Además de a la familia Smith, el espectador descubrirá la relación con otro personaje.


Por último, en orden de aparición, Javier Pereira interpreta a un excéntrico capitán de bomberos. Este es el único personaje con un objetivo concreto dentro de la obra: apagar fuegos por pequeños que sean. Pereira, actor participante en seriales televisivos y con una gran proyección, termina de liar aún más la peculiar relación de todos los presentes. Las frases fugaces e intrincadas de su personaje las declama con soltura y seguridad, sin el menor titubeo.

La puesta en escena es imponente y conjuga el patriotismo inglés con un halo de misterio. El teatro del absurdo, y por tanto La cantante calva, no se caracteriza por un escenario rico en ornamentos, pese a representar el salón de una familia acomodada. Tan solo encontramos un pequeño mueble bar y seis sillas, una para cada protagonista, dispuestas en círculo. Un elemento imprescindible es el gran reloj colgante, situado en la parte alta del escenario, que representa un nuevo sinsentido. Las campanadas y las horas no coinciden y a lo largo de la representación el reloj se atrasa y se adelanta. El tiempo, entendido como medida, no existe. Los juegos de luces y sonidos son correctos, aunque los contrastes lumínicos podrían ser más explotados, así como el juego con las sombras. 


En la Cantante Calva descubrirás a seis enigmáticos personajes en una obra absurdamente sensacional


Autor: Eugène Ionesco
Director: Luis Luque
Reparto: Adriana Ozores, Fernando Tejero, Joaquín Climent, Carmen Ruíz, Javier Pereira y Helena Lanza.
Lugar: Teatro La Latina (Plaza de la Cebada, 2, 28005 Madrid)
Funciones: hasta el 24 de junio

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