LO QUE MAMÁ NOS HA DEJADO: ¿UNA FAMILIA…? - Canal Hablamos

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30 junio 2018

LO QUE MAMÁ NOS HA DEJADO: ¿UNA FAMILIA…?



Muchas frases célebres y reflexiones sociológicas se estructuran sobre el concepto de familia. “Familia no hay más que una”, “La familia es lo más importante”, o “La familia no se elige”. Tanto si optamos por una visión optimista como pesimista es indiscutible que estamos condenados a entendernos y que, queramos o no, compartir la misma sangre también significa compartir parte de nuestra vida. Si desean conocer a una enigmática familia y disfrutar del buen teatro deben visitar la sala Lola Membrives del Teatro Lara.

Ramón Paso, autor de la obra, nos invita a colarnos en una cabaña de la sierra madrileña. Allí acude Carmela (Ana Azorín)  la mayor de tres hermanas, para ordenar sus ideas después de descubrir que su marido le es infiel. Ella cree que está sola pero gota a gota irán apareciendo más miembros de su familia. Su padre César (Ramón Seguí) intentaba intimar en la cabaña con su nueva novia Lilí (Elisa Pelayo). De repente, entran por la puerta las dos hermanas de Carmela. Natalia (Ángela Peirat), la pequeña, sexy y gamberra de la que todos piensan que ha desperdiciado su vida, y Mar (Inés Kerzan), amante del espiritismo y un tanto zumbada. Todos los miembros de esta familia, cada uno de su padre y de su madre, conocerán realmente sus respectivas vidas y entre riñas y reproches se darán cuenta de que, aun siéndolo, no son tan diferentes.


La pregunta que cualquier espectador se hace antes de acudir a ver esta obra y, mientras transcurren los minutos es ¿Qué les ha dejado mamá? De momento, este prolífico dramaturgo, guionista y director nos regala un libreto ágil, ligero y muy divertido. El mejor género para definir esta obra es el de comedia familiar, estilo muy recurrente en obras cinematográficas pero poco explotado sobre los escenarios. Aunque el propio Paso, autor de otras comedias como El Reencuentro, afirme en el programa de mano que esta familia no es disfuncional, es indudable que hay dosis de falta de empatía, celos y en definitiva, conflictos pasados no desenterrados. Pero como cada familia es única… lo mejor es no encasillar a estos cinco personajes en ninguna categoría concreta.

Una de las máximas que aprecio en el guion es el de llevar las situaciones al absurdo para entenderlas mejor. Así transcurren los 90 minutos de la obra, con escenas surrealistas pero medidas al detalle y aderezadas, todas ellas, con un humor irónico, inteligente, en ocasiones negro, y doliente pero sanador a la vez. En un primer momento eché en falta la introducción de la figura del aparte o la ruptura de la llamada cuarta pared, pero a medida que avanzan los minutos uno se da cuenta de lo innecesario de esas técnicas, pues todos los personajes, de una manera u otra, terminan expresando sin tapujos sus opiniones y sentimientos, algunos contradictorios.

Esa naturalidad, y aparente sencillez, en el libreto también se transporta en la actuación del reparto. Actor y actrices recorren el escenario de corbata de un lado hacia el otro, no escatiman en gestualidad facial y corporal y poco a poco las posturas enfrentadas de sus personajes van encontrando acomodo. Un acierto de Paso es situar de forma perfecta a los personajes sobre el escenario sin dar una sensación de entropía escénica. En definitiva, un buen guion y dirección con una excelente ejecución.



El padre, y en esta ocasión no cabeza de familia, es representado por Carlos Seguí. Ese actor, participante en más de un quincena de obras teatrales, borda la personalidad de César, un mal padre amante de la pintura que no supo atender de la mejor forma a sus hijas aunque nunca dejó de quererlas. Su personaje posee dos vertientes: una dócil y conciliadora, capaz de recibir los golpes en forma de reproches y otra más autoritaria, necesaria para apuntalar la caótica relación paternofilial. Sin duda, el primer rol es el más cómico expresado con ternura y bonhomía. César, para aliviar su soledad, mantiene una relación con una chica mucho más joven que él. Lilí, en esta ocasión interpretada por Elisa Pelayo, consigue algo aparentemente imposible, poner de acuerdo a todas las hijas al criticar su presencia en la cabaña. La estatura de Pelayo, la voz impostada de niña pequeña, sus movimientos infantiles y su ternura hacen que el espectador, desde el principio, se compadezca de ella.

“Tres eran tres las hijas de Elena. Tres eran tres y ninguna era buena” Si cambiamos Elena por César, podría ser un refrán aplicable en algunos instantes de la representación. Carmela, la mayor de la tres hermanas, es interpretada por Ana Azorín. Dejando a un lado la figura paterna, este personaje va marcando los tempos de la representación. Tras descubrir la infidelidad de su marido, vemos a una mujer desatada con ganas de aislarse de todo y de todos aunque la presencia de sus hermanas y padre no se lo permite. Azorín, participante en más de una decena de obras y muchas de ellas bajo la dirección de Paso, debe quedar agotada y tranquila, a la vez, después de representar un papel donde los improperios hacia su padre, a sus hermanas, a su marido y a la amante del mismo, son la tónica general. Sin embargo, por su vis cómica en ningún momento da la sensación de tener una batería de insultos sin sentido, sino al contrario, son usados por su personaje para sujetar su débil coraza. En definitiva, el público le coge cariño y disfruta de una excelente y excitante actuación.

La actriz Ángela Peirat, participante junto a tres de sus compañeros en Usted tiene ojos de mujer fatal, representa a Natalia, quien hace de mujer libre y aparentemente vivalavirgen, su actitud agresiva marca el carácter de su personaje y con él, los momentos más divertidos de la representación. Al igual que sus hermanas está necesitada de recuperar de forma definitiva la relación con su familia y en su caso particular, ser tenida más en cuenta.


Por último, Mar, interpretada por Inés Kerzán, es la antítesis de sus hermanas. Sus locuras espirituales y su obsesión por limpiar los chacras le permiten se feliz. Además es el único apoyo incondicional de su padre. La dificultad de este tipo de personajes estriba en saber otorgar el punto justo de abstracción y Peirat lo consigue. Además, sus movimientos delicados por el escenario recrean a los de un hada. Por otra parte, la actriz también es la encargada de personificarse en la figura materna en los sueños de su padre. Esta apelación a lo onírico no termina de convencerme pero su actuación en dicho papel es correcta.

La escenografía en la sala off del teatro Lara suele ser modesta y funcional para dejar protagonismo a los actores y actrices. En esta ocasión los recursos sonoros son abundantes e importantes en el desarrollo de la acción. Este es un buen ejemplo de como con pocos elementos puede recrearse de forma perfecta una ambientación determinada, en esta ocasión la de una pequeña cabaña en la sierra de Madrid, y con notas de tango viejo.


En Lo que mamá nos ha dejado descubrirás a una familia variopinta, como la tuya o la mía, donde la verdadera protagonista es ella, la ausente


Autor y Director: Ramón Paso
Reparto: Carlos Seguí, Ana Azorín, Inés Kerzan, Ángela Peirat y Elisa Pelayo
Lugar: Teatro Lara (Calle Corredera Baja de San Pablo, 15, 28004)

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