DING DONG: PASE SIN MIRAR POR LA PUERTA DE ATRÁS - Canal Hablamos

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04 julio 2018

DING DONG: PASE SIN MIRAR POR LA PUERTA DE ATRÁS



El verano ha llegado al teatro y con él nuevas ideas para disfrutar de las mejores actuaciones al aire libre. Esta es la propuesta que nos brinda el Teatro Galileo todas las noches hasta el mes de agosto. Sin duda, un proyecto arriesgado, por depender de factores climáticos, pero de lo más innovador y divertido. Un plan ideal para acudir con amigos o pareja. Ahora bien, si se decantan por la segunda opción, deben saber que la obra trata de infidelidades, desamores y cortejos aunque en este caso, todo es en clave de humor.

Georges Feydeau, uno de los mejores dramaturgos franceses de la Belle Époque, nos traslada al París de finales del siglo XIX. Allí vive Pontagnac (Guillermo San Juan), un mujeriego casado y extrovertido encaprichado de Lucienne (Silvia Acosta). Durante varios días le sigue hasta su casa para declararle su amor, sin conocer que la dama está casada con Vatelin (Javier Martín), un antiguo amigo suyo. Vatelin disculpa a Pontagnac, pero la situación se complica al llegar, por un lado Redillon (Alejandro Cueva) otro pretendiente de Lucienne, y por otro lado, la esposa de Pontagnac, de la que él había dicho que se encontraba convaleciente en la localidad francesa de Po. Si la situación no era lo suficientemente enrevesada, aparece Maggy (Teresa Alonso) antigua amante inglesa de Vatelin. Todos estos personajes estarán implicados en líos amorosos y deslealtades y sus respectivas parejas serán conscientes de ello.

Solo con leer esta breve sinopsis, podemos situar a esta obra en el género de la comedia de enredos y más concretamente en el del vodevil. Además, Feydeau está considerado como un maestro dentro de esta variante teatral. Como bien se expone en el programa de mano, lo característico del vodevil es presentar una situación con apariencia realista (adulterios) pero llevada al absurdo. A diferencia de la comedia, no tiene profundidad psicológica ni intención moralizante. En esta obra encontramos múltiples formas para caricaturizar a estos personajes pero la principal es la farsa, entendida no como un género propiamente dicho, pero sí como el mejor aliado para la risa. En definitiva, situaciones rocambolescas, farsas de alcobas, y mucho humor. Estos son los ingredientes de esta comedia ligera, ágil y extraordinariamente divertida.


Quienes acudimos con cierta asiduidad al teatro podemos establecer ciertas analogías entre directores y obras. Si nos referimos a obras de alto componente psicológico y didáctico podemos relacionarlo con el dramaturgo y director José Sanchís Sinisterra y si optamos por obras del género cómico la ecuación señala a Gabriel Olivares, precisamente el director de Ding Dong. En otras ocasiones le he definido como maestro de los retos pues siempre consigue superarse. En esta ocasión, las dificultades recaen en ser un teatro al aire libre y en la gran cantidad de actores y actrices en escena. La primera de ellas no supone ningún problema, pues la megafonía es perfecta y el sonido audible. En relación al elenco, me sorprendió positivamente los movimientos limpios y acompasados de los ocho actores. En ningún momento, incluso cuando todos entran en acción, da la sensación de entropía escénica y a pesar del buen acabado y de la aparente sencillez hay un arduo trabajo detrás del director de obras como Burundanga, El Reencuentro o La madre que me parió.

Por otra parte los tempos de la representación, dividida en tres actos y con un descanso de 15 minutos, son perfectos, y a pesar de contar con un argumento enrevesado, la trama puede seguirse con facilidad, ayudado por la voz del narrador. En esta versión de Gabriel Olivares, Andrés Acevedo y Alejandro Cueva, se incluyen de forma conjunta la figura del aparte y la ruptura de la cuarta pared, además de la técnica narrativa del flashback. Sin duda, un acierto por la correcta introducción de todas ellas, pero sobre todo porque aumentan las risas de los espectadores.

En relación a la calidad interpretativa del elenco, sería difícil resaltar a unos actores por encima de otros, pues en el género de la comedia de equívocos, o vodevil, todos son necesarios para el desarrollo de la acción y para entender el concepto del teatro, como arte colectivo. Por tanto, me gustaría destacar una escena grupal donde Pontagnac y Lucienne urden un plan, con un ingenioso método, para pillar infraganti al marido de esta última aunque no esperan encontrarse con otros inquilinos en esa habitación. Los personajes masculinos utilizan todo tipo de técnicas de seducción y persuasión con el objetivo de conquistar a sus amantes. No obstante, esto no significa que los papeles femeninos vayan a remolque de los primeros; de hecho son ellas quienes precipitan las situaciones e introducen, con sus entradas y salidas, los revulsivos de la representación.


El elenco domina a la perfección el difícil arte de la farsa y de la pantomima, con una gestualidad facial y corporal desbordantes, además de los acentos franceses e ingleses. La actuación de todo el reparto abarca las casi dos horas de función, pues aun no siendo los protagonistas de las escenas continúan petrificados representando su papel. Todos ellos también interpretan frases corales y suspiros conjuntos con mucha gracia.

En esta ocasión, la construcción escénica, a cargo de Marta Guedán, es un elemento de primer orden en la representación al aire libre. En este tipo de obras, las entradas y salidas de los protagonistas son constantes, por ello el decorado debe facilitar dicho trajín. Para tal fin, se ha optado por unos toboganes a diferente altura (similares a los de los parques acuáticos) donde los protagonistas deben deslizarse para entrar a escena. En un primer momento, dicho montaje no terminaba de convencerme  pero a medida que pasaban los minutos la limpieza de las transiciones y los equilibrios y coreografías sobre las plataformas son, sin duda, un acierto. Soy partidario de la introducción de pequeños momentos musicales, como ocurre al final de la representación a cargo de Tuti Fernández. De hecho, podrían incluirse algunos más a lo largo de la función, pues el estribillo de la canción es movido y pegadizo. Por último, el trabajo de luces por Carlos Alzueta es perfecto, con la dificultad añadida de tener que jugar con la luz ambiental, al igual que el vestuario veraniego, a cargo de Juan Ortega, de todos los protagonistas


En Ding Dong asistirás a una propuesta escénica cómica, festiva y gozosa al aire libre

Autor: Georges Feydeau
Dirección: Gabriel Olivares
Versión: Gabriel Olivares, Andrés Acevedo y Alejandro Cueva
Reparto: Silvia Acosta / Alba Loureiro, Javier Martín / Luis Visuara, Sonia Sobrino / Mar Mandli, Guillermo Sanjuán / Alejandro Pantany, Alejandro Cueva / Patrick Martino, Andrés Acevedo / Jose Félix Romero, Ariana Bruguera / Teresa Alonso, Eduard Alejandre / Juan Ortega
Lugar: Terraza del Teatro Galileo (Calle de Galileo, 39, 28015 Madrid)

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