HAMLET: UN SHAKESPEARE PARA EL SIGLO XXI - Canal Hablamos

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25 agosto 2018

HAMLET: UN SHAKESPEARE PARA EL SIGLO XXI


Si pensamos en El Quijote pensamos en Cervantes, si escribimos La vida es sueño escribimos Calderón de la Barca y si decimos Hamlet decimos Shakespeare. El escritor inglés en algunos de sus trabajos, como ocurre en Sueño de una noche de verano, circunscribe sus textos a un periodo concreto pero en el caso de esta obra sus versos son aún más atemporales. Si desean descubrirlos, aún están a tiempo de visitar el Teatro Fígaro y ver la adaptación de una de las mejores tragedias de la historia para poner fin a los últimos compases del verano.

Existe un miedo compartido entre algunos dramaturgos y espectadores en torno a las obras clásicas. Los primeros temen cómo abordar una obra culmen para adaptarla a los tiempos presentes sin perder la esencia original, y los espectadores suelen ser reacios a obras en verso de alto contenido dramático. Precisamente, esta construcción teatral de la mano de la compañía Teatro Clásico de Sevilla sirve para eliminar prejuicios infundados y absurdos referentes a este tipo de obras.

El autor y director de escena Alfonso Zurro, conocido por la dirección de más de cuarenta puestas en escena de Teatro, Ópera y Zarzuela, es el encargado de la versión y dirección de la obra que nos ocupa y su trabajo lo califico de sobresaliente. Antes de entrar en aspectos técnicos, la sensación que experimenté, y pude corroborar, a lo largo de la representación es la de un dramaturgo que había entendido a la perfección la obra de Hamlet; dicho de otro modo, había comprendido aquello que Shakespeare quiso transmitir en cada uno de sus versos, pues hasta los detalles más nimios como una calavera presidiendo el final de la obra o la expresión enfermiza de algunos de los personajes son reflejados a la perfección.


No existe duda alguna del género dramático y más concretatemente del trágico en la obra de Hamlet; de hecho, el título original lleva dicha categoría. Shakespeare nos sitúa en la  Dinamarca de principios del siglo XVII donde su rey ha fallecido y su mujer Gertrudis (Amparo Marín) ha contraído matrimonio con Claudio (Juan Montilla) , hermano del mismo. Este acontecimiento causa la ira del príncipe (Pablo Gómez-Pando) y es el origen de su locura. Dos meses después, Hamlet es visitado por el fantasma de su padre (Manuel Rodríguez) quien le informa de que ha sido asesinado por Claudio para llegar a ser rey y casarse, así, con su madre. En este instante, el protagonista finge o agrava su locura para urdir un plan, con la ayuda de una compañía teatral, que desenmascare a Claudio y que nadie pueda sospechar de él. Polonio (Manuel Monteagudo), el chambelán de la corte, cree que la locura de Hamlet se debe a la prohibición del cortejo a su hija Ofelia (Rebeca Torres). El plan ideado por el príncipe, quien es obligado a abandonar temporalmente Dinamarca para dirigirse a Inglaterra, ayudado por Horacio (Antonio Campos), un viejo amigo, no sale como esperaba y provoca una cascada de asesinatos y una estela de locuras que llegan hasta los hermanos Laertes (José Luís Verguizas) y Ofeliahijos de Polonio. En definitiva, sus destinos están marcados por el yugo de la denominada justicia divina. 

Si por algo disfruto de las obras clásicas es porque sus textos, así como sus enseñanzas, son inmortales. Además, en Hamlet, como ocurre con las grandes obras, cada vez que vuelvo a releer o ver sus pasajes extraigo algo distinto. Por este motivo, desde su publicación en cada etapa de la historia los eruditos y entendidos han abordado esta obra desde diferentes prismas, como el psicoanalista, realista o incluso feminista. Los espectadores que acudan a esta representación reflexionarán sobra la frugalidad de la vida, el drama del poder y la herencia, la ambición, el deseo de venganza y sobre la antítesis locura-razón, mientras disfrutan de diálogos fluidos con un lenguaje adaptado a nuestra época. Desde mi óptica, la contribución de esta producción teatral, a cargo de Juan Motilla, y Noelia Díez, está en otorgar a la obra un carácter cómico con el fin de hacerla más entretenida. Esta propuesta me parece acertada y solo con ver la reacción de los espectadores cumple con el objetivo propuesto. No obstante, en algunos instantes trágicos, como en la escena de la sepultura o en los episodios transitorios de locura de los personajes, me faltó más dosis de dramatismo y realismo trágico. 

Si el dramaturgo Zurro realiza un trabajo sobresaliente, los actores y actrices bordan sus respectivos papeles y la duración extensa, que no excesiva, de la obra permite a todo el reparto mostrar su talento interpretativo. El personaje central y quien da nombre a la obra, es sensacionalmente interpretado por Pablo Gómez- Pando. Dar vida a un personaje con "Un deterioro mental pero con reflexiones lúcidas" es complicado porque la balanza artística entre estos dos estados debe permanecer en equilibrio, y así lo consigue este actor con una amplia trayectoria en teatro, cine y televisión. Si tuviera que destacar algún instante concreto de su actuación sería el de sus soliloquios, donde Gómez - Pando transmite sus desahogos emocionales y va marcando las pautas de acción. Además, el espectador entenderá la paradoja de la cordura del loco. En las más de dos horas de duración, este actor nos regala una gestualidad facial y corporal acorde con el estado anímico de su personaje pero siempre dominado por un semblante frío, blanco y enajenado. En definitiva, una de las mejores actuaciones de la cartelera actual. 



La pareja de Reyes formada por Claudio y Gertudris es interpretada por Juan Montilla y Amparo Marín, formando un tándem homogéneo y coordinado sobre las tablas. El amigo personal del Rey, Polonio, lo da vida Manuel Monteagudo quien sabe transmitir el rol de padre protector pero comprensivo a la vez, y cuyos consejos están de imperiosa actualidad. Sus dos hijos, Laertes y Ofelia, interpretados por José Luís Verguizas Rebeca Torres, son el mejor ejemplo del amor enfermizo y de como la locura y la irracionalidad pueden posarse sobre uno. La escena donde acontece el duelo final, supervisada por Juan Motilla, entre Hamlet y Laertes también es para enmarcar. La voz de la experiencia del personaje Horacio es relatada por Antonio Campos y la actitud frívola, servil y cortesana es interpretada por la pareja de amigos Guildenstern (José Luis Verguizas) y Rosencrantz (José Luís Bustillo)

Si en otras obras la construcción escenográfica es accesoria u ornamental, en esta forma parte de la propuesta ideada por la Compañía Teatro Clásico de Sevilla a cargo de Curt Allen Wilmer, la cual me fascinó. En el escenario solo hay un conjunto de espejos situados en vertical que sirven como decorado trasero y como canal de entrada y salida de los actores. Pero más allá de la sencillez y funcionalidad de dichos espejos está el profundo significado que transmiten. Desde el prisma artístico, los planos angulares dejan juegos de luces y colores muy visuales, así como bellos efectos con el reflejo y la sombra de los actores. Desde el aspecto conceptual, los espejos potencian los instantes de locura de los personajes y su reflejo sirve como metáfora de la forma de ser y de comportarse de cada uno. 

La idea de situar largas y coloridas telas como recubrimiento del suelo también es un acierto y sirve como elemento catalizador de las apariciones fantasmagóricas. En este punto cabe destacar la buena iluminación, a cargo de Florencio Ortiz, con un predominio de tonos cálidos en consonancia con el color de los tejidos, y los correctos efectos sonoros por Jasio Velasco. El vestuario empleado está a caballo entre los ropajes lujosos de época, y un estilo contemporáneo en una línea de colores sobrios. En definitiva, si Shakespeare levantara la cabeza estaría orgulloso de esta construcción teatral. 



En Hamlet serás partícipe de una de las obras más influyentes de la literatura inglesa y reflexionarás sobre el ser o no ser de la existencia humana


Alberto Sanz Blanco

Autor: William Shakespeare 
Versión y dirección: Alfonso Zurro 
Reparto: Pablo Gómez- Pando: HAMLET, Juan Motilla: CLAUDIO, Amparo Marín: GERTRUDIS, Rebeca Torres: OFELIA, Antonio Campos: HORACIO, Manuel Monteagudo: POLONIO/ SEPULTURERO, Manuel Rodríguez: OSRIC/ SOMBRA REY/ CÓMICO, José Luis Bustillo, ROSENCRANTZ/ MARCELO/ CÓMICO, José Luis Verguizas: LAERTES/ GUILDENSTERN/ CÓMICO
Lugar: Teatro Fígaro ( Calle del Dr Cortezo, 5, 28012 Madrid) 
Contacto: https://gruposmedia.com/cartelera/hamlet/

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