EL CURIOSO INCIDENTE DEL PERRO A MEDIANOCHE: UN DETECTIVE AUTISTA CON PODERES HUMANOS - Canal Hablamos

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10 septiembre 2018

EL CURIOSO INCIDENTE DEL PERRO A MEDIANOCHE: UN DETECTIVE AUTISTA CON PODERES HUMANOS



La inquietud, el inconformismo, la curiosidad y el deseo de saber y seguir aprendiendo son uno de los mejores revulsivos del ser humano. Muchos investigadores han descubierto nuevos avances cumpliendo estas pautas y muchos detectives han resuelto los crímenes más difíciles no conformándose con las primeras hipótesis. De ser valiente y luchador, del respeto, de creer en lo que uno piensa y de defenderlo hasta las últimas consecuencias nos habla esta salvaje historia representada en el Teatro Marquina.

El curioso incidente del perro a medianoche, escrita por el británico Mark Haddon, es una de las mejores novelas juveniles de la literatura inglesa con más de dos millones de ejemplares vendidos en todo el mundo. La temática detectivesca, las dosis de misterio y suspense y el realismo de sus personajes dan los mejores alicientes a esta obra publicada en 2003. Estos ingredientes son la materia prima adecuada para traspasar las hojas de un libro y llevarlo a los escenarios. La genial idea fue todo un éxito y la obra teatral ha obtenido los más prestigiosos galardones internacionales. Sin embargo, no deben acudir a ver esta representación ni por mi crítica ni por los premios cosechados, sino por ser una conmovedora historia de superación, amistad y tolerancia, arropada por un extenso elenco de personajes que se cruzan en el camino del obstinado Christopher.


Esta adaptación del prolífico Simon Stephens, gracias a la traducción de José Luis Collado, narra la historia de Christopher John Francis Boone (Álex Villazán), un niño con un tipo de trastorno autista, memoria fotográfica, extremadamente observador y patológicamente incapaz de decir mentiras. Una noche descubre el cadáver de Wellington, el caniche de su vecina, atravesado por una horca en el jardín y decide investigar lo sucedido para dar con el asesino. Lo que comienza como un juego de detectives termina siendo una experiencia vital, donde una pista lleva a otra pista aún más grande en la que se verán involucrados sus padres (Ed, Marcial Álvarez, y Judy, Mabel del Pozo), su profesora Siobhan (Lara Grube), vecinos como la señora Alexander (Carmen Mayordomo) y el mismo espectador.

Siempre es imprescindible una buena dirección escénica pero en esta obra el trabajo de José Luis Arellano García es aún más importante por diversas razones. El director artístico de La Joven Compañía debe prestar atención a la  enorme cantidad de pequeños detalles en el relato, a la dificultad en los movimientos de algunos personajes y a conseguir el equilibrio en la balanza entre las escenas que pueden quedar al arbitrio del espectador y aquellas donde el protagonista de la obra no lo permitiría.  Arellano García, uno de los mayores referentes teatrales nacionales trabajando con jóvenes, cumple con las exigencias anteriores, realiza un magnífico trabajo y consigue transmitir un cúmulo de emociones en cada escena.

Mientras veía la representación me pregunté  por qué la obra, o una adaptación posterior, no podría titularse con el nombre del protagonista, como ocurre en muchos otros clásicos. Probablemente la respuesta radique en que el objetivo no es conocer la vida de un niño con síndrome de Asperger sino conocer cómo Christopher, a través de un “incidente”, es capaz de ir adaptándose a las circunstancias, de madurar y de ir superando barreras, muchas veces impuestas por él mismo. Una de las frases más bellas del protagonista corrobora precisamente nuestras autolimitaciones: “Puedo hacerlo porque fui a Londres yo solo. Y resolví el misterio de quién mató a Wellington. Fui valiente”.


El peso de la representación recae en el actor madrileño Álex Villazán en su papel de Christopher. Su personaje tiene dificultades para entender el comportamiento humano, las expresiones y relacionarse con los demás, salvo con su mascota, una rata llamada Toby. Para Villazán probablemente sea, por ahora, el mayor reto de su carrera dada su juventud y el resultado es más que satisfactorio. El joven actor, con apariciones en conocidas series televisivas, imprime a su personaje delicadeza, honestidad y ternura y consigue meterse en la cabeza de un niño de 15 años con un enorme talento para los números y una memoria privilegiada. La transparencia de Christopher, y el buen hacer de Villazán, hace que el público conecte directamente con él, sufra sus miedos, celebre sus éxitos y vaya experimentando el paso de la niñez a la adolescencia. Además el actor de La joven compañía borda los movimientos corporales en los brotes del protagonista, su animadversión al contacto humano y las miradas inocentes y cristalinas. Después de interpretar a una persona tan compleja como Christopher puede representar ya cualquier otro papel.

Los demás personajes van entrando y saliendo en la vida del pequeño y moldeando su conducta. Quien mejor conecta y conoce a Christopher es su profesora Siobhan, interpretada por Lara Grube, pues nunca deja de confiar en sus habilidades y a veces da la sensación de que habla, incluso por él. La actriz sevillana, con papeles anteriores en cine y televisión, aporta luz y alegría a la representación y, con su personaje, homenajea la labor de aquellos docentes que aman su profesión. El padre y la madre del protagonista, interpretados por Marcial Álvarez y Mabel del Pozo van cambiándose los roles a medida que avanza la función aunque ambos se encuentran superados, a su manera, por la situación. Las acciones de ambos, probablemente, coinciden con las escenas más dramáticas de la representación pero esa dureza, y el realismo de los actores, también impregna de verdad a la obra en su conjunto.


En esta representación también veremos la vis cómica de la siempre genial Carmen Mayordomo y la relación entre dos sujetos claves para comprender la obra, la Sra. Shears y Rogers, interpretados por Anabel Maurín y Boré Buika. Ambos otorgan suspense y misterio a sus respectivos personajes y a la trama del relato. Por último, Eugenio Villota, Alberto Frías y Eva Egido dan vida a personajes secundarios aunque imprescindibles para situarnos en Swindon, una gran ciudad del suroeste de Inglaterra, y Londres. El reparto también nos regala escenas conjuntas con una coreografía distributiva basada en la expresividad y la asimetría, bajo la atenta mirada de Andoni Larrabeiti – experto coreográfico y de interpretación– y acompañada de la música envolvente y psicodélica de Luís Delgado.

La construcción escenográfica está alejada de ornamentos y basada en la sencillez y en la desnudez del espacio escénico. La dificultad del montaje radica en cómo acompañar los complejos razonamientos del protagonista. Para ello, el escenógrafo Gerardo Vera apuesta por elementos tecnológicos como pantallas con luz digital, videoescenas, a cargo de Álvaro Luna y Elvira Ruiz Zurita, y móviles. Dichos recursos funcionan a la perfección y cuando desparecen de la pantalla situada al final del escenario el espectador los echa de menos.


El curioso incidente del perro a medianoche es valentía, superación, amistad, tolerancia y amor en lo que uno cree


Autor: Mark Haddon
Adaptación: Simon Stephens
Dirección: José Luis Arellano García
Traducción: José Luis Collado
Reparto: Álex Villazán, Marcial Álvarez, Lara Grube, Mabel del Pozo, Carmen Mayordomo, Anabel Maurín, Boré Buika, Eugenio Villota, Alberto Frías y Eva Egido
Lugar: Teatro Marquina (Calle de Prim, 11, 28004 Madrid)

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