MIGUEL LAGO PONE ORDEN: ¡QUIETO TODO EL MUNDO! - Canal Hablamos

NUEVO

24 septiembre 2018

MIGUEL LAGO PONE ORDEN: ¡QUIETO TODO EL MUNDO!



La gente va por la calle tan tranquila sin darse cuenta de que determinadas cosas no funcionan bien. Ante esto hay dos vías: aplicar la expresión francesa  laissez faire, laissez passer, es decir, no hacer nada, o indignarse. La primera es la opción cómoda, aunque no deben sentirse culpables porque para poner el grito en el cielo ya está Miguel Lago todos los viernes y sábados en el Teatro Reina Victoria.

El género monologal está en auge. Los espectadores optan cada vez más por ver a sus cómicos favoritos en directo, en vez de hacerlo por televisión. Todo son ventajas en esta decisión, aumenta la facturación en cultura y pueden pasar una magnífica velada entre risas. El punto menos gracioso, desde el lado del monologuista, puede estar en la competencia. Hay espacio para todos pero siendo prácticos, si el público acude a uno igual ya no opta por otro. Como todo en la vida, la solución pasa por ser diferente, destacar y hacerse notar. Estos tres verbos son una de las señas de identidad de este actor y cómico gallego.

Miguel Lago, participante en el mítico programa El Club De La Comedia, tiene una línea propia e inconfundible. Su estilo más cultivado es el del humor negro, pero el de verdad. Los cómicos suelen pasar de puntillas por este subgénero para no dañar o herir susceptibilidades, en definitiva se autocensuran a ellos mismos y el humor pierde calidad. Lago, repeinado y ataviado con un impoluto traje, no pertenece a este tipo de artistas; si tiene que decir algo lo dice y si a alguien no le parece bien debe aguantarse o, simplemente, no seguirle. La realidad medible y cuantificable –aspectos importantes en este espectáculo– demuestra que el público no contempla esta última opción, pues jornada tras jornada cuelga el cartel de “entradas agotadas”.


Entorno al humor negro también se plantean debates sobre cuáles son los límites del mismo. En el espectáculo, Lago, participante en series como Curso del 63 o Las chicas del Cable aborda sin complejos este asunto y llega a una conclusión bastante lógica: “El límite del humor no existe. Humor es arte, y el arte es símbolo de libertad, con lo cual no puede tener limitación ninguna”. Sobre el papel parece una reflexión bastante seria, pero quien acuda comprobará con ejemplos prácticos y desternillantes el porqué de su postura.

No toda la función gira en torno al humor negro, también encontramos pinceladas de situaciones surrealistas, sátira política y vivencias personales. Los temas de actualidad siempre son jugosos para un monologuista; en el espectáculo se abordan algunos de ellos, aunque podrían ocupar un lugar más relevante. En este sentido, es meritorio el hecho de incluir acontecimientos ocurridos en la misma semana; por tanto, si los asistentes repiten la experiencia encontrarán nuevos chistes e ingeniosas comparaciones.   

Los cómicos suelen basar sus monólogos en situaciones personales. Esto les permite un mejor conocimiento, un mayor realismo sobre el escenario y, para mí más importante, demostrar que día a día nos ocurren sucesos aptos para el humor si sabemos relatarlos, y este humorista sabe cómo hacerlo. Mientras le escuchaba, miraba la reacción del público y además de sus risas algunos tenían dibujados en su mente: “Cuántas veces lo habré pensado y nunca me he atrevido a decirlo”. Ese aspecto de verdad, de seriedad al relatarlo, de sinceridad y pragmatismo sin anestesia son otras de las esencias del autor del libro Gamberro y Caballero. Por otra parte, Lago, licenciado en filología hispánica, también sorprende por la imitación de personajes, por su gestualidad facial y corporal desbordantes y por la repetición de frases y palabras. Esto último es un recurso muy utilizado en el género cómico y eficaz –si sabe cómo hacerse– para potenciar el grado de asombro, perplejidad y locuras, propias o ajenas.


Desde mi óptica, el monólogo que le catapultó a la fama fue “Soy un hijo puta” y su reflejo en el teatro “Soy un miserable” donde daba rienda suelta a su estilo deslenguado, socarrón y mordaz. En este espectáculo también encontramos el espíritu inicial y la mejor forma de describirlo es la del diablo invisible encima de nuestro hombro que nos invita a mandar a paseo a mucha gente o a no comportarnos siempre de forma cívica. Este aspecto y de forma escalonada, por ejemplo, hubiera sido una manera óptima y potente de concluir su espectáculo; pues el final abrupto y el tema elegido no terminaron de convencerme.

Otro aspecto, aparentemente menor, mantenido en la hora y media de espectáculo son sus iniciales, “ML”, flotantes sobreimpresionadas en una pantalla. Me parece relevante porque significa que él ya es una marca en sí mismo y los asistentes a través del boca-oído son embajadores de su producto humorístico. No todos los cómicos, por ejemplo, son elegidos para arengar a los jugadores de la Selección Española de Fútbol antes del Mundial de Rusia, a pesar de su pésimo resultado, pero eso es otro tema. Un acierto del espectáculo es el uso de la pantalla situada en el fondo del escenario. En ella se proyectan imágenes de los personajes del monólogo y un video introductorio donde conocemos mejor su persona y nos demuestra que, a pesar de su excesiva claridad a la hora de hablar, gente de todas las ideologías le tienen cariño.


Miguel Lago pone orden de una puñetera vez ante el caos que le rodea. 


Autor y director: Miguel Lago
Lugar: Teatro Reina Victoria (Carrera de S. Jerónimo, 24, 28014 Madrid)



No hay comentarios:

Publicar un comentario

-->