OTELO A JUICIO: SHAKESPEARE EN EL SIGLO XXI - Canal Hablamos

NUEVO

18 septiembre 2018

OTELO A JUICIO: SHAKESPEARE EN EL SIGLO XXI



Todo el mundo tiene derecho a la defensa. Esta es una de las máximas de la justicia universal aunque nos topemos con el ser más abominable e indeseable. El abogado en cuestión deberá decidir si acepta o no a su defendido y cuál será su línea de defensa. Este simple principio también es aplicable para personajes literarios sacados de su época y teletransportados hasta nuestros días. Si quieren entender a qué me refiero, deben visitar el Teatro Fernán Gómez  y ver esta revisión de la obra de Shakespeare.

Ramón Paso, autor del texto, nos sitúa en un despacho de abogados. Allí trabajan Silvia Rodríguez (Ana Azorín) –una abogada independiente que busca abrirse un hueco en el competitivo, y masculino, mundo del Derecho– y su becaria Cristina (Ángela Peirat). A altas horas de la noche, reciben a un misterioso cliente llamado Otelo (Francisco Rojas). ¿Su problema? Haber matado a su mujer Desdémona (Inés Kerzán). El apodado moro de Venecia se declara culpable pero acusa como instigador del asesinato a Yago (Jorge Machín), un soldado entregado que se siente traicionado al no ser nombrado teniente de Otelo, al contrario que Casio (Jordi Millán), y que manipula a su antojo a Rodrigo (Felipe Andrés/Pedro Girón) joven caballero enamorado de Desdémona.

Como pueden observar, Otelo a juicio mezcla la historia clásica del drama isabelino de celos y venganza contenida en la obra teatral de William Shakespeare con una tragedia del siglo XXI, con muchas llamadas de atención a temas candentes como la violencia de género y con un profundo trasfondo vital cargado de locuras, dolores, inseguridades y miedos. El género de la tragedia, como es obvio, sobrevuela sobre la representación pero el factor teatral clave es el de la distopía.


Las comedias románticas o musicales están bien. El género de vodevil es entretenido y los dramas o tragedias pueden hacer reflexionar. Todos tienen en común que se mueven sobre la misma línea horizontal y por tanto, el factor sorpresivo es mínimo y los tiempos y espacios de la representación suelen ser continuos. En esta ocasión, esas medidas son inválidas para calificar el libreto.  El prolífico director, autor y productor Ramón Paso sorprende y osa a meter su pluma a la obra teatral de uno de los dramaturgos más célebres de la literatura universal.​ En un ejercicio de humildad o mesura el autor de brillantes construcciones como Lo que mamá nos ha dejado o El Reencuentro afirma en el programa de mano que Otelo a juicio “más que una versión es una visección en comunidad de la obra de Shakespeare”. En román paladino significa que su objetivo es dejar claro los planos paralelos en la obra y las características de sus personajes, y así lo hace, lo demás como afirma “es Shakespeare”.

En lo relativo a la gramática textual, el libreto es fantástico y en la línea de lo que nos tiene acostumbrados el dramaturgo Paso. Encontramos frases con doble sentido, ingeniosos juegos de palabras y recursos teatrales como la figura del aparte donde, en forma de soliloquio, los actores sentencian a sus protagonistas y nos regalan interesantes reflexiones sobre la honra, la ética o la legalidad. Otro aspecto bello y positivo es la forma de argumentación de los personajes, incluida la manipulación de las palabras, y la importancia de cómo exponer una premisa –en función de cómo se presente, si inocente o culpable, el resultado puede variar. Los cambios de época van acompañados de cambios del lenguaje –como de la prosa a la prosa versada– y de giros lingüísticos, aunque en un momento determinado, épocas presentes y pasadas se fusionan en el mismo hilo temporal.  Por todo ello, estamos ante una obra completa y entendible, pero de mayor complejidad si la comparamos con la mayoría de obras en cartelera.

La dirección artística también recae en Paso y su trabajo en esta faceta también es perfecto. Las escenas paralelas a ambos lados del escenario de corbata son la esencia de esta representación y por tanto, un acierto. Las entradas y salidas de los personajes, algunas aparatosas, son correctas y el ritmo de la representación es potente, ágil e in crescendo. La dificultad, salvada con acierto, es intentar plasmar sobre el escenario las distintas temáticas de la obra como la violencia de género, el racismo y la igualdad de sexos, claves identitarias de la compañía teatral PASOAZORÍN TEATRO.


Esa complejidad inicial de dos tramas paralelas en distinta época se difumina con la buena interpretación del elenco. Quien sea seguidor de esta compañía teatral reconocerá algunos rostros femeninos, de lo que ya podríamos llamar –si me permiten el tono jocoso y comparativo– “las chicas Paso”. Cada uno de los actores y actrices, con sus respectivos papeles, son los encargados de introducir aspectos de la temática, de los que antes he hecho referencia.

Francisco Rojas encarna al Otelo shakesperiano, militar negro valiente de avanzada edad al servicio de la República de Venecia. Rojas, actor experto en temática clásica, aporta de forma sobresaliente el componente dramático básico en la obra original. Sus gritos, miedos e inseguridades van saliendo a la luz y van haciendo virar la personalidad del moro de Venecia, uno de los aspectos más importantes en todos los personajes de las tragedias de Shakespeare. Por otra parte, me fascina su proceso de comprensión y aprendizaje de las normas y estereotipos impuestos por la sociedad actual: un negro con dinero es más blanco que un blanco pobre. Rojas también sabe representar, en esa mutación de Otelo, el carácter honesto, sincero y humilde y las enajenaciones imbuidas por los celos, que le llevan a acabar con la vida de su amada Desdémona. Esta dama es interpretada por Inés Kerzán. La actriz productora y encargada del vestuario vuelve a demostrarnos su don para interpretar a un personaje de moral frágil, alegre, y despreocupada. Una noble veneciana de inocencia virginal y, gracias a la actuación de Kerzán, en forma de hada, pues sus movimientos rozan la levitación.

Otro de los soportes de la representación se sostiene sobre el papel interpretado por Ana Azorín. La actriz y productora, con participaciones en películas televisivas como Los habitantes de la casa deshabitada, representa a Silvia Rodríguez, una joven abogada, muy competente y agresiva. Será la encargada de asumir la defensa de Otelo, después de la renuncia de su anterior abogado quien, casualmente, también fue íntimo y antiguo jefe de Silvia. Azorín vuelve a demostrar seguridad, potencia y poderío sobre las tablas, potenciado por su vestimenta formal y elegante. Su personaje ayudará al espectador a entender cómo funciona el derecho de defensa y cuáles son los distintos jurados, algunos se expresan con emoticonos y votan inocente o culpable a través de likes. De su actuación destaco, también, saber mantener el tono dramático de la obra y los diálogos con su defendido. La actuación de la actriz, Ángela Peirat, en su papel de Cristina, una becaria con ideales claros, es esencial para el desenlace y sirve de contrapunto a la línea de defensa llevada por su jefa Silvia. Una vez más el tándem de ambas actrices funciona a la perfección.


Los tres actores resantes son los encargados de representar a los personajes de la tragedia clásica de Shakespeare. Jorge Machín se viste de Yago, un soldado entregado que se siente traicionado al no ser nombrado teniente de Otelo. Machín, con amplia formación en teatro, cine y televisión, interpreta de forma soberbia a un hombre inteligente, manipulador y frío –que utiliza a los demás para su propio interés, incluidas a su mujer, Emilia– con piel de adulador y apariencia de charlatán. Será el responsable de precipitar el final del relato. Pedro Girón, en sustitución de Felipe Andrés, interpreta a Rodrigo, caballero de Venecia enamorado de Desdémona. De Girón, experto en el teatro musical, destacaría la inocencia y energía imprimida a su personaje y cómo se deja engatusar por Yago. Lástima que aparezca y desaparezca en escena porque dan ganas de verle más sobre el escenario. Casio, teniente de Otelo, también cae en las trampas del manipulador de Yago. El actor Jordi Millán es el encargado de interpretar este papel y con él valores como la lealtad, la honradez y la diplomacia; todas ellas perdidas por la afición de Casio a la bebida.

La construcción escenográfica es simple –consta únicamente de una mesa grande con ruedas, varias sillas, un perchero y un archivador– pero efectiva y diseñada con inteligencia: los anteriores elementos son metálicos, lo que, junto con la cámara negra del escenario y la iluminación, transmite una sensación fría, aséptica y un tanto claustrofóbica. Este último recurso, a cargo de Pilar Velasco, es esencial para entender, a base de ráfagas y cambios lumínicos, los saltos de época del relato.


En Otelo a juicio asistirás a una reinterpretación coherente, clara y potente del mejor escritor de la lengua inglesa


Autor y director: Ramón Paso
Reparto: Francisco Rojas, Ana Azorín, Jorge Machín, Inés Kerzan, Ángela Peirat, Felipe Andrés (Pedro Girón) y Jordi Millán.
Lugar: Teatro Fernán Gómez (4, Plaza de Colón, 28001 Madrid)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

-->