PERFECTOS DESCONOCIDOS: EL ECLIPSE DE LOS SECRETOS - Canal Hablamos

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29 septiembre 2018

PERFECTOS DESCONOCIDOS: EL ECLIPSE DE LOS SECRETOS



¿“Cariño, me puedes dejar el móvil un momento”? Esta frase puede ser el principio de una crisis de pareja o incluso algo más. El teléfono móvil se ha convertido en la caja negra de nuestras vidas; en él hemos depositado toda nuestra información y nuestra más estricta intimidad. Si desean ser espectadores de la vida de siete personajes y conocer algunos de sus secretos inconfesables pueden visitar el Teatro Reina Victoria.

Una noche de eclipse lunar, un grupo de amigos de toda la vida queda para cenar y conocer a la pareja de uno de ellos. De mutuo acuerdo, tras alguna discusión, deciden aceptar una norma: leer en voz alta los mensajes y llamadas de sus móviles durante la velada. Lo que comienza siendo un juego divertido y arriesgado se termina convirtiendo en una pesadilla de la que no podrán salir indemnes. Desde ese instante su vida queda expuesta, pero puede que no ocurra nada, porque ¿nadie tiene secretos, verdad?

El título de la obra se hizo conocido por la exitosa película dirigida por Alex de la Iglesia pero les recomiendo, tanto si han visto el film como si no, obviar toda la información previa e ir vírgenes al teatro para disfrutar de esta adaptación de David Serrano y Daniel Guzmán. El texto original, obra del director y guionista italiano Paolo Genovese, destaca principalmente por la sencillez en el hilo argumental, algo esencial para la implementación en el teatro. Es en los personajes donde radica la profundidad de la obra y donde el espectador va conociendo las vergüenzas de cada uno. Ese cúmulo de situaciones estresantes y reacciones espontáneas ante los mensajes otorgan, por un lado, el carácter cómico de la obra y, por otro, el reflexivo acerca del límite de nuestra intimidad y si estamos o no absorbidos por las nuevas tecnologías. Desde mi óptica, el único inconveniente de esta adaptación reside en no resaltar la importancia del eclipse lunar y del influjo sobre los protagonistas.

Más allá de la originalidad de la obra está la brillantez de decidir llevarlo al teatro. El artífice de ello es el archiconocido actor y director Daniel Guzmán. Nada más leer la sinopsis del espectáculo pensé sobre la idoneidad de construir una representación y en el transcurso de los 90 minutos confirmé esta genial idea. La categoría teatral imperante es la tragicomedia contemporánea, por la fusión de situaciones dramáticas con cómicas. Si buceamos en el género cómico, el subgénero de enredos es claro, pero a diferencia de otras representaciones, los líos amorosos no se producen entre los personajes presentes y podemos extraer alguna reflexión. Por el número de actores y algunas salidas y entradas puede sobrevolar el subgénero vodevil pero, como afirmo, la profundidad e inteligencia del libreto no se ajusta estrictamente a dicha categoría.


Una de las dificultades en esta representación está en medir y dosificar los tempos de las escenas donde todos los personajes están involucrados con aquellas donde los protagonistas son individuales o en parejas. Esta difícil balanza se encuentra perfectamente equilibrada por Guzmán, protagonista de la exitosa y reciente comedia Dos más dos. Todo fluye en la función y además de diálogos ingeniosos y de pequeños gags, lo más importante es la idea de conjunto expresada en la camaradería de todos los actores. Parece como si se conocieran de toda la vida y las bromas, algunas con mal gusto, se llevaran repitiendo durante años.

Para aumentar la afluencia del gran público es un acierto contar con un reparto superlativo. El elenco está formado por caras conocidas de series y películas españolas. Aun así, más allá de la fama cosechada, todos los actores brillan sobre el escenario y las escenas van transcurriendo con una naturalidad y ligereza desbordantes. De nuevo, Guzmán, Goya al mejor director novel por A Cambio de nada, realiza un gran trabajo en la colocación del reparto sobre las tablas. En esta representación es especialmente importante por el alto número de actores y actrices, pues es muy fácil caer en la entropía escénica y embarrar las escenas. De igual forma ocurre con los diálogos; los actores no se pisan sus frases y no hay merma en la espontaneidad de los mismos.

En las representaciones con gran elenco es difícil resaltar a unos por encima de otros; todos son necesarios para el desarrollo de la acción y para entender el concepto del teatro, como arte colectivo. Eva, psicóloga, (Alicia Borrachero) y Alberto, cirujano plástico, (Fernando Soto) son los anfitriones de la velada. Especialmente Borrachero lleva el motor de la acción y es la responsable del desenlace. La falsa seguridad de la protagonista y la visión diferente de ambos en el comportamiento de su hija serán motivos de disputa. Antonio Pagudo (Antonio) y Olivia Molina (Marina), ambos abogados, interpretan a un matrimonio tradicional con carencias afectivas y de comunicación, pero un obscuro secreto saldrá a luz. Me gusta especialmente el tándem de actor y actriz sobre las tablas y la complicidad entre ellos.

Elena Ballesteros y Jaime Zataraín se meten en el papel de una pareja recién casada. Ella, Violeta, es la última en formar parte del grupo y su juventud le hace soñar y creer sin fisuras en el amor. Él, Santi, es un taxista vividor con proyectos sin futuro. Ambos son los más perjudicados en el tóxico juego del móvil. Por último, en orden de aparición, el actor Ismael Fritschi se viste de Lucas, un profesor desempleado con la necesidad de comunicar algo a sus amigos. Este personaje hace las veces de saco de boxeo al recibir sobre él las, frustaciones, inseguridades y miedos de sus amigos. Sus dudas y debilidades emocionales terminarán por hacerle fuerte y dar una lección al resto de comensales.


La construcción escenográfica a cargo de Silvia de Marta, es clara, efectiva y va acorde con la sencillez de la idea original, un grupo de amigos se reúnen para cenar. Este pragmatismo es, precisamente, una de las razones por la idoneidad de llevar el texto del director italiano al teatro. El decorado recrea a la perfección un piso, con todas las habitaciones incluido el baño, aunque las escenas principales transcurren en el salón comedor y más concretamente en las pequeñas mesas situadas en el proscenio. Desestimar la opción de una mesa de grandes dimensiones, como la fotografía del programa de mano, tiene el inconveniente de que los teléfonos móviles quedan enterrados entre la vajilla y la comida y la representación pierde componente dramático. Ahora bien, también permite un mayor tránsito sobre el escenario y, lo más importante, una sensación de libertad frente al estatismo de una mesa anclada en el suelo.

Donde no hay dudas es en la magnífica iluminación de José Manuel Guerra  y en el perfecto espacio sonoro de Félix Botana. La ecuación de escenas conjuntas e individuales, a la que antes he hecho referencia, se resuelve a la perfección por el contraste de luces y por centrar el foco en los protagonistas puntuales ensombreciendo a los demás personajes. La idea de aprovechar todos los recursos a la hora de leer los mensajes y correos, como el altavoz, manos libres o lectura automática del móvil, es perfecta y de nuevo efectiva, al crear expectación sobre su contenido. ¿Y ustedes?, ¿Se atreven a jugar a este juego?

Una comedia de enredos cercana, profunda, inteligente, ágil y divertida donde todos los comensales son Perfectos desconocidos

Autor: Paolo Genovese
Director: Daniel Guzmán
Versión: David Serrano y Daniel Guzmán
Reparto: Alicia Borrachero, Antonio Pagudo, Olivia Molina, Fernando Soto, Elena Ballesteros, Jaime Zataraín e Ismael Fritschi
Lugar: Teatro Reina Victoria (Carrera de S. Jerónimo, 24, 28014 Madrid)

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