SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO: UNA PROPUESTA ÍNTIMA Y ROCKERA PARA DISFRUTAR DE LA OBRA DE SHAKESPEARE - Canal Hablamos

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05 septiembre 2018

SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO: UNA PROPUESTA ÍNTIMA Y ROCKERA PARA DISFRUTAR DE LA OBRA DE SHAKESPEARE



La época estival suele ser, por antonomasia, el periodo vacacional de muchos y unos meses donde retomamos aquellas actividades que, por falta de tiempo o desgana, habíamos dejado de lado. No hay mejor manera de agotar los últimos compases del verano que asistiendo a uno de los clásicos de la literatura universal. El teatro Príncipe Gran Vía abre sus puertas y comienza una nueva temporada teatral con una de las comedias más famosas de William Shakespeare.

Esta adaptación de Sueño de una noche de verano, por Alice Penn, Emilio Giménez Zapiola y Carla Calabrese, en forma de comedia musical narra la historia de cuatro enamorados atenienses y un grupo de actores aficionados quienes se internan en un bosque encantado dominado por criaturas mágicas la noche de San Juan. En él vive un pícaro y bellaco duendecillo, Puck, narrador de la historia y protagonista de las divertidas confusiones entre los cuatro enamorados Helena, Lisandro, Hermia y Demetrio. Los actores aficionados se ven inmersos en un mundo ajeno al cual temen pero, a su vez, desean conocer. En el olimpo de los dioses, Oberón, rey de las hadas, y su amada esposa Titania viven acompañados de su cohorte de hadas y seres mágicos y serán los encargados de hacer y deshacer el destino de los cuatros jóvenes y el suyo propio.

La belleza de las obras clásicas reside en su atemporalidad y, como los buenos libros, es recomendable releerlas con el paso de los años para extraer detalles antes pasados desapercibidos. Además sirve de molde para nuevas construcciones teatrales. Muchas de las comedias de enredos más contemporáneas, de trama amorosa, están inspiradas en la obra que nos ocupa dirigida por Carla Calabrese y Sebastian Prada. Presentar Sueño de una noche de verano en forma de comedia musical es un acierto, pues esta obra se presta a reinterpretar sus líneas en forma de canciones sin perder su esencia original. En esta ocasión, los cuatro elementos necesarios (música, canción, texto y baile) para poder hablar de un musical al uso se integran a la perfección creando una construcción teatral muy completa de carácter metateatral.


El elenco, formado por ocho actores y cinco actrices, brilla tanto en su faceta teatral como vocal, en definitiva artística, y sabe dotar a sus respectivos personajes las idiosincrasias contenidas en la obra de Shakespeare. Además, realizan un perfecto aprovechamiento del recinto más allá del escenario o proscenio. Antes de entrar a valorar de forma profusa el trabajo del reparto, debo mencionar –pues es lo primero que verán los espectadores– la magnífica construcción escenográfica, a cargo de la compañía Tadeo Jones, y lumínica por crear una atmósfera onírica y sensorial. Solo con poner los pies en la sala del teatro Príncipe Gran Vía, sentí como si realmente estuviera en aquel bosque rodeado de criaturas mágicas. Por ponerle una pequeña pega, hubiera sido interesante introducir alguna plataforma móvil en algunos de los números musicales.

El elemento central y definitorio del género musical es, sin duda, la música, acompañada de la canción. Esta característica no es solamente técnica, pues si los espectadores se decantan por este tipo de obras es precisamente por estos dos elementos, los cuales son los que más tiempo tardan en olvidar. Javier Jiménez Zapiola es el creador de las canciones y melodías y su trabajo lo calificaría de arriesgado e innovador pero sobre todo efectivo. Cualquier asistente apreciará el género rock imperante a lo largo de la representación. Es un acierto porque funciona muy bien y es un revulsivo a los textos recitados; no obstante, me hubiera gustado un mayor protagonismo de instrumentos y ritmos propios de la música celta pues recuerdan de una forma directa a la naturaleza y seres fantásticos. Por su parte, Lucas Crawley, director musical, sabe trasmitir esa fuerza y energía del rock a la obra y a sus integrantes.

En el género musical melodía y canción van de la mano. En este punto se abre un interesante debate sobre si es necesario contar con cantantes profesionales para este tipo de obras. Sin entrar profusamente en este tema, lo más importante es el resultado y en esta ocasión Maia Contreras, directora vocal, ha hecho que sea satisfactorio. Todos los vocalistas defienden con soltura los textos cantados aunque destacaría principalmente a tres de ellos. En primer lugar, la pareja de actores formados por Ignasi Vidal, en su papel de Oberón, y Mela Lenoir, como Titania. El primero es un rostro conocido de series españolas pero sobre todo un especialista en el género musical con un amplio bagaje. En esta ocasión, deleita a los presentes con una voz cálida y envolvente y, a su vez, con un dominio pleno de los agudos. En este registro encuentra acomodo la voz de Lenoir, la actriz cantante y bailarina argentina también especializada en el género musical. Las disputas matrimoniales y sus reconciliaciones musicalizadas son alucinantes. Por su parte, Andrés Bagg, en su papel de Puck como viajero errante de la oscuridad y servidor de Oberón realiza unos solos perfectos con poses muy propias de Miguel Bosé y, además, es el encargado de poner fin a la obra.


Desde el punto de vista de la gramática textual, la obra guarda gran fidelidad al texto original, por tanto conserva los matices y las figuras literarias primigenias. Sin embargo, es necesario, y así ocurre, dotar al texto de un lenguaje cotidiano y moderno; primero por una cuestión práctica, para mayor entendimiento de la obra y segundo, para ahondar y profundizar en el aspecto cómico. Como digo, esta revisión es perfecta y prueba de ello, son las risas de los presentes. Por citar algunos ejemplos, el trío de actores formado por Cayetano Fernández (Botón), Edgar López (Quince), Luciano Vittori (Flauta) son los encargados de dotar a la obra de ese carácter metateatral (actores interpretando a actores) y protagonizan los momentos más hilarantes de la obra. Compartidos sin duda por las divertidas fechorías de Puck (Andrés Bagg) y por las aventuras y desventuras amorosas de los cuatro jóvenes con sus espasmódicos movimientos, sus acentos telenovelescos, en el caso de Helena (Lorena Fidalgo) y Hermia (Mariola Peña), y los dejes gallego y andaluz en el caso de Sergio Reques (Demetrio) y Naim Thomas (Lisandro), así como su duelo final donde sus espadas son de farsa y pantomima.

Todas las canciones y melodías van acompañadas de coreografías simples pero vistosas, de la mano de Mariano Botindari. En este punto cabe destacar el trabajo de Pedro Moreno (Igor), Luisina Quarleri (Polilla) y Florencia Anca (Telaraña), encargados de dar elegancia y calidad técnica a los movimientos coreográficos.


En Sueño de una noche de verano disfrutarás de una de las comedias más maravillosas y divertidas de Shakespeare en formato musical


Dirección: Carla Calabrese, Javier Giménez Zapiola y Sebastian Prada
Dirección de producción: Carla Juliano y Sergio Albertoni
Dirección Musical: Lucas Crawley
Reparto: Ignasi Vidal Oberón, Andrés Bagg, Mela Lenoir Titania, Naim Thomas, Sergio Reques, Lorena Fidalgo, Mariola Peña, Cayetano Fernández, Edgar López, Pedro Moreno, Luciano Vittori, Florencia Anca y Luisina Quarleri
Coreografía: Mariano Botindari
Escenografía: Tadeo Jones
Vestuario: Melania Bocchia, Alice Penn y Silvana Morini
Lugar: Teatro Príncipe Gran Vía (Calle de las Tres Cruces, 8, 28013 Madrid)

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