DIRTY DANCING: MÚSICA Y BAILE COMO FORMAS DE VIDA - Canal Hablamos

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02 octubre 2018

DIRTY DANCING: MÚSICA Y BAILE COMO FORMAS DE VIDA



Luces encendidas. La música comienza a sonar levemente y tu cuerpo ya va marcando el compás. A medida que la melodía va cogiendo cuerpo, sin apenas darte cuenta, ya estás en la pista dispuesto a bailar. Todos hemos experimentado este breve proceso en alguna ocasión; otros, como los protagonistas de este espectáculo, lo viven a diario. Si disfrutaste de la exitosa película de Dirty Dancing ahora podrás revivirlo en directo en el Teatro de la Luz Philips Gran Vía.

El género musical es uno de los preferidos por el gran público debido a la conjunción de estos cuatro elementos: la música, la canción, el baile y los diálogos. Además es uno de las más intergeneracionales y transversales pensados para disfrutar en familia. Estos ingredientes son comunes para todos los espectáculos donde la melodía ocupa un lugar central; sin embargo este musical, con cifras récords en todo el mundo, va más allá y logra transportar al escenario la nostalgia de la década de los 80 con todas las emociones que en su día provocaron Jennifer Grey y Patrick Swayze en la gran pantalla.

“El clásico del cine ahora en teatro”

La novelista, guionista, productora y directora estadounidense, Eleanor Bergstein, vuelve a situarnos en el verano de 1963. El señor y la señora Houseman (Antonio Reyes y Lucía Torres) junto a sus dos hijas, Frances “Baby” (Fanny Corral) y Lisa (Lilian Cavale) pasan sus primeras vacaciones en familia en el lujoso hotel Kellerman’s en Catskill, Nueva York. Para ninguno serán unas vacaciones más, pero menos para “Baby”, quien está a punto de aprender una de las mayores lecciones de su vida y un curso exprés de baile. De forma accidental, la joven descubre una desenfrenada fiesta llena de música y baile en el área de empleados del hotel. Fascinada por los provocativos pasos y los hipnóticos ritmos musicales, Baby  también quiere formar parte de ese mundo y ser la pareja, dentro y fuera de los escenarios, de Johnny Castle (Pablo Ceresuela) el carismático instructor de baile del hotel. Dos jóvenes espíritus ferozmente independientes y de mundos distintos se unirán para culminar el más desafiante verano de sus vidas.

La trama amorosa es palpable en toda la representación, tanto en la pareja protagonista como en el resto de personajes. Sin embargo, dista mucho del romanticismo ñoño de algunos filmes y presenta a una joven triunfadora en el ámbito profesional y personal al sobresalir y conseguir el amor deseado. Este retrato es el mejor ejemplo del subgénero Chick flick, con no demasiado éxito en las artes escénicas. Además de la estela amorosa, esta historia también nos habla de la importancia de ser uno mismo y de no tener miedo a luchar por ideales, alegatos tan válidos hoy como lo fueron en los años 80. Otra característica de obras con protagonistas adolescentes es la diferente visión de la realidad de adultos y jóvenes, que condiciona la forma de actuar de ambos. Detalle conseguido, tanto en la trama, como en el proceder de los actores. Este buen encaje de todos los elementos es responsabilidad del director, autor y compositor Federico Bellone.


Exitosa banda sonora original con novedades

Las melodías, como no pueden ser de otro modo, son el eje central de este musical. Los asientes, gracias a la perfecta dirección de Pedro Arriero, disfrutarán de grandes éxitos como “Hungry Eyes”, “Hey! Baby”, “Do you Love Me?” y el siempre entrañable “(I’ve Had) The Time of My Life”. Además, esta adaptación cuenta con temas como “Cry to Me” por el incomparable cantante de rhythm & blues Solomon Burke, el éxito número uno de la radio “Hey! Baby” de Bruce Channel y el primer sencillo como solista de Otis Redding “These Arms of Mine”. En definitiva, una fusión escénica de la banda sonora de la película original con actuaciones en vivo por parte de un gran elenco. Además, tal y como apunta la escritora de la obra, esta versión teatral le ha dado la oportunidad de añadir canciones que siempre había querido incluir en la banda sonora de la película de 1987.

En el terreno vocal, todo el reparto mantiene un altísimo nivel. La armonía de voces es correcta y los solos son perfectos. Sin embrago, sí eché de menos algún dúo más entre los dos protagonistas. Me gustó especialmente la voz del cantante guineano Pedro Ekong, en el papel de Tito, y el dúo de la multipremiada actriz y cantante Juls Sosa, en el papel de Elisabeth, con el actor de cine y televisión, Javier Ramos, en su papel de Billy Kostecki, primo del protagonista. Además, este último también es el encargado de dirigirse de forma directa a los presentes, en un ejercicio de la ruptura de la cuarta pared, para interactuar con ellos mediante una dinámica simple pero con gran acogida entre el público infantil.

Complejas coreografías electrizantes

Cierto es que el eje vertebrador de este espectáculo no es la melodía como elemento independiente, si no la fusión de canción y baile; de hecho, el mismo título lo refleja y es una de las mayores preocupaciones de Baby. En este sentido, el trabajo coreográfico dirigido por Gilllian Bruce, lo califico de brillante. El público disfruta de una amplia variedad de pasos de bailes y estilos como los distributivos, individuales y grupales. De este modo, puede apreciarse la calidad de bailarines como Edu Llorens, Manuel Martínez, Úrsula Aguilera y Eva Conde. Los movimientos corporales elásticos y delicados de Raquel Caurín, en su papel de Penny Johnson, joven cuya pasión es el baile, son encomiables además de la importancia de su personaje en la trama de la obra.

El foco de la acción se posa sobre la pareja formada por Baby y Johnny Castle. En esta función, la actriz Fanny Corral interpreta a una joven con las típicas preocupaciones de su edad pero con la idea clara de “intentar cambiar el mundo”, como la califican algunos de sus compañeros. El proceso de madurez, profesional y personal, de este personaje es hermoso de seguir durante toda la función y lleva consigo un arduo trabajo por parte de esta actriz madrileña experta en musicales. En los primeros compases debe interpretar a una joven inexperta en el baile para luego poder dar todo de sí en la última escena. Por su parte, Johnny Castle, en esta función interpretado por Pablo Ceresuela, es un atractivo profesor de baile contratado por el hotel. Su personaje también evoluciona a lo largo de la obra y se va conociendo así mismo. Este proceso de metamorfosis es bien interpretado por el actor de cine y televisión, aunque en ocasiones su forma de hablar parecía algo forzada, igual por exigencias del guion. Lo más importante es el gran trabajo conjunto de actor y actriz y la complicidad expresada sobre las tablas, y prueba de ello, es la perfecta ejecución del famoso y complicado paso “el salto del ángel”.  


En el género musical, los diálogos parecen ocupar un lugar secundario por la espectacularidad de otros componentes como los coreográficos o vocales. Sin embargo, sin el texto recitado la trama de la obra no avanzaría. En Dirty Dancing los diálogos son ligeros, ágiles y encaminados en dos direcciones: la dramática –donde los personajes resuelven sus conflictos ocasionados por malos entendidos, centrados en Robbie, estudiante de medicina, interpretado por el actor y experto en musicales Javier Arce– y la cómica, dirigida al espectador. En este último género destacan la actriz Lilian Cavale en su papel de Lisa, hermana de la protagonista, por su marcada gestualidad facial y corporal y por el dominio de la pantomima, el actor Jorge Galaz, como hijo del gerente del hotel, por sus fallidas técnicas de enamoramiento y, de nuevo Javier Ramos, por su conexión con el público.

Completa construcción escénica con perfectas transiciones

Los musicales producidos por LETSGO destacan por decorados espectaculares, bien construidos e integrados en la obra. Dirty Dancing, gracias al magnífico trabajo de Roberto Commoti, no es una excepción. Los asistentes podrán disfrutar de una completa construcción escénica –formada por tres plataformas giratorias cambiantes, en función de donde se desarrolle la acción– y una perfecta recreación del hotel Kellerman’s (el hall, el comedor, los cuartos del personal, el jardín, las habitaciones de los huéspedes y el sótano donde el staff practica el "dirty dancing"). Más allá del cuidado en el decorado, si por algo destaca este musical es por las rápidas transiciones entre escena y escena. Si fuera una película, me referiría al concepto de plano secuencia, pues la acción trascurre mientras las plataformas giran un ángulo de 180 grados y en cuestión de segundos los personajes se transportan a un nuevo ambiente. Por otra parte, me gusta la inclusión de elementos audiovisuales, como las gotas de lluvia, para dar mayor credibilidad al relato. El diseño de vestuario, por Jennifer Irwin, y la correcta iluminación, Valerio Tiberí, y audio, Armando Vertullo, terminan de encumbrar el lema del espectáculo “El clásico del cine, ahora en teatro”.


En Dirty Dancing revivirás las canciones de la exitosa banda sonora de la película y disfrutarás de sus coreografías electrizantes


ALBERTO SANZ BLANCO
PERIODISTA

Escritora: Eleanor Bergstein
Director: Federico Bellone
Coreógrafa: Gillian Bruce
Diseño Escenografía: Roberto Comotti
Reparto: Laura Enrech / Eva Conde / Fanny  Corral.  Christian Sánchez / Pablo Ceresuela / Sergio Arce.  Raquel Caurín / Alba Feliu.  Antonio Reyes / Manuel Martínez / Raúl Pardo. Lucia Torres.  Lilian Cavale / Aroa García. Alvaro Blazquez / Manuel Martínez.  Jorge Galaz / Álvaro Forcén.  Javier Ramos / Jorge Galaz. Juls Sosa. Angel Lara. Pedro Ekong. Enrique Cazorla / Edu Llorens. Angel Fernández / Sergi Pedros. Raquel Caurin. Úrsula Aguilera. Eva Conde.
Elenco músicos : Contrabajo - Joseba Llanas / Trompeta - Alvaro Forcén / Saxo - Jorge Albarrán / Batería - Miguel García
Lugar: Calle Gran Vía, 66, 28013 Madrid

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