PROYECTO EDIPO: TOREANDO A SÓFOCLES - Canal Hablamos

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04 octubre 2018

PROYECTO EDIPO: TOREANDO A SÓFOCLES



Uno de los mayores temas de debate en los círculos sociales gira entorno a la tauromaquia. Tanto sus defensores como detractores exponen, casi siempre de forma acalorada, argumentos a favor o en contra. Con independencia de la opinión de los espectadores, estos van a encontrar un burladero común donde refugiarse: la tragedia griega de Sófocles. Si desean entrar en ella puedan visitar el Teatro Fernán Gómez.

Con la pluma bien afilada, Gabriel Olivares, autor y director de este trabajo, nos propone dos obras en una: una revisión de la tragedia de Sófocles Edipo Rey y una fábula distópica y futurista en una España sin corridas de toros. En la primera conocemos la historia Edipo (Asier Iturriaga), rey de Tebas y esposo de Yocasta (Alba Loureiro) y su pueblo. Una gran peste asola la ciudad griega y el encargado de investigar la causa –ante las exigencias de una muchedumbre encabezada por un sacerdote (Abraham Arenas)– es Creonte (Guillermo Sanjuán), amigo y cuñado de Edipo. La respuesta, extraída del oráculo de Delfos, es meridiana: la muerte del anterior rey de Tebas, Layo, no ha sido vengada. Muchas son las acusaciones y conspiraciones, algunas provenientes de los ancianos (Javier Martín) pero solo uno es el asesino.

De forma paralela, el espectador avanza en el tiempo y se sitúa en la futurista España de 2030 donde las corridas de toros y cualquier otra simbología taurina están prohibidas y penadas. Jacinto (David De Gea) está recluido en una institución psiquiátrica, dirigida por el Doctor Márquez (Javier Martín) a la espera de la valoración de un comité de expertos. Se le acusa del delito de ser “matador de toros” e integrante de una oscura mafia que todavía organiza corridas de toros clandestinas. Su única ayuda es Teresa, psicóloga enviada por la Fiscalía de Delitos Taurinos, responsable de decidir si Jacinto es un enfermo mental o un delincuente común. Sin quererlo, también irá destapando una historia pasada, donde Jacinta, madre del matador, y Criseida, amiga de la familia, tendrán mucho que aportar.


Como pueden observar, ambos relatos cuentan con una gran profundidad y con tramas y subtramas propias. Para sacar mayor partido a la representación, recomiendo a los espectadores tener claro los puntos de partida: en primer lugar, por un objetivo práctico, no perderse en el desarrollo de la acción, y en segundo término, para poder extraer paralelismos y diferencias entre los dos relatos con un mismo hilo conductor: la tragedia humana. Olivares, director de exitosos montajes como Burundanga o El Reencuentro, nos invita a reflexionar sobre el futuro de la cultura ancestral, las voces del pasado enfrentadas a la modernidad, el choque entre la legalidad y la ética y, en definitiva, sobre lo más hondo de las pulsiones humanas causantes de la ceguera. Como bien se resume en el programa de mano, Proyecto Edipo es una fábula política, un cuento cruel y una historia probable en un futuro posible.

En esta ocasión, Olivares, director, productor teatral y creador, del TeatroLab, se aleja del género cómico al que nos tenía acostumbrados y se pone al frente del libreto y la dirección. En lo relativo a la propuesta inicial, estamos ante una obra de gran complejidad textual y teatral. La gramática del relato de Olivares, director de obras como Gross Indecency y Cuatro corazones con freno y marcha atrás,  destaca por frases cargadas de sentido, metáforas taurinas conceptuales y comparaciones espacio-temporales. Al principio de la función tuve demasiada presión por no entender algunos de los elementos en escena (el porqué de la bebida azucarada, cuáles serían los puntos reales de unión de ambos relatos o cómo desembocaría la historia) pero luego fui encontrándoles explicación. Desde mi óptica, el tiempo lo considero excesivo si nos ajustamos a la clasificación primigenia de cualquier historia: introducción, nudo y desenlace y algunos pasajes podrían ser explicados por la magnífica y cálida voz en off. Sin embargo, las casi dos horas de duración sirven para que los actores y actrices puedan sacar lo mejor de sí y el espectador pueda disfrutar de la simbología en ambas historias y de la construcción escenográfica.

En las artes escénicas en general, y en el teatro en particular, hay multitud de propuestas, algunas muy parecidas entre sí. Solo por atreverse y arriesgarse a a llevar sobre las tablas una obra donde ciencias como la filosofía y la psicología se dan la mano ya es digno de elogio. En otras ocasiones, he definido a Olivares como un maestro de los retos y, en este, también ha salido airoso. La dirección teatral también corre a su cargo y como reza un dicho teatral hay que pasar de las musas al teatro; es decir del plano de las ideas al plano de la acción. En este sentido, considero que las pautas de este director, en lo relativo a la disposición escénica, sirven para clarificar las dos historias y, de nuevo, para disfrutar del torrente interpretativo del reparto. De forma conjunta, resalto la gran potencia y fuerza vocal de todo el elenco y reivindicar la desnudez del cuerpo humano por su enorme simbología.


El peso central de la obra lo llevan los actores David De Gea, en su papel de Jacinto, y Asier Iturriaga, en el de Edipo. Ambos sostienen a un mismo personaje que, como el toro, son una fuerza de la naturaleza presa del dolor, luchan en vano contra el entorno hostil de una sociedad fracturada y donde la individualidad ya no tiene cabida. Los dos actores mantienen un elevado nivel interpretativo. Probablemente sea una de las mejores representaciones dramáticas de obras actualmente en cartelera. En el caso de De Gea, destaco su mirada fría y hierática y su cara de perplejidad ante lo que es capaz de hacer su protagonista, Edipo Torero, en un plano entre el sadismo y el sufrimiento. Por su parte, Iturriaga representa a alguien quien desconoce, por locura o negación, su pasado. La metamorfosis de Edipo y el dolor al conocer su cruel verdad son perfectamente interpretados por este actor.

El papel de Teresa, interpretado por Alba Loureiro, es esencial para entender la historia y comprender el origen de la personalidad del matador. Loureiro, protagonista en Ding Dong dirigida también por Olivares, nos regala diálogos racionales, en su papel de psicóloga, y movimientos levitatorios, como   Yocasta, mujer de Edipo. En ambos casos demuestra una gran solvencia interpretativa. Al igual que ocurre en la tragedia griega de Sófocles, el influjo de la figura materna marca el futuro de su hijo. En esta ocasión, la actriz Carol Verano se viste de Jacinta, una posesiva y enfermiza mujer causante, o partícipe necesaria, de la locura de su hijo Jacinto. El realismo, la voz entrecortada, las manipulaciones psicológicas y los movimientos torpes son perfectamente interpretados por la actriz navarra.

Otros personajes necesarios para apuntalar la representación son el Doctor Márquez, responsable del centro psiquiátrico. Su coraza inconsistente, su falsa autoridad y su falta de ética son perfectamente interpretadas por Javier Martín. El actor Guillermo San Juan aporta contundencia, seguridad y fortaleza a Creonte, hermano de Yocasta y es el responsable de los momentos más cómicos en su otro papel de Criselda para diluir, así, la carga dramática de la obra. Abrahán Arenas hace lo propio como sacerdote representante de una turba enfurecida de ciudadanos tebanos. Por su parte, Montse Rangel aporta realismo y dramatismo en su papel de criada. Todos ellos, como ocurre en la tragedia de Sófocles, nos regalan frases corales sentenciadoras acompañadas de movimientos autómatas.

El amplio y profundo escenario de la Sala Guirau es perfectamente aprovechado por Felype de Lima. El director escenográfico apuesta por la parquedad del decorado, alejado de todo folclorismo, y por una gran carga simbólica de muchos de los elementos en escena: como el albero de cenizas, las rayas blancas de la cal o la disposición del mobiliario en forma circular. Además, junto a la buena ambientación de María Calderón, también recrea hologramas y tecnologías propias del futuro. Por último, la iluminación metálica y fría termina de situar al espectador en la acción.


En Proyecto Edipo asistirás a una fábula política, a cuento cruel, a una historia probable en un futuro posible de la mano de Sófocles


ALBERTO SANZ
PERIODISTA

Autor y Director: Gabriel Olivares
Reparto: David DeGea, Carol Verano, Asier Iturriaga, Alba Loureiro, Abraham Arenas, Guillermo Sanjuán, Javier Martín, Montse Range
Lugar: Teatro Fernán Gómez (4, Plaza de Colón, 28001 Madrid)
Contacto: https://www.teatrofernangomez.es/actividades/proyecto-edipo

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