SIETE AÑOS: EL PRECIO DE UNA DECISIÓN - Canal Hablamos

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13 octubre 2018

SIETE AÑOS: EL PRECIO DE UNA DECISIÓN



Ser culpable y sentirse culpable no es lo mismo. Alguien puede sentirse culpable de algo que no ha hecho y hay quien puede ser culpable y, sin embargo, no tener dicho sentimiento. Para la justicia prevalece el principio de culpabilidad; sin embargo, en nuestras relaciones con los demás el sentimiento de culpa tiene más peso. Si desean ahondar sobre este y otros temas y poner cara a sus personajes pueden visitar los Teatros del Canal.

Daniel Veronese, responsable de la versión y dirección, nos invita a pasar una noche de sábado en el loft de unas oficinas en el centro de Madrid. Allí están reunidos los cuatro fundadores de una exitosa empresa de aplicaciones tecnológicas (Marcel Juan Carlos Vellido–, Carlos Daniel Pérez Prada–, Luís Eloy Azorín– y Verónica Carmen Ruiz–)  para dilucidar un importante tema. El fisco ha descubierto posibles delitos relativos a la financiación y prácticas de la empresa y, en cuestión de horas, las autoridades pueden ir a por los cuatro. No obstante, sus abogados han abierto otra vía: uno de los integrantes puede entregarse y asumir la responsabilidad de los otros, pagando, así, un total de siete años en prisión. Todos parecen estar de acuerdo pero… ¿habrá alguien dispuesto a dar el paso? Para despejar el camino, un peculiar mediador, José Veiga (Miguel Rellán) está dispuesto a ayudarles aunque suponga destapar aspectos íntimos del pasado de los cuatro integrantes.

Los amantes del cine recordarán la película de 2016, con el mismo nombre, dirigida por Roger Gual y con guion de Julia Fontana y José Cabeza. Las situaciones límites siempre son golosas para las artes escénicas y, en los últimos tiempos, aquellas relacionadas con corruptelas y fraudes aún más. El espectador –cuando se introduce en la trama– puede relacionar el contenido con titulares de informativos, desgraciadamente cotidianos, y humanizar, o no, a sus protagonistas y exonerarlos de toda culpa. En el mundo del cine una trama cargada de intriga suele funcionar bastante bien; sin embargo, es en el teatro donde el espectador puede apreciar de forma clarividente las relaciones, comportamientos y reacciones humanas.


El trabajo de Veronese, prolífico actor, autor y director teatral, es precisamente exprimir a los personajes protagonistas para conocer todo de ellos, potenciar los diálogos y hacerlos más profundos y situar al reparto sobre el escenario. En todas estas facetas su trabajo es solvente. Veronese conforma un relato inteligente y claro. Este aspecto es importante porque, en otras representaciones de temática similar, el espectador puede perderse en la trama pero, en esta ocasión, se nota el enorme esfuerzo por clarificar los puntos de partida y que sean los propios personajes los encargados de ir precipitando el final de la representación. Por otra parte, y aunque no sea el objetivo central de la representación, el espectador también recibe una lección exprés sobre la figura del mediador, los intríngulis legales y el modus operandi para sortear a Hacienda.

Como comentaba anteriormente, el teatro es el mejor medio para exponer sin ambages las relaciones humanas. En este aspecto Veronese es un genio, como ya demostró en Todas las mujeres, y otorga a este thriller altas dosis de psicología. Los diálogos centrales están formados por un amplio abanico de argumentos y contraargumentos cargados de debilidades humanas. Esta fusión va en aumento en los 80 minutos de duración, y culmina con un final sorprendente. En algunos instantes, da la sensación de que la obra no avanza, está en punto muerto e, incluso, retrocede pero es así como funcionan las negociaciones y la única forma de llegar una solución posible. El aspecto menos positivo es la ubicación del reparto sobre el escenario. No encuentro justificación para que, en algunas escenas, los actores den la espalda al espectador. De hecho, ellos mismos intentan girarse para no incidir en ello.

Veronese consigue crear, con todos los personajes, un juego de roles muy potente y desencadenante de algunos de los conflictos. Desde el comienzo, los cinco integrantes escondían algo; e incluso al finalizar la representación, sentí como si no se hubieran descubierto del todo. Sin duda, un sentimiento positivo por ese trasfondo profundo de los protagonistas envueltos en una trama compacta. Por su parte, el elenco está formado por caras conocidas del mundo del cine, del teatro y la televisión.


Juan Carlos Vellido da vida a Marcel, el director general de la compañía. Este actor, con más más de una treintena de apariciones televisivas, interpreta de forma óptima la tranquilidad impostada de su personaje y cómo parece tener el control de la situación. Me gusta el tándem formado por este actor barcelonés y Carmen Ruíz, como Verónica. Esta actriz, protagonista de La cantante calva, nos tiene acostumbrados a papeles más cómicos por su facilidad para el humor, pero sabe mantener esa aura de misterio a su personaje y explotar cuando la situación parece desviada. Eloy Azorín es Luís, el hombre simpático encargado de mantener a los clientes en la compañía. De su actuación destaco la actitud combativa y la garra teatral frente al perfil dócil de anteriores papeles.

Daniel Pérez Prada, con numerosísimas actuaciones en cine y televisión, interpreta a Carlos, el más joven de los cuatros y la cabeza pensante de la empresa. Este personaje está envuelto en un halo de misterio y en una aparente debilidad por su personalidad íntegra, todo ello muy bien representado por Pérez Prada. Por último, en orden de aparición, Miguel Rellán representa a José Veiga, un peculiar mediador encargado de decidir quién de los cuatro debe pagar por los demás. Sus curiosas dinámicas y métodos aparentemente simples sacarán de quicio a los protagonistas y aportarán algo de luz ante sus envidias y rencores pasados. Rellán, Goya al  Mejor actor de reparto, por Tata mía (1986), es probablemente uno de los actores con más apariciones en series televisivas y cinematográficas por su polivalencia. En esta ocasión, vuelve a regalarnos su templanza y serenidad en los escenarios con un personaje de infinitos recursos y al igual que el actor rebosa experiencia y sabiduría.

La construcción escenográfica destaca por la minuciosidad y el cuidado de los detalles. Mónica Boromello consigue crear unas oficinas diáfanas, luminosas y con grandes ventanales. Los elementos secundarios de la escenografía, como los dardos, también se verán reflejados en la historia; por tanto, existe una integración plena entre escenografía y relato. Otro aspecto muy positivo es aprovechar la profundidad del escenario cuando los personajes mantienen diálogos entre ellos, aparentemente puede parecer una simpleza o nimiedad pero da una sensación de normalidad y cotidianidad. En obras de características similares (una reunión o un debate), la representación suele dividirse en partes y ser diferenciadas por una pequeña sintonía o por la ausencia de luz. Hubiera sido interesante incorporar estos efectos lumínicos para potenciar el estancamiento de las negociaciones. Valoraciones personales a parte, todo en esta obra funciona a la perfección.

En 7 años disfrutarás de un thriller muy completo donde todos son responsables pero solo uno deberá ser el culpable


ALBERTO SANZ
PERIODISTA

Versión y dirección: Daniel Veronese
Reparto: Miguel Rellán, Carmen Ruiz, Eloy Azorín, Juan Carlos Vellido, Daniel Pérez Prada
Lugar: Teatros del Canal (Calle de Cea Bermúdez, 1, 28003 Madrid)

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