BARRO: “UNA EUROPA DE SEDIMENTOS EN BUSCA DE IDENTIDAD” - Canal Hablamos

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17 diciembre 2018

BARRO: “UNA EUROPA DE SEDIMENTOS EN BUSCA DE IDENTIDAD”



Cuenta la mitología que la diosa Europa fue raptada por Zeus y le hizo reina de la isla de Creta. El ser humano ha demostrado que también es capaz de raptar, no solo a un continente, si no al mundo entero y abocar su futuro a un final incierto cuyas consecuencias permanecen, todavía hoy, latentes. Los libros cuentan cómo transcurrió la Gran Guerra pero Los Teatros del Canal y la Joven Compañía te permiten ser testigos de su intrahistoria.

Barro / Mapa de las ruinas de Europa I narra la vida de ocho jóvenes implicados en la Primera Guerra Mundial como un ejercicio de extrapolación a la de tantos y tantas cuyas vidas y memorias sí quedaron marcadas para siempre. Teatralmente hablando, este es el mejor homenaje que puede hacerse, 100 años después del armisticio que puso fin a este conflicto, a quienes mantuvieron la esperanza de poder unir frente a los que dividían y dar una salida a una guerra cuya duración se alargó de forma inexorable y trágica. Dada la dimensión de este acontecimiento bélico, Barro es solo la primera parte de una tetralogía cuyo fin es indagar sobre la idea de la Europa del siglo XX.

Antes de entrar a valorar la representación en su conjunto es pertinente reseñar que Barro se encuadra en subgénero de teatro actual o contemporáneo entendido, a grandes rasgos, como aquellas obras de reciente creación surgidas como consecuencia de la renovación del lenguaje escénico y que pretenden interpelar de forma directa al espectador, sin filtros ni intermediarios y despertar en él una mirada crítica. Como desarrollaré a continuación, esta obra consigue dicho objetivo. También logra potenciar en la cartelera actual el teatro bélico de base documental, una vertiente nada habitual en España, en comparación con otros países de nuestro entorno. La combinación del teatro contemporáneo de componente bélico junto a un joven reparto da como resultado la fórmula del éxito.


Barro es probablemente una de las pocas obras donde el espectador sabe de antemano cuál va a ser el final. ¿El interés? En el relato creado por Guillen Clua y Nando López. Al bucear en sus respectivas biografías encuentro un paralelismo asombroso: ambos son especialistas de la narración; Clua como periodista y experto en el uso de mecanismos de intriga, comedia o melodrama y López como novelista de largo recorrido y Doctor Cum Laude en Filología Hispánica. Esto confirma por qué el libreto es potente, emotivo, sugestivo y de alta densidad narrativa. La técnica de usar como hilo conductor la vida de unos jóvenes –invadidos de temores e inseguridades– para entender cómo era la sociedad y contexto de una época, en este caso de principios del siglo XX, es muy habitual en el género novelesco. La diferencia estriba, y aquí está la clave, en que solo es un medio, y no un fin; pues el elemento central no son los personajes individuales, con buen criterio en la elección de sus nombres, si no a quiénes están representando. Sin embargo, desde mi óptica, en ocasiones los dramaturgos indagan en exceso en las historias personales y cuando intentan extrapolar sus comportamientos estos quedan algo diluidos o son repetitivos, de forma especial al final de la representación.

Mi temor principal antes de visionar la obra era si, con la excusa del teatro interpelativo, podría incluirse junto al pertinente y actual debate de la identidad europea, un carácter aleccionador o alguna moralina de difícil explicación debido al aumento de la ideologización. Me sobraron poco más de 10 minutos para descartar miedos infundados. Este es uno de los motivos por los que se realizan funciones para estudiantes dentro de la Campaña escolar de los Teatros del Canal. No suelo describir al público asistente, pero en esta ocasión me alegró ver a decenas de jóvenes entre los asistentes porque no hay punto de comparación entre estudiar en clase la Primera Guerra Mundial y poder ser espectadores de ella. Siempre bajo esta premisa: “el teatro no es escuela y el escenario no es aula”, recogida en el programa de mano.

 En lo relativo a la gramática textual, el libreto está cargado de elementos simbólicos, siendo el título el mejor ejemplo, de bellas metáforas, de frases sentenciadoras, algunas en forma de prosa versada, y de profundas y constantes reflexiones. La mejor manera de extraer toda esa sabiduría es compartirla con quienes hayan visto la obra. Así queda reflejado en el programa de mano, obra de Álvaro Vicente. En esta ocasión no me refiero a la fina y moldeable hoja de otras obras, donde ocupan más los nombres y fotografías de los protagonistas que el texto; sino al tríptico divido en secciones, con lúcidas y fundamentadas reflexiones que van en la línea del enorme y arduo trabajo de documentación de ambos dramaturgos.

El encargado de materializar el libreto es José Luis Arellano García, como director escénico. Su nombre es conocido en el mundo de la interpretación por ser uno de los referentes teatrales nacionales trabajando con jóvenes y director artístico de La Joven Compañía desde su creación. En esta ocasión la mayor dificultad, resuelta con acierto, es saber plasmar sobre el escenario, por un lado, las características implícitas e identitarias de la Primera Guerra Mundial y por otro, las peripecias, venturas y desventuras de los jóvenes protagonistas. En este sentido, me fascinó cómo Arellano García, director de Elcurioso incidente del perro a media noche, es capaz de transmitir la idea de la muerte como anónima (los soldados por primera vez en un conflicto bélico no ven  a quién matan), de la utilización de gas como arma, del concepto de trincheras y, en definitiva, del avance tecnológico. Además, de la conocida como la tregua de Navidad. Por otra, parte el director consigue sacar todo el talento de los actores y actrices y ponerlo a disposición del público. Este puede sentir, por ejemplo, cómo la propaganda bélica es capaz de penetrar en la mente de las personas y hacerle sentir, como propio, el mensaje o cómo en situaciones límites los sentimientos se magnifican.


El trabajo interpretativo del reparto es soberbio. Conocía la fama de La Joven Compañía y su amor por la cultura y el teatro pero no había tenido oportunidad de verlos en directo. Ahora puedo afirmar que su juventud va acompañada de talento y experiencia. Desde el primer instante daba la sensación de ser estos ocho actores quienes se habían retrotraído a 1914 y convertidos en los soldados que fueron al frente. Los cinco actores y las tres actrices recitan sus frases con seguridad y sin titubeos –no suele ser algo digno de mención si no fuera por la complejidad y extensión de los diálogos– representan escenas paralelas a ambos lados del escenario– e intercalan sus frases como si estas no entendieran de bandos.

Resulta complicado destacar a unos actores sobre otros porque todos están a un alto nivel interpretativo y representan los diferentes arquetipos de la sociedad y las diferentes visiones de los individuos ante un conflicto bélico. Como representantes teatrales de la Triple Alianza están Helmut (José Cobertera) Klaus (Alejandro Chaparro) e Ingrid (María Romero). De Cobertera, destaco el carácter protector imprimido en su personaje. Chaparro aporta el toque chulesco y provocador y su escena postrado en la camilla es puro realismo trágico. La erudición, actitud combativa, el progreso de la mujer, y su mutación fruto del horror son muy bien interpretadas por Romero. El bando francés, como país integrante de la Triple Entente, es representado por André (Víctor de la Fuente), Marcel (Mateo Rubistein) y Pierre (Jota Haya). De la Fuente aporta el toque romántico y onírico a su personaje y a la obra en su conjunto. La vena artística, bonhomía y fragilidad dadas por Rubistein a su personaje son fabulosas. La actuación de Haya es desde mi óptica una de las mejores de esta representación y su salida, un tanto abrupta, marca un antes y un después. Da vida a un personaje profundo y lleno de inseguridades que va superando. Comienza como un muchacho y finaliza como un hombre. Cristina Varona como Erika es la viva imagen del prototipo de enfermera de hospital de campaña. Proporciona algún momento divertido y rebaja, así, el tono dramático imperante. Por último, María Valero sabe llevar un papel complicado, pues su personaje, Masha, es quien muestra la cara del “sexo como labor social” en un guerra.

La construcción escenográfica a cargo de Silvia de Marta es fría y funcional, formada por cinco grandes ventiladores metálicos y diez paneles de aluminio suspendidos. Detrás está situada una gran pantalla donde se proyecta el mapa de Europa y algunas frases explicativas. Este gran trabajo es firmado por una fija en la videoescena, Elvira Ruiz Zurita. Paloma Parro apuesta por una iluminación intimista con predominio del contraluz y tonos negros, aunque algunas de las escenas vengan marcadas por luz lateral. La perfecta caracterización, por Sara Álvarez, y vestuario de Silvia de Marta, terminan de situar al espectador en el ambiente belicista de los primeros años del siglo XX. Las guerras en Europa parecen algo del pasado, ahora no se libran con armas en los campos de las poblaciones ni, necesariamente, vienen precedidas de un asesinato. Aunque esto no signifique que no puedan volver a producirse. Europa es hoy un gigante con pies de barro con una identidad aún por moldear.


El Mapa de las ruinas de Europa ahora en el escenario, representado por un joven y profesional reparto, envuelto en Barro


Alberto Sanz Blanco
Periodista

Autores: Guillen Clua y Nando López
Director: José Luis Arellano García
Reparto: José Cobertera y Samy Khalil, Alejandro Chaparro, María Romero, Víctor de la Fuente, Álvaro Quintana y Mateo Rubistein, Jota Haya, Cristina Varona y María Valero
Lugar: Teatros del Canal Calle de Cea Bermúdez, 1, 28003 Madrid
Contacto: https://www.teatroscanal.com/espectaculo/la-joven-compania/#tabs1-info


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