EL GRAN DESPIPOTE: EL GRAN DESPIPORRE DE HUMOR Y MAGIA DE ESTAS NAVIDADES - Canal Hablamos

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26 diciembre 2018

EL GRAN DESPIPOTE: EL GRAN DESPIPORRE DE HUMOR Y MAGIA DE ESTAS NAVIDADES



Todo niño ha soñado alguna vez con recibir la carta de acceso del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Esa suerte solo la han tenido unos pocos, como los tres magos más famosos de la literatura infantil: Harry Potter, Ron Weasley y Hermione Granger. Si a ustedes tampoco les ha llegado la misiva no se preocupen, pueden visitar el Teatro Capitol Gran Vía y asistir a una mágica parodia no autorizada del universo creado por J.K. Rowling, porque a veces la copia es mejor que el original.

J.J. Vaquero, al frente del libreto, nos invita a conocer la vida de tres peculiares magos: Jarry (Ángel Martín), Ronaldo (Jaime Figueroa) y Herminia (Cristina Medina), cuyo título viene avalado por el máster de magia en la Universidad Rey Joward Carlos, para que os hagáis una idea del nivel. Los tres ilusionistas protagonizarán un show repleto de magia, humor y mucha jeta y harán honor al título de su espectáculo, un despipote.

La representación viene envuelta en un halo de misterio. La breve sinopsis del espectáculo y el video promocional abierto a la imaginación, ubicados en un página web propia, dan pie a especular sobre qué podemos encontrarnos sobre el escenario. Esta intriga inicial ya es uno de los mejores ganchos para acudir al teatro. Por este motivo, no desvelaré prácticamente nada de la trama. Para entender el conjunto, debemos tener claro en qué consiste el concepto de parodia, entendido como aquella obra satírica que caracteriza o interpreta humorísticamente otra obra, en este caso la saga de libros de Harry Potter. No resulta habitual en el teatro basar una representación en el concepto de parodia, de hecho los precedentes modernos son más bien escasos y me atrevería a afirmar que no hay nada similar en la cartela actual. Este subgénero lleva implícito el componente del humor, la pantomima y la imitación burlesca; en esta ocasión, además, se integran efectos mágicos muy vistosos. La suma de estos elementos da como resultado un espectáculo divertido y muy completo.

El libreto en este tipo de obras –donde la improvisación y cierta libertad escénica son parte de su esencia– es, desde mi óptica, el trabajo más complejo y de ello se encargan J.J.Vaquero, Jorge Blass y Jaime Figueroa. En términos generales su trabajo es óptimo. En primer lugar, construyen una historia con un relato sencillo de comprender –no hace falta ser seguidor de la saga original– y con una moraleja fácil de extraer. Las túnicas escolásticas, los nombres de los personajes, la mutación de algunos de ellos y las mágicas y virtuales apariciones de conocidos presentadores y actores son de lo más hilarantes. No sé si es intención de los libretistas, pero en la trama de la obra hay un guiño a la familia amarilla más famosa de la televisión; quienes sean seguidores y acudan a esta representación sabrán a qué me refiero. Por otro parte, Vaquero –cómico y colaborador de programas como El Hormiguero, YU: No te pierdas nada o Lo Mejor Que Te Puede Pasar– y su equipo consiguen crear un guion divertido, lleno de gags cómicos y con múltiples referencias a la actualidad. No obstante, algunos diálogos del nudo de la narración son demasiado largos y reiterativos; la consecuencia es una cierta pérdida de interés hasta que un chiste o una ilusión mágica vuelven a enganchar al espectador.


La dirección escénica recae en Gabriel Olivares, uno de los directores más prolíficos y consagrados del panorama teatral actual con obras como Burundanga, La madre que me parió y El reencuentro, entre otras. Como antes hacía referencia, el planteamiento inicial lleva a una cierta libertad escénica  –la protagonista no duda en colarse entre el público e interactuar con él– pero esta libertad no se transforma en entropía. Me gustó especialmente el reparto de roles sobre el escenario, los tres personajes se convierten a lo largo de la historia en protagonistas de su relato y enriquecen a la representación en su conjunto. Este mérito también es atribuible al hombre en la sombra, Miguel Molina, regidor de escena.

Soy partidario de la introducción de momentos musicales en los espectáculos, siempre y cuando la situación lo requiera y esta es una de ellas. Los tres actores interpretan una tierna y divertida canción. Al principio temí que sus voces fueran tan malas como los chistes de uno de los personajes virtuales pero el resultado coral fue óptimo y agradable. Las melodías van acompañadas de simples y vistosas coreografías a cargo de Patricia Rayo, quien también interviene en esta historia como Ruth, la ayudante del mago.

La magia es el ingrediente más vistoso y otro de los motivos para asistir a esta obra. En esta última década, el espectador se ha acostumbrado a traspasar la pantalla de la televisión y a acudir a ver espectáculos de ilusionismo en directo. Resulta frecuente la mezcla de humor y magia en una función, pero no lo es tanto encontrar ambos componentes en un relato estructurado, como ocurre en esta ocasión. Contar con Jorge Blass, al frente de la dirección mágica, es sinónimo de éxito y así lo ha demostrado recientemente en espectáculos como Magia 360º o en El Médico, el musical. Blass, uno de los magos más reconocidos a nivel nacional e internacional y su equipo formado por ocho especialistas, crean fantásticas ilusiones y números de escapismo repartidos a lo largo del espectáculo; envueltos, todos ellos, en la tipología de magia cómica. Desde mi óptica, el inconveniente global es que el espectador sepa entender y apreciar la naturaleza metateatral: un show de magia como espectáculo, en un espectáculo como show de magia. Dicho de otro modo, sepa discernir entre el complejo trabajo de autoría, dirección y efectos mágicos y el carácter torpe, improvisado e inexperto de los protagonistas de esta historia.

Los encargados de parodiar a los protagonistas de la saga de J. K. Rowling son Cristina Medina, Ángel Martin y Jaime Figueroa, además de un misterioso Bordemor. La actriz da vida a Herminia, quien encarna el papel de heroína. Medina, rostro conocido de series televisivas y con más de 25 años dedicada a la interpretación, creación y producción de Teatro de Humor, muestra con este personaje su cara más amable y apacible. Herminia está empeñada en ser feliz y en hacer feliz a los que le rodean. Su buenísimo y la torpeza de sus compañeros le llevarán a estar en peligro. La destreza de Medina en el humor, su facilidad para la improvisación, su seguridad en el escenario y su genial vis cómica pueden verse desde el comienzo de la representación, pues es la encargada de realizar un pequeño introito para sumergir al espectador en esta mágica historia y hacerle partícipe de forma directa en algunos de los números.

El personaje central de la saga literaria, Harry Potter, es interpretado por Ángel Martín y aunque en esta parodia su nombre comience con la letra J mantiene su madera de héroe, o por lo menos es el que más se aproxima a ella. Martín es conocido por su faceta como presentador de programas televisivos como el mítico Sé lo que hicisteis o el actual WifiLeaks. No me gusta circunscribir a un actor o artista en general en una única faceta porque probablemente pueda brillar en otras, pero Martín vuelve a dejarnos escenas muy características de su humor basado en la incomprensión, que conduce a la resiliencia, resignación y cierto hartazgo.


Los quebraderos de cabeza de Martín vienen por los pitotes con su compañero Ronaldo, interpretado por Jaime Figueroa. A diferencia de los demás, sí es un mago en la realidad y guarda cierto parecido con su personaje tipo. En el ámbito profesional, después de leer su biografía puedo confirmar que es un todoterreno en el mundo de la magia cómica, de hecho en el 2011 fue proclamado campeón en esta disciplina en el Congreso Nacional de Magia. Su papel es probablemente el más complicado de defender porque la torpeza de su personaje, Ronaldo, no conoce límites y por este motivo encarna el rol de anti héroe y será propiciador de los enredos en la trama, aunque el público al final de la función le exonere de toda culpa. Figueroa sabe mantener estas peculiaridades aunque me quedo con las ganas de ver cómo es su magia sin exigencias del guion. Sin desvelar mucho, sí diré que este mago mostrará sus dotes en un arte afín al ilusionismo, la ventriloquía.

Para cualquier espectáculo de magia una buena puesta en escena es imprescindible y en El gran despipote se cumple esta exigencia. La construcción escenográfica a cargo de Felype de Lima es funcional y recrea el lugar de trabajo de un mago. Como ya es habitual en muchas obras, la extensión del escenario es la videoescena. En esta ocasión, los actores conversan con conocidos humoristas y, como por arte de magia, van apareciendo presentadores y algunos personajes sufren mutaciones virtuales. Este efecto simple de edición es muy vistoso y acrecienta las ilusiones de la obra, ayudadas por la correcta introducción del humor artificial, la presencia del fuego y el buen trabajo de Juan Carlos Menor al frente de la iluminación.



Tres ilusionistas protagonizan una mágica parodia no autorizada y el resultado es El Gran despipote


Alberto Sanz Blanco
Periodista

Productor Artístico: Iñaki Fernández, Jorge Blass
Dirección Escénica: Gabriel Olivares
Dirección Mágica: Jorge Blass
Guión: J.J.Vaquero, Jorge Blass, Jaime Figueroa
Reparto: Cristina Medina, Ángel Martin, Jaime Figueroa, Patricia Rayo
Lugar: Teatro Capitol (Calle Gran Vía, 41, 28013 Madrid)

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