OCHO APELLIDOS MADRILEÑOS: LA MEJOR CARCAJADA CASTIZA - Canal Hablamos

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21 diciembre 2018

OCHO APELLIDOS MADRILEÑOS: LA MEJOR CARCAJADA CASTIZA



¡Camarero, una caña! Hay pocas frases más típicas que esta y resume muy bien el carácter alegre, cercano y divertido de los españoles. Eso sí, la caña siempre acompañada de una generosa tapa y en un bar castizo. Madrid es la ciudad española con más bares y la cuarta a nivel mundial. Hoy les presento un nuevo bar ubicado en el Palacio de la Prensa de Madrid donde las risas están aseguradas.

José Boto, autor de la representación, nos invita a entrar en el Bar La Paloma, ubicado en el céntrico barrio de la Latina. En su terraza está sentada una directora de cine burgalesa (María Alarcón) dispuesta a rodar la película “apellidos madrileños”. Entre las paredes del bar conocerá al jefe (Juan Diego Bueno), a su empleado apodado “El Empanao” (José Boto), a un peculiar matrimonio Soledad (Carmen Santamaría) e Ildefonso (Oskar Redondo) y a una pareja de simpáticas chicas, Gloria (Paula Martínez) y Sandy (Patricia Domínguez). Además de a un joven guitarrista, Víctor Bueno. La directora intentará rodar una escena, pero se va a encontrar, ante su desesperación, con un montón de situaciones disparatadas y cómicas con los personajes de la película ¿será capaz de enviar algo al productor?

El título de la obra recuerda de forma inevitable a las dos exitosas películas dirigidas por Emilio Martínez-Lázaro (Ocho apellidos vascos y su secuela, Ocho apellidos catalanes) sin embargo, esta comedia no guarda relación directa con el argumento de estas cintas aunque sí vamos a encontrar un aroma chovinista, en clave de humor, y en definitiva, una sátira costumbrista para reírse de uno mismo, de los tópicos y clichés con los que convivimos a diario. Desde mi óptica, hubiera sido positivo potenciar, en pro de la comedia, las peculiaridades de Madrid como ciudad y de sus habitantes y acentuar los tópicos y estereotipos para, por ejemplo, intentar desmontarlos. Con independencia de esto último, el título propuesto por Boto es un excelente ejemplo de marketing comercial aplicado al teatro y de cómo aprovechar el tirón mediático de una película.

La mejor categoría teatral para englobar esta representación es la de comedia costumbrista basada en el humor blanco, pues no vamos a encontrar connotaciones ni denotaciones negativas y las situaciones cómicas nacen del factor sorpresa, de la gracia de los actores y, en definitiva, de la calidad de lo expuesto. Además, también encontramos dosis de surrealismo para incrementar la hilaridad de la representación y aportar el toque satírico. Resulta digno de elogio construir una comedia sin caer en chistes manidos u ofensivos hacia nadie, no porque se intente comulgar con lo políticamente correcto, sino porque alejarse de esto requiere mayor dedicación e ingenio. Dos cualidades atribuibles al texto de Boto.


Cuestiones técnicas aparte, el conocido monologuista, improvisador, actor y guionista, crea un libreto, ágil, alocado y muy divertido. Entre las líneas del texto encontramos comparaciones ingeniosas, juegos de palabras y digresiones con sentido. Por otra parte, me gusta la crítica velada a la absorción por las nuevas tecnologías, en general, y redes sociales, en particular, y a la dictadura del emoticono. Todas estas características son llevadas de forma correcta al escenario por Carles Castillo, director de la representación. La principal dificultad en este tipo de obras es saber encontrar el punto exacto para conseguir situaciones disparatadas e hilarantes de forma fluida y con naturalidad sin caer en la entropía escénica, y Castillo, genial improvisador de la escuela Yllana, mimo, actor y director, lo ha conseguido.

Todos los actores y actrices de Ocho apellidos madrileños muestran su versatilidad, dotes para el humor y consiguen el fin principal de cualquier comedia: hacer reír. Además, rompen la llamada cuarta pared y no dudan en colarse entre los asistentes para interactuar con ellos. María Alarcón da vida a una ilusionada directora de cine cuya máxima preocupación es rodar “apellidos madrileños”. Esta actriz, con participaciones en series televisivas como Secretos y mentiras o 23-F, imprime un carácter tierno e iluso a su personaje y con sus acciones va marcando las pautas de la representación. Juan Diego Bueno da vida al jefe del bar “La Paloma”. Este actor, con más de una decena de obras a sus espaldas, representa a la perfección el prototipo de camarero castizo, con gracia y verborrea, y dota a su personaje de un carácter bonachón. Además, muestra sus dotes para el canto. Por su parte, José Boto se desdobla de su faceta como dramaturgo y da vida a “El empanao”, camarero con pocas luces cuya mentalidad hace honor a su apodo. Boto borda la actitud pragmática de su personaje y regala divertidos chistes e ingeniosos gags. 

El esperpéntico matrimonio formado por Soledad e Ildefonso es genialmente interpretado por Carmen Santamaría  y Oskar Redonda. La actriz madrileña, participante en importantes obras teatrales bajo la dirección de Vicente León o Luis D´ors, entre otros, da vida a una señorona emperifollada. Sin duda, con su actuación incrementa la sonoridad de la carcajada de los presentes por su hilarante vis cómica y su contagiosa e histriónica risa. Dicen que el matrimonio es cosa de dos, aunque en esta relación Ilde pinta muy poco. Oskar Redonda, showman, profesor de improvisación, y con apariciones en series televisas, se mete en el difícil papel de un hombre absorbido por su mujer. Interpreta de forma sensacional el papel de hombre florero con carácter introvertido.  La pareja de jóvenes es interpretada por Paula Martínez y Patricia Domínguez. La primera, actriz y periodista, es Gloria, una joven madrileña que acompaña a su compañera inglesa, Sandy, interpretada por Domínguez.  Ambas protagonizan divertidos y acarameladas escenas. Además la actitud exagerada y extrovertida de Domínguez aporta momentos muy divertidos.

En otras obras cómicas las escenas se construyen a través de pequeños sketches cuya transición viene marcada por la triste y simple ausencia de luz. Sin embargo en esta ocasión, los momentos musicales del cantautor y guitarrista Victor Bueno, dan continuidad a la obra. Sus intervenciones proporcionan oxígeno a la representación y deleita a los presentes con canciones con una única protagonista, Madrid. Por otra parte, no puedo dejar de reseñar, la colaboración virtual de José Mota en compañía del director Carles Castillo quienes protagonizan divertidas escenas. Otro aspecto positivo de esta comedia, además de la interacción con los presentes y del humor inteligente, es el cuidado de los detalles. Nada más pisar la moqueta del Palacio de la Prensa escuchamos como hilo musical un clásico pasodoble, minutos antes una ingeniosa voz en off y durante la representación los camareros van ataviados con un trapo bordado con emblemas madrileños, por no hablar del castizo nombre del bar, fielmente recreado sobre el escenario. En definitiva, una comedia muy recomendable para estas navidades.


Ocho apellidos madrileños es una alocada ágil y divertida comedia sobre los usos y costumbres de la capital de España


Alberto Sanz Blanco
Periodista

Autor: José Boto
Director: Carles Castillo
Reparto: José Boto, Juan Diego Bueno, Carmen Santamaría, Óskar Redondo, María Alarcón, Patricia Domínguez y Paula Martínez. Música: Víctor Bueno y la colaboración virtual de José Mota,
Lugar: Palacio de la Prensa (Plaza del Callao, 4, 28013 Madrid) Del 20-12 al 17-01



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