TODAS LAS NOCHES DE UN DÍA: DOS VIDAS MARCHITADAS POR UN TRISTE AMOR - Canal Hablamos

NUEVO

09 diciembre 2018

TODAS LAS NOCHES DE UN DÍA: DOS VIDAS MARCHITADAS POR UN TRISTE AMOR



El jardín de una vivienda es un rincón verde de incuestionable valor, pero más allá de la belleza de las flores, las plantas pueden simbolizar aquello que tenemos en vida. De nosotros depende si queremos cultivar más o menos, el trato y los cuidados que requiere el ser vivo, o quitar las malas hierbas. En definitiva, nosotros somos los jardineros de nuestras propias vidas. Si desean poner voz a esta simple metáfora floral y disfrutar de una fragante dirección y dramaturgia pueden visitar el Teatro Bellas Artes.

El autor del texto, nos invita a adentrarnos en un bucólico y viejo jardín con su invernadero, propiedad de Silvia (Ana Torrent), la dueña de la casa. Del mantenimiento de las plantas y de preservar ese rincón olvidado se ocupa Samuel (Carmelo Gómez), el jardinero. Hace tiempo que los vecinos no ven a Silvia y por ello, Todas las noches de un día comienza cuando la policía acude a la casa para intentar descubrir el paradero de la mujer. Sin quererlo, también conocerán la extraña relación que les une y resucitarán recuerdos que parecían ya marchitados.

Solo con leer la breve sinopsis de la obra dan ganas de adentrase en el texto de Alberto Conejero. Este autor, responsable de diversas dramaturgias y reescrituras, aúna dos de las mejores cualidades aplicables a un escritor de teatro: amplia formación (Licenciado en Dirección de Escena y Dramaturgia por la Real Escuela Superior de Arte Dramático y doctor por la Universidad Complutense de Madrid) y experiencia sobre los escenarios (La piedra oscura, Ushuaia, Húngaros, Fiebre….), además de contar con reconocidos galardones. Su amplio bagaje se pone al servicio de este íntimo, profundo, delicado, onírico y sentimental texto, definido por el propio autor de “alta densidad poética” y muestra de ello son algunas de las frases del libreto construidas mediante figuras retóricas; porque Conejero, además de dramaturgo y profesor, también es poeta.


Podemos situar Todas las noches de un día cercano al género romántico presentado bajo la categoría de thriller psicológico. La unión de ambos elementos es motivo recurrente en obras teatrales, pero en la inmensa mayoría el suspense es construido con la excusa amorosa, mientras que en este caso, la complicada relación de los protagonistas es el objeto central de la trama y son sus comportamientos los responsables de dotar a la obra de suspense. Optar por esta vía es una muestra palpable de la perfecta combinación de ingenio y libertad; no obstante, hubiera introducido más píldoras o elementos de intriga a lo largo del relato y que estos hubieran eclosionado al final de la función.

Resulta inusual, en un teatro absorbido por los efectos especiales, salir de una representación y seguir dando vueltas sobre aspectos de la obra, igual pasados por alto. Esto mismo me ha ocurrido con Todas las noches de un día. La complejidad e inteligencia narrativa del texto me llevan a múltiples interpretaciones y derivadas. Si, como afirmé anteriormente, la forma de construcción de esta obra no resulta común, tampoco lo es su modo de presentación. Conejero rompe con los espacios y tiempos únicos y sitúa a los personajes en coordenadas distintas. Podría haber utilizado para ello la técnica del flashback, pero su inteligencia teatral va más allá y le lleva a crear y sustentar su relato en recreaciones de escenas pasadas y presentes de los protagonistas. Dicho de otro modo, el autor juega –de forma ingeniosa y pertinente– con la línea temporal y espacial y consigue, en algunos instantes de la obra, que el reloj del relato se detenga al antojo del protagonista. Además de la belleza estilística, decantarse por esta forma de construcción teatral permite a los actores expresar con mayor facilidad las visiones diferentes de un mismo hecho y los estados de ánimo de sus respectivos personajes.

No descubro nada si afirmo que autor y director deben trabajar mano a mano para pasar de un texto a una representación, y en esta ocasión esa concomitancia adquiere mayor importancia por el clima delicado e íntimo del relato. Puede parecer exagerado o interesado, pero no se me ocurre mejor nombre para materializar el libreto que Luis Luque. Este prolífico director de escena (La cantante calva, Lulú, Alejandro Magno…) se caracteriza por la elegancia, meticulosidad e inteligencia a la hora de situar al reparto sobre el escenario y cuidar los movimientos de los actores. Cualidades también implícitas en el libreto. Por poner un ejemplo, me fascinó especialmente el instante donde los personajes traspasan los límites del escenario y se sitúan detrás del decorado, pues se marca una pauta simbólica en el marco de acción de la obra: puertas hacia dentro simboliza un lugar acogedor, cálido y sembrado de emociones positivas y el exterior irradia frío y tristeza.

A una buena dramaturgia y dirección se suma una excelente actuación de Carmelo Gómez y Ana Torrent. Sobre el escenario se respira una conexión profunda entre actor y actriz, como si hubieran estado representando a estos personajes toda su vida o quizá porque a los protagonistas de esta historia les une la fragilidad emocional, la carencia afectiva y una hiriente soledad. La diferencia de esta última, desde mi óptica, recae en que el jardinero la acepta aún con resignación, “Hay que amar el estar solo para ser jardinero” y la dueña intenta combatirla, con poco éxito. Con independencia del final de la obra, el ojo indiscreto del espectador verá la relación tóxica entre los protagonistas, entenderá los sentimientos encontrados de amor-odio y se verá tentado a cerrar una herida emocional de ambos que aún supura. En definitiva, Alberto Conejero planta con delicadeza dos profundos personajes alicaídos y Luís Luque les insufla vida.


Carmelo Gómez interpreta a Samuel, un solitario jardinero contratado para cuidar de un pequeño jardín con invernadero y al igual que sus antepasados más próximos continúa con esta profesión, pues según recoge una de sus frases, este oficio “es su herencia”. Gómez, participante en más de una decena de obras teatrales y otras muchas cinematográficas, clava la mirada melancólica y apagada de su personaje. Con su voz cálida va narrando el presente y pasado trágico de él y de la protagonista. Sin destripar nada, Gómez– multipremiado con los galardones más prestigiosos de las artes, incluido el Goya a la Mejor interpretación masculina por El Método– deleita a los presentes con largas conversaciones, con apariencia de monólogo dramático, donde es el propio personaje quien se interroga así mismo. Su experiencia en el teatro clásico se pone al servicio de su interpretación, pues recita sus frases como si de un poema se tratara. La profundidad de Samuel es infinita y salí con la sensación, ni positiva ni negativa, de no terminar de conocerle del todo, aunque el propio personaje da pie a ello: “No hay nada más misterioso que el corazón de un jardinero”.

Por su parte, Ana Torrent interpreta a Silvia, la dueña de la casa y amante de los nombres de las flores. Su personaje está construido desde el dolor y el trauma en su infancia, los cuales no le permiten conjugar el verbo amar. La larga y tormentosa sombra de su pasado es sensacionalmente interpretada por Torrent, quien incrementa el tono dramático de la obra. Intento huir de los papeles estelares de los artistas porque su vida profesional suele abarcar muchos trabajos, pero Torrent me ganó con la magnífica interpretación en Tesis de Alejandro Amenabar, que le valió una nominación a los Premios Goya. Su madurez como actriz le ha permitido participar en más de una veintena de obras teatrales y cinematográficas y desembarcar en esta representación. Me asombró, la fuerza y robustez imprimida en un personaje débil y sus delicados movimientos cuando Silvia está de forma difusa sobre el escenario. La esencia y final de la protagonista queda resumida en una de sus frases: “Decidí que este jardín sería mi vida”.

El espíritu íntimo de la representación se ve fortalecido por los violines y la melancólica melodía creada por el maestro Luis Miguel Cobo. La ambientación y construcción escénica también van acordes con la tristeza del relato. Mónica Boromello recrea a la perfección el patio exterior de una vivienda convertido en un invernadero. Además, como antes he hecho referencia, la escenografía va más allá de la representación física y supone la delimitación simbólica del marco de la acción, lo que en semiótica se conoce como Frame. Por otra parte, me fascina la minuciosidad y el cuidado de los detalles como las gotas de agua cayendo por los cristales. Los juegos de luces y sombras, por Juan Gómez Cornejo, a través de las vidrieras son hermosos de contemplar y también una pista del tono imperante en cada escena.


Un relato íntimo, delicado y sentimental con dos vidas unidas por una hiriente soledad durante Todas las noches de un día


Alberto Sanz Blanco
Periodista 

Autor: Alberto Conejero
Director: Luis Luque
Reparto: Carmelo Gómez y Ana Torrent
Lugar: Teatro Bellas Artes (Calle del Marqués de Casa Riera, 2, 28014 Madrid)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

-->