LAS LEYES DE LA RELATIVIDAD APLICADAS A LAS RELACIONES SEXUALES: HABLEMOS DE AMOR, SEXO Y MUERTE - Canal Hablamos

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13 diciembre 2018

LAS LEYES DE LA RELATIVIDAD APLICADAS A LAS RELACIONES SEXUALES: HABLEMOS DE AMOR, SEXO Y MUERTE



“Todo es relativo”. Esta es una de las frases que suele atribuirse, por error, a Albert Einstein. De hecho, sus dos teorías sobre la relatividad constatan precisamente lo contrario. Sin embargo, las relaciones humanas no se basan en una constante. Cuando dos personas interaccionan entre sí, todo pasa a ser relativo; más aún cuando entran en juego los sentimientos de cada uno. Si desean profundizar sobre la soledad del ser humano y las relaciones tóxicas a través de siete personajes en un ambiente cómico pueden asistir a la sala Lola Membrives del Teatro Lara.

Ramón Paso, autor y director de la representación, nos sitúa en un lugar indeterminado de Madrid y nos invita a conocer a los protagonistas de esta historia. Una mujer, Natalia (Ángela Peirat), que habla con Carmela (Aitana S. Luchsinger), la esposa del hombre al que mató en pleno acto sexual, y perseguida por la mala suerte en forma de cadáveres. Un Joven, Pablo (Jordi Millán), introvertido e inseguro en el terreno sexual cuya novia, Elena (Alicia Tomé), está harta de que no le toque por más esfuerzos que esta haga. Una treintañera incapaz de superar un traumático acontecimiento pasado, Gema (Inés Kerzán), por el que acude a la consulta de una psicóloga sin ética profesional ni personal, Fanny (Alicia Rueda) y, por último, Lucía (Ana Azorín) una mujer polivalente que hace las veces de Mesías para cuidar, a su manera, a los demás personajes.

Si leen sin pausa el anterior párrafo igual les dan ganas de salir corriendo, y no precisamente a ver la obra. Tengan paciencia. Este relato al igual que los buenos guisos requiere reposo. Ramón Paso, prolífico dramaturgo, guionista y director de escena, crea y dirige esta representación situada en el género de la tragicomedia contemporánea. En ella encontramos a personajes con historias tristes y con problemas incapaces de solucionar, no por difíciles, si no por no tener las herramientas adecuadas para hacerles frente. Sus tétricas vidas, sin embargo, son expuestas desde un prisma cómico, de ahí la categoría de comedia. En la obra este género es construido de manera pertinente a través del humor negro con pinceladas del absurdo.


El planteamiento de la historia peca, desde mi óptica particular, de un exceso de surrealismo que conduce a una trama demasiado compacta con múltiples mensajes implícitos difíciles de dirigir. No significa que cueste seguir el transcurso de la narración –con algo de paciencia el espectador irá descubriendo los nexos de unión de los siete personajes y los temores e idiosincrasias de cada uno– pero al extrapolar las formas de vida de los protagonistas a temas humanos –como la infidelidad, la muerte, el amor, la soledad o los homicidios bienintencionados de carácter erótico– estos quedan diluidos. Como nos tiene acostumbrados este dramaturgo, en el libreto encontramos frases profundas y cargadas de sentido a pesar de estar formuladas como chistes o gags ingeniosos. En la hora y media de duración no sobra ninguna escena, todas las conversaciones entre los personajes son acertadas y aportan valor a la representación en su conjunto.

La dirección artística también recae en Paso, autor de obras como El reeencuentro, Lo que mamá nos ha dejado o Otelo a Juicio, quien apuesta por escenas superpuestas en distintas líneas del escenario. Este recurso, utilizado por el director en anteriores ocasiones, es perfecto para estructurar la representación, a pesar de las escasas dimensiones del escenario, porque permite ir introduciendo y mezclando al mismo tiempo las diferentes tramas y subtramas, al principio de apariencia inconexa, para luego desembocar en un final coherente y plausible. Otro aspecto esencial es el componente sexual explícito en la representación. No sorprende cuando vemos a los protagonistas de una película practicar sexo pero sí suele impactar, y a veces desagradar, cuando las mismas escenas son expuestas en una obra teatral. Cada representación debe ser estudiada como única y en esta todo es pertinente. Además, sobresale una crítica que resumiría con el título de una conocidísima película dirigida por Manuel Gómez Pereira: “¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?”

Los asiduos al teatro reconocerán algunos de los rostros sobre el escenario, pues forman parte de la compañía PASOAZORÍN TEATRO. Una de sus múltiples virtudes, además de apostar por un teatro crítico y reivindicativo y representar los papeles antes de comenzar la obre en sí, es el cambio de roles de los actores al mismo tiempo que conservan su sello inconfundible. Todos mantienen un alto nivel interpretativo y expresan a la perfección los sentimientos, emociones y estados de ánimo de sus respectivos personajes. Además, rebajan ese exceso de surrealismo al que antes hice referencia al presentar las situaciones como verosímiles.  

Kerzán da vida a Gema, una joven incapaz de superar un triste episodio de su vida. Todavía continúa preguntándose una cuestión sin respuesta. Me fascina el momento de la metamorfosis de su personaje cuando, a través de una acción humanitaria, encuentra su alivio y curación. Por otra parte, aplaudí ver a   Kerzán, productora y encargada del vestuario, en un papel combativo con toques y exabruptos macarras y dejar a un lado, así, la docilidad de anteriores papeles. Gema, a pesar de rechazar por igual a curas como a psicólogos acude a ellos, como a Fanny, quien da vida Alicia Rueda. Su personaje, de apariencia siniestra, representa lo execrable por valerse de su autoridad para abusar física y psicológicamente de sus pacientes. No hay mejor manera, y más dura de representar dicho maltrato que como lo hace Rueda, desde la mesura y apariencia bondadosa.


Jordi Millán está espléndido dando vida a Pablo, un joven con un trastorno de Hafefobia, una fobia específica al miedo de tocar o de ser tocado. La sensibilidad de este personaje de moral cristalina y su incomprensión a su rareza son muy bien interpretados por Millán, quien deambula como alma errante por el escenario. Alicia Tomé interpreta a Elena, la novia del anterior. Sus problemas no dejan de aumentar y debe hacer frente a la pérdida de un padre ausente y putero. Ante este maremágnum es muy fácil caer en la sobreactuación, pero Tomé se aleja de ello y va dando salida con soltura a los problemas de su personaje. No obstante, sí me hubiera gustado mayor dramatismo ante la impotencia de tener un novio asexual y una soledad palpable. La contraposición de roles de ambos personajes es sensacional. 

La actuación de Ángela Peirat supone un revulsivo constante en la función. La actitud alocada de Natalia con la acumulación de cadáveres a su alrededor proporcionan los momentos más divertidos de la obra; ayudado por su marcada gestualidad facial y corporal. En definitiva, un todoterreno escénico. En esa línea inquieta también se sitúa la actriz Aitana S. Luchsinger, con un personaje dubitativo y falto de recursos emocionales. Por último, la siempre genial actriz y productora, Ana Azorín con su particular vis cómica, sus arrebatos y rápidos movimientos por el escenario acrecienta las risas de los asistentes. En esta ocasión lo tenía difícil al dar vida a un papel confuso como el de Lucía, encargada de desenmascarar a uno de los personajes, abrazarles cuando la ocasión lo requiere y abroncar al mismo Dios por su inacción.

Uno de los sellos propios de Paso es la importancia y el significado que otorga a la luz en sus obras. En esta ocasión su objetivo es impregnar al relato de “una especie de intimidad sucia, donde terminas metiéndote en la vida de estas personas” y vaya si lo consigue. El espectador se convierte en ese ojo indiscreto que disfruta viendo sin que le vean. Con la salvedad del crucifijo, que se ilumina cuando la ocasión lo requiere y preside la representación. 


En esta obra descubrirás que la muerte y el amor nunca nos pillan preparados. La mejor opción para ser feliz es aplicar Las leyes de la relatividad a las relaciones sexuales

Alberto Sanz Blanco
Periodista 


Autor y Director: Ramón Paso
Reparto: Inés Kerzan, Ana Azorín, Ángela Peirat, Jordi Millán, Alicia Tomé, Aitana S. Luchsinger y Alicia Rueda
Lugar: Teatro Lara (Calle Corredera Baja de San Pablo, 15, 28004 Madrid)

2 comentarios:

  1. Alicia Tomé interpreta a Elena, la novia del anterior. Sus problemas no dejan de aumentar y debe hacer frente a la pérdida de un padre ausente y putero. Ante este maremágnum es muy fácil caer en la sobreactuación, pero Tomé se aleja de ello y va dando salida con soltura a los problemas de su personaje. No obstante, sí me hubiera gustado mayor dramatismo ante la impotencia de tener un novio asexual y una soledad palpable. La contraposición de roles de ambos personajes es sensacional.
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