AFTERWORK: HAY VIDA Y DECISIONES DESPUÉS DEL TRABAJO - Canal Hablamos

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31 enero 2019

AFTERWORK: HAY VIDA Y DECISIONES DESPUÉS DEL TRABAJO



La vida es una toma de decisiones continua. Desde que nacemos debemos decidir entre una u otra cosa. Cuando maduramos vamos aprehendiendo a elegir entre dos opciones con el criterio de escoger la menos mala. Sobre la toma de decisiones, la filosofía de las empresas y, en definitiva, sobre nuestro modo de comportamiento en situaciones límites trata esta brillante obra representada en la sala Lola Membrives del Teatro Lara.

David Barreiro, autor del libreto, nos invita a conocer a tres amigos y compañeros de trabajo en una multinacional. Fredo (Vicente Camacho), Rober (Fernando Coronado) y Dani (José Carretero). Como cada día después de una dura jornada acuden al AFTERWORK, el bar de moda y punto de reunión de los oficinistas de la zona financiera ataviados con sus trajes elegantes y sus afiladas lenguas. Sin embargo, este encuentro informal no será como los anteriores. Entre cerveza y cerveza, Fredo y Dani le cuentan a Rober un nuevo proyecto vital, una idea que cambiará sus vidas y una vía de escape ante sus monótonas realidades. En el transcurso de la conversación no todo es tan idílico; quizás porque todos parecen tener algo que ocultar, porque no se conocen tanto como pensaban y porque, en realidad, nada ni nadie es lo que parece, ni siquiera ellos mismos.

Tan solo con leer la breve sinopsis estamos ante una obra que engancha, y alejada de tópicos teatrales y de géneros manidos. Afterwork embebe de distintas vertientes artísticas y la convierte en un compendio de géneros y subgéneros teatrales exquisitamente interrelacionados. El género predominante, y así lo especifica el propio autor, es el de la comedia negra; no obstante, se aproxima bastante a lo que suelo denominar como tragicomedia contemporánea, al presentar un suceso principal de la vida real donde lo humorístico se mezcla con lo trágico. Si incidimos en la faceta cómica nos encontramos con una comedia de intrigas, donde el espectador sigue con ansiedad y risas el transcurso de la obra para conocer su final. En definitiva, en esta comedia dramática converge lo psicológico y filosófico y hace que estemos ante un texto muy completo.


Resulta pertinente, tanto antes como después de ver la representación, conocer la fuente de inspiración de David Barreiro, escritor, periodista, guionista y dramaturgo; de hecho hubiera sido deseable haber compartido con los presentes un programa de mano para acercarles sus reflexiones. Barreiro se inspira en la ciudad de Tokio, quien la define como “en la que parece no pasar nada y en la que todo está por suceder”, y más concretamente en su filosofía de vida. Después de maratonianas jornadas de trabajo, hombres trajeados tratan de ahogar sus penas en locales conocidos como afterwork. Esa cultura puede parecernos lejana, pero Barreiro sabe adaptarla a la realidad española; de hecho, no dista mucho de la costumbre de tomar unas cañas después del trabajo. Bien, todo ese envoltorio es esencial, no tanto para seguir la representación pero sí, para que el espectador pueda formar parte de ese trío de amigos y ser el indiscreto observador como si de una película de Hitchcock se tratara.

El arte de la dramaturgia puede venir de muchas disciplinas y en esta ocasión a Barreiro le viene del periodismo. Su afición por la novela negra, condecorada en muchos de los casos, le ayuda a crear un libreto ágil, sorpresivo y cargado de suspense. Desde el punto de vista de la gramática textual, destacaría el uso del diálogo como figura retórica. Técnica muy utilizada en comedia negra pero de enorme dificultad para hacerla fluir de forma natural, objetivo cumplido por Barreiro. Los personajes, ataviados de chaqueta y pantalones de traje, se valen de la retórica, ironía y sarcasmo para burlarse de las normas y reglas sociales y buscar, así, justificación a sus acciones alejadas, en ocasiones, de la moral preconcebida.

Otro elemento, a mi juicio esencial para crear una obra transversal, es el uso de las digresiones, o técnica para romper el hilo del discurso con un cambio de tema intencionado. Con su buena implementación, el director consigue abordar la forma de organización empresarial y la toma de decisiones (modelo horizontal o vertical),  describir sutilmente los distintos sistemas económicos, integrar dramas personales de los protagonistas y, en definitiva, criticar a la sociedad, las costumbres y las tradiciones sociales gracias a tres personajes arquetípicos. No obstante desde mi óptica, hubiera sido aún más explosivo si el elemento central del conflicto, clímax, y la consecuencia directa o final de la representación hubiera sido más trágico y de mayor implicación vital para los protagonistas.


Un texto tan jugoso, dramatúrgicamente hablando, necesita de una buena ejecución. Ese trabajo recae en Bruno Ciorda. Este actor y director navarro, licenciado en la Real escuela superior de Arte Dramático de Madrid, consigue poner a disposición del público todas las características antes mencionadas. Ciorda basa sus directrices en la no contención de los protagonistas, quienes actúan de forma incongruente y con el colmillo afilado, y en potenciar las distintas idiosincrasias de los personajes para crear elementos de conflicto. Todo ello, sin caer en la entropía escénica y, lo que es más importante, sin sobreactuaciones innecesarias. Por tanto, los tres actores realizan una magnífica actuación. Entre sus muchas virtudes, destacaría como elementos comunes las perfectas recreaciones de escenas pasadas, en forma de viejos fantasmas, y las imitaciones con entonación burlesca. Estos dos elementos aumentan el componente cómico del libreto y provocan la carcajada en el espectador.

Como antes hice referencia, estamos ante tres personajes arquetípicos con diferentes escalas de prioridades aunque marcados por un vacío existencial ante la falta de poder y de control total de sus respectivas vidas. Vicente Camacho –actor con múltiples papeles en series televisivas, socio y cofundador de Nueve Norte Teatro– es Fredo, un trabajador con ganas de hacer realidad sus quimeras y mostrar sus dotes de liderazgo. De su actuación me fascinó su facilidad para la persuasión y su claridad y convicción a la hora de recitar su texto. En el extremo opuesto se encuentra Fernando Coronado quien interpreta a Rober, un hombre pagado de sí mismo, con cierta codicia y  con una respuesta a cada pregunta. Este actor madrileño –con apariciones en teatro, Sueño sin Título, cine, Hienas, y televisión, El secreto del Puente Viejo, –  interpreta de forma sensacional la actitud sibilina y obscura de su personaje. Las discusiones entre ambos protagonistas son otra de las esencias de la representación. Por su parte, José Carretero es Dani, un trabajador de apariencia ingenua, inofensiva y que intenta pasar desapercibido. Carretero, actor con amplia formación y con participación en más de una decena de obras teatrales, actúa de intermediario, con gracia e ingenio, entre los egos de los otros dos personajes. Con la personalidad maleable y dúctil de su papel y su naturalidad al representarlo aumentan las risas de los presentes.

No puedo dejar de mencionar la perfecta iluminación de Jorge Kent, con cambios tonales en función de cada situación para ayudar al espectador a seguir de forma más cómoda la representación. De igual forma, el hilo musical creado para la ocasión por José Luis Bergia potencia las situaciones de tensión y otorga agilidad a la obra. Esta ambientación y los movimientos autómatas de los protagonistas generan un clima claustrofóbico muy adecuado para esta obra. En definitiva, una representación sobresaliente.


Una decisión cambiará la vida de estos tres personajes en una obra con altas dosis de humor y suspense en un Afertwork


Autor: David Barreiro
Director: Bruno Ciordia
Reparto: Vicente Camacho, Fernando Coronado y José Carretero
Lugar: Teatro Lara (Calle Corredera Baja de San Pablo, 15, 28004 Madrid)

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