BARCELONA 92: UN VIAJE A NUESTRO PASADO OLÍMPICO - Canal Hablamos

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03 enero 2019

BARCELONA 92: UN VIAJE A NUESTRO PASADO OLÍMPICO



Corría el verano de 1992. Barcelona, y toda España, estaban paralizadas con los Juegos Olímpicos. Más de 9 000 atletas de 169 países estaban concentrados en la capital condal bajo el lema “Amics per sempre”. Quienes lo vivieron lo recuerdan con alegría envuelta en nostalgia y aquellos que no, seguimos sintiendo orgullo al recordar a España como el centro mundial del deporte. Para todos ellos está pensada la obra representada en los Teatros Luchana.

Emmanuel Medina, autor y director de la representación, nos abre una ventana a la Barcelona de 1992. Entre deportistas y curiosos sobresalen siete variopintos personajes: Sofi (Laura Rozalén) acude a ver a su novio encarcelado Toño (Axel Medrano). Dos chicos unidos por un amor de verano, Manu (Gustavo Rojo) y Annie (Rocío Sánchez). Un hombre recién reinsertado en la sociedad, Jerry (Antonio Arque). Una excéntrica mujer divorciada, Eva (Alba Sánchez) y Fermín (Luis Miguel Jara), un taxista encargado de llevar a todos ellos. Una comedia retro y nostálgica, en la que conviven diferentes formas de entender las reglas del amor. Pero en esta ocasión, no hay medalla ni podio para nadie.

Tanto quienes asistimos con cierta asiduidad al teatro como quien acude por primera vez buscan una representación que sorprenda y esta, desde mi óptica, lo ha conseguido. En el libreto de Emmanuel Medina, experto en Análisis de Texto, sobrevuela el género de la comedia y aunque cuesta encontrar una categoría teatral exacta considero que el texto de este joven dramaturgo está inspirado en el teatro de lo absurdo, caracterizado por diálogos y frases repetitivas, una trama inconexa y con escasa continuidad y unos personajes incomprendidos con una concepción particular de la vida. Debo reconocer que me costó entender el sentido de la representación por las características antes mencionadas, pero una vez analizadas y reposadas la representación gana en forma y contenido.


Cuando ocurre un acontecimiento de tal envergadura, como unos juegos olímpicos, todo parece detenerse pero nuestras vidas, al igual que la de los protagonistas de esta historia, continúan. Puede parecer una reflexión estulta, pero absortos por esa magnanimidad de los acontecimientos parece como si esperásemos que nuestros problemas se solucionaran con la medalla de oro de Fermín Cacho en 1500 metros o la plata en dobles de las tenistas Antaxta Sánchez Vicario y Conchita Martínez. Esta reflexión se recoge, en cierto modo, en la canción original creada para esta obra por Juan Debel: “Voy volando a Barcelona, olvidándome de mí y bebiendo cada gota de tu sombra”.

En el terreno cómico el humor nace, no tanto del texto, si no de la forma de comportamiento de los protagonistas, que desde una mirada externa podríamos considerar absurda. No obstante, podría haberse potenciado la comicidad de algunos diálogos y reducir algunos monólogos un tanto extensos. La forma de estructuración del relato se aleja de otras obras donde todo está atado y bien atado. En Barcelona 92, los personajes parecen moverse por instintos y haber condensado toda su vida en los 90 minutos que dura la representación. Esto provoca alguna catarsis sobre el escenario, solo hace falta una frase insidiosa o con doble significado para que algunos de los protagonistas estallen, y estos lo harán con algún desconocido. Una escena muy real porque a veces nos es más fácil desahogarnos con una persona desconocida que con alguien a quien conocemos bien. En este sentido, algunos de los diálogos parecen intrascendentes nacidos de digresiones pero detrás de ellos hay una carga simbólica que describe muy bien el comportamiento humano. No obstante, en un sentido global, me hubiera gustado una mayor interrelación entre las historias de los protagonistas aunque el hilo conductor global sea el acontecimiento deportivo.

La dirección de la obra también recae en Medina, ahora triunfando como actor en El Funeral de Manuel M. Velasco, quien mantiene un estilo arriesgado pero con un resultado óptimo. El concepto que mejor define lo representado sobre las tablas es el del performance, donde la provocación, el asombro y el sentido de la estética juegan un papel principal. El escenario de dimensiones reducidas podría ser un impedimento, pero para Medina no lo es y no duda en cruzar a todos los personajes de la historia como viandantes cualesquiera, como usted o como yo; e incluso situar a los protagonistas en distintas líneas. Esa fusión podría haber desencadenado en una entropía escénica, pero Carlos Rodríguez, al frente de la dirección artística, y Carmelo Segura, como coreógrafo, lo resuelven con acierto y elegancia y potencian el movimiento de la representación. Otra de las esencias de esta obra, también relacionada con las formas distributivas sobre el escenario, es la desnudez corporal. En el cine estamos acostumbrados a desnudos integrales y a escenas de sexo sin que ello sorprenda pero en teatro, por miedo o pudor, los directores no suelen atreverse. En este sentido, alabo la valentía de Medina, y la buena ejecución del elenco, porque además de integrar de forma oportuna el poliamor, las escenas de cama aportan un componente sensual y onírico.  


La actuación del reparto es sobresaliente. Los cuatro actores y las tres actrices saben representar las idiosincrasias de sus respectivos personajes y proyectarlas a los presentes. Axel Medrano da vida a Toño, un preso calzonazos amante del F.C Barcelona cuya vida se resume en esperar a su novia. La resignación de este personaje y su actitud infantil y desubicada son muy bien interpretados por este actor multidisciplinar, con estudios en canto y baile. Laura Rozalén, interpreta a Sofi, la novia de Toño, una joven con fuerte coraza que encierra una enorme inseguridad. La actuación de esta actriz, con intervenciones en series televisivas como Isabel o Acacias 38, destaca por su realismo y naturalidad y es una de las mejores de esta representación. El fugaz amor de verano es interpretado por Gustavo Rojo y Rocío Suárez. El actor, participante en exitosos seriales televisivos, da vida con una brutal inocencia, candidez y bonhomía a Manu, enamorado de Annie, una joven inglesa muy bien interpretada por una simpática Suárez, con participaciones en más de una decena de obras teatrales.

Los taxistas de Barcelona en 1992, hicieron su Agosto, y nunca mejor dicho. Luis Miguel Jara, da vida a uno de ellos, Fermín. Este taxista, un tanto pervertido, intenta ligar con cualquier clienta y gracias a la interpretación de Jara, actor con enorme formación y múltiples trabajos en teatro, aumenta la sonoridad de la risa de los asistentes. Alba Sánchez, por su parte, da vida a Eva, una alocada y alegre divorciada –como la película dirigida por Mark Sandrich–. La actitud lenguaraz y desenfrenada son muy bien interpretadas por Sánchez, experta en microteatro. Antonio Araque, polifacético actor y director de audiovisuales, pone la brocha final al humor absurdo con Jerry, un ex recluso que vive en casa de su tía. Sin destripar nada, diré que su gag cómico con la manzana y su afición al chocolate son fabulosos.

Por una cuestión de espacio, los críticos solemos obviar elementos como las ilustraciones del programa de mano, pero las fotografías, por Daniel Martín Rodero, la cartelería, por Ina Stanimirova y el diseño gráfico, por Paula Rojo, son geniales. La construcción escenográfica es eficaz, efectiva y dividida en tres ambientes, por un lado una mesa y una silla, una cama usada por todos los personajes y un taxi muy bien recreado. Por último, David Elcano, es el encargado de diseñar la iluminación de esta comedia ligera, peculiar y que no ha dejado a nadie indiferente.


Siete actores nos transportan al universo de Barcelona 92 en una comedia olímpica


Alberto Sanz Blanco
Periodista


Autor y director: Emmanuel Medina
Reparto: Pablo Álvarez, Alba Gutiérrez, Rocío Suárez, Gustavo Rojo, Luis Miguel Jara, Alba Sánchez y Antonio Araque
Lugar: Teatros Luchana (Calle de Luchana, 38, 28010 Madrid)

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