MUERTE EN EL NILO: UN CRUCERO SANGRIENTO - Canal Hablamos

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22 enero 2019

MUERTE EN EL NILO: UN CRUCERO SANGRIENTO



“¡Pasajeros! Última llamada para el Lotus, el crucero con destino a Egipto. Les recordamos que aún están a tiempo de comprar sus localidades en las taquillas. A título personal, les recomiendo adquirir un seguro de viaje”. Este sería mi reclamo para la nueva obra ubicada en el Teatro Amaya, una de las apuestas fuertes de la nueva temporada teatral.

El productor de la representación, Alain Cornejo, y el director, Víctor Conde, nos invitan viajar a los años 30 y a subirnos al barco más famoso de la novela negra, en general, y de la “reina del crimen” en particular. Un joven Hércules Poirot (Pablo Puyol) deberá resolver unos inexplicables crímenes a bordo del Lotus. En este crucero convivirán otros nueve personajes, sin aparente conexión, y con el paso de las horas saldrán a la luz rencillas, amores y viejos fantasmas que parecían enterrados. Nadie está a salvo y todos son sospechosos.

Para los amantes de la cultura, entendida como la suma de todas sus artes, resulta placentero ver en un teatro tan importante como el Amaya, una de las obras más famosas de Agatha Christie. Sus novelas revolucionaron la literatura policiaca y todas las generaciones han quedado atrapadas por sus crímenes. Como dato curioso, para ilustrar el éxito internacional de la escritora británica, sus obras han sido las más vendidas de todos los tiempos, solo por detrás de las de William Shakespeare y la Biblia. Desde mi óptica, Muerte en el Nilo es una de las novelas más completas de la autora, por la interconexión de los personajes y por las circunstancias del crimen, y uno de los títulos más conocidos, adaptado al teatro por la propia Agatha Christie en 1942. Estos factores explican la buena acogida de la película estrenada en 1978, dirigida por John Guillermin y con un extenso reparto de estrellas.

Todos los años, las estanterías de las librerías, físicas o virtuales, y las carteleras cinematográficas están plagadas de obras de género policiaco; sin embargo, el teatro queda huérfano de esta demanda. Además, cuando algún autor decide acudir a este género opta por autores extranjeros y obvia la enorme producción teatral española de la postguerra con autores de la talla de Enrique Jardiel Poncela, Miguel Mihura o Alfonso Paso. Para mí, este suceso sí es extraño y ningún detective ha encontrado explicación. Dejando a un lado estas reflexiones, solo por la valentía de Víctor Conde, de innovar y salirse de los convencionalismos teatrales clásicos y de tramas manidas, merece un reconocimiento. 


La primera y gran dificultad de esta representación reside en el reparto de los tiempos. Tanto las novelas como las películas de género policiaco tienen una estructura común: presentación de los personajes, interrelaciones y puntos en común, el crimen y su resolución. Este esquema ha sido adaptado a la perfección por Conde, prolífico director, realizador audiovisual, dramaturgo, guionista y adaptador de guiones de teatro y música. Posiblemente el inicio de la representación puede resultar algo lento pero es la única forma para que el público pueda conocer a los diez personajes, aquí no son negritos, e ir entendiendo la trama de la obra. Además, precisamente Conde suele apostar en muchas de sus obras, como Venus, por la tranquilidad en la descripción de los personajes y por la profundidad simbólica en los diálogos. Algunos pueden parecer intrascendentes o prescindibles pero cada palabra y expresión tienen un porqué.

Como adaptador experimentado, Conde ha tratado el texto de la novela con el objetivo de ofrecer a los espectadores una visión actualizada en forma y fondo. En lo relativo a la gramática textual, el director de The Hole 2, Olvida los tambores o Pegados, ha modernizado el lenguaje del libreto y ha apostado por un planteamiento escénico propio del teatro del siglo XXI. En esa concepción del teatro moderno entra en juego la música en directo, creada para la ocasión por el compositor Mark Álvarez –director musical de obras como El cabaret de los hombres perdidos, The Hole 2, El plan o Venus– cantada por Paula Moncada, quien también interpreta a una servil criada, y ejecutada por uno de los personajes de la obra, el pianista Dídac Flores. Este polivalente actor, en boca de Smith, nos regala frases irreverentes que unidas a su carácter despreocupado provocan la risa de los presentes. Por tanto, su personaje se aleja del tono formal, serio y frío asociado a los pianistas cinematográficos.  En definitiva, todas las propuestas, anteriormente mencionadas, dinamizan la representación y suponen un gran acierto.

La puesta en escena, gracias a los movimientos escénicos dirigidos por Amaya Galeote, la definiría como una mezcla entre provocación y sensualidad. El reparto, con su actuación, crea una performance constante, donde tanto el asombro como el sentido de la estética juegan un papel fundamental. Podemos incluir también, la famosa reconstrucción de los hechos necesaria para descubrir al asesino. Para llevarla a la cabo, Conde apuesta, con buen criterio, por la fórmula del flashback. No se me ocurre mejor definición de todas estas características mencionadas que la del propio director: “Muerte en el Nilo no solo evoca muerte, misterio, aristocracia y asesinato, si no que evoca amor, pasión y juventud perdida” todo ello reflejado en la sonrisa cómplice del espectador.

Nada más entrar en el patio de butacas, el público ya se introduce en la representación gracias al monólogo improvisado de Sergio Blanco. Este actor, formado en teatro musical, da la bienvenida a los asistentes, interactúa con ellos y les invita a disfrutar del viaje que van a emprender. Su elocuencia y expresividad sirven para matar, de forma simbólica, el tiempo perdido antes del comienzo de todas las funciones. Además en la representación, también interpreta con brío y alegría al camarero del barco.


Los cinco actores y cinco actrices, ataviados con vestuario de época, realizan un sensacional trabajo interpretativo marcado, de nuevo, por la provocación y sensualidad, y por la inteligencia y el proceso deductivo. La batuta de la representación recae en Pablo Puyol, en su papel de Hércules Poirot. Reconozco que me costó encajar a este actor –con numerosas apariciones en teatro musical, series y programas televisivos– en el papel de uno de los detectives más famosos de la narrativa, pues su elevada altura, corpulencia y humildad nada tienen que ver con la descripción del personaje ficticio belga. En los primeros compases de la obra, la actuación de Puyol es discreta; aunque así debe de ser, porque su principal función es conocer a los pasajeros del crucero y en el momento del asesinato investigar sus coartadas y destapar al asesino. En este proceso sí vi a Poirot, en el cuerpo de este actor, por su perfecta reconstrucción de los hechos, su carácter metódico y su alta capacidad de observación.

Como bien refleja Conde en el programa de mano esta historia es un relato de amor con tres protagonistas en forma de triángulo amoroso: Jackie, Simon Mostyn y Kate. El primero es interpretado por Adriana Torrebejano. Tenía ganas de desvirtualizar a esta actriz barcelonesa, después de haberla visto en innumerables series televisivas y no me ha defraudado. Su peculiar tono de voz agudo, su naturalidad, entusiasmo, optimismo y capacidad seductora encajan a la perfección con la actitud de Jacqueline. Además, interpreta con soltura y realismo los celos enfermizos hacia la pareja de recién casados, Kate y Simon Mostyn. El personaje femenino es muy bien interpretado por Ana Rujas –actriz con más de una decena de apariciones en cine y televisión– quien da vida a una mujer misteriosa y adinerada muy pagada de sí misma. Por su parte, Simon es representado por Cisco Lara. Este actor y bailarín está soberbio durante toda la representación, más aún cuando el público conozca toda la verdad. El tándem de Ana Escribano, como la clasista y borde Helen, y Lorena de Orte, como la dulce Cristina, proporciona los momentos más divertidos de la representación. Por último, Miquel García Borda da vida, con enorme realismo, al médico austriaco Dr. Bessner.

La construcción escenográfica a cargo de Ana Garay, una experta y multipremiada en este campo, rompe con la estructura clásica al presentar el escenario diáfano con forma picuda. No es mala propuesta, aunque hubiera preferido una diferenciación entre los distintos espacios y compartimentos del crucero. El uso de la videoescena es cada vez más frecuente en las representaciones teatrales pero no me termina de convencer en esta ocasión, pues podría haberse aprovechado de mejor forma; o bien ofreciendo estancias del barco o elementos paisajísticos de Egipto. Donde no hay discusión es en la perfecta iluminación –a cargo de Lola Barroso, otra fija en este ámbito– con impresionantes cambios de luces como cambios de atmósferas siempre acordes con las letras luminiscentes situadas al final del escenario con el nombre del barco, Lotus.


Con Muerte en el Nilo, revivirán uno de los mejores relatos de Agatha Christie mientras disfrutan de una buena actuación del reparto e imaginan quién será el asesino


Alberto Sanz Blanco
Periodista

Autora: Agatha Christie
Director: Víctor Conde
Reparto: Pablo Pujol, Adriana Torrebejano, Fernando Vaquero, Ana Rujas, Ana Escribano, Miquel García Borda, Sergio Blanco,  Lorena de Orte, Paula Moncada y  Dídac Flores.
Lugar: Teatro Amaya (Paseo del General Martínez Campos, 9, 28010 Madrid)

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