LA GEOMETRÍA DEL TRIGO: UN VIAJE ROMÁNTICO HACIA NOSOTROS MISMOS - Canal Hablamos

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22 febrero 2019

LA GEOMETRÍA DEL TRIGO: UN VIAJE ROMÁNTICO HACIA NOSOTROS MISMOS


Cuando nuestra vida transcurre sin cambios deseamos que algo ocurra para romper la monotonía pero cuando ese algo sucede no siempre estamos preparados para aceptarlo. ¿Dejar atrás todo y comenzar algo nuevo?, ¿Los vínculos tienen fecha de caducidad?, ¿Podemos tenerlo todo y sin embargo sentirnos vacíos?, ¿Cuando los fantasmas del pasado vuelven, debemos abrirles la puerta? Estas son algunas de las muchas cuestiones que nos plantea esta lúcida representación ubicada en la sala Francisco Niebla del Teatro Valle-Inclán.

Las cristaleras de este recinto teatral nos anticipan una obra transparente, sin filtros y de carácter vital. Alberto Conejero, autor y director de la representación, nos invita a partir con Joan (José Bustos) y Laia (Eva Rufo) desde Barcelona hasta un pequeño pueblo del sur para asistir al entierro del padre del primero, del que nada ha sabido en toda su vida. Este viaje será la prueba de fuego para esta pareja, la única oportunidad para descubrir quién es realmente Joan y rehacer, así, las piezas de su puzzle. Su historia permite descubrirnos la de otros hombres y mujeres, como el matrimonio formado por Antonio (Juan Vinuesa) y Beatriz (Zaira Montes), la de Samuel (José Troncoso), un viejo amigo de Antonio, y la de Emilia (Consuelo Trujillo) la madre de Beatriz. Un juego de fichas que hace honor al título de la obra.

Qué fácil es utilizar el símil de un viaje para referirnos a una historia dinámica y en diferentes ambientes pero qué difícil es materializarlo en un texto de 80 minutos y, además, hacerlo creíble. Esta es la primera virtud del libreto de Alberto Conejero, uno de los dramaturgos más exitoso del momento con obras como Todas las noches de un día, La piedra oscura o Ushuaia. Su texto respira verdad. Como reconoce en el programa de mano, la inspiración proviene “de un recuerdo de juventud que mi madre compartió conmigo” y agradezco que ahora desee compartirlo con todos los espectadores. Como nos tiene acostumbrados Conejero, en sus textos incluye reflexiones sociológicas y vitales formuladas bajo una exquisita prosa poética; en esta ocasión algunas formuladas en catalán y relacionadas con los eternos vínculos familiares, las diferentes formas de amar y de expresarlo y, en definitiva, las distintas concepciones de entender la vida. Una muestra más de la concomitancia entre artes como la filosofía, poesía, el teatro o la música. Pues la obra también nos permite disfrutar de fragmentos musicales de Mariano Marín y estampas marinas en movimiento, gracias a los recursos audiovisuales diseñados por Bruno Praena.


Otro sello de identidad de este dramaturgo es el de construir el relato con saltos temporales imprimiendo, así, un aire onírico y mágico. Como luego ampliaré, otra de las bellezas de esta obra es la profundidad de los personajes. Sus vidas, parecen, también, no coincidir en la misma línea temporal y transcurrir en universos distintos. La incomunicación no les permite conocerse y entenderse pero, a su vez, les une. Los tempos de la representación son perfectos y en poco menos de hora y media iniciamos un viaje, disfrutamos del contenido, conocemos a sus protagonistas y regresamos al punto de partida. El mejor y más actual ejemplo de racconto teatral. En definitiva, Conejero teje una historia para embarcarse, alejarse de los ruidos y disfrutar de un romanticismo inteligente y de un relato estructurado y de belleza estilística que transmite paz. 

La dirección también recae en este dramaturgo, licenciado en Dirección de Escena y Dramaturgia por la Real Escuela Superior de Arte Dramático y doctor por la Universidad Complutense de Madrid, y va en la línea del simbolismo suntuoso del libreto. Lo más llamativo es que una vez que los personajes pisan el cuadrilátero de tierra rojiza, potenciado por la iluminación y los claroscuros de David Picazo, no lo abandonan y van sentándose en los dos bancos ubicados a ambos lados del escenario de fondo negro, como si ellos quisieran ser, al igual que el público, espectadores y observadores externos de sus propias vidas. De nuevo, la puesta en escena respira realismo y verdad. Los tres actores y actrices están a un alto nivel y no hay ni un pero en su interpretación. Como antes hice referencia, sus respectivos personajes caminan entre la incomprensión, que conduce al exilio, y el desánimo con visiones enfrentadas de la vida puestas en conflicto bajo diálogos encriptados. Estamos, por tanto, ante papeles de gran complejidad emocional muy bien conducidos por parte del elenco.

El vínculo del relato, al más puro estilo lorquiano, comienza con el matrimonio formado por Joan y Laia. El primero es interpretado por un gran José Bustos. Este actor y pianista, participante de series televisivas, da vida a un personaje misterioso y abrumado por la muerte de un progenitor que nunca ejerció como padre. Bustos clava la cara de desconcierto ante la falta de información. Resulta bello ver la metamorfosis de su personaje porque coincide con la de su actuación que culmina con el alivio y la satisfacción. Eva Rufo se viste de Laia, una mujer también misteriosa que ahonda en la debilidad emocional de Joan. A pesar de sus trabajos en cine y televisión, la trayectoria de Rufo va ligada al teatro clásico, participante en más de una veintena de obras, y demuestra cómo un personaje de apariencia secundaria puede influir tanto en La geometría del trigo.


Desde mi óptica, uno de los papeles más complejos recae en Zaira Montes. Esta actriz de gran formación con participaciones en teatro y series televisivas, da vida a una mujer alegre de apariencia rural y supeditada a la felicidad de su marido, pero en el transcurso de la historia conocemos a una mujer fuerte, decidida y con carácter. Esto en el terreno interpretativo, Montes lo conjuga con escenas donde predomina el tono jocoso y desenfadado con instantes donde lo trágico sale a luz. Más allá de su personaje también ejerce de narradora interna con monólogos ejecutados con realismo y determinación. A su lado está Juan Vinuesa que da vida a Antonio, un minero resignado; un sufridor nato de apariencia y voz mohína. Vinuesa, quien compagina su meteórica carrera en teatro y cine con el periodismo teatral, sabe mantener y sostener la actitud triste y alicaída de un personaje estancado movido por la inercia, pues un error bastante frecuente en este tipo de papeles es que el abatimiento y tristeza se proyecte en la actuación del artista. Además, me gustó especialmente la escenificación de la lucha interna de Antonio ante una proposición inesperada que rompe todos sus esquemas.

La voz de la experiencia viene de la mano de Emilia a quien da vida Consuelo Trujillo. Esta actriz, maestra de actores y directora de teatro comparte sabiduría vital con un personaje marcado por paradigmas arcaicos en contra del avance de la sociedad. Trujillo recita con pasión y fuerza dramátic frases sentenciadoras, que esconden chantaje emocional y una defensa a ultranza del vínculo entendido como un valor familiar inmaterial. He dejado, a propósito, para el final a Samuel, personaje interpretado por José Troncoso. Su entrada supone la ruptura mental, como el agujero del mural de fondo propuesto por Alessio Meloni, de algunos personajes; más aún cuando propone restaurar el viejo molino del pueblo para crear un paraje rural, como podemos escuchar en el tráiler promocional. Troncoso, con más de una decena de obras de teatro, y participaciones en cine y televisión, aporta aire fresco, romanticismo, frescura e inocencia a su personaje y a la obra en su conjunto. Con su papel nos recuerda que de forma inesperada pueden surgir proyectos, ilusiones y, además, servir de excusa para recuperar un vínculo que parecía enterrado. Por mi parte, les recomiendo que no pierdan la oportunidad de visionar esta representación.


Con este relato vital nacido del viaje al interior de sus personajes o de nosotros mismos disfrutarán y conocerán La Geometría del Trigo


Alberto Sanz Blanco
Periodista

Autor y director: Alberto Conejero
Reparto: José Bustos, Zaira Montes, Eva Rufo, José Troncoso, Consuelo Trujillo y Juan Vinuesa
Lugar: Teatro Valle-Inclán, sala Francisco Niebla (Calle de Valencia, 1, 28012)

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