MOBY DICK: EL DUELO TEATRAL ENTRE POU Y SU BALLENA - Canal Hablamos

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18 febrero 2019

MOBY DICK: EL DUELO TEATRAL ENTRE POU Y SU BALLENA



Entre luchar por conseguir tus sueños y obsesionarte hasta enloquecer hay un punto intermedio, pero, al contrario que en el mar, no está señalizado con boyas anaranjadas. Aunque lo estuviera la marejada de la vida, aquí sí igual que la marina, no nos permite verlo. El Teatro La Latina nos brinda una oportunidad única de enrolarnos en un peligroso y apasionante viaje y enfrentarnos cara a cara con nuestra ballena blanca.

Juan Cavestany firma esta adaptación de la novela del escritor estadounidense Herman Melville para narrarnos la historia de Ismael (Jacob Torres), un joven aventurero dispuesto a enrolarse como marinero en cualquier barco que vaya a la caza de ballenas. En esta odisea también le acompaña Pip (Oscar Kapoya), un servil grumete. Como en cualquier barco, la figura del capitán es imprescindible. El buque ballenero “El Pequod” es capitaneado por Ahab (José María Pou) un anciano, mutilado de una pierna, obsesionado con matar al cachalote blanco apodado Moby Dick. Su locura enfermiza y el deseo irrefrenable de venganza le llevarán a él y a su tripulación a perecer en el intento.

Cualquier novela de aventuras resulta apasionante para un lector iniciado aunque, dependiendo del momento y los gustos particulares, puede enganchar más o menos.  Con Moby Dick hay un consenso generalizado y todo el que la haya leído sabrá que es imposible olvidarse de sus 823 páginas. Tras los primeros años de su publicación, en 1851, esta obra no tuvo éxito comercial pues fue tildada de enciclopédica; quizá porque no supieron apreciar que la ballena blanca solo era una representación de nuestros miedos, tormentos y obsesiones. Estas sensaciones y sentimientos –gracias al soberbio trabajo de Juan Cavestany, premiado guionista, director de cine y dramaturgo– pueden ser visibles y materializados en un escenario. Desde mi óptica, la principal dificultad, resuelta con acierto, es dar movimiento a la historia. Para ello Cavestany, con gran ingenio y profesionalidad, apuesta por fusionar una narración multifocal con distintos narradores y absorbentes y marinos efectos lumínicos, sonoros y videográficos. La perfecta integración de estos elementos da como resultado una obra sobresaliente.


El dramaturgo reconoce en el programa de mano que su aproximación a esta obra fue con nocturnidad y soledad, adjetivos también aplicables al protagonista de la historia. Quizá por ello, consigue que su texto esté cargado de simbolismo, dotado de frases alegóricas y envuelto en una narración épica. No obstante, pasados los cuarenta y cinco primeros minutos hay un tramo del viaje que se vuelve repetitivo y la historia zozobra en busca de un revulsivo. Minutos más tardes, aparece un nuevo aire potente y arrollador, acompañado de un cambio en los elementos escenográficos, que vuelve a introducirnos en este mágico, místico y mortal viaje. Salvo estas turbulencias, los tempos de la narración me convencen. Además las escenas más tediosas, las cuales ocupan una parte importante de la novela, como las relacionadas con los tratados de marinería, las mejores rutas marinas para la caza de ballenas y la disección de las mismas son resueltas de forma ágil y con un toque de humor. En este sentido, tampoco hubiera sido mala idea proyectar en la videoescena el mapa expuesto en el programa de mano.

Si la dificultad de la dramaturgia era dar movimiento a la historia, la complicación en la dirección es que este sea apreciable, creíble y vibrante. Los tres adjetivos forman parte del exquisito trabajo de Andrés Lima. Este actor y director, con más de una decena de obras a sus espaldas, consigue que las maderas del escenario sean los tablones del buque ballenero “El Pequod”. Desde mi óptica, sus directrices navegan en dos direcciones: la primera otorgar verdad al relato, imbuido de un aire primitivo, consiguiendo que los tres actores estén a un alto nivel interpretativo como si realmente estuvieran en el barco y la segunda, proyectar los elementos alegóricos, metáforas, derivadas y digresiones psicológicas, filosóficas y, en definitiva, vitales. Cada personaje representa una forma ser y comportarse ante la vida; o dicho de otro modo, el reparto escenifica “la esencia misteriosa del ser humano. Pensar que somos capaces de todo. Para lo bueno y para lo malo”, como apunta Lima en el programa de mano. Reto conseguido.


Los encargados de materializar todo lo expuesto anteriormente son los tres actores y la omnipresencia “ubicua e inmortal” de la ballena blanca, como llega a decir el capitán del barco. Por la importancia en el relato y por la presencia escénica, José María Pou, en su papel de Ahab, acapara los aplausos de los presentes. Su nombre va ligado a las artes escénicas y sus trabajos en teatro cine y televisión, son innumerables como lo son también todos los galardones a su extensa carrera de casi de medio siglo. Estamos ante un todoterreno escénico y ante uno de los mejores actores de este país. ¿Una prueba? la sublime interpretación de Ahab, un veterano de los mares triste, carcomido y obsesionado con la venganza. No hay consenso entre los teóricos teatrales sobre a quién representa este personaje pero todos tienen claro que encierra gran profundidad psicológica. Esta frase creo que resume bien su actitud "Ahab es un héroe trágico de Shakespeare”. El capitán, imbuido de un romanticismo corrosivo y de una enfermiza venganza, no duda en arriesgar su vida y la de su tripulación para dar caza a sus miedos e inseguridades proyectados en la ballena blanca para cumplir, así, su destino. Él mismo reconoce: “no estoy loco, soy la locura personificada”.

En el terreno interpretativo, no hay ningún pero en la actuación de Pou. El actor barcelonés, recién recuperado de una operación ocular, muestra una enorme seguridad desde el inicio y con una fuerza y garra escénica arrolladoras proyecta de forma meridiana la ira, terquedad, cerrazón y ceguera de Ahab. Además de su marcada gestualidad facial y corporal, destacaría su perfecta dicción a la hora de declamar su texto, en ocasiones en prosa versada, como si realmente lo tuviera delante. No le hacen falta histriónicos movimientos ni sobreactuaciones vacías para proyectar aquello que quiere decir. Su personaje usa el arpón para dar caza a la ballena, mientras que Pou, recién nombrado director del Teatre Romea de Barcelona, solo necesita la fuerza de la palabra. Eso solo está a la altura de los más grandes.


Completan el reparto Jacob Torres y Oscas Kapoya. El primero, actor de teatro, cine y televisión, formado en el Institut del Teatre de Barcelona, da vida a Starbuck, a Ismael y demás tripulantes con una lucidez y claridad bárbaras. Su personaje no duda en enfrentarse a Ahab, como si de un subalterno se tratara. Por último, Kapoya, con papeles en teatro musical, cine y televisión, aporta con Pip, ternura, servilismo y bondad. El único inconveniente del retrato de este personaje, que no de la actuación del actor, es el de dibujar un  estereotipo colonial con andares propios de los homínidos. Por otra parte, algunas de sus narraciones también sirven para profundizar en el carácter sociológico de la representación con reflexiones acerca de las limitaciones y soledad del individuo, recitadas todas ellos por Kapoya con enrome seguridad y realismo.

Por una cuestión puramente organizativa suelo destinar los últimos párrafos al trabajo del equipo técnico y escenográfico, aunque si fuera por importancia debería, también, encontrarse en las primeras líneas de esta crítica. El uso de la videoescena, a cargo de Miquel Àngel Raió, me fascinó desde el inicio. Las proyecciones marinas otorgan a la representación un carácter cinematográfico ideales para la ocasión. Además, gracias a su uso podemos vislumbrar a otro de los protagonistas de esta historia, el leviatán Moby Dick. En un momento determinado la video creación se fusiona con una enorme tela blanca, dando una sensación de profundidad tridimensional. Por otra parte, los elementos escenográficos, de Beatriz San Juan, emulan el interior de un barco ballenero, con la escalera de cáñamo incluida. No podemos olvidar –además del diseño de caracterización, por Toni Santos, del potente hilo musical de Jaume Manresa,  y de la perfecta sonorización a cargo de Jordi Ballbé– la cuidada iluminación diseñada por Valentín Álvarez, con predominio de tonos rojos y con juegos de sombras espectaculares. Todos estos elementos funcionan de forma conjunta formando un todo escénico embriagador. En definitiva, una de las mejores obras de tinte dramático y documental de la cartelera teatral madrileña.


La incertidumbre, pasión, garra y fuerza dramática se unen en una aventura marina capitaneada por Josep María Pou con un objetivo: ¡rugir y remar, muerte a Moby Dick!

Alberto Sanz Blanco
@AlbertoSBlanco


Autor y versión: Autor Juan Cavestany
Director: Andrés Lima
Reparto: Josep Maria Pou, Jacob Torres, Oscar Kapoya
Lugar: Teatro La Latina (Plaza de la Cebada, 2, 28005 Madrid)

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