PONTE EN MI LUGAR: UN FATÍDICO Y DESTERNILLANTE DESEO EN CUERPO Y ALMA - Canal Hablamos

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19 febrero 2019

PONTE EN MI LUGAR: UN FATÍDICO Y DESTERNILLANTE DESEO EN CUERPO Y ALMA



Cuidado al pedir deseos! En ocasiones se hacen realidad, y no sería conveniente asociarlo necesariamente con algo positivo, pues algunos nacen desde el más triste lamento o desde la más profunda desesperación. Si quieren saber a qué me refiero y, además, pasar una tarde entretenida pueden visitar el Teatro Muñoz Seca.

Tras su éxito en Francia, el texto escrito a tres manos por Guilhem Connac, Pierre du Tremblay y Benoît Labannierre puede contemplarse en la capital gracias a la adaptación de Laura Olivé y la dirección de Jorge Muñoz. En esta versión española, nos invitan a colarnos en la casa de Alberto (Marcelo Casas) y Silvia (Silvia Rey). Un matrimonio felizmente casado y de apariencia normal; sin embargo, Alberto no ayuda en las tareas del hogar y es Silvia quien debe ocuparse de estos menesteres por muy cansada que llegue del trabajo. Fruto del hartazgo y en tono amenazante, esta ama de casa imploró a su marido: “¡Ojalá te pusieras un solo día en mi lugar!” A la mañana siguiente, ¡sorpresa!, deseo concedido: Alberto en el cuerpo de Silvia y Silvia en el cuerpo de Alberto. Si no es suficiente lío, Álex (José Carrillo), un amigo de Alberto, y Carlota (Zaloa Zamarreño), su nueva novia, terminarán de formar un verdadero pitote.


Tan solo con leer la sinopsis recogida en el programa de mano, el texto respira humor y malos entendidos; esto traducido al lenguaje teatral va asociado a la comedia de enredos con pinceladas vodeviles. Si partimos de esta base, la temática del libreto no resulta novedosa y podemos visionar tramas similares en la amplia cartelera teatral. Lo que seguro no vamos a encontrar son las divertidas e histriónicas interpretaciones de este cuarteto de artistas. La estructuración en forma de sketches, los personajes con rasgos identificativos y las situaciones embarazosas nacidas de la trasmutación de cuerpos podrían ser un perfecto ejemplo de comedia de situación o sitcomedy, género cada vez más predominante en series digitales.

El trabajo de adaptación, con independencia del género, es el más laborioso y, en ocasiones, el menos reconocido. El principal cometido es extraer lo mejor del texto original y trasponerlo a la realidad del país con una visión actual y propia. Este trabajo recae en Laura Olivé quien cumple estas premisas. Sería fácil, y en los tiempos actuales hasta justificable, criticar de forma negativa los roles arcaicos y estereotipos manidos de género. Sin embargo, no debemos de olvidar que, primero, tan solo se trata de una obra y no de una representación de la realidad, y segundo, esta caricaturización también nos puede hacer reflexionar sobre el rol de cada uno en el seno del hogar. Además de la visión de uno mismo y la de los demás, porque no siempre es la que nosotros creemos.

Reflexiones aparte, la obra está diseñada para reír a carcajadas, quizá no tanto por la sucesión de chistes o por frases ingeniosas, pero sí por los gags, la ejecución de los actores y de, nuevo, por las surrealistas situaciones de este peculiar matrimonio. En lo relativo a los tempos de la representación, al principio todo fluye con naturalidad, el cambio de sexos fruto del deseo original resulta potente y la aparición de los dos personajes restantes supone un revulsivo. Sin embargo, una vez destapadas las cartas, algunas situaciones pueden resultar reiterativas con un humor absurdo no sorpresivo.


En la comedia de enredos con entradas y salidas de los personajes, característico del vodevil, la fluidez es un elemento esencial para dar movimiento al relato y aunque parezca contradictorio, solo se logra con muchas repeticiones y ensayos. Ese trabajo es realizado por Jorge Muñoz. Este director artístico, al frente de obras como La Vuelta al Mundo en 80 días, consigue mantener encendida la llama del humor y que los dos actores y actrices den rienda suelta a su gestualidad, vis cómica y demás habilidades interpretativas. Trabajo logrado.

Los amantes de este género conocerán algunos de los rostros de este plantel como el de Marcelo Casas. Este polifacético actor, con hilarantes interpretaciones en obras como La Vuelta al Mundo en 80 días o En ocasiones veo a Umberto, vuelve a regalarnos, en esta ocasión, ochenta minutos de humor como Alberto. Su personaje, enamorado del equipo sevillano, intenta eludir las tareas domésticas; o dicho de forma más clara, es un vago redomado. Casas, con más de una veintena de participaciones en seriales y obras teatrales, comienza su actuación como hombre, pero debido al fatídico deseo cambia de género y es aún mejor. No tiene desperdicio la imitación de aquellos rasgos asociados a las mujeres, como la excesiva sensibilidad acompañada de un sexi cruce de piernas; así como sus hilarantes gags y sus falsetes para conseguir el tono dulce femenino. Todo ello con un vestido hortera propio de los 80. La risa está servida.


A su lado está Silvia (Silvia Rey), una servil ama de casa cansada de limpiar lo suyo y lo de su marido. La actuación de esta actriz, con innumerables participaciones en televisión y más de una decena de películas y obras teatrales, me fascinó. El cambio de cuerpo parece también un cambio de actriz, porque su actuación varía por completo. Rey parodia de forma desternillante la actitud troglodita de su marido con andares rurales, la voz grave masculina y algunos tics zafios para incrementar la testosterona de su personaje. Su risa exagerada y contagiosa, los histriónicos, pero controlados, movimientos y sus latiguillos, propios del teatro surrealista, incrementan el volumen de las carcajadas de los presentes. Otro detalle positivo en la interpretación de ambos, en un primer momento pasado desapercibido, es calcar aquellos rasgos más característicos del propio actor y actriz; es decir, terminé viendo a Silvia Rey dar vida a Alberto con un aura teatral propia de Marcelo Casas  y viceversa. Una vez más, todo es fruto del ensayo y repetición.

Por su parte, completan el elenco José Carrillo y Zaloa Zamarreño. Con sus respectivos papeles introducen una derivara atractiva a la trama, o subtrama, y un motivo más de enredo entre todos ellos. El primero, actor de amplia formación con más de una quincena de obras teatrales y participaciones televisivas, interpreta a Alex, un vivalavirgen de cándida apariencia. Había visto a Carrillo en obras anteriores como en La Vuelta al Mundo en 80 días, pero cada actuación es única y se supera, aunque todas bajo el eje de la candidez con un punto travieso. En esta ocasión, actor y personaje, encajan con deportividad los reveses, algunos literales, de sus compañeros lo que sin duda, acrecienta la risa de los espectadores. Zamarreño se viste de Carlota, una psicóloga muy profesional y estricta en el trabajo pero de gran sensibilidad personal. Esta actriz, participante en series televisivas y de enorme versatilidad, tiñe de ternura a su personaje y a la obra en su conjunto. En definitiva, una comedia para reír y reírnos de nosotros mismos.


Un fatídico deseo permite disfrutar de situaciones rocambolescas y parodias desternillantes. Cuidado al decir: “Ponte en mi lugar”


Alberto Sanz Blanco
@AlbertoSBlanco


Autores: Guilhem Connac, Pierre du Tremblay y Benoit Labannierre
Adaptación: Laura Olivé
Dirección: Jorge Muñoz
Reparto: Marcelo Casas, Silvia Rey, José Carrillo, Zaloa Zamarreño
Lugar: Teatro Muñoz Seca


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