El GRITO DE LA TORTUGA: UN LLANTO INAUDIBLE - Canal Hablamos

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05 abril 2019

El GRITO DE LA TORTUGA: UN LLANTO INAUDIBLE



“Todos tenemos una herida abierta, aunque la intentemos tapar”, afirma un personaje de esta obra. De nosotros depende el tiempo de cicatrización (si somos capaces de enfrentarnos a aquello que produjo la herida). Nuestro entorno es también un factor clave para culminar con éxito el proceso de sanación. Si desean poner voz y cara a esta y otras reflexiones, les invito a disfrutar de la representación ubicada en la sala Lola Membrives del Teatro Lara.

En El grito de la tortuga conocemos la historia de Celia (Ángela Ibáñez), una joven sorda, y de dos hermanos Marino (Iker Azkoitia) e Imanol (Jesús Di Manuel) que, a la muerte de su padre, deciden volver a la casa del pueblo donde se criaron para rendirle cumplido homenaje y reencontrarse, al mismo tiempo, con Cuca (Eva Ramos), una amiga de la infancia. Este reencuentro abrirá heridas que parecían cerradas, resucitará fantasmas pasados, los cuales parecían superados, y también servirá para destapar secretos que cambiarán sus vidas para siempre.

Tras el éxito de Una corona para Claudia, La Corona Producciones y Serieteatro nos traen, con la idea original del dramaturgo y director Iker Azkoitia y la colaboración en el libreto de Laura Ledesma y Eva Ramos, un relato original, evocador, fascinante y trágico, a la vez que emotivo. Este guionista, director, actor y cantautor firma su obra más madura sin perder algunas de sus señas de identidad. Entre ellas caben destacar la categoría teatral de tragicomedia contemporánea (donde presenta un drama humano rebajado con píldoras de humor), la actuación de algún personaje antes del propio comienzo de la función o la incorporación de momentos musicales como forma de expresión de los sentimientos. En El grito de la tortuga encontramos este sello particular al servicio del relato.


Los tempos de la representación me parecen perfectos al igual que el ritmo pausado, que no lento, del libreto. En ambos aspectos observé una evolución y depuración con respecto a otras obras de Azkoitia. Una de las muchas virtudes de este joven dramaturgo es crear personajes muy completos y profundos con gran carga vital y con diferentes visiones del mundo. Cuando entran en funcionamiento recrean la forma de actuar de cada uno de nosotros ante un problema, normalmente ante una desgracia, incluidos sentimientos colaterales como la culpa, el miedo o la pena. En este sentido, el espectador reflexionará sobre la capacidad sanadora de compartir, la dinámica de la culpa y la importancia de enfrentarse a nuestros monstruos. De la relación presente y pasada de los personajes poco puedo desvelar porque con el paso de los minutos conocemos nuevos datos creadores de subtramas engarzadas con el hilo conductor. Sí es cierto que esperé un final más resolutivo aunque todos los personajes terminan desenmascarándose.

La dirección  recae en Laura Ledesma, actriz de teatro, cine y televisión. De su trabajo destacaría el perfecto aprovechamiento del espacio escénico y la forma de distribución de los personajes. Con ello consigue crear dos entornos con marcos distintos: Puertas adentro, asfixia, claustrofobia y ambiente propicio para resucitar monstruos y puertas afuera, oxígeno y libertad. Esto también es posible gracias a la simple pero cuidada escenografía a cargo de Jaime Riba y a los cambios lumínicos ejecutados por María José Suárez Hidalgo y Alicia Pedraza. En la doble realidad del mismo espacio adquiere relevancia el pertinente uso de la videoescena. Este recurso audiovisual permite acercar a los espectadores la construcción de los sueños como una mezcla entre la teoría freudiana de la interpretación de los mismos, el grabado de Francisco de Goya, El sueño de la razón produce monstruos, y La persistencia de la memoria de Salvador Dalí. O por lo menos fueron esas mis imágenes mentales cuando visioné algunas de las escenas. En definitiva, un perfecto complemento al relato.

Reconozco que en el terreno interpretativo tenía algunas dudas, no sobre la calidad del reparto pero sí, sobre los diferentes roles y registros porque a tres de los cuatro intérpretes les había visto en ocasiones anteriores. Sin embargo, solo me hicieron falta 15 minutos para despejar dichas dudas. El personaje central de la representación, sin ser ella plenamente consciente, es el de Celia, genialmente interpretado por Ángela Ibáñez. Su llegada al pueblo será el desencadenante de los conflictos entre los demás personajes y les obligarán a posicionarse. Esta polifacética joven actriz sorda de nacimiento da vida a un  personaje con la misma dolencia. Probablemente no haga falta, pero sí me gustaría resaltar la dificultad de proyectar la voz ante un auditorio, aunque para Ibáñez no suponga ningún obstáculo, y la visibilidad en el teatro y en las demás artes escénicas de las personas sordas, que no mudas. De la actuación me quedo con su serenidad, bonhomía, realismo y poder de sugestión. Es capaz de hacernos llorar y a la vez enamorarnos de Celia. 


La pareja de hermanos es interpretada por Iker Azkoitia y Jesús Di Manuel. El primero se desdobla de su faceta como dramaturgo y director y se viste de Marino, un joven de apariencia intachable, protectora y adulta pero con gran capacidad de persuasión y manipulación. De su interpretación observo, de nuevo, un crecimiento, depuración y madurez con respecto a otros personajes lo que le permite brillar como actor. Por su parte, Di Manuel da vida a Imanol, un personaje imbuido por sustancias poco recomendables y con fuerte sentimiento de culpa. Este actor, de amplia formación con más de una decena de obras a sus espaldas, deambula por el escenario y clava la actitud débil y pasiva acorde con su papel sin perder su rol de protagonista. 

Por último, Eva Ramos da vida a Cuca, una joven pueblerina y droguera de estraperlo. Si en obras anteriores, como en Una corona para Claudia, destacaba su sensibilidad y dulzura escénica, en esta obra Ramos desborda por su pragmatismo. Es el torbellino y aire fresco. La protagonista de los momentos más cómicos, para rebajar el tono dramático imperante, y la encargada de entonar una emotiva y bella canción. En definitiva, una obra para reflexionar, reír, llorar y disfrutar de talento joven.



El grito de la tortuga es un llanto inaudible que nos demuestra hasta donde somos capaces de llegar para callar lo que no queremos oír en forma de un relato original, evocador, fascinante y trágico, a la vez que emotivo


Alberto Sanz Blanco
Periodista


Texto original: Iker Azcoitia
Reparto: Ángela Ibañez, Iker Azkoitia, Eva Ramos y Juan Jesús Di Manuel
Dramaturgistas: Iker Azkoitia, Laura Ledesma y Eva Ramos.
Lugar: Teatro Lara (Corredera Baja de San Pablo, 15, 28004 Madrid)





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