LA LOCA, LOCA HISTORIA DE BEN-HUR: UNA HILARANTE VERSIÓN CON INGENIO Y PLUMA - Canal Hablamos

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16 abril 2019

LA LOCA, LOCA HISTORIA DE BEN-HUR: UNA HILARANTE VERSIÓN CON INGENIO Y PLUMA



La Semana Santa es sinónimo de procesiones, dulces típicos, escapadas, películas religiosas y también de espectáculos. Estas dos últimas opciones son fusionadas en la nueva propuesta del Teatro de la Latina, recién llegada del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, donde, en esta ocasión, las cosas sí son lo que parecen.

Si obviamos la primera parte del título de la obra, cuando escuchamos el nombre de Ben-Hur lo asociamos a la película de 1959 dirigida por el gran William Wyler con Charlon Heston en el papel protagonista; olvidando incluso la novela del escritor estadounidense Lewis Wallace. El film, de casi cuatro horas de duración, contó con el mayor presupuesto hasta entonces conocido y con un equipo humano sin precedentes. Con estos datos, pueden hacerse una idea la dificultad de traspasar las hojas y los fotogramas para construir una representación teatral de carácter cómico con un digno resultado. Ver para creer.

La prestigiosa compañía Yllana, con la versión de Nacho Novo, invita a los espectadores a viajar a la Roma Imperial para conocer la historia de Judá Ben-Hur (Víctor Massán), hijo de Miriam (María Lanau), hermano de Tirzah (Elena Lomabo) e integrante de una de una familia noble de Jerusalén. Tras un fortuito accidente, fue acusado falsamente de atentar contra la vida del gobernador. Casualmente, el delator fue Messala (Fael García), líder de los ejércitos de ocupación y viejo amigo de Ben-Hur, quien aprovechó la situación para vengarse del noble y enviarle a galeras durante un largo periodo. Allí conocerá al cónsul Quinto Ario,  a Jesucristo (Collins-Moore), a uno de los tres reyes magos y a un centurión romano (Agustín Jiménez). Ben-Hur consigue ser libre y regresar a su tierra natal, aunque todo haya cambiado.


Así descrito, bien puede tratarse de una adaptación histórica pero solo son las mimbres de un excelente relato épico, tanto o más que la película, de humor canalla, salvaje, pícaro e imaginativo. El artífice de esta versión es Nacho Novo. Este polifacético dramaturgo –al frente de obras como Sombra de perro (2007), Sobre flores y cerdos (2008) o Polvos de sangre (2016) –, actor y humorista realiza un magnífico y resolutivo trabajo al cumplir dos de los postulados básicos de cualquier adaptación: ser fiel a la obra original y aportar su punto de vista. En La loca, loca historia de Behn-Hur compaginar ambas premisas resulta muy complicado puesto que cualquier parecido con el original es pura coincidencia. Sin embargo, los espectadores verán los momentos más representativos de la película, como la odisea en las galeras o la carrera de cuadrigas.

El segundo aspecto, su aportación personal, es probablemente el pilar más interesante y donde Novo demuestra su osadía, inteligencia y perspicacia. Nunca concebí la historia de Ben-Hur desde el prisma cómico más allá de los manidos chistes de su duración, aunque la de esta versión también sea extensa que no pesada, con casi dos horas de duraciób. Además reconozco que antes de visionar la representación tenía serias duras de una correcta implementación sobre las tablas, despejadas con el paso de los minutos. Novo, protagonista de su exitoso monólogo El Cavernícola, propone diálogos ágiles, frescos e hilarantes y situaciones a cada cual más rocambolescas. Pero más allá del humor, del que luego haré referencia, el dramaturgo también propone una reformulación muy interesante del núcleo de la historia basada en el amor sin medida y en la igualdad conjugada, entre otras muchas facetas con el feminismo. Ambos temas suponen apostar por el caballo ganador debido a la relevancia adquirida en los últimos años y, de nuevo, jamás pude imaginar una relación entre ellos y la película. A pesar de la pertinencia de esta interpretación, de la brillante dirección y de la correcta ejecución del reparto hubiera preferido un mayor simbolismo y una menor explicitud a lo largo de la obra y que fuera el espectador quien, además de reír, leyera entre líneas.

El fin último del humor es la risa y la representación también cumple esta pretensión con nota. Contar con el sello Yllana es un valor seguro en el universo cómico y sinónimo de provocación e irreverencia. A pesar de admirar su trabajo reconozco que es de difícil encaje en una obra no diseñada ad-hoc para este tipo de humor aunque David Ottone y Juan Ramos Toro, directores artísticos, lo hayan conseguido casi en su totalidad; pues algunas escenas, desde mi óptica, pueden resultad forzadas y un tanto repetitivas.


Ottone y Toro definen su trabajo con el término “TEATROMASCOPE”, entendido como la suma de los lenguajes cinematográficos y teatrales. Los espectadores, efectivamente, serán testigos de la concomitancia de ambas disciplinas a las que luego me referiré. Continuando en el terreno del humor, ambos miembros fundadores de Producciones Yllana con largas carreras en la dirección escénica otorgan a la representación un carácter metateatral donde los actores se ríen de sus propios personajes, rompen la cuarta pared interpelando al público y le hacen partícipe activo de la representación, incluso sobre el mismo escenario. Dicho carácter termina de complementar el libreto con gags cómicos, humor gestual y sketches surrealistas. En definitiva, una atmósfera propicia para el humor.

Los encargados de digerir todo lo anteriormente expuesto son los cuatro actores y las dos actrices y su trabajo es digno de encomio. Aunque su actuación pueda tener apariencia de sencilla debido al ambiente relajado, distendido, de gran complicidad y propicio para la improvisación, el tipo de humor antes comentado requiere de todas sus capacidades interpretativas y, salvo escasas escenas donde el personaje superaba al actor, el reparto está a la altura. A esto debemos sumarle la versatilidad de todos ellos al interpretar varios papeles, no  llegan a los centenares como en la cinta original aunque tampoco se quedan cortos. La mejor prueba de ello es su  hilarante papel en los tres reyes magos o el sufrimiento como galeotes.

El relato sitúa como protagonistas a la pareja de antiguos amigos Ben-Hur y Messala. Al primero le da vida un histriónico y acalorado Victor Massán. Este actor, participante en obras como El Ángel Exterminador o 24 horas en la vida de una mujer y en multitud de musicales, destaca por su marcada gestualidad facial y corporal, así como por sus coreografías individuales. Dicho más claramente, algunas escenas bien podrían ser números de gimnasia artística para unos Juegos Olímpicos. Su personaje se encuentra fuertemente marcado por el síndrome de Adonis, al buscar la perfección de su belleza corporal. Massán, con cuerpo apolíneo, sabe interpretarlo con gracia, donaire y sensualidad. Por su parte, Fael García se viste de Msesala, tribuno romano curtido en batallas y deseoso de seguir ascendiendo en la escala jerárquica. Este actor y director, participante en más de una treintena de producciones, comienza con un perfil bajo al ser absorbido por su compañero, foco de la acción, pero a medida que pasan las escenas recupera protagonismo y brilla sobre el escenario. Su personaje principal también compite por el tamaño de sus músculos y en su otro papel de un entregado legionario romano en la galera de Cónsul Quinto García está sensacional por su expresividad y acrecienta las risas de los presentes. 


La pareja de actrices realiza un trabajo sensacional en planos diferentes. María Lanau, actriz de amplia trayectoria en teatro, cine y televisión, encarna a Miriam, madre severa y exigente con sus dos hijos. Sin embargo, su faceta como militante feminista en busca de conseguir papeles dignos para las mujeres es donde mejor puede mostrar su madera como actriz. Algo similar ocurre con Elena Lombao, presentadora, guionista y actriz de series televisas, como Tirzah, hermana de pocas luces de Ben-Hur. Su actuación viene cargada de vis cómica, fortaleza, entusiasmo y esmero al ser la encargada de interpelar al público en más de una ocasión y ser también participante en la carrera de caballos; es decir, una actriz todoterreno. Lombao  y Lananu son un tándem perfecto en escenas donde hacen de leprosas o de aves carroñeras.

Richard Collins-Moore, actor de enorme trayectoria en teatro, televisión y cine, encarna en un primer momento al narrador de esta particular versión de la historia. Sus dos papeles estelares en esta obra son el de un Jesús de Nazaret dubitativo, inseguro y chantajista y el del cónsul Quinto Arrio, a cada cual mejor y con más gracia. Por último, aunque sea el primero en salir a escena y responsable del introito, el conocidísimo monologuista y actor de teatro, cine y televisión Agustín Jiménez, da vida a todos los personajes restantes. Así descrito podría parecer que sus papeles (centurión romano, asistente de Mesala, o comerciante) son secundarios y de escasa importancia; sin embargo no es así. De hecho, él toma el pulso a la historia, lleva el ritmo sobre el escenario y haca gala de sus tablas como actor, y de su don para el humor y la improvisación.

La construcción escenografía, por Carlos Brayada, recrea a la perfección los lugares por donde transcurre la historia, aunque si por algo destaca esta representación es por el fabuloso uso de los audiovisuales, a cargo de Javier del Prado. No recuerdo ninguna obra teatral, a excepción de algún musical, donde la integración de la videoescena sea tan perfecta y engarce tan bien con la representación, además de contar con una perfecta resolución y definición con planos propios del género cinematográfico. Esto ayuda a conservar la épica de la película y conseguir su fusión con el teatro. Una referencia de por dónde deben dirigirse las artes escénicas. La buena iluminación de Juanjo Llorens y los logrados efectos sonoros de Alberto Fernández Roda terminan de enmarcar esta representación con un alegato, como final, en favor de la búsqueda de la verdad, la detención de la mentira y del amor.


En La loca, loca historia de Ben-Hur, conocerás una versión disparatada, gamberra e hilarante de un clásico cinematográfico donde todo es lo que parece


Alberto Sanz Blanco
@AlbertoSBlanco



Autor: Lewis Wallace
Versión: Nancho Novo
Dirección artística: David Ottone y Juan Ramos Toro
Reparto: María Lanau, Agustín Jiménez, Elena Lombao, Richard Collins-Moore, Víctor Massán, Fael García
Lugar: Teatro La Latina (Plaza de la Cebada, 2, 28005 Madrid)

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