WEST SIDE STORY: EL AMOR RACIAL MEJOR CANTADO, BAILADO E INTERPRETADO - Canal Hablamos

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12 abril 2019

WEST SIDE STORY: EL AMOR RACIAL MEJOR CANTADO, BAILADO E INTERPRETADO



Mediados de los años 50. Dos bandas juveniles enfrentadas pugnan por hacerse con el control de las calles neoyorquinas de un barrio de Manhattan. El trágico desenlace contrasta con la belleza, fortaleza, colorido y esplendorosidad de uno de los acontecimientos musicales de la temporada madrileña que finalizará el 2 de junio para comenzar su gira por España. Los amantes de este film, galardonado con diez premios Óscar, y de los espectáculos musicales en su conjunto tienen una cita en el Teatro Calderón.

Tras superar las 200 funciones en Madrid y después de 62 años desde su estreno en Broadway, el libreto de Arthur Laurents sigue emocionando y divirtiendo a generaciones presentes, pasadas y seguro que futuras con una reformulación del mito shakesperiano de Romeo y Julieta. El amor entre dos jóvenes, María (Talía del Val) y Tony (Javier Ariano) distanciados por el enfrentamiento entre dos bandas callejeras, los “Americanos” Jets, dirigidos por Riff (Víctor González) y los Puertorriqueños Sharks, liderados por Bernardo (Oriol Anglada), es uno de los hitos del teatro musical de todos los tiempos.

Este género es concebido como la mezcla de cuatro disciplinas artísticas puestas en conjunto: música, canciones, diálogo y baile. Sin embargo, la singularidad de este musical producido por SOM Produce –hacedores de éxitos como  Billy ElliotPriscilla o Reina del Desierto– es que cada una de ellas puede funcionar de forma independiente. No debe extrañarnos ver coreografías sin ser acompañadas por canciones o viceversa, algo poco usual en otras obras del mismo género. Al trasladar este planteamiento inicial a la acción es fácil caer en una sucesión de números coreográficos y musicales con poca concordancia entre sí, como ocurre en los primeros compases de la representación, pero a medida que la trama avanza, el conjunto, incluido la interpretación del reparto, fluye con más naturalidad. Federico Barros, director escénico, dirige a casi cuarenta profesionales sobre el escenario, logra fusionar lo mejor de cada disciplina, crea un todo sensacional y cumple su deseo: “que los espectadores vivan la historia de los amantes cada noche, y que se atrevan a ser parte de ese amor”.

La música, como no puede ser de otro modo, es el eje central de West Side Story tanto por su  importancia en el relato como por la autoría de Leonard Bernstein. Este director de orquesta y pianista ocupa un lugar privilegiado en el mausoleo de los productores musicales tras crear una partitura envolvente, brillante, emocionante, enérgica, impetuosa y de gran complejidad.  Sus notas –gracias a la exquisita dirección de Gaby Goldman y a la perfecta ejecución de la orquesta formada por 30 músicos y ubicada en el foso y en lo alto del escenario– consiguen reflejar la carga sentimental del romance de los enamorados, con predominio de ritmos clásicos, y la rudeza y dramatismo de las peleas callejeras con tempos más rápidos. También podemos disfrutar de composiciones típicas puertorriqueñas, como la danza o salsa, de habaneras, de ritmos jazzísticos y latinos e incluso del palo flamenco, como las peteneras. En definitiva, este musical es el mejor homenaje un año después de celebrar el centenario de su nacimiento.


Vale la pena detenerse en los movimientos escénicos, creados por el maestro bailarín estadounidense Jerome Robbins porque en su día supusieron una novedad. La estética urbana es la predominante tanto en las coreografías grupales y expresivas como en las distributivas. Probablemente sea este musical el único en cartelera donde pueda apreciarse dicha estética de forma pura y con una ejecución sobresaliente, puesto que el primero puramente urbano fue Un día en Nueva York, con música precisamente del maestro Leonard Bernstein. En las construcciones coreográficas supervisadas por el propio Federico Barros hay escenas, como en la obertura, donde se fusionan estos estilos urbanos con los anteriormente mencionados y el espectador es testigo de que fuerza y poderío no son incompatibles con elegancia y delicadeza escénicas. En ambas disciplinas, coreográficas y musicales, me fascinó el ritmo fuertemente marcado que invita al público a imitarlo con el chasquido de sus dedos. Además ese ritmo es, a mi juicio, el elemento unificador y activador del espectáculo en su conjunto. Cuando elenco y trama consiguen contagiarse del mismo, el musical resulta sobresaliente.

Si la banda sonora todavía hoy resuena en nuestras mentes, qué decir de las canciones creadas por el letrista y compositor Stephen Sondheim. Los espectadores disfrutarán en directo de clásicos como “Maria”, “Somewhere”, “Tonight” o el mítico “America”. No obstante, sí eché en falta más números musicales conjuntos, pues siempre resultan los más atractivos. La balanza entre las frases recitadas y cantadas, en un primer momento, no terminó de convencerme. Algunos diálogos son, a mi juicio, demasiado extensos; sin embargo cuando el espectáculo coge color y se combina el canto con la técnica del parlato, la desproporción no supone ningún inconveniente. El arduo trabajo de adaptación y traducción del libreto original recae en Alejandro Serrano y David Serrano. Antes de visionar el espectáculo dubité sobre cómo sería la trasposición de los textos del inglés al español, ya no por su contenido, sino por su naturaleza rítmica. Sin embargo, su trabajo es sensacional y al estar el libreto en castellano siempre resulta más inclusivo para todos los públicos.  

Además de por su sonoridad las canciones de West Side Story son recordadas por su contenido. Sus letras denuncian el racismo, aun latente, de algunos sectores de la sociedad estadounidense y otras realidades de fuerte calado social como la delincuencia juvenil, el problema de la inmigración o los estereotipos. La canción que, probablemente, refleje, en tono satírico y exagerado, ese chovinismo y supremacismo sea la de “America” donde Anita canta las virtudes de los Estados Unidos de América, mientras que una inmigrante puertorriqueña, Rosalía, canta las bondades de Puerto Rico. Desde mi óptica “America” era un número propicio para englobar a más personajes y no circunscribirlo únicamente a los papeles femeninos. Este hilo conductor, sumado al enamoramiento de los dos jóvenes, otorga el carácter puramente teatral al libreto de Stephen Sondheim.

La interpretación del reparto –ataviado con vestimentas de mediados de siglo pasado elegidas por Ana Llena y bien caracterizado por Laura Rodríguez, es correcta y la ejecución de las complejas y variadas coreografías sensacional. En las conversaciones precedidas de insultos o en algún encontronazo entre las bandas, sí aprecié una cierta sobreactuación rápidamente corregida. En el plano vocal, la dificultad mayor en este musical, además de la implícita de bailar e interpretar al mismo tiempo, reside en ordenar un totum revolutum de géneros musicales con sus respectivas técnicas y en encontrar un acomodo entre todas ellas. El reparto sale airoso y los errores cometidos en este aspecto trascienden de la responsabilidad imputada a los actores y actrices.


La historia marca un protagonismo bifocal: por un lado la pareja de enamorados y por otro los líderes de las bandas rivales y sus integrantes. El primer conjunto es genialmente interpretado por Talía del Val y Javier ArianoDel Val se viste de María, una muchacha entusiasta e idealista recién llegada de Puerto Rico. Ser hermana de Bernardo, el líder de los Sharks, es la principal atadura de su enamoramiento. Del Val –actriz curtida en teatro musical con papeles destacados en La bella y la bestiaLos Miserables o Lady be good– pone el listón más alto en técnica vocal y brilla con sus agudos acompañados de juegos melismáticos y modulaciones de difícil ejecución. Su portentoso chorro de voz es indiscutible aunque su lirismo es más propio del género operístico que del musical. Esto no supondría ningún inconveniente si todos dominaran ese registro pero, al no ser así, su voz resulta de difícil encaje sobre todo con la de su compañero. No obstante, si dejamos a un lado la valoración técnica y comparativa, el resultado es soberbio.

Por su parte, Javier Ariano interpreta a Tony, un joven de fuertes ideales y rehabilitado de la lucha callejera después de liderar a los “Americanos” Jets. Este actor, formado en Interpretación Musical y con participaciones en obras de la prestigiosa Joven Compañía, realiza una magnífica actuación de un personaje inocente movido por una dicotomía: apoyar a sus antiguos compañeros o dejarse llevar por su amor. En el terreno vocal, Ariano sale airoso de los dúos con su compañera, por lo anteriormente comentado, y su interpretación de la canción María es fabulosa; además le imprime un sentimentalismo bárbaro. En definitiva, los momentos románticos de ambos personajes son magníficos y el tiempo narrativo, tanto interno como externo, parece detenerse.

Los cabecillas de las bandas son interpretados por y Oriol Anglada Víctor González. Sus respectivos personajes vienen marcados por una motivación única: hacerse con el control del barrio. El primero se viste de Bernardo, integrante de los Jets, y Anglada –formado en danza y en comedia musical con protagonismo en musicales como Dirty DancingPriscillaReina del desierto”, “Greaseel musical”–cumple con soltura, gran clase, elegancia y realismo su papel de chico malo. Su bagaje le permite ser un actor todoterreno en el escenario. González, diplomado en Magisterio Musical y con una decena de obras a sus espaldas, es resolutivo como Riff perteneciente a los Sharks. Además imprime a su personaje gran rabia y odio sin que ello suponga una merma en el terreno vocal. Ellos y su cohorte protagonizan la lucha de bandos, uno de los momentos culmen de la obra, ejecutada con solvencia y realismo gracias a las instrucciones del actor y profesor de lucha escénica Mon Ceballos.

Los papeles secundarios sirven para ahondar en la trama de la obra, crear una calma tensa y contribuir a la esplendorosidad y vistosidad del espectáculo. Dentro de los Jets destacaría el fabuloso número musical "Querido Sargento Krupke", encabezado por Miguel Ángel Collado, por otorgar la píldora cómica a la representación, junto a las dudas e inseguridades de Baby John, interpretado por Nill Carbonell. Dentro de los Sharks, me fascinó la metamorfosis de Fran Moreno, quien sostiene a Chino, un personaje esencial en el desenlace de la función, pasando de una actitud templada y secundaria a un cariz dramático muy solvente. No puedo dejar de mencionar a los actores más veteranos como Enrique R. del Portal en su papel de Doc, el encargado de poner algo de cordura ante tanto sinsentido adolescente. Armando Pita, como el teniente de Policía  Schrank quien incrementa el odio racial hacia los puertorriqueños. Carlos Seguí vestido del patoso y gordinflón Oficial Krupke Diego Molero quien protagoniza un histriónico y desternillante momento.


Las actrices de ambos bandos realizan una actuación sensacional y muchos de sus personajes dan una lección de feminismo. Por su potencia vocal, elegancia, bonhomía, e importancia en la trama destacaría a Silvia Álvarez como Anita, novia de  Bernardo y confidente de María. Esta actriz barcelonesa de amplia formación y con bagaje musical deslumbra en todas sus facetas, incrementa el tono dramático con un instante sórdido, y defiende con brillo y garra a su país en “America”. Sin duda, una de las actuaciones más completas.  

El género del musical va asociado a la grandeza de recursos técnicos y este espectáculo no resulta una excepción gracias al trabajo supervisado por Javier OrtizRicardo Sánchez Cuerda, al frente la construcción coreografía, crea un entorno suburbano de enorme realismo que de forma indudable recuerda al de la película. La inteligencia de este escenógrafo queda demostrada tras variar las proporciones clásicas convencionales. Al no contar con un escenario de enormes dimensiones construye un decorado de enorme altura, donde los personajes aparecen y desaparecen de forma sorpresiva. Además, las estructuras móviles permiten hacer transiciones limpias, rápidas y dinámicas, algunas incluso ante los ojos de los espectadores. Carlos Torrijos y Juan Gómez Cornejo, dos fijos en el diseño lumínico, crean una iluminación multifocal sensacional. Además, los juegos y contrastes van acorde con la trama de la obra. Por otra parte, hubiera sido un valor añadido haber integrado recursos videoscénicos para potenciar la ambientación y terminar de situar la acción en las calles neoyorquinas.


En West Side Story viajarás al Nueva York de los 50, revivirás la historia de amor más grande, disfrutarás de una melodía envolvente, de unas canciones inolvidables y de unas coreografías sensacionales


Alberto Sanz Blanco
Periodista


Música: Leonard Bernstein.
Libreto: Arthur Laurens.
Letras: Stephen Sondheim.
Coreografías: Jerome Robbins.
Adaptación y traducción: David Serrano.
Dirección y adaptación de coreografía: Federico Barrios.
Intérpretes: Javier Ariano, Talía del Val, Silvia Álvarez, Víctor González, Oriol Anglada, Jan Forrellat, Teresa Abarca, Javier Santos, Ernesto Figueiras, Miguel Ángel Collado, Axel Amores, Joana Quesada, Nil Carbonell, Kristina Alonso, Ana Escrivá, Julia Pérez, Beatriz Mur, Fran Moreno, Daniel Cobacho, José Antonio Torres, Adrián García, Miguel Ángel Belotto, Luciana de Nicola, Angie Alcázar, Ana Acosta, Lucía Ambrosini, Belinda Enríquez, Armando Pita, Diego Molero, Enrique R. del Portal.
Dirección musical: Gaby Goldman.
Lugar: Teatro Calderón (Calle de Atocha, 18, 28012 Madrid)
Venta de entradas:https://www.taquilla.com/entradas/west-side-story-el-musical-de-broadway?t10id=1201

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