JESUS CHRIST SUPERSTAR: EL MUSICAL DIVINO DE NATURALEZA HUMANA - Canal Hablamos

NUEVO

23 mayo 2019

JESUS CHRIST SUPERSTAR: EL MUSICAL DIVINO DE NATURALEZA HUMANA



“Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” El Jesucristo más icónico resucita de nuevo en el Teatro EDP Gran Vía –tras su paso por el West End de Londres y Broadway–, para actualizar su mensaje, 48 años después, y ofrecer, junto a sus acólitos y detractores, un espectáculo colosal y abrumador envuelto en ópera rock.

Antes de entrar a valorar el contenido conviene tener presente algunas peculiaridades que ya han pasado a ser seña de identidad de este musical. La idea original nació de un álbum conceptual, en torno a la figura y el mensaje de Jesucristo, publicado en 1970. Esta información confirma la importancia de la estética en este espectáculo – de producción italiana, aunque cantado en inglés– y cómo, en ocasiones, su contenido está supeditado a la misma. En nuestro país, este título es indisociable a la figura del gran Camilo Sexto, quien produjo y protagonizó dicho musical en 1975 acompañado de voces como la Teddy Bautista, en el papel de Judas, o la de Ángela Carrasco como María Magdalena. La producción también sirvió de inspiración para la película estadounidense dirigida por Norman Jewison en 1973, con un mensaje y estructura similares a este show y con el mismo actor protagonista en ambas obras.

Reformulación de los Evangelios en una versión cantada

Los asistentes no deben esperar un recorrido fiel por los pasajes de las Escrituras, sino una interpretación libre de la figura humana y no divina del nazareno (Ted Neeley), de dos de sus discípulos, Simón (Mattia Braghero) y Pedro (Sandro Bilotta), de autoridades civiles –Poncio Pilato (Andrea Di Persio) y Herores (Salvador Axel Torrisi) – y religiosas, Anás (Massimo Bonanno) y Caifás (Francesco Mastroianni). Como luego desarrollaré, esta versión también otorga una enorme importancia a la figura de Judas (Giorgio Adamo), a su relación con su Maestro y a María Magdalena (Simona Di Stefano); en detrimento de otros personajes bíblicos.


Tim Rice, autor del libreto, comienza el relato el Domingo de Ramos con la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén y lo finaliza con su muerte. En esta versión, por deseo expreso de su creador, no está incluida la resurrección, como hecho físico, pero sí la simbología y el mensaje de la misma. Rice, letrista experto de musicales como Evita y de películas Disney (Aladdín y El rey león), realiza un arduo trabajo de depuración para crear la base del espectáculo, con una dificultad añadida: todas las letras están pensadas para ser cantadas o recitadas musicalmente; es decir, que deben contar con naturaleza, rítmica y pausas medidas sin descuidar el contenido de las mismas. El letrista, en un trabajo conjunto con director y músicos, tiene en cuenta estos y otros elementos, como la repetición de estribillos y frases centrales, otorgando al espectáculo un ritmo ágil sin perder su esencia dramática.

Un espectáculo para reflexionar sobre el mensaje de amor y esperanza

Vale la pena abstraerse de la pompa musical y artística para detenerse en el mensaje propuesto por su adaptador y director Massimo Romeo Piparo. Sin desvelar demasiado, en un momento concreto, el espectáculo nos propone una reflexión sobre en qué han quedado las enseñanzas de amor predicadas por Jesús o qué sentido tiene en la actualidad los valores de tolerancia y respeto. En un mundo donde las guerras siguen siendo noticia y las víctimas invisibles, donde la historia humana permanece manchada de sangre, las desigualdades no se han corregido y donde el terror y terrorismo continúan presentes ¿dónde queda el menaje de amor? Dotar al espectáculo de un contenido actual y reflexivo, con la suma de presente y pasado, como una reformulación de lo que siempre nos han contado es, a mi juicio, una acierto en mayúsculas y uno de los motivos por los que acudir a esta representación.

Romeo Piparo, director de escena, periodista y crítico teatral italiano, realiza un enorme trabajo en la dirección de esta producción. Consigue transmitir el contenido de las letras, antes mencionado, emocionar al espectador, llegando incluso a la lágrima, y aunar e integrar todos los elementos inherentes de un musical (canciones, letras, música y coreografía). En el contenido del mismo, discrepo de algunos de sus planteamientos como la exclusión de las figuras de María o Juan o la desdivinización absoluta de la figura de Jesucristo pero, como dije al comienzo, son parte de la concepción original. Por otra parte, esperaba una puesta en escena más sorpresiva, espectacular e innovadora, aunque a medida que el show iba cogiendo ritmo, color y desvelándose algunas de las sorpresas, en forma y contenido, la producción cumple con las expectativas.



Un musical rock con potentes efectos electrónicos

El aspecto musical, a cargo de Andrew Lloyd Webber, es el eje central del espectáculo y, probablemente, su mayor seña de identidad. Comedias musicalizadas, dramáticas o simplemente cantadas surgen cada año, pero una ópera rock de estas características solo existe Jesus Christ Superstar. En su época causó estupor, controversia y rechazo por presentar a un Jesús como una superestrella roquera de naturaleza humana. En la actualidad se ha transformado en admiración y deleite. Este compositor, creador y productor británico combina –con pertinencia y acierto– las partes sinfónicas con blues, folk, rock clásico y alternativo y hasta cante hondo, mientras que los himnos son potenciados mediante potentes efectos de sonido electrónicos. Esta conjunción da como resultado un espectáculo sobresaliente. Parte de este éxito recae en Emanuele Friello, teclista y al frente de la dirección musical, y en su orquesta formada por más de una decena de músicos. A diferencia de otros musicales, estos no están situados en el foso habilitado para ellos sino en el mismo escenario. Al principio no terminó de convencerme su mezcla con la acción narrativa, pero la plataforma giratoria les muestra y oculta en función de las circunstancias y no supone ningún inconveniente.

Un Jesús humano y un sentimental Judas encabezan este elenco profesional

El encargado de materializar el espectáculo es el sensacional reparto, más de un veintena, repleto de voces de diversos colores y registros. El foco central, como no puede ser de otro modo, recae en Ted Neeley en el papel de Jesucristo. Este baterista, cantante, actor y compositor lleva representando este papel casi medio siglo y sus ganas y expresividad permanecen intactas. Como refleja el programa de mano, la razón de su continuidad reside en el deseo expreso del director Massimo Romeo Piparo quien esperaba celebrar el 20 aniversario de la ópera rock de una manera única. Ver en el escenario a este cantante de 75 años resulta un honor para los amantes del género musical, y de esta producción en concreto, a pesar de mostrarse reservado y con algunos desajustes vocales en los primeros compases de la función. El punto de inflexión, y cuando podemos ver a Neeley en su máximo apogeo, es en la canción ‘Getsemani’ donde exhala un sollozo en forma de grito rockero antes de ser apresado. El momento de la crucifixión, con una cruz flamígera a su espalda, es otro de los instantes más poderosos, donde el público puede presenciar, gracias a la cámara frontal, su sufrimiento en la cruz.

Una de las revelaciones del espectáculo es la asombrosa actuación de Giorgio Adamo, en el papel de Judas. La relación de sentimientos contrapuestos, admiración, odio y culpabilidad, con su maestro me fascina y son interpretados de forma sobresaliente por este cantante y virtuoso compositor de rock italiano, quien brilla por sus agudos y por su voz melódica. En definitiva, una verdadera superestrella. Simona Di Stefano se viste de María, natural de Magdala. Su fervor por la figura de Jesucristo y sus inseguridades son interpretados y cantados con ternura, pasión y lirismo por esta cantante y bailarina italiana. La canción ‘Todo está bien’ es la mejor prueba de ello. Tan solo dos discípulos aparecen en este musical: Simón y Pedro. El primero, cantado por Mattia Braghero, aporta rapidez y realismo a la representación con buenos solos y Sandro Bilotta, en un plano secundario, realiza una digna actuación.


La encarnación del mal es depositada en el tridente formado por Caifás, Anás y Herodes. La voz grave de Francesco Mastroianni impacta en un primer momento por su potencia pero de ningún modo desentona. El suegro del anterior y también sumo sacerdote viene de la mano de Massimo Bonanno, quien demuestra cómo debe ejecutarse la compleja técnica del parlato. Por último, Salvador Axel Torrisi se viste, de forma glamurosa y excéntrica, de Rey de Judea y protagoniza un divertido y catártico número musical.

Complejas, vistosas y variadas coreografías en un gran espacio escenográfico

El componente coreográfico, a cargo de Roberto Croce, es básico en el género del musical y, en este en concreto, también es fundamental por la ausencia de texto recitado. Los actores y actrices usan el lenguaje corporal para comunicar e interpretar, así, a personificaciones del mal o a los leprosos. Por otra parte, Croce, coreógrafo de producciones como Mamma Mia, Billy Elliot, My Fair Lady, también incluye complejas y vistosas performance distributivas, grupales e individuales. En estas últimas podemos observar el gran potencial de los bailarines en escena, algunos ataviados con zancos.

La construcción escenográfica –a cargo de Giancarlo Musellii y elaborada por Teresa Caruso– está a la altura del musical aunque por debajo de mis expectativas; pues podrían haberse implementado más ambientes en forma de decorados. Como suele ser habitual en los espectáculos con el sello de la productora LetsGo encontramos plataformas giratorias y rápidas transiciones entre escena y escena, donde la acción ocurre al mismo tiempo que las estructuras rotan 180 grados. Además Musellii incluye, con acierto e ingenio, una escalera ubicada a la derecha, una compleja y medida estructura elevadora para la gloriosa entrada a escena de Jesucristo y un pasadizo metálico donde transcurren algunos de los actos como la crucifixión. El espacio sonoro, a cargo de Alfonso Barbiero, y la iluminación por Daniele Ceprani, cumplen con su cometido al ayudar al espectador, quien puede ver en una pequeña pantalla la traducción en español, a sumergirse en esta historia y ser protagonista de la misma.


En Jesus Christ Superstar  serás testigo de la venida de un espectáculo colosal, cargado de significado, bajo la abrumadora belleza de la música rock


Alberto Sanz Blanco
Periodista @AlbertoSBlanco

Creación Musical: Andrew Lloyd Webber
Letrista: Tim Rice
Adaptación y dirección: Massimo Romeo Piparo
Dirección musical: Emanuele Friello.
Reparto: Ted Neeley, Nick Maia, Paride Acacia, Simona Di Stefano, Andrea Di Persio, Francesco Mastroianni, Giorgio Adamo, Salvador Axel Torrisi y Mattia Braghero
Lugar: Teatro EDP Gran Vía (Calle Gran Vía, 66, 28013)


No hay comentarios:

Publicar un comentario

-->